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El fútbol empieza a las nueve.
Un adolescente mira la alineación, comenta el partido con sus amigos y, además, consulta una apuesta.
Quién marcará primero.
Cuántos goles habrá.
Cuántos córneres.
Qué ocurrirá durante los próximos diez minutos.
El partido ya no se limita a ver fútbol.
Cada jugada puede convertirse en dinero ganado o perdido.
Y el teléfono permite repetir el proceso prácticamente sin interrupción.
Las apuestas deportivas en adolescentes presentan precisamente una característica que merece atención: pueden introducir el juego de azar dentro de algo que el adolescente ya vive con enorme intensidad emocional —el deporte— y hacerlo además desde un dispositivo que lleva todo el día en el bolsillo.
La mayoría de los jóvenes que alguna vez entra en contacto con el juego no desarrolla un trastorno.
Pero existe un grupo en el que apostar empieza progresivamente a ocupar demasiado espacio.
Primero son cantidades pequeñas.
Después apuestas más frecuentes.
Aparecen pérdidas.
Intenta recuperarlas.
Oculta cuánto dinero ha gastado.
Pide dinero.
Miente.
Empieza a apostar durante partidos que antes simplemente disfrutaba.
Y llega un momento en que la pregunta deja de ser:
«¿Le gustan las apuestas?»
y pasa a ser:
«¿Puede dejar de apostar cuando quiere?»
Ésa es una diferencia clínica fundamental.
La Organización Mundial de la Salud define el trastorno por juego mediante tres grandes elementos: pérdida de control sobre la conducta de juego, prioridad creciente del juego sobre otras actividades y continuación pese a las consecuencias negativas. Además, advierte de que la asociación comercial entre apuestas y deporte contribuye a normalizar el juego entre niños y jóvenes. (Organización Mundial de la Salud)
En consulta, por tanto, no me interesa únicamente saber cuánto dinero ha perdido un adolescente.
Quiero saber qué está empezando a perder además del dinero.
Sueño.
Estudios.
Confianza familiar.
Amistades.
Deporte.
Capacidad para disfrutar de un partido sin apostar.
Ahí suele estar la verdadera dimensión del problema.
- La adicción cabe en el móvil: disponibilidad 24/7 y recompensa intermitente, el gancho perfecto.
- Señales: dinero que desaparece, deudas entre amigos, mentiras, perseguir pérdidas.
- El fútbol se convierte en pantalla de apuestas: ya no ve el partido, ve la cuota.
- Es una adicción real con tratamiento real — y cuanto antes, menos deuda emocional y económica.
¿Son legales las apuestas deportivas para menores en España?
No.
En España, la Ley 13/2011 de regulación del juego prohíbe expresamente la participación de menores de edad en las actividades de juego reguladas y exige mecanismos para impedir su acceso. (BOE)
Por tanto, si un menor está realizando apuestas con dinero, no deberíamos normalizar la situación diciendo:
«Bueno, sólo apuesta cinco euros».
El primer punto es bastante sencillo:
un menor no debería estar apostando.
La segunda cuestión es descubrir cómo ha accedido al juego y, sobre todo, valorar si estamos ante una experiencia ocasional o ante una conducta que empieza a escapársele de las manos.
Apuestas entre adolescentes españoles: qué muestran los datos de 2025
Los datos actuales justifican prestar atención al problema sin exagerarlo.
En 2025, el 13 % de los estudiantes españoles de 14 a 18 años había participado en juegos de azar online durante el último año, frente al 10,7 % registrado en 2023. El aumento se concentra especialmente en los chicos: en 2025 la prevalencia fue del 20,7 % en varones y del 5,3 % en chicas. Además, entre los chicos aumenta claramente con la edad.
Dentro de los jóvenes que juegan online existen diferencias llamativas según el sexo. Entre los chicos que habían jugado online, el 43,6 % había realizado apuestas deportivas, mientras que entre las chicas jugadoras online la cifra era del 17,6 %.
El dato que probablemente merece mayor atención clínica es el de posible juego problemático.
En ESTUDES 2025, el cribado Lie/Bet identificó un posible problema de juego en el 4,9 % del conjunto de estudiantes de 14 a 18 años, frente al 4 % en 2023. La cifra alcanzó el 8,4 % entre los chicos y el 1,4 % entre las chicas. Entre quienes habían jugado, el porcentaje de posible juego problemático fue del 27,7 % en jugadores online y del 21,5 % en jugadores presenciales.
Es importante interpretar correctamente estos datos.
Un cuestionario de cribado no equivale a un diagnóstico psiquiátrico.
Pero sí indica que existe un grupo de adolescentes en el que el juego merece una evaluación mucho más detallada.
Apostar alguna vez no es lo mismo que desarrollar una adicción
Un adolescente puede realizar una apuesta y no presentar un trastorno por juego.
El diagnóstico no depende únicamente de haber apostado.
Tampoco existe una cantidad económica universal a partir de la cual podamos decir:
«Ya es adicción».
Hay familias para las que perder 20 euros es irrelevante desde el punto de vista económico.
Pero clínicamente puede preocuparnos muchísimo que el adolescente:
- apueste todos los días;
- mienta;
- utilice dinero que no es suyo;
- intente continuamente recuperar pérdidas;
- no consiga detenerse.
El problema está en el patrón de comportamiento.
¿Cuándo empiezan a preocupar las apuestas deportivas?
Hay varias señales especialmente útiles.
Apuesta cada vez con mayor frecuencia
Al principio puede apostar únicamente en partidos muy concretos.
Después:
- cada fin de semana;
- varios días;
- cualquier competición;
- incluso deportes que apenas sigue.
El interés deja de estar en el deporte.
Empieza a estar en la posibilidad de apostar.
Necesita apostar para disfrutar del partido
Ésta es una señal muy característica.
Antes veía fútbol porque le gustaba.
Ahora dice:
«Si no tengo nada apostado, el partido no tiene gracia».
El cerebro empieza a asociar:
deporte = posibilidad de recompensa económica.
Cuando esa asociación se consolida, ver deporte sin apostar puede parecer extrañamente aburrido.
Las apuestas en directo cambian la experiencia
El modelo tradicional era sencillo:
se hacía una apuesta antes del partido y se esperaba al resultado.
Las plataformas actuales pueden permitir un flujo continuo de nuevas decisiones durante el evento.
Esto aumenta las oportunidades de continuar jugando y reduce el tiempo entre:
apuesta → resultado → siguiente apuesta.
La OMS advierte que las plataformas de apuestas de alta velocidad y la accesibilidad permanente de productos online aumentan el potencial de daño, especialmente en entornos donde el juego está ampliamente disponible. (Organización Mundial de la Salud)
Para un adolescente impulsivo, el problema es evidente:
cada pocos minutos puede aparecer una nueva oportunidad de intentar ganar.
O de intentar recuperar lo perdido.
«Yo sé mucho de fútbol»: una de las trampas psicológicas más frecuentes
Las apuestas deportivas tienen una característica particularmente atractiva.
No parecen completamente azarosas.
El adolescente puede pensar:
«Yo controlo de fútbol».
«Sé qué equipo está mejor».
«Conozco las estadísticas».
Y efectivamente conocer un deporte puede proporcionar información sobre los equipos.
Pero eso no convierte una apuesta en una inversión.
El resultado sigue dependiendo de acontecimientos inciertos.
Además, las cuotas no son un ejercicio de generosidad de las casas de apuestas.
Están diseñadas dentro de un modelo comercial.
El conocimiento deportivo puede generar una sensación de control mayor que el control real que existe sobre el resultado.
Y cuando acierta varias apuestas seguidas aparece una idea especialmente peligrosa:
«Soy bueno en esto».
Las primeras ganancias pueden ser más peligrosas que las primeras pérdidas
Una pérdida inicial puede hacer que el adolescente piense:
«Esto no es para mí».
Una ganancia importante puede producir exactamente el efecto contrario.
«He ganado 80 euros en diez minutos».
El mensaje psicológico es potentísimo.
No piensa necesariamente en todo lo que perderá posteriormente.
Piensa:
«Esto funciona».
Las recompensas impredecibles son precisamente uno de los mecanismos que pueden mantener conductas de juego.
Perseguir las pérdidas: «tengo que recuperar mi dinero»
Ésta es una de las señales que más me preocupan.
Pierde 20 euros.
Piensa:
«Pongo otros 20 y los recupero».
Pierde otra vez.
Ahora necesita recuperar 40.
Aumenta la apuesta.
Y la cantidad que inicialmente parecía pequeña comienza a crecer.
Esta conducta se conoce habitualmente como chasing losses, perseguir las pérdidas.
Psicológicamente resulta muy difícil aceptar:
«He perdido este dinero y se acabó».
El adolescente siente que parar significa convertir definitivamente la pérdida en real.
Y sigue apostando.
Dinero que empieza a desaparecer
Los padres pueden notar:
- peticiones continuas de pequeñas cantidades;
- bizums difíciles de explicar;
- gastos que no encajan;
- dinero que desaparece;
- venta de objetos;
- préstamos entre amigos.
Una pregunta útil es:
«¿Cuánto dinero debes realmente?»
No:
«¿Cuánto perdiste ayer?».
Sino el total.
Porque puede haber:
- apuestas pendientes;
- dinero prestado;
- deudas con amigos;
- gastos ocultos.
El adolescente puede minimizar inicialmente la cifra por vergüenza o miedo.
Mentiras y apuestas
Puede ocultar:
- cuánto apuesta;
- cuánto ha perdido;
- desde cuándo;
- qué dinero utiliza;
- cuántas cuentas o formas de acceso ha utilizado.
La mentira no debería convertirse en el único centro de la intervención.
Naturalmente daña la confianza.
Pero si nos limitamos a conseguir una confesión sin tratar el juego, habremos resuelto muy poco.
La pregunta importante continúa siendo:
¿por qué no consigue detenerse?
Apuestas desde el móvil: disponibilidad permanente
Las apuestas online tienen una diferencia evidente respecto a desplazarse físicamente a un establecimiento.
El teléfono está disponible:
- en casa;
- en la calle;
- mientras ve un partido;
- mientras estudia;
- prácticamente a cualquier hora.
La OMS destaca la creciente accesibilidad del juego mediante plataformas digitales y la normalización producida por su asociación con el deporte y su promoción en medios y redes. (Organización Mundial de la Salud)
Por eso la P57 está relacionada con la página sobre adicción al móvil y las redes sociales en adolescentes, aunque no sean el mismo problema.
El teléfono es el medio.
La apuesta es la conducta.
Apuestas deportivas y videojuegos: tampoco son lo mismo
Algunos padres agrupan:
videojuegos;
apuestas;
móvil;
internet;
como si todo fuese una única «adicción a las pantallas».
No lo es.
El trastorno por videojuegos en adolescentes tiene una lógica clínica propia.
Las apuestas incorporan algo diferente:
riesgo económico y posibilidad de ganar o perder dinero.
Sin embargo, algunos adolescentes pueden moverse entre:
- videojuegos;
- competiciones;
- compras digitales;
- apuestas.
Por eso tiene sentido explorar todas las conductas digitales cuando aparece una de ellas de manera problemática.
TDAH, impulsividad y apuestas deportivas
Ésta es otra relación que debemos estudiar con cuidado.
Algunos adolescentes con TDAH presentan:
- impulsividad;
- dificultad para retrasar recompensas;
- búsqueda de estimulación;
- decisiones rápidas;
- menor tolerancia al aburrimiento.
Todo esto puede aumentar la vulnerabilidad ante determinadas conductas de recompensa inmediata.
Pero debemos evitar una conclusión demasiado simple:
tener TDAH no significa desarrollar ludopatía.
Ni apostar significa tener TDAH.
Cuando existe una historia de inatención e impulsividad desde la infancia y problemas en diferentes áreas, conviene valorar ambos fenómenos.
Tratar únicamente las apuestas dejando una impulsividad importante sin abordar puede dificultar la evolución.
Ansiedad, depresión y juego
No todos los adolescentes apuestan únicamente porque quieren ganar dinero.
Algunos utilizan el juego para:
- escapar del aburrimiento;
- obtener excitación;
- dejar de pensar;
- distraerse de problemas;
- mejorar temporalmente su estado de ánimo.
El problema es que después pueden aparecer:
- pérdidas;
- culpa;
- conflictos;
- ansiedad.
Y el mismo comportamiento utilizado para escapar del malestar acaba generando todavía más malestar.
Cuando perder dinero produce desesperación
Éste es un punto que no debería infravalorarse.
La OMS incluye entre los daños relacionados con el juego el estrés financiero, problemas familiares, enfermedad mental y riesgo de suicidio. (Organización Mundial de la Salud)
Un adolescente puede perder dinero que para un adulto parece relativamente pequeño y vivirlo de una manera completamente diferente.
Puede haber:
- deuda;
- miedo a que los padres lo descubran;
- vergüenza;
- amenazas;
- sensación de haber arruinado todo.
Por eso debemos preguntar por pensamientos de muerte cuando existe:
- desesperación intensa;
- deuda importante;
- depresión;
- aislamiento;
- frases como «no tengo salida».
Si aparecen ideas suicidas en un adolescente, la prioridad deja de ser recuperar el dinero.
La prioridad es su seguridad.
¿Qué pueden hacer los padres cuando descubren que su hijo apuesta?
1. No empezar únicamente gritando
Es comprensible sentirse enfadado.
Especialmente si ha utilizado dinero familiar.
Pero necesitamos información.
Puede ser más útil empezar:
«Necesito saber exactamente qué está ocurriendo porque quiero saber hasta dónde ha llegado el problema».
2. Averiguar la dimensión económica real
Hay que preguntar:
- cuánto ha perdido;
- cuánto debe;
- a quién;
- desde cuándo;
- de dónde obtiene el dinero.
No conviene aceptar tranquilamente:
«Muy poco».
Necesitamos cifras razonablemente concretas.
3. Cortar el acceso al dinero para apostar
Mientras se evalúa la situación puede ser necesario aumentar temporalmente el control sobre:
- tarjetas;
- medios de pago;
- dinero disponible.
No tiene demasiado sentido tratar un problema de apuestas mientras el adolescente conserva acceso libre al mismo mecanismo que las financia.
Además, recordemos que los menores tienen prohibida legalmente la participación en juegos de azar regulados en España. (BOE)
4. No darle dinero para «recuperar lo perdido»
Ésta es una trampa importante.
«Dame 50 euros y con esta apuesta recupero todo».
No.
La deuda no debería utilizarse como justificación para continuar apostando.
Perseguir pérdidas es precisamente parte del problema.
5. Bloquear el acceso al juego
En un menor, el objetivo no debería consistir en enseñarle a apostar «responsablemente».
No debería estar apostando.
Puede ser necesario:
- retirar aplicaciones;
- establecer controles digitales;
- limitar acceso a medios de pago;
- revisar cómo consigue acceder.
La OMS considera que las restricciones de acceso, límites efectivos y mecanismos de exclusión son herramientas importantes para reducir el daño del juego. (Organización Mundial de la Salud)
6. No pagar todas las deudas sin entenderlas
Antes de resolver económicamente el problema necesitamos saber:
- a quién debe dinero;
- por qué;
- si existen nuevas apuestas;
- si hay préstamos entre menores;
- si existe presión o amenaza.
Pagar en silencio una deuda puede eliminar la consecuencia económica inmediata sin modificar absolutamente nada del comportamiento.
La gestión dependerá del caso, pero primero necesitamos conocer la situación completa.
7. Preguntar por otras conductas
No deberíamos valorar las apuestas aisladas del resto de su vida.
Pregunte por:
- alcohol;
- cannabis;
- videojuegos;
- sueño;
- estudios;
- impulsividad;
- estado de ánimo.
Los datos españoles muestran que los estudiantes con posible juego problemático tienden a apostar con mayor frecuencia, gastar más dinero y presentar más conductas de riesgo y consumo de sustancias que el resto. (Plan Nacional sobre Drogas)
Señales de que puede existir un problema serio
Me preocupa especialmente cuando encontramos:
- apuestas repetidas;
- pérdida de control;
- necesidad de apostar cantidades crecientes;
- persecución de pérdidas;
- mentiras;
- deudas;
- coger dinero sin permiso;
- deterioro académico;
- irritabilidad cuando no puede apostar;
- pensamiento constante sobre apuestas;
- abandono de actividades;
- ansiedad o depresión;
- intentos fallidos de dejarlo.
Una sola señal no establece el diagnóstico.
El conjunto sí puede indicar una necesidad clara de valoración.
«Dice que puede dejarlo cuando quiera»
Es una frase que aparece en prácticamente todas las adicciones.
Una forma sencilla de obtener información es observar qué ocurre cuando realmente intenta detener la conducta.
¿Puede pasar semanas sin apostar?
¿O aparecen continuamente:
- excepciones;
- nuevos partidos;
- «esta apuesta es segura»;
- «sólo cinco euros»?
La dificultad real para detenerse aporta más información que la promesa de que podría hacerlo.
¿Cómo se diagnostica un trastorno por juego?
El diagnóstico es clínico.
No existe:
- analítica;
- resonancia;
- marcador biológico;
que lo confirme por sí solo.
Necesitamos estudiar:
- frecuencia;
- dinero;
- pérdida de control;
- mentiras;
- persecución de pérdidas;
- deterioro;
- duración;
- consecuencias.
La OMS resume el núcleo del trastorno en pérdida de control, prioridad del juego y continuación pese al daño. (Organización Mundial de la Salud)
En adolescentes también debemos evaluar:
- TDAH;
- depresión;
- ansiedad;
- consumo de sustancias;
- otras adicciones comportamentales;
- riesgo suicida;
- funcionamiento familiar y académico.
Una evaluación de psiquiatría para adolescentes puede ayudar a distinguir un comportamiento experimental de un patrón realmente problemático y valorar qué otros problemas pueden estar manteniéndolo.
Tratamiento de la adicción a las apuestas deportivas en adolescentes
El objetivo inicial es bastante claro:
detener el juego y limitar el acceso mientras comprendemos qué lo está manteniendo.
Después necesitamos trabajar el componente psicológico.
Terapia cognitivo-conductual
La terapia cognitivo-conductual puede trabajar:
- pensamientos irracionales sobre probabilidades;
- sensación de control;
- persecución de pérdidas;
- impulsividad;
- desencadenantes;
- prevención de recaídas.
La OMS considera la terapia cognitivo-conductual y la entrevista motivacional entre las intervenciones con mejor evidencia disponible para el trastorno por juego. (Organización Mundial de la Salud)
Entrevista motivacional
Algunos adolescentes no llegan pensando:
«Tengo un problema de apuestas».
Llegan porque los padres han descubierto:
- dinero;
- mentiras;
- deudas.
Puede decir:
«Lo controlo».
«No pasa nada».
«Voy ganando».
En lugar de pasar toda la consulta intentando demostrarle que está equivocado, puede ser más útil explorar:
¿Qué ventajas obtiene?
¿Qué problemas le está causando?
¿Cómo encaja esto con lo que quiere conseguir?
La motivación no siempre está presente al principio.
También se construye durante el tratamiento.
Trabajo familiar
En menores considero fundamental trabajar también con la familia.
Puede ser necesario organizar:
- dinero;
- controles de acceso;
- horarios;
- teléfonos;
- supervisión;
- recuperación de confianza.
Los padres tampoco deberían convertirse indefinidamente en policías financieros.
El objetivo final es recuperar autocontrol.
Pero mientras el adolescente no puede controlar la conducta, puede necesitar temporalmente más control externo.
¿Hay medicamentos para la adicción a las apuestas?
No existe una «pastilla para dejar de apostar» que sustituya al tratamiento psicológico y conductual.
La OMS señala que la evidencia para intervenciones farmacológicas es menos sólida que para terapia cognitivo-conductual o entrevista motivacional. (Organización Mundial de la Salud)
La medicación puede tener sentido si existe otro problema psiquiátrico que requiera tratamiento.
Por ejemplo:
- TDAH;
- depresión;
- ansiedad.
Pero tenemos que tratar diagnósticos.
No simplemente intentar reducir una conducta mediante medicación.
¿Puede recuperarse un adolescente?
Sí.
Y probablemente una de las ventajas de intervenir durante la adolescencia sea que el patrón puede llevar relativamente poco tiempo establecido.
La recuperación implica algo más que:
«Ya no apuesta».
Queremos además que pueda:
- ver deporte sin necesidad de dinero de por medio;
- tolerar una pérdida sin intentar recuperarla;
- gestionar dinero;
- recuperar confianza;
- estudiar;
- dormir;
- utilizar el móvil sin entrar continuamente en apuestas;
- volver a encontrar otras fuentes de recompensa.
Una recaída tampoco significa que todo el tratamiento haya fracasado.
Significa que tenemos que estudiar:
¿qué pasó justo antes de volver a apostar?
Preguntas frecuentes sobre apuestas deportivas en adolescentes
¿Puede un menor apostar legalmente en España?
No. Los menores de edad tienen prohibida la participación en los juegos regulados por la Ley 13/2011. (BOE)
Mi hijo apostó una vez. ¿Tiene ludopatía?
No. Una apuesta aislada no permite realizar ese diagnóstico. Hay que valorar frecuencia, control, dinero, consecuencias y evolución.
¿Cómo sé si está desarrollando una adicción?
Preocupan especialmente: incapacidad para dejarlo; apuestas cada vez más frecuentes; deudas; mentiras; persecución de pérdidas; deterioro académico o familiar.
¿Cuánto dinero tiene que perder para ser un problema?
No existe una cantidad mínima. Puede existir un problema grave de comportamiento antes de que las cantidades sean enormes. La pérdida de control importa más que una cifra aislada.
¿Por qué las apuestas deportivas enganchan tanto a algunos adolescentes?
Pueden combinar: deporte; recompensa económica; incertidumbre; acceso rápido desde el teléfono; repetición constante. La OMS destaca además el papel de la asociación entre juego, deporte y promoción comercial en la normalización del juego entre jóvenes. (Organización Mundial de la Salud)
¿Apostar desde el móvil es más preocupante?
El acceso constante facilita que el comportamiento pueda repetirse con mayor frecuencia. En España, en 2025 el posible juego problemático fue especialmente elevado entre quienes habían jugado online.
¿Las apuestas deportivas son más frecuentes en chicos?
Sí existe una diferencia marcada. En los datos españoles de 2025, el juego online fue mucho más frecuente en varones y las apuestas deportivas tuvieron un peso especialmente alto entre los chicos que jugaban online.
¿Puede estar relacionado con TDAH?
Puede coexistir TDAH y mayor impulsividad, pero apostar no permite diagnosticar TDAH. Cuando existen síntomas persistentes desde la infancia, conviene realizar una valoración específica de TDAH en adolescentes.
¿Debo quitarle el móvil?
Depende del caso. Si el móvil es la vía principal de acceso al juego, puede ser necesario establecer temporalmente controles importantes. Pero retirar el dispositivo no sustituye el tratamiento.
¿Debo devolverle el dinero perdido para que no tenga deudas?
No debería darle más dinero simplemente para continuar apostando e intentar recuperar pérdidas. Primero necesitamos saber exactamente qué deudas existen y establecer una estrategia familiar.
¿Puede provocar depresión?
El juego problemático puede coexistir con sufrimiento psicológico, estrés económico, conflicto familiar y problemas de salud mental. (Organización Mundial de la Salud)
¿Existe riesgo suicida?
Puede existir, especialmente cuando aparecen pérdidas, deudas, vergüenza y depresión. La relación entre daño por juego y suicidio está reconocida por la OMS. Ante ideación suicida en adolescentes hay que valorar el riesgo de forma directa. (Organización Mundial de la Salud)
¿Cuándo es urgente?
Cuando aparecen: intención suicida; intento de suicidio; autolesiones graves; descontrol extremo; violencia grave; imposibilidad de mantener la seguridad. En esas circunstancias puede ser necesaria una atención psiquiátrica urgente en Marbella o los servicios de emergencia cuando existe riesgo inmediato. ## Adicción a las apuestas deportivas en adolescentes: el problema no es acertar o fallar Hay una conversación que aparece con bastante frecuencia: «Pero papá, si yo gano». Ésta no es la pregunta. Un adolescente puede haber ganado sus últimas tres apuestas y estar desarrollando ya una relación muy poco saludable con el juego. También puede haber perdido y detenerse perfectamente. El diagnóstico no depende de si esta semana va ganando. Depende de si conserva el control. Después de muchos años trabajando con adolescentes, intento desplazar la conversación de: «¿Cuánto has ganado?» hacia: «¿Qué está haciendo esto en tu vida?» ¿Piensas continuamente en apostar? ¿Necesitas hacerlo para disfrutar del fútbol? ¿Estás ocultando dinero? ¿Intentas recuperar cada pérdida? ¿Puedes parar? ¿Has dejado cosas importantes? Esas preguntas son mucho más útiles. Porque el gran peligro de las apuestas deportivas es que pueden presentarse durante bastante tiempo como algo completamente normal. Deporte. Amigos. Una aplicación. Cinco euros. Un partido. Hasta que poco a poco los cinco euros dejan de ser cinco. El partido deja de ser simplemente un partido. Y el adolescente empieza a organizar decisiones, emociones y dinero alrededor del siguiente resultado. El objetivo del tratamiento no consiste en enseñarle a predecir mejor. Consiste precisamente en recuperar algo mucho más importante: la capacidad de disfrutar del deporte sin necesitar apostar sobre él y la capacidad de aceptar que el dinero perdido no se recupera poniendo todavía más dinero en juego. ## Adicción a las apuestas deportivas y psiquiatría adolescente en Marbella Cuando las apuestas empiezan a acompañarse de deudas, mentiras, fracaso académico, impulsividad, TDAH, ansiedad, depresión o conflictos familiares importantes, conviene realizar una valoración completa. En una consulta con un psiquiatra de adolescentes en Marbella el objetivo no es simplemente decirle al joven: «No apuestes». Hay que diferenciar: experimentación; comportamiento de riesgo; posible trastorno por juego; impulsividad; TDAH; depresión o ansiedad; otras adicciones comportamentales. Y después establecer un plan que combine: retirada del acceso al juego; control financiero temporal; trabajo psicológico; intervención familiar; tratamiento de los problemas asociados. Cuanto antes se detecta el patrón, más posibilidades tenemos de intervenir antes de que las pérdidas económicas se conviertan también en pérdidas académicas, familiares y emocionales.
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Sobre el autor
¿Desaparece dinero y aparecen cuotas?
El juego problemático adolescente escala rápido y en silencio. Frenarlo a tiempo es totalmente posible.
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