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La sexualidad forma parte del desarrollo normal durante la adolescencia.
Sentir atracción, enamorarse, descubrir el deseo sexual, empezar una relación de pareja o iniciar una vida sexual no constituye por sí mismo un problema psicológico ni psiquiátrico.
Conviene empezar por aquí porque uno de los errores que podemos cometer los adultos es confundir sexualidad adolescente con conducta sexual de riesgo.
No son lo mismo.
Tampoco deberíamos convertir en patología cualquier comportamiento sexual que incomode a los padres.
La pregunta clínicamente relevante no es simplemente:
«¿Mi hijo o mi hija mantiene relaciones sexuales?»
Las preguntas importantes son otras:
¿Puede decidir libremente?
¿Comprende las posibles consecuencias?
¿Puede poner límites?
¿Existe consentimiento?
¿Está utilizando alcohol o drogas antes de las relaciones?
¿Hay una clara diferencia de poder entre ambas personas?
¿La conducta está apareciendo dentro de una desinhibición general mucho mayor?
¿Existe presión, violencia, chantaje o explotación?
Estas preguntas cambian por completo la valoración.
Después de muchos años trabajando con adolescentes, intento evitar dos extremos igualmente poco útiles.
El primero consiste en considerar cualquier sexualidad adolescente como peligrosa.
El segundo es responder ante cualquier conducta con:
«Bueno, son cosas de la edad».
A veces efectivamente son experiencias propias del desarrollo.
Otras veces la conducta sexual es una de las primeras señales visibles de impulsividad grave, consumo de sustancias, trauma, una relación coercitiva o incluso un episodio psiquiátrico.
La diferencia está en el contexto.
- La sexualidad adolescente no es una enfermedad; el foco clínico es el RIESGO, no la moral.
- Preocupan: coerción, intercambio de imágenes bajo presión, sexo con intoxicación, incapacidad repetida de protegerse.
- La hipersexualidad brusca puede ser síntoma — manía, trauma, consumo.
- El abordaje: salud, consentimiento y seguridad, con espacio confidencial para el adolescente.
¿Qué son las conductas sexuales de riesgo en adolescentes?
Podemos considerar conductas sexuales de riesgo aquellas situaciones en las que aumenta de forma importante la posibilidad de consecuencias físicas, psicológicas, sociales o legales negativas.
Entre ellas pueden encontrarse:
- relaciones sexuales sin una protección adecuada;
- actividad sexual repetidamente asociada a intoxicación por alcohol o
- drogas;
- dificultad importante para establecer límites;
- incapacidad para rechazar relaciones que realmente no se desean;
- relaciones dentro de dinámicas de presión o coerción;
- intercambio de imágenes sexuales en contextos peligrosos;
- contacto sexual con personas que ejercen un poder claramente
- superior;
- encuentros sexuales con desconocidos en situaciones de escasa
- seguridad;
- conductas sexuales extremadamente impulsivas;
- cambios bruscos hacia una marcada desinhibición;
- conductas sexuales que forman parte de un patrón general de riesgo.
El problema no se define simplemente por el número de parejas.
Tampoco por si los padres aprueban o desaprueban una determinada relación.
Una valoración clínica adecuada necesita estudiar seguridad, consentimiento, capacidad de decisión, impulsividad y consecuencias.
Tener relaciones sexuales durante la adolescencia no significa tener un trastorno
Esto merece decirse claramente.
Un adolescente sexualmente activo no presenta por ese motivo una enfermedad psiquiátrica.
La sexualidad forma parte del desarrollo humano y durante la adolescencia se producen importantes cambios:
- físicos;
- hormonales;
- emocionales;
- afectivos;
- sociales;
- relacionados con la identidad y la intimidad.
La Organización Mundial de la Salud recomienda una educación sexual integral, científicamente correcta y adaptada a la edad. La evidencia revisada por la OMS indica que proporcionar información adecuada no adelanta el inicio de las relaciones sexuales; algunos programas pueden incluso retrasarlo y favorecer comportamientos sexuales más seguros. (Organización Mundial de la Salud)
La (OMS explica aquí su enfoque sobre educación sexual integral).
Esto tiene una consecuencia práctica importante.
Evitar hablar de sexo con un adolescente para «no darle ideas» probablemente no impedirá que reciba información.
La recibirá.
La pregunta es de quién:
- padres;
- profesionales sanitarios;
- amigos;
- TikTok;
- pornografía;
- cualquier persona que aparezca en internet.
Y no todas las fuentes tienen exactamente el mismo control de calidad.
¿Cuándo empieza realmente a preocupar una conducta sexual?
Me preocupa especialmente cuando aparece uno o varios de estos elementos:
- pérdida repetida de control;
- ausencia sistemática de medidas de protección;
- intoxicación asociada a los encuentros;
- imposibilidad de poner límites;
- presión de la pareja;
- diferencia importante de edad o poder;
- relaciones que el adolescente después lamenta;
- conductas que no recuerda bien;
- intercambio de imágenes bajo presión;
- chantaje;
- desapariciones;
- múltiples conductas impulsivas simultáneas;
- deterioro académico;
- cambios bruscos de personalidad;
- aislamiento familiar;
- sufrimiento psicológico.
También hay que prestar atención al cambio respecto al funcionamiento habitual.
Un adolescente que siempre ha sido impulsivo plantea una situación.
Un joven que en pocas semanas empieza a:
- dormir muy poco;
- gastar mucho;
- consumir;
- mantener múltiples relaciones sexuales impulsivas;
- escaparse;
- sentirse extraordinariamente poderoso;
plantea otra completamente diferente.
Impulsividad y sexualidad de riesgo
La adolescencia es una etapa en la que todavía continúa desarrollándose la capacidad para anticipar determinadas consecuencias y regular impulsos.
Hay jóvenes en los que esa dificultad es especialmente marcada.
Puede aparecer el patrón:
deseo inmediato → conducta → consecuencias → arrepentimiento posterior.
Y el mismo mecanismo puede observarse en diferentes áreas:
- alcohol;
- drogas;
- peleas;
- conducción;
- apuestas;
- fugas;
- sexo.
Cuando existen simultáneamente diferentes problemas graves de conducta en adolescentes, considero poco útil tratar cada episodio de manera completamente independiente.
No deberíamos tener:
«el problema del sexo»;
«el problema de las drogas»;
«el problema de llegar tarde»;
«el problema del instituto».
Quizá existe una misma dificultad para regular impulsos detrás de todos ellos.
TDAH y conductas sexuales impulsivas
Algunos adolescentes con TDAH pueden presentar:
- impulsividad;
- búsqueda de gratificación inmediata;
- dificultad para planificar;
- baja tolerancia a la frustración;
- problemas para anticipar consecuencias.
Eso no significa que el TDAH produzca automáticamente comportamientos sexuales de riesgo.
Muchísimos adolescentes con TDAH no los presentan.
Pero si observamos conjuntamente:
- problemas académicos;
- impulsividad general;
- accidentes;
- sustancias;
- incumplimiento constante de horarios;
- decisiones sexuales precipitadas;
puede tener sentido explorar un problema más amplio de autorregulación.
La conducta sexual vuelve a ser una pieza del puzle, no necesariamente todo el puzle.
Alcohol y drogas: cuando la capacidad para decidir disminuye
Ésta es una de las asociaciones que más deberían preocuparnos.
Alcohol, cannabis y otras drogas pueden alterar:
- juicio;
- percepción del riesgo;
- autocontrol;
- memoria;
- capacidad para reaccionar;
- posibilidad de comunicar claramente los propios límites.
Por eso, cuando un adolescente refiere una experiencia sexual que ocurrió bajo una intoxicación importante, no me interesa únicamente preguntar:
«¿Utilizaste protección?».
También necesito saber:
- cuánto había bebido;
- qué otras sustancias consumió;
- qué recuerda;
- si la otra persona también había consumido;
- si realmente quería mantener la relación;
- si pudo detenerla cuando quiso.
Son preguntas de seguridad, no un interrogatorio moral.
«No recuerdo bien lo que pasó»
Esta frase merece atención.
No debe despacharse con:
«Eso te pasa por beber».
Si una persona estaba tan intoxicada que no puede reconstruir adecuadamente lo ocurrido, necesitamos explorar:
- qué consumió;
- quién estaba presente;
- cómo llegó al lugar;
- cómo salió;
- si existen lesiones;
- si alguien dispone de imágenes;
- si existe sospecha de agresión.
Primero protegemos al adolescente.
La conversación sobre alcohol puede venir después.
Consentimiento: no basta con que nadie haya gritado «no»
El consentimiento constituye una parte esencial de cualquier relación sexual saludable.
Debe ser libre.
Una persona necesita poder:
- querer participar;
- entender lo que está ocurriendo;
- expresar sus límites;
- cambiar de opinión;
- detener la relación.
La OMS incluye consentimiento, relaciones respetuosas y prevención de violencia dentro de una educación sexual integral apropiada para adolescentes. (Organización Mundial de la Salud)
Por eso conviene enseñar algo más elaborado que:
«No significa no».
También:
si no estás seguro de que la otra persona quiere continuar, paras y preguntas.
Quedarse paralizado no equivale necesariamente a consentir
Ante una experiencia de miedo intenso algunas personas no reaccionan luchando ni escapando.
Pueden quedarse bloqueadas.
Por eso, cuando un adolescente relata una situación sexual desagradable, preguntas como:
«¿Y por qué no te fuiste?»
o:
«¿Por qué no gritaste?»
pueden resultar bastante injustas.
Necesitamos escuchar primero qué ocurrió.
Consentimiento y menores: una cuestión que también tiene dimensión legal
En España existe una protección penal específica para los menores de dieciséis años.
El Código Penal regula los actos sexuales con menores de esa edad y contempla una excepción limitada cuando existe consentimiento libre y la otra persona es próxima en edad y grado de desarrollo o madurez, siempre dentro de las condiciones establecidas legalmente. Por tanto, reducir toda la cuestión jurídica a una frase como «la edad de consentimiento son 16 años» puede resultar excesivamente simplificador. (BOE)
La referencia oficial actual puede consultarse en el (Código Penal publicado por el BOE).
Desde una perspectiva clínica, cuando existe:
- diferencia considerable de edad;
- adulto implicado;
- abuso de autoridad;
- presión;
- engaño;
- violencia;
- incapacidad para decidir libremente;
la situación necesita estudiarse con especial cuidado.
Y si existe una posible infracción penal, además de la atención sanitaria habrá que obtener asesoramiento jurídico o activar los mecanismos de protección correspondientes.
Una pareja también puede ejercer coerción
Otro error frecuente consiste en pensar:
«Son novios, por tanto habrá consentimiento».
No necesariamente.
Una relación de pareja no concede un permiso sexual permanente.
Pueden aparecer frases como:
«Si me quisieras, lo harías».
«Todo el mundo lo hace».
«Después de todo lo que hago por ti...».
«Si me dejas contaré lo que hicimos».
«Si no me mandas otra foto, enseño la anterior».
Aquí ya no estamos hablando de una relación sexual libre.
Estamos hablando de presión, control o chantaje.
Sexting en adolescentes
El término sexting suele utilizarse para describir el envío o intercambio de:
- fotografías íntimas;
- vídeos;
- mensajes sexualmente explícitos.
El problema clínico no es exactamente igual en todas las situaciones.
Existe una enorme diferencia entre una comunicación íntima y una situación en la que aparecen:
- presión;
- difusión sin permiso;
- amenazas;
- chantaje;
- participación de adultos;
- grabaciones sin conocimiento;
- utilización de imágenes para controlar al adolescente.
Cuando unos padres descubren una fotografía íntima, el impulso inicial puede ser:
«¿Cómo se te ocurrió hacer esto?».
Es comprensible.
Pero conviene preguntar primero:
¿Dónde está ahora esa imagen?
¿Quién la tiene?
¿La ha enviado a otras personas?
¿Te están amenazando?
¿Alguien te está pidiendo más fotografías?
La prioridad cambia completamente si existe chantaje.
Sextorsión
En una situación de sextorsión, alguien utiliza imágenes o vídeos íntimos para exigir:
- nuevas imágenes;
- encuentros;
- dinero;
- silencio;
- otras conductas.
El adolescente puede sentir una vergüenza enorme.
Y precisamente esa vergüenza puede impedirle pedir ayuda.
Puede empezar a:
- aislarse;
- dormir mal;
- dejar de ir al instituto;
- estar permanentemente pendiente del móvil;
- mostrar ansiedad intensa;
- deprimirse;
- autolesionarse.
Ante un cambio brusco de este tipo merece la pena preguntar directamente si alguien está amenazándolo por internet.
Redes sociales y contacto con desconocidos
Las redes permiten mantener relaciones con personas que la familia nunca ha conocido.
No todo contacto online es peligroso.
Pero aumentan las señales de alarma cuando una persona:
- es claramente mayor;
- exige secreto;
- hace regalos;
- intenta alejar al adolescente de su familia;
- solicita imágenes sexuales;
- pide encuentros ocultos;
- amenaza;
- controla horarios y amistades;
- insiste en trasladar rápidamente la conversación a canales privados.
La frase:
«Me entiende mejor que nadie»
no elimina la posibilidad de manipulación.
Especialmente cuando existe una clara diferencia de edad o poder.
Fugas de casa y sexualidad de riesgo
Hay adolescentes que abandonan temporalmente el domicilio para estar con:
- pareja;
- amigos;
- personas conocidas por internet;
- grupos donde existe consumo de sustancias.
Cuando unas fugas de casa en adolescentes coinciden con relaciones sexuales, alcohol, drogas o personas desconocidas, necesitamos valorar la seguridad completa de la situación.
No basta con preguntar:
«¿Dónde dormiste?».
También:
- ¿con quién?;
- ¿habías consumido?;
- ¿te sentiste seguro?;
- ¿alguien te presionó?;
- ¿pudiste marcharte cuando quisiste?;
- ¿había algún adulto?
Aquí el objetivo no es invadir gratuitamente la intimidad.
Es descartar riesgos importantes.
Las mentiras pueden estar ocultando una situación de riesgo
Los padres pueden descubrir primero una contradicción:
«Dijo que estaba en casa de una amiga, pero no estaba allí».
Las mentiras frecuentes en adolescentes tienen muchas posibles explicaciones.
Cuando se relacionan con sexualidad pueden ocultar:
- miedo a la reacción familiar;
- una pareja;
- consumo;
- un encuentro con alguien conocido online;
- una situación coercitiva;
- simplemente deseo de privacidad.
Por eso conviene evitar una interpretación automática:
mentira = conducta sexual peligrosa.
Pero también el extremo contrario:
intimidad = no debemos preguntar nunca.
La supervisión debe ser proporcional al riesgo.
Trauma y conductas sexuales de riesgo
Algunos adolescentes con antecedentes traumáticos pueden tener dificultades posteriores relacionadas con:
- regulación emocional;
- autoestima;
- confianza;
- límites;
- consumo;
- relaciones interpersonales.
Pero debemos manejar esta cuestión con mucho cuidado.
Una conducta sexual de riesgo no demuestra que exista un trauma.
Tampoco una experiencia traumática conduce necesariamente a comportamientos sexuales impulsivos.
No debemos utilizar la conducta sexual para realizar retrospectivamente diagnósticos o sospechas sin otros datos.
Cuando existe una historia compatible, la evaluación necesita realizarse de manera prudente, evitando interrogatorios sugestivos.
Depresión y búsqueda de aceptación
Algunos adolescentes deprimidos o con autoestima muy deteriorada pueden tener una enorme necesidad de:
- aceptación;
- afecto;
- aprobación;
- no ser abandonados.
Una relación sexual puede convertirse entonces en una forma de intentar asegurar una relación:
«Si no lo hago, me dejará».
También puede existir consumo de sustancias, impulsividad o comportamientos autodestructivos.
Esto no convierte cualquier actividad sexual frecuente en depresión.
Pero cuando aparece junto con:
- tristeza;
- irritabilidad;
- aislamiento;
- autolesiones;
- pérdida de interés;
- desesperanza;
tenemos que explorar el estado emocional.
¿Puede un episodio maníaco producir desinhibición sexual?
Sí.
Durante un episodio maníaco pueden existir cambios significativos de:
- estado de ánimo;
- energía;
- actividad;
- sueño;
- comportamiento.
NIMH destaca que el trastorno bipolar juvenil implica episodios con cambios importantes respecto al funcionamiento habitual y requiere una evaluación diagnóstica cuidadosa. (Instituto Nacional de la Salud Mental)
Clínicamente, una desinhibición sexual brusca adquiere especial importancia cuando aparece simultáneamente con:
- dormir muy pocas horas sin cansancio;
- energía extraordinariamente elevada;
- discurso acelerado;
- grandiosidad;
- gastos excesivos;
- irritabilidad o euforia marcada;
- múltiples decisiones impulsivas.
No diagnosticamos bipolaridad porque un adolescente tenga varias parejas sexuales.
Tampoco porque mantenga una sexualidad activa.
Nos preocupa el cambio sindrómico global.
¿Qué pueden hacer los padres?
Hablar antes de que exista una crisis
La conversación sobre sexualidad no debería empezar después de:
- una fotografía;
- una intoxicación;
- una infección;
- una fuga;
- una experiencia traumática.
Conviene hablar previamente de:
- consentimiento;
- preservativo;
- anticoncepción;
- alcohol;
- drogas;
- relaciones respetuosas;
- intimidad digital;
- presión del grupo.
La evidencia que resume la OMS respalda una educación sexual adecuada a la edad y basada en información científica, y no muestra que este tipo de educación fomente un inicio más temprano de las relaciones sexuales. (Organización Mundial de la Salud)
No convertir la conversación en un juicio moral
Si contar un problema desencadena inmediatamente:
«¡Qué vergüenza!»
«¡Cómo has podido hacer eso!»
«¡Nos has decepcionado!»
es muy posible que el adolescente aprenda una cosa:
la próxima vez será mejor no contarlo.
Podemos estar en desacuerdo con una decisión.
Podemos establecer consecuencias.
Pero necesitamos mantener abierta la comunicación.
Preguntar por seguridad antes que por detalles
Me parecen especialmente útiles preguntas como:
- ¿querías hacerlo?;
- ¿te sentiste presionado?;
- ¿habíais consumido?;
- ¿pudiste parar?;
- ¿utilizasteis protección?;
- ¿existen fotografías?;
- ¿alguien te está amenazando?;
- ¿esa persona es considerablemente mayor?;
- ¿te sientes seguro ahora?
No necesitamos reconstruir todos los detalles íntimos de la relación para realizar una primera evaluación.
Evitar las etiquetas
«Promiscua».
«Vicioso».
«Irresponsable».
«No tienes respeto por ti misma».
Estas expresiones pueden producir vergüenza.
Difícilmente mejoran la capacidad de tomar decisiones.
Mantener una salida de emergencia
Una frase parental especialmente útil puede ser:
«Si alguna vez estás en un sitio y sientes que estás en peligro, llámame. Primero vamos a sacarte de allí. Después hablaremos».
Esto no elimina las normas.
Crea una vía de seguridad.
Qué suele funcionar peor
Prohibir absolutamente cualquier relación
Especialmente en adolescentes mayores, una prohibición total puede limitar la comunicación sin eliminar necesariamente la conducta.
En ocasiones simplemente hace que ocurra de forma más clandestina.
Revisar permanentemente toda su intimidad
Cuando existe un riesgo real puede ser necesario aumentar la supervisión.
Pero revisar todos los mensajes, todas las conversaciones y todos los movimientos de un adolescente que no presenta situaciones de riesgo puede deteriorar la confianza.
El objetivo es supervisión proporcional, no vigilancia ilimitada.
Ignorar porque «todos los adolescentes hacen lo mismo»
Una conducta no se vuelve segura por ser frecuente.
Centrarse únicamente en el embarazo
La salud sexual también incluye:
- infecciones;
- consentimiento;
- violencia;
- presión;
- salud emocional;
- relaciones sanas;
- capacidad de tomar decisiones.
¿Cuándo conviene una valoración profesional?
No todo adolescente sexualmente activo necesita psicoterapia ni psiquiatría.
Conviene realizar una evaluación cuando aparecen:
- pérdida de control;
- conductas sexuales extremadamente impulsivas;
- sustancias;
- fugas;
- importante deterioro académico;
- depresión;
- autolesiones;
- posible trauma;
- sospecha de explotación;
- coerción;
- cambios bruscos de personalidad;
- posible episodio maníaco;
- conductas de riesgo en muchas áreas simultáneamente.
En estas situaciones la sexualidad puede ser sólo una parte de un cuadro más amplio.
Una evaluación psiquiátrica del adolescente permite estudiar conjuntamente conducta, estado emocional, impulsividad, sustancias, relaciones y otros posibles trastornos.
Si la familia necesita una evaluación clínica presencial, puede solicitar valoración con un psiquiatra de adolescentes en Marbella.
El objetivo de una consulta psiquiátrica no es juzgar la sexualidad.
Es responder:
¿Existe algo que esté disminuyendo la capacidad de este adolescente para protegerse, poner límites o tomar decisiones libres?
¿Cuándo es una urgencia?
Algunas situaciones requieren actuación inmediata.
Especialmente:
- agresión sexual reciente;
- riesgo físico importante;
- intoxicación grave;
- sospecha de explotación;
- amenazas;
- chantaje;
- riesgo suicida;
- autolesión grave;
- episodio psicótico;
- episodio maníaco grave;
- desaparición en circunstancias peligrosas.
En estas situaciones puede ser necesaria una valoración psiquiátrica urgente o acudir directamente a los servicios de emergencia cuando existe riesgo inmediato.
Aquí la prioridad no consiste en decidir quién incumplió una norma familiar.
La prioridad es proteger al adolescente.
Preguntas frecuentes sobre conductas sexuales de riesgo en adolescentes
¿Es normal que un adolescente tenga relaciones sexuales?
La actividad sexual puede formar parte del desarrollo durante la adolescencia. Por sí sola no constituye un trastorno psiquiátrico. Hay que valorar consentimiento, seguridad, capacidad de decisión y posibles consecuencias.
¿Tener varias parejas significa que existe un problema psicológico?
No. El número de parejas no permite realizar un diagnóstico. Importa mucho más saber: cómo se producen las relaciones; si son voluntarias; si existe protección; si hay sustancias; si existe sufrimiento; si forman parte de un cambio brusco del comportamiento.
¿Cuándo debo preocuparme realmente?
Cuando aparecen pérdida de control, intoxicaciones, coerción, chantaje, violencia, diferencias importantes de poder, fugas, gran impulsividad o cambios psicológicos significativos.
¿El TDAH puede influir?
La impulsividad puede contribuir a determinadas decisiones precipitadas. Pero ni el TDAH conduce inevitablemente a conductas sexuales de riesgo ni éstas permiten diagnosticar TDAH.
¿Las drogas aumentan el riesgo?
Pueden dificultar el juicio, el autocontrol y la capacidad para comunicar adecuadamente límites. Cuando sexo y sustancias aparecen juntos repetidamente, conviene valorar ambas conductas como parte del mismo problema.
¿Una elevada actividad sexual puede indicar trastorno bipolar?
Puede existir desinhibición sexual dentro de un episodio maníaco. Pero tendría que aparecer junto con otros síntomas y un cambio significativo respecto al comportamiento habitual. (Instituto Nacional de la Salud Mental)
¿Qué hago si descubro una fotografía íntima?
Antes de enfadarse conviene saber: quién la posee; si fue enviada voluntariamente; si se ha difundido; si existe amenaza; si interviene un adulto; si alguien está pidiendo nuevas imágenes o dinero. Cuando existe chantaje, la prioridad es la protección.
¿Debo quitarle el móvil?
No existe una respuesta universal. En determinadas circunstancias puede ser necesario limitar accesos o aumentar la supervisión. Pero retirar automáticamente el teléfono no resuelve una situación de coerción, sextorsión o explotación.
¿Hablar de preservativos anima a tener relaciones sexuales?
La evidencia resumida por la OMS no respalda esa idea. La educación sexual integral puede mejorar conocimientos y conductas protectoras y no se ha asociado a adelantar de forma general el inicio de las relaciones. (Organización Mundial de la Salud)
¿Qué hago si sospecho que mi hijo o hija ha sufrido una agresión?
Escuche. No culpabilice. Pregunte por seguridad. Facilite valoración sanitaria y profesional. Evite empezar con: «¿Por qué estabas allí?» «¿Por qué bebiste?» «¿Por qué no dijiste que no?». Las decisiones previas imperfectas de una persona no convierten una agresión en responsabilidad de la víctima.
¿Qué ocurre si la otra persona es mucho mayor?
Debe prestarse especial atención. Además de la dimensión emocional existe una dimensión legal, especialmente cuando se trata de menores de dieciséis años o existen abuso de confianza, autoridad, violencia o falta de consentimiento. La regulación española puede consultarse directamente en el Código Penal del BOE. (BOE)
¿Y si el adolescente no quiere contarme nada?
Podemos transmitir: «No tienes que contarme todo ahora, pero necesito saber que estás seguro». Cuando existen indicios objetivos de peligro, los adultos tendrán que intervenir aunque el adolescente prefiera mantener la situación en secreto.
¿Cuándo debería acudir a un psiquiatra?
Cuando la conducta sexual aparece dentro de: impulsividad generalizada; consumo; depresión; autolesiones; trauma; manía; gran deterioro conductual; cambio brusco del funcionamiento. ## Conductas sexuales de riesgo en adolescentes: proteger sin patologizar la sexualidad Uno de los errores sería considerar toda sexualidad adolescente un problema. El error contrario sería concluir que cualquier conducta es normal porque «son jóvenes». Entre ambos extremos existe una diferencia fundamental: la capacidad del adolescente para decidir libremente y protegerse. La adolescencia consiste precisamente en adquirir autonomía. Y autonomía no significa simplemente: «Hago lo que quiero». Significa progresivamente aprender: con quién; cuándo; cómo; bajo qué circunstancias; qué límites tengo; qué riesgos existen; qué quiero realmente; y cuándo necesito detenerme. Los padres no podrán tomar esas decisiones durante toda la vida de sus hijos. Pero sí pueden ayudarles a construir mejores herramientas para hacerlo. En consulta, cuando una familia llega preocupada por la conducta sexual de su hijo o hija, no me interesa empezar haciendo una contabilidad de parejas. Me interesa bastante más saber: ¿Puede decir que no? ¿Puede cambiar de opinión? ¿Consume antes de mantener relaciones? ¿Alguien lo está presionando? ¿Está buscando aprobación de una forma que lo pone en peligro? ¿Existe una persona que ejerce control? ¿Ha aparecido una desinhibición completamente nueva? ¿Hay depresión, trauma, sustancias o un posible episodio maníaco detrás? Esas preguntas aportan bastante más información clínica que cualquier juicio moral. Porque algunas conductas sexuales son simplemente parte del crecimiento. Otras señalan un riesgo. Y en ocasiones lo que parece ser «un problema sexual» es en realidad una de las primeras señales visibles de otro problema psiquiátrico, emocional o social que todavía no hemos identificado. Por eso el objetivo no consiste en controlar la sexualidad del adolescente. El objetivo es bastante más importante: ayudarle a desarrollar una sexualidad en la que pueda decidir, protegerse, respetar y ser respetado.
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