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Descubrir que un hijo adolescente ha cogido dinero de casa, ha sustraído algo en una tienda o se ha apropiado de un objeto que no le pertenece puede ser uno de los momentos que más desconciertan a unos padres.
La primera reacción suele ser emocional:
«¿Cómo ha podido hacer esto?».
«Nunca le ha faltado nada».
«¿En qué nos hemos equivocado?».
«Si roba en casa, ¿qué más estará haciendo fuera?».
Son preguntas comprensibles. Pero para abordar correctamente los robos en adolescentes necesitamos ir algo más allá de la indignación inicial.
Un robo no tiene una única explicación.
Puede ser una conducta aislada y desafortunada.
Puede aparecer por presión del grupo.
Puede estar relacionado con impulsividad.
Puede servir para conseguir dinero para cannabis, alcohol u otras sustancias.
Puede ocultar apuestas o deudas.
Puede formar parte de un patrón más amplio de problemas de conducta.
Y, en ocasiones, puede existir detrás una situación de miedo, coacción o explotación que la familia desconoce.
En mi experiencia clínica, cuando unos padres me dicen «mi hijo roba», mi primera pregunta mental no es únicamente qué ha cogido, sino:
¿Por qué este adolescente necesita hacerlo?
Entender el motivo no significa justificar la conducta.
Robar tiene consecuencias y necesita límites.
Pero si nos limitamos al castigo sin descubrir qué mantiene el comportamiento, podemos conseguir únicamente que el adolescente aprenda a esconderlo mejor.
¿Es lo mismo un robo aislado que un problema de conducta?
No.
Durante la infancia y la adolescencia pueden aparecer transgresiones ocasionales sin que exista ningún trastorno psiquiátrico.
Hay una enorme diferencia entre:
- coger dinero una vez de la cartera de los padres;
- realizar pequeños hurtos repetidos dentro de casa;
- robar acompañado por amigos;
- sustraer productos habitualmente en tiendas;
- vender objetos robados;
- utilizar el dinero para sustancias;
- mantener un patrón de robos acompañado de violencia, mentiras,
- absentismo o fugas.
Los trastornos de conducta propiamente dichos implican un patrón persistente en el que pueden aparecer agresiones, destrucción, robos y violaciones graves de normas; un episodio aislado no permite establecer ese diagnóstico. (AACAP)
Por tanto, debemos evitar dos extremos.
El primero:
> «No pasa nada. Son cosas de adolescentes».
El segundo:
> «Mi hijo es un delincuente».
Ninguna de las dos respuestas ayuda demasiado.
Lo que necesitamos es colocar el robo dentro de la vida completa del adolescente.
Cuando existen otras conductas preocupantes, conviene revisar el problema dentro del contexto más amplio de los trastornos de conducta en adolescentes.
- Un robo puede significar cosas muy distintas: impulso, grupo, consumo, necesidad o patrón disocial.
- No convierta la conducta en identidad: «ha robado» no es «es un ladrón».
- Dinero que desaparece en casa obliga a preguntar por consumo y apuestas.
- Un episodio se aborda en casa; el patrón repetido necesita valoración.
Mi hijo adolescente roba dinero en casa: ¿por qué puede hacerlo?
Cuando desaparece dinero de una cartera, un cajón o una cuenta familiar, el impacto es especialmente importante porque la conducta afecta directamente a la confianza dentro de casa.
Pero incluso en esa situación existen explicaciones muy diferentes.
Quiere comprar algo sin permiso
Puede tratarse de:
- ropa;
- videojuegos;
- comida;
- salidas;
- productos que los padres no quieren comprar;
- pequeños gastos relacionados con amigos.
Esto no hace que la conducta sea aceptable.
Pero clínicamente no significa lo mismo que un adolescente que comienza a sustraer cantidades cada vez mayores para financiar un consumo problemático.
Presión del grupo
Durante la adolescencia pertenecer al grupo puede tener una importancia enorme.
Algunos jóvenes participan en hurtos porque sus amigos lo hacen.
En ocasiones buscan demostrar:
- valentía;
- lealtad;
- desprecio por las normas;
- capacidad para asumir riesgos;
- pertenencia al grupo.
Desde la perspectiva de un adulto puede parecer absurdo.
Desde la de un adolescente muy preocupado por ser aceptado, negarse puede sentirse como arriesgarse a ser excluido.
Eso no elimina su responsabilidad.
Pero explica por qué un joven sin antecedentes importantes puede implicarse repentinamente en una conducta de este tipo.
Impulsividad
Hay adolescentes que actúan antes de haber pensado realmente en las consecuencias.
Ven un objeto.
Lo desean.
Lo cogen.
La reflexión llega después.
La impulsividad adquiere mayor relevancia cuando aparecen también:
- dificultad para esperar;
- búsqueda intensa de recompensa inmediata;
- problemas académicos;
- baja tolerancia a la frustración;
- desorganización;
- otras conductas de riesgo.
En determinados casos es necesario explorar TDAH u otros problemas relacionados con el control de los impulsos.
Eso no significa que el TDAH provoque robos ni que un adolescente con TDAH tenga menor obligación de respetar las normas.
Significa algo bastante más sencillo: si existe una impulsividad patológica, merece ser tratada en lugar de limitarse a repetir que el joven debe pensar antes de actuar.
Robos para conseguir alcohol, cannabis u otras drogas
Ésta es una posibilidad que conviene explorar cuando empiezan a desaparecer cantidades de dinero de manera repetida.
Especialmente si aparecen simultáneamente:
- cambios importantes de amistades;
- horarios cada vez más irregulares;
- descenso académico;
- irritabilidad;
- alteraciones del sueño;
- necesidad inexplicable de dinero;
- desaparición de objetos;
- mentiras frecuentes;
- pérdida de interés por actividades anteriores.
En este contexto discutir exclusivamente sobre el robo puede hacernos perder de vista el problema principal.
Necesitamos saber:
- qué está consumiendo;
- con qué frecuencia;
- cuánto dinero necesita;
- con quién consume;
- qué consecuencias está teniendo;
- cómo consigue habitualmente el dinero.
El robo puede ser simplemente la señal que finalmente permite descubrir el consumo.
Apuestas y deudas
Las apuestas constituyen otra explicación que no debería pasarse por alto.
Un adolescente puede empezar utilizando cantidades relativamente pequeñas.
Pierde.
Intenta recuperar el dinero.
Vuelve a apostar.
Pierde más.
Empieza a necesitar dinero que ya no tiene.
Y puede terminar:
- mintiendo;
- solicitando préstamos;
- cogiendo dinero de casa;
- vendiendo objetos;
- inventando gastos.
Cuando un adolescente roba dinero y no consigue explicar de manera convincente dónde ha ido, debemos preguntar también por apuestas.
No porque siempre sean la causa.
Porque actualmente forman parte del diagnóstico diferencial de un problema económico inexplicable durante la adolescencia.
Robar para mantener una posición dentro del grupo
No siempre el dinero se utiliza directamente para el adolescente.
Algunos jóvenes pagan:
- comidas;
- alcohol;
- regalos;
- sustancias;
- actividades;
- gastos de otras personas.
Puede existir detrás una gran necesidad de aceptación.
El adolescente puede sentir que, si deja de pagar o regalar cosas, dejarán de contar con él.
En otros casos puede haber directamente presión o intimidación.
Coacción, amenazas o explotación
Es menos frecuente, pero mucho más importante no pasarlo por alto.
Un adolescente puede entregar dinero porque alguien:
- lo amenaza;
- lo intimida;
- le reclama una deuda;
- posee imágenes comprometedoras;
- lo chantajea;
- ejerce control sobre él.
Cuando las cantidades aumentan rápidamente o el adolescente parece especialmente asustado al hablar del dinero, no deberíamos asumir automáticamente que está intentando engañarnos.
Hay que preguntar directamente:
«¿Alguien te está pidiendo o exigiendo dinero?»
Robar y mentir durante la adolescencia
Los robos suelen ir acompañados de mentiras por una razón bastante evidente.
El adolescente intenta evitar las consecuencias.
Puede decir:
«Yo no he cogido nada».
«Ese dinero era mío».
«Me lo dio un amigo».
«Lo encontré».
«No sé qué ha pasado».
Las mentiras frecuentes en adolescentes deben analizarse precisamente de esta forma: intentando comprender qué función cumplen y qué están ocultando.
El error sería convertir toda la intervención familiar en una investigación policial para obtener una confesión perfecta.
Necesitamos saber qué ocurrió.
Pero interesa mucho más descubrir:
- para qué necesitaba el dinero;
- desde cuándo ocurre;
- cuánto ha cogido;
- si existe consumo;
- si existen apuestas;
- si participa alguien más;
- qué otros cambios han aparecido.
En ocasiones el robo es sólo la parte del problema que finalmente ha permitido a la familia descubrir todo lo demás.
¿Un adolescente que roba tiene trastorno negativista desafiante?
No necesariamente.
El trastorno negativista desafiante en adolescentes se caracteriza fundamentalmente por:
- oposición;
- discusiones;
- irritabilidad;
- desafío;
- hostilidad hacia figuras de autoridad.
AACAP distingue este patrón oposicionista de los trastornos de conducta donde aparecen vulneraciones más graves de derechos y normas. (AACAP)
Robar no constituye una característica central del TND.
Por eso, si un adolescente diagnosticado previamente de TND empieza a cometer robos importantes, no deberíamos atribuir automáticamente cualquier nueva conducta al mismo diagnóstico.
Hay que volver a evaluar.
¿Cuándo debemos pensar en un trastorno de conducta?
Preocupa especialmente la combinación de robos con:
- agresiones;
- intimidación;
- destrucción de propiedad;
- absentismo importante;
- fugas repetidas;
- amenazas;
- incumplimientos graves de normas;
- otros comportamientos antisociales.
AACAP incluye precisamente mentira y robo, agresión, destrucción de propiedad y violaciones graves de reglas entre los grandes grupos de conductas observados en el trastorno de conducta. (AACAP)
Pero incluso entonces necesitamos una evaluación completa.
NICE recomienda valorar de forma amplia la salud mental, el funcionamiento familiar y escolar, el desarrollo, los riesgos y posibles trastornos coexistentes antes de decidir el tratamiento. (Nice)
¿Y si roba solamente en casa?
Que robe exclusivamente a sus padres no significa que el problema sea irrelevante.
Pero aporta información.
Puede existir:
- acceso fácil al dinero;
- sensación de que «en realidad es dinero de todos»;
- ausencia de consecuencias claras;
- necesidad de financiar determinadas actividades;
- una dinámica familiar muy deteriorada.
La valoración cambia cuando también roba:
- en tiendas;
- a compañeros;
- en el instituto;
- a otros familiares;
- en la calle.
Cuantos más contextos estén implicados, más importante resulta estudiar si existe un patrón conductual amplio.
¿Puede ser cleptomanía?
Ésta es una pregunta muy frecuente.
Los padres descubren varios robos y preguntan:
«¿Tiene cleptomanía?».
La mayoría de los adolescentes que roban no presentan cleptomanía.
La cleptomanía se caracteriza por impulsos recurrentes difíciles de resistir para apropiarse de objetos, y no equivale simplemente a cometer varios robos. La literatura clínica sobre esta enfermedad continúa siendo limitada y la mayoría de los robos juveniles tienen motivaciones diferentes. (PubMed Central (PMC))
Por ejemplo:
Si roba dinero para comprar cannabis, existe una finalidad.
Si sustrae unas zapatillas porque quiere utilizarlas, existe una finalidad.
Si roba con amigos para conseguir aprobación, también existe una motivación identificable.
Por tanto, utilizar «cleptomanía» como explicación general resulta poco riguroso.
Es un diagnóstico específico que necesita una valoración clínica.
Robos y problemas emocionales
No debemos interpretar todos los robos exclusivamente como problemas disciplinarios.
En algunos adolescentes pueden coexistir:
- depresión;
- ansiedad;
- baja autoestima;
- trauma;
- dificultades para regular emociones;
- fracaso escolar;
- conflicto familiar.
El robo no es un síntoma específico de depresión o ansiedad.
Pero un adolescente emocionalmente desbordado puede presentar también:
- más impulsividad;
- mayor búsqueda de aceptación;
- consumo;
- decisiones de riesgo.
Por eso interesa observar al adolescente completo.
No únicamente el episodio que ha llevado a la familia a pedir ayuda.
¿Qué hacer si descubres que tu hijo adolescente ha robado?
1. Comprueba los hechos
Antes de formular una acusación grave conviene saber razonablemente qué ha ocurrido.
Si faltan veinte euros no siempre sabemos automáticamente quién los ha cogido.
Acusar injustamente también deteriora la confianza.
2. No hables en el momento de máxima ira
El enfado es comprensible.
Pero empezar la conversación completamente desbordado suele terminar en:
- gritos;
- amenazas;
- insultos;
- negación;
- ruptura de comunicación.
Firmeza no significa perder el control.
3. Describe la conducta, no la identidad
Es diferente decir:
«Has cogido cien euros de mi cartera».
que:
«Eres un ladrón».
La primera frase describe algo que ha ocurrido.
La segunda convierte una conducta en la identidad de una persona de quince años.
Ese cambio de lenguaje tiene más importancia de lo que parece.
4. Pregunta para qué necesitaba el dinero
Probablemente sea una de las mejores preguntas.
«¿Para qué necesitabas ese dinero?»
Puede aparecer:
- una compra;
- una deuda;
- cannabis;
- alcohol;
- apuestas;
- presión de amigos;
- una relación;
- una amenaza.
Escuchar la explicación no elimina la responsabilidad.
Permite tratar el problema real.
5. Debe existir reparación
Cuando sea posible, el adolescente debería reparar el daño.
Puede significar:
- devolver el objeto;
- devolver el dinero;
- pagarlo progresivamente;
- asumir alguna consecuencia directamente relacionada.
La reparación tiene un valor educativo importante.
No queremos únicamente que sufra una consecuencia.
Queremos que aprenda a hacerse responsable de lo ocurrido.
6. Establecer consecuencias proporcionadas
Las consecuencias deberían ser:
- claras;
- realistas;
- aplicables;
- proporcionales.
«No vas a salir de casa durante un año» puede aliviar temporalmente el enfado del adulto.
Como intervención educativa tiene algunos problemas evidentes.
Si sabemos que no vamos a mantener una consecuencia, es mejor no establecerla.
No protegerlo de todas las consecuencias
Los padres sienten el impulso natural de proteger a sus hijos.
Pero solucionar permanentemente todos los problemas creados por el adolescente puede impedir que desarrolle responsabilidad.
La respuesta dependerá de la edad y de la gravedad.
Pero siempre que sea posible debe participar en la reparación.
¿Y si ha robado fuera de casa?
Aquí aparece además una dimensión diferente.
Un hurto puede tener consecuencias legales.
En España, la responsabilidad penal de las personas menores de edad está regulada por la Ley Orgánica 5/2000, cuyo ámbito se aplica a hechos cometidos por personas mayores de 14 y menores de 18 años. (BOE)
Esto no convierte una página médica en asesoramiento jurídico.
Pero sí justifica explicar al adolescente algo que a veces minimiza:
determinadas conductas tienen consecuencias reales más allá del castigo familiar.
Investiga si hay otros problemas
Después de recuperar el dinero no deberíamos cerrar automáticamente el asunto.
Pregúntese:
- ¿ha bajado su rendimiento?
- ¿han cambiado sus amigos?
- ¿consume?
- ¿apuesta?
- ¿pide dinero continuamente?
- ¿miente más?
- ¿llega cada vez más tarde?
- ¿ha dejado sus actividades?
- ¿se muestra muy irritable?
- ¿ha desaparecido de casa?
Las fugas de casa en adolescentes asociadas a robos, sustancias o deudas merecen una atención especialmente cuidadosa.
A veces varias conductas que parecían problemas independientes forman parte del mismo cuadro.
Lo que suele funcionar mal
Humillarlo
Llamarlo:
- ladrón;
- delincuente;
- mentiroso;
- mala persona;
puede expresar el enfado familiar.
Pero no constituye un tratamiento.
Una persona no es idéntica a la peor conducta que ha realizado.
Mucho menos cuando todavía está desarrollándose.
Contárselo a todo el mundo
La vergüenza pública no suele aumentar la responsabilidad.
El problema debe compartirse con quienes necesiten conocerlo.
No utilizarse como entretenimiento familiar durante las próximas Navidades.
Tender trampas
Si ya sabemos que ha cogido el dinero, preguntar:
«¿Tú has sido?»
únicamente para comprobar si vuelve a mentir puede convertir la conversación en una prueba.
En ocasiones resulta más útil decir:
«Sabemos qué ha ocurrido. Ahora necesito entender por qué».
Interrogatorios interminables
Podemos pasar dos horas intentando conseguir la confesión de un detalle que ya conocemos.
A veces es mejor utilizar ese tiempo intentando comprender el problema.
Castigos permanentemente crecientes
Si cada episodio genera una consecuencia más larga, podemos acabar con un adolescente que ya ha perdido:
- móvil;
- consola;
- salidas;
- deporte;
- amigos;
- cualquier privilegio imaginable.
Cuando no queda nada que perder, el sistema de consecuencias pierde también capacidad para modificar el comportamiento.
Cómo recuperar la confianza después de un robo
Ésta puede ser la parte más difícil.
Después de varios episodios, los padres empiezan a:
- esconder dinero;
- controlar gastos;
- comprobar objetos;
- revisar explicaciones;
- desconfiar de cualquier compra.
Durante un tiempo puede ser necesaria una mayor supervisión.
Pero la situación no debería convertirse obligatoriamente en permanente.
La confianza se recupera mediante pequeñas experiencias repetidas:
- devuelve lo cogido;
- cumple acuerdos;
- explica sus gastos;
- reconoce errores;
- respeta normas;
- mantiene durante meses un comportamiento coherente.
No necesitamos fingir que no ocurrió nada.
Pero tampoco tiene sentido repetir durante cinco años:
«Nunca podré confiar en ti porque robaste cuando tenías quince».
Si el adolescente cambia, la familia necesita permitir que el cambio tenga consecuencias positivas.
¿Cuándo conviene consultar con un profesional?
No todo adolescente que ha cometido un robo necesita una consulta psiquiátrica.
Conviene solicitar ayuda cuando:
- los robos se repiten;
- las cantidades aumentan;
- aparecen en diferentes contextos;
- existe consumo de drogas;
- existen apuestas;
- aparece agresividad;
- existen fugas;
- hay absentismo;
- cambia significativamente la personalidad;
- existe impulsividad importante;
- aparecen síntomas emocionales;
- la convivencia está completamente deteriorada;
- nadie consigue comprender para qué necesita el dinero.
NICE recomienda una evaluación amplia cuando existen comportamientos antisociales persistentes, precisamente porque son frecuentes los problemas coexistentes y porque la intervención depende de la situación individual y familiar. (Nice)
Una evaluación psiquiátrica del adolescente puede ayudar a diferenciar entre:
- un episodio aislado;
- impulsividad;
- un problema educativo;
- consumo;
- apuestas;
- presión social;
- trastorno emocional;
- trastorno de conducta;
- otra situación de riesgo.
Cuando existe un cambio conductual importante o varios problemas simultáneamente puede ser útil realizar una valoración con un psiquiatra de adolescentes en Marbella.
¿Cuándo puede convertirse en una urgencia?
Robar por sí mismo generalmente no constituye una urgencia psiquiátrica.
Lo que descubrimos alrededor del robo sí puede serlo.
Por ejemplo:
- riesgo suicida;
- autolesiones graves;
- intoxicación;
- violencia grave;
- síntomas psicóticos;
- desaparición del menor en circunstancias peligrosas;
- amenazas graves;
- imposibilidad de mantener la seguridad.
En estas situaciones puede ser necesaria una valoración psiquiátrica urgente.
La prioridad entonces ya no es recuperar cincuenta o cien euros.
Es proteger al adolescente y a las personas que lo rodean.
Preguntas frecuentes sobre robos en adolescentes
¿Por qué mi hijo roba si tiene todo lo que necesita?
Porque no todos los robos tienen una motivación económica directa. Puede existir impulsividad, presión del grupo, búsqueda de aceptación, consumo de sustancias, apuestas, deseo de un objeto o algún problema que todavía desconocemos. «No le falta de nada» no explica necesariamente por qué lo ha hecho.
¿Robar dinero a los padres es muy grave?
Debe tomarse en serio, especialmente cuando se repite. Pero hay que valorar también: cantidad; frecuencia; motivo; destino del dinero; presencia de otros problemas. No plantea exactamente la misma situación coger veinte euros una vez que sustraer repetidamente cientos de euros para financiar consumo o apuestas.
Mi hijo roba y miente constantemente. ¿Tiene un trastorno de conducta?
No podemos saberlo únicamente por esas dos conductas. Hay que estudiar el funcionamiento completo. Cuando las mentiras frecuentes en adolescentes y los robos aparecen dentro de un patrón más amplio de agresividad, fugas, absentismo o violaciones graves de normas, sí aumenta la necesidad de una evaluación específica. (AACAP)
¿Puede ser por TDAH?
La impulsividad puede favorecer decisiones precipitadas. Pero el robo no es un criterio diagnóstico de TDAH y siempre debemos buscar otras explicaciones.
¿Puede tener cleptomanía?
Puede existir, pero no es la explicación habitual de los robos durante la adolescencia. La cleptomanía tiene características clínicas específicas y no debería diagnosticarse porque un joven haya cometido varios hurtos. (PubMed Central (PMC))
¿Debe devolver lo robado?
Siempre que sea posible y apropiado, la reparación forma parte importante del aprendizaje de responsabilidad.
¿Debo darle más dinero para evitar que vuelva a robar?
No parece una solución razonable sin conocer primero para qué necesita el dinero. Si existe consumo, apuestas o deudas, aumentar simplemente el acceso al dinero puede incluso empeorar el problema.
¿Le quito el móvil?
Depende de las circunstancias. Puede formar parte de determinadas consecuencias familiares, pero retirar automáticamente el teléfono no explica ni resuelve la causa del robo.
¿Puede estar robando para comprar drogas?
Sí, es una de las posibilidades que debemos explorar cuando existe necesidad creciente de dinero acompañada de cambios de comportamiento.
¿Puede estar siendo amenazado?
También. Especialmente cuando las cantidades aumentan rápidamente o el adolescente parece asustado. Hay que preguntarlo directamente.
¿Un adolescente que roba terminará siendo un delincuente?
No. Una conducta durante la adolescencia no permite predecir de manera automática la vida adulta. Lo importante es valorar el patrón global, gravedad, persistencia, problemas asociados y respuesta a la intervención. Los trastornos de conducta son patrones persistentes, no la consecuencia inevitable de un episodio aislado. (AACAP)
¿Cuándo debería llevarlo a un psiquiatra?
Cuando los robos son persistentes, forman parte de un deterioro conductual amplio o existen sospechas de TDAH, depresión, sustancias, apuestas u otros problemas psiquiátricos. ## Robos en adolescentes: comprender el motivo sin eliminar la responsabilidad Un robo necesita una respuesta. Comprender no significa aprobar. Tampoco significa que el adolescente pueda evitar cualquier consecuencia diciendo que estaba enfadado, impulsivo o presionado por sus amigos. Pero la psiquiatría no puede limitarse a decidir si una conducta estuvo bien o mal. Eso ya lo sabemos. Nuestra función consiste en intentar comprender: ¿por qué ocurrió y qué podemos hacer para que no vuelva a ocurrir? Cuando veo a un adolescente por este motivo, me interesa bastante menos el valor exacto del objeto que todo lo que existe alrededor. Quiero saber: qué estaba ocurriendo antes; para qué necesitaba el dinero; qué amigos tiene; si consume; si apuesta; cómo va en el instituto; cómo duerme; si ha cambiado emocionalmente; cómo funciona la relación familiar; y qué otros comportamientos han aparecido. Porque detrás de una misma conducta podemos encontrar historias completamente diferentes. Un adolescente puede coger dinero impulsivamente para salir con sus amigos. Otro intenta financiar cannabis. Otro acumula pérdidas en apuestas. Otro está siendo presionado por alguien. Y otro lleva meses desarrollando un patrón más amplio de problemas de conducta durante la adolescencia. Tratarlos exactamente igual sería un error. Los padres necesitan firmeza. El adolescente necesita asumir responsabilidad. Pero ambos necesitan comprender qué ocurrió. Porque recuperar cien euros puede ser relativamente sencillo. Recuperar la confianza familiar suele llevar bastante más tiempo. Y precisamente por eso merece la pena intervenir antes de que un episodio aislado se convierta en una manera habitual de funcionar.
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Sobre el autor
¿Ha vuelto a desaparecer dinero en casa?
El robo repetido es un síntoma con causa. Valorarla a tiempo evita que la conducta se consolide.
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