Fármacos de prescripción
Adicción al
tramadol
Casi nadie sabe que está tomando un opioide. Y casi nadie sabe que, además, está tomando algo que actúa como un antidepresivo.
El tramadol tiene una particularidad que explica casi todo lo que le ocurre a quien intenta dejarlo: no es solo un analgésico. Además de actuar como opioide, actúa sobre la serotonina y la noradrenalina, que es lo que hacen muchos antidepresivos.
Consecuencia práctica: al retirarlo pueden aparecer dos síndromes distintos a la vez. Uno se parece a la abstinencia de opioides y el otro a la retirada de un antidepresivo. Quien lo sufre no entiende nada, y quien lo trata, si no lo tiene presente, tampoco.
Esta guía pertenece al bloque sobre adicción a fármacos de prescripción.
Qué es el tramadol y por qué se receta tanto
Es un opioide de potencia intermedia, muy utilizado en España para el dolor moderado: lumbalgias, artrosis, dolor postoperatorio, dolor crónico de distinta procedencia.
Se receta mucho porque ocupa un hueco cómodo: más eficaz que un analgésico común y con menos carga simbólica que un opioide mayor. Esa comodidad tiene un efecto secundario no farmacológico: casi nadie lo percibe como lo que es. La mayoría de las personas que llegan a mi consulta tomándolo a diario desde hace años se sorprenden al saber que es un opioide.
Dos síndromes de retirada, no uno
Merece la pena entenderlo bien, porque es lo que hace que estas retiradas se vivan como algo raro e inexplicable.
La parte opioide
Malestar general, sudoración, escalofríos, molestias digestivas, dolores musculares, inquietud, insomnio y un cansancio profundo. Es la parte que la gente reconoce como «mono».
La parte serotoninérgica
Mareo, sensación de descarga eléctrica, irritabilidad, ansiedad, llanto fácil, confusión leve. Es la parte que nadie relaciona con un analgésico y que produce más desconcierto.
Cuando alguien describe las dos cosas a la vez y nadie le ha explicado por qué, la conclusión habitual es que «le está pasando algo más». No le está pasando nada más: está retirando un fármaco con dos mecanismos.
Lo que veo en consulta
La frase que más veces escucho sobre este fármaco es «pero si esto es solo para el dolor». Se dice con total sinceridad, y es precisamente el problema.
Cuando alguien no sabe que está tomando un opioide, tampoco sabe qué preguntas hacer, ni por qué conviene revisar cada cierto tiempo, ni por qué no se deja de un día para otro. El silencio sobre esto no protege a nadie: deja a la persona sin información para decidir.
— C. L. M.
Cómo se pasa del dolor a otra cosa
La secuencia es reconocible y no tiene nada de moralmente reprochable.
- Empieza por un dolor real y funciona bien. Eso no es discutible.
- Aparece algo más que analgesia. Muchas personas notan también que les alivia el ánimo, que duermen mejor o que llevan mejor el día. Ese efecto añadido es del componente serotoninérgico y del propio efecto opioide.
- El dolor mejora, la pastilla se queda. Porque ya no está sosteniendo solo el dolor.
- Aparece la tolerancia. Hace falta más para lo mismo, y se sube por cuenta propia o se pide un ajuste.
Reconocer este recorrido no convierte a nadie en adicto. Sí explica por qué muchas retiradas de tramadol fracasan cuando se plantean solo como una cuestión de dolor.
Cuándo esto ya no es solo un tratamiento del dolor
- La cantidad ha subido sin que ningún médico la subiera.
- Se toma en días sin dolor, o «por si acaso» antes de que aparezca.
- Se toma para dormir, para los nervios o para animarse.
- Hay recetas de más de un profesional o se recurre a comprar fuera.
- Quedarse sin él genera más angustia que el propio dolor.
- Se ha intentado dejarlo y no se ha conseguido pasar de los primeros días.
Conviene recordar la diferencia entre dependencia y adicción: quien lleva meses con tramadol pautado tendrá adaptación física, y eso no es lo mismo que pérdida de control.
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Si el dolor mejoró pero la pastilla se quedó
Es la situación más frecuente y tiene solución, pero pasa por mirar tres cosas a la vez: el fármaco, el dolor y el ánimo. Una valoración empieza por ahí.
Dos riesgos específicos que conviene conocer
Convulsiones y síndrome serotoninérgico
El tramadol puede bajar el umbral convulsivo, sobre todo en cantidades altas, en personas con antecedentes de epilepsia o combinado con determinados fármacos.
Además, al actuar sobre la serotonina, combinado con antidepresivos u otros fármacos serotoninérgicos puede producir un cuadro de exceso de serotonina: agitación, temblor, rigidez, sudoración intensa, fiebre y confusión.
Ante convulsión, fiebre alta con rigidez o agitación, confusión intensa, respiración lenta o dificultad para despertar a alguien: 112.
Este es el motivo por el que quien lleva el tratamiento tiene que saber absolutamente todo lo que tomas, incluidos los antidepresivos, los antimigrañosos y lo que se compra sin receta.
Tramadol, alcohol y otros depresores
La combinación con alcohol, benzodiacepinas o gabapentinoides aumenta el riesgo de depresión respiratoria. Es la vía por la que este fármaco, que parece inofensivo, participa en urgencias graves.
No es una prohibición absoluta ni una advertencia genérica: es información para que la suma no se produzca por descuido, que es como se produce casi siempre.
Cómo se retira
El método general está en la guía sobre desprescripción gradual. Con el tramadol hay cuatro cosas propias.
- Se baja despacio y por tramos, precisamente porque hay dos mecanismos que se retiran a la vez.
- Se trata el dolor de otra forma en paralelo. Retirar el analgésico sin un plan para el dolor es garantizar la vuelta.
- Se avisa de la parte serotoninérgica. Saber que pueden aparecer mareos y sensaciones eléctricas evita que se interpreten como una enfermedad nueva.
- Se revisa el ánimo. Con frecuencia, al retirarlo aflora un cuadro depresivo que el fármaco estaba amortiguando sin que nadie lo supiera.
Si el dolor sigue ahí
Aquí conviene decir algo que no siempre se dice: el objetivo no es quitar el tramadol a toda costa. Es que el tratamiento del dolor sea el correcto.
El dolor crónico no se trata bien con un solo fármaco. Necesita ejercicio adaptado, abordaje del sueño, tratamiento del componente emocional —que no significa que el dolor sea imaginario— y, cuando procede, fármacos distintos con otro perfil.
El analgésico que se toma tres días no suele ser el problema. El que se toma cinco años casi nunca es la solución.
Cuando el dolor está bien atendido por otras vías, la retirada deja de ser una pelea y pasa a ser un trámite.
La parte que nadie mira: el ánimo
Es lo que más me interesa cuando alguien llega pidiendo dejar el tramadol después de años.
Con mucha frecuencia hay debajo un cuadro depresivo o ansioso que el fármaco venía amortiguando de forma parcial. Si se retira sin verlo, aparece a las pocas semanas y se interpreta como que «sin el tramadol no puedo estar bien». No es eso: es que había dos problemas y solo se estaba tratando uno a medias.
Tratar ese cuadro con lo que de verdad lo trata cambia por completo el pronóstico de la retirada.
En personas mayores
Es un fármaco muy recetado a partir de cierta edad y, sin embargo, uno de los que más precaución exige en esa franja.
- Caídas. El mareo y la inestabilidad son frecuentes y las consecuencias, en esta edad, no son menores.
- Confusión. Se atribuye casi siempre a la edad o a un deterioro cognitivo, casi nunca al fármaco.
- Estreñimiento persistente, común a todos los opioides y con frecuencia peor tolerado que el propio dolor.
- Bajada de sodio en sangre, que produce apatía, debilidad y desorientación, y que solo aparece si alguien pide una analítica pensando en ella.
Cuando una persona mayor empieza a estar más torpe, más caída o más apagada a las pocas semanas de empezar o subir un analgésico, merece la pena revisarlo antes de dar por hecho que es la edad.
Tres ideas que conviene corregir
«Es un analgésico normal»
Es un opioide de potencia intermedia. Saberlo no es motivo de alarma: es la información que permite hacer las preguntas correctas y no dejarlo de un día para otro.
«Si lo dejo, es cuestión de aguantar unos días»
Con la parte opioide, quizá. Con la parte serotoninérgica, no: los mareos y las sensaciones eléctricas pueden prolongarse más y no responden a la fuerza de voluntad, responden al ritmo de la bajada.
«Tomarlo a diario durante años es lo normal en dolor crónico»
Es frecuente, que no es lo mismo que correcto. Las recomendaciones actuales para el dolor crónico no oncológico no sitúan a los opioides como tratamiento indefinido de primera línea.
Cuándo consultar
- Llevas meses o años tomándolo a diario.
- La cantidad ha subido sin que nadie la haya ajustado.
- Lo tomas en días sin dolor, o para dormir o para el ánimo.
- Has intentado dejarlo y no pasaste de los primeros días.
- Tomas además antidepresivos, alcohol, benzodiacepinas o gabapentinoides.
- Tienes antecedentes de crisis convulsivas.
La primera consulta ordena tres cosas: qué está haciendo hoy el fármaco, cómo está el dolor de verdad y qué hay en el ánimo. Con eso se decide si procede retirar, ajustar o cambiar de enfoque.
Qué se puede esperar
Las retiradas de tramadol bien planificadas se completan sin grandes sobresaltos, incluso después de años. Lo que las complica casi nunca es el fármaco: es intentarlo sin un plan para el dolor y sin haber mirado el ánimo.
Y hay un beneficio que muchos pacientes describen y que no esperaban: recuperar claridad y una sensación de estar más presentes. El tramadol amortigua más cosas de las que la gente cree, y no todas eran dolor.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿El tramadol es un opioide?
Sí, de potencia intermedia. Mucha gente lo toma durante años sin saberlo, y saberlo cambia las preguntas que conviene hacer: por qué se puso, hasta cuándo y con qué plan de revisión.
¿Por qué al dejarlo me pasan cosas tan raras?
Porque tiene dos mecanismos. Una parte de lo que notas es abstinencia de opioide —malestar, sudoración, dolores, insomnio— y otra parte viene de su efecto sobre la serotonina: mareo, sensaciones eléctricas, irritabilidad. Aparecen a la vez y por eso desconciertan tanto.
¿Se puede dejar de golpe?
No es recomendable después de un uso prolongado. La retirada brusca produce un cuadro intenso que casi siempre termina en vuelta al fármaco, y en algunas personas conlleva riesgos añadidos. Se baja por tramos.
Me lo dieron por la espalda y ya casi no me duele. ¿Por qué me cuesta dejarlo?
Porque probablemente ya no está sosteniendo solo el dolor. Muchas personas notan además efecto sobre el ánimo y el sueño, y esa parte es la que hace difícil la retirada si no se aborda.
¿Es verdad que puede provocar convulsiones?
Puede bajar el umbral convulsivo, sobre todo en cantidades altas, en personas con antecedentes de epilepsia o combinado con ciertos fármacos. Es una de las razones por las que quien te trata debe saber todo lo que tomas.
Tomo antidepresivos. ¿Hay algún problema?
Hay que revisarlo, porque la combinación puede favorecer un exceso de serotonina, con agitación, temblor, rigidez, sudoración y fiebre. No significa que no puedan coexistir, significa que la decisión es médica y no automática.
¿Puedo tomar alcohol?
Se suman efectos depresores y aumenta el riesgo respiratorio, especialmente si además tomas ansiolíticos o gabapentinoides. Durante una retirada es además el peor momento.
¿Cuánto dura la retirada?
Se mide en semanas o meses según el tiempo de tratamiento. Lo que marca el ritmo es cómo se toleran los primeros tramos y si el dolor está atendido por otra vía.
Si lo dejo, ¿voy a tener dolor otra vez?
Por eso la retirada nunca se plantea sola: se plantea junto a un tratamiento del dolor por otras vías. Si el dolor sigue siendo intenso y el fármaco lo controla, la conversación puede terminar en un ajuste y no en una supresión.
¿Hace falta ingresar?
Casi nunca. Es un proceso ambulatorio, salvo que exista además un consumo de opioides mayores o de alcohol que requiera otra valoración.
¿Y si me quedo sin él de repente?
Aparecerá malestar y probablemente los síntomas serotoninérgicos. Lo prioritario es recuperar el tratamiento y avisar, no aguantar. Cuándo eso pasa a ser una urgencia está en la guía sobre el síndrome de abstinencia.
Llevo años tomándolo. ¿Es tarde para dejarlo?
No. Se retiran con éxito tratamientos muy prolongados. Lo que cambia es el ritmo y la necesidad de que alguien acompañe el proceso.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Ficha técnica de tramadol.
- Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA). Opioids: health and social responses.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Chronic pain in over 16s: assessment and management.
- Organización Mundial de la Salud. Directrices sobre uso de analgésicos opioides.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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