Fármacos de prescripción
Pregabalina y
gabapentina
Se recetan para el dolor, para los nervios y muchas veces para las dos cosas. Y cuando se retiran mal, producen exactamente aquello que se supone que trataban.
La pregabalina y la gabapentina son de los fármacos que más han crecido en las consultas de adicciones de los últimos años, y también de los que menos información seria hay escrita en español.
Se recetan para el dolor neuropático, para la ansiedad generalizada y, con frecuencia, para las dos cosas a la vez. Y tienen una peculiaridad que confunde a mucha gente: su retirada se disfraza del problema original.
Esta guía pertenece al bloque sobre adicción a fármacos de prescripción.
Qué son y por qué te los dieron
Son gabapentinoides: actúan sobre la excitabilidad neuronal por una vía distinta a la de las benzodiacepinas. La pregabalina se conoce sobre todo como Lyrica® y la gabapentina como Neurontin®.
Dolor neuropático
Dolor de origen nervioso: neuropatía diabética, ciática persistente, dolor tras un herpes zóster, fibromialgia en algunos casos.
Ansiedad generalizada
La pregabalina tiene indicación aprobada en España para el trastorno de ansiedad generalizada, y es un uso muy extendido.
Es el fármaco con el que más veces he preguntado «¿esto te lo pusieron por el dolor o por los nervios?» y he recibido un «por las dos cosas, creo». Esa ambigüedad no es un detalle: cuando nadie sabe cuál era el objetivo, nadie puede decidir cuándo se ha cumplido.
La retirada se disfraza de tu propio problema
Este es el punto central de la página.
Cuando se interrumpe o se baja demasiado deprisa, aparecen ansiedad, sudoración, insomnio, irritabilidad y malestar general. La persona —y a veces también quien la trata— lo interpreta como que «la ansiedad ha vuelto» y se restablece el fármaco.
Una ansiedad que aparece en cuarenta y ocho horas, con sudores e insomnio, en alguien que nunca antes había tenido ansiedad, no es un trastorno de ansiedad. Es una retirada.
La pista más útil es el tiempo: los cuadros de ansiedad no aparecen de un día para otro con síntomas físicos intensos. Las retiradas sí.
Con la gabapentina, más no es más
Hay una diferencia técnica entre las dos que tiene consecuencias muy prácticas.
La gabapentina tiene una absorción que se satura: pasado cierto punto, el organismo no absorbe proporcionalmente más aunque se tome más. De ahí se derivan tres cosas:
- Por eso se reparte en varias tomas a lo largo del día. No es un capricho del médico ni una manía: es la única forma de que el fármaco funcione.
- Por eso subir por cuenta propia no sirve de mucho, y sí añade efectos adversos.
- Por eso las equivalencias con la pregabalina no son intuitivas, y no se pueden deducir por proporción.
Que alguien no haya notado más al subir la cantidad no significa que su caso sea especialmente rebelde. Significa que está tomando un fármaco que se comporta así.
Lo que veo en consulta
La gabapentina es el fármaco que más se olvida. Al tener varias tomas al día, una de ellas tiene que sobrevivir a la comida fuera de casa, a la reunión larga o al día que se sale con prisa.
El resultado es que se acaba juzgando como ineficaz una pauta que en realidad nunca se ha llegado a hacer. Por eso, cuando alguien me dice que no le hace nada, lo primero que pregunto no es cuánto toma: es cuántas tomas hace de verdad.
— C. L. M.
Cuando el uso deja de ser terapéutico
Estos fármacos tienen potencial de uso indebido, sobre todo por encima de las cantidades indicadas y muy especialmente en combinación con opioides o alcohol. Es un fenómeno bien documentado en Europa y creciente.
Las señales que apuntan a pérdida de control son las de siempre:
- La cantidad ha subido por decisión propia, buscando un efecto que no es el analgésico.
- Se concentran varias tomas juntas en lugar de repartirlas.
- Se combina deliberadamente con alcohol, opioides o benzodiacepinas.
- Se obtiene fuera del circuito médico o con recetas de varios profesionales.
- Quedarse sin ella genera una angustia que no guarda proporción con el dolor.
Decir esto no convierte a nadie en sospechoso. La inmensa mayoría de las personas que toman gabapentinoides los usan exactamente como se les indicó, y merecen que la información esté escrita sin tono de advertencia policial.
Consulta privada en Marbella
Si al bajarlo apareció una ansiedad que nunca habías tenido
Eso no significa que la necesites. Significa que la retirada fue demasiado rápida. Una valoración distingue una cosa de la otra y plantea el plan correcto.
La mezcla que sí es peligrosa
Gabapentinoides con opioides o alcohol
Es el punto de seguridad más importante de esta página. La combinación con opioides, alcohol o benzodiacepinas aumenta de forma significativa el riesgo de depresión respiratoria, y ese riesgo es mayor en personas mayores y en quienes tienen problemas respiratorios previos.
Ante respiración lenta o irregular, dificultad para despertar a alguien o pérdida de conciencia: 112.
No se trata de no poder tomar nunca nada más. Se trata de que quien lleva el tratamiento sepa todo lo que hay en la mesilla, incluido lo que la persona no considera medicación.
El riñón, y por qué importa
La pregabalina se elimina fundamentalmente por vía renal y apenas interacciona con otros fármacos. Eso tiene dos consecuencias prácticas.
La primera, buena: es de los fármacos con menos interacciones, lo que la hace cómoda en personas que ya toman muchas cosas. La segunda, importante: en personas mayores o con función renal disminuida, la misma cantidad puede acumularse y producir somnolencia, inestabilidad y confusión sin que nadie haya cambiado nada.
Cuando alguien de edad avanzada empieza a estar más torpe o más caído a las pocas semanas de un ajuste, esta es una de las primeras cosas que conviene mirar.
Efectos que se atribuyen a otra cosa
- Aumento de peso. Es frecuente, se instala despacio y casi nunca se relaciona con el tratamiento. Es un motivo perfectamente legítimo para replantearlo, no una vanidad.
- Hinchazón en tobillos y piernas. Se suele consultar al médico de familia sin mencionar qué se está tomando.
- Somnolencia y lentitud mental. Lo que muchos pacientes describen como «estar como entre algodones».
- Mareo e inestabilidad, con el riesgo de caídas que eso implica en personas mayores.
Ninguno de estos efectos obliga por sí solo a retirar el tratamiento. Pero todos merecen decirse, porque casi siempre hay alternativa y porque, cuando no se dicen, la gente abandona en silencio.
Cómo se retira
El método general está en la guía sobre desprescripción gradual. Aplicado a este grupo, importan cuatro cosas.
- Nunca de golpe. La interrupción brusca es la que produce los cuadros que después se confunden con la vuelta de la ansiedad.
- Aclarar primero para qué se puso. Si sigue habiendo dolor sin tratar, hay que resolver eso antes; si el objetivo era la ansiedad, hay tratamientos de fondo que no son este.
- Con gabapentina, respetar el reparto de tomas también durante la bajada.
- Avisar de qué se va a notar y cuándo, para que el malestar de los primeros días no se lea como una recaída.
Si el motivo era el dolor
Aquí hay que ser honesto: retirar un fármaco que está controlando un dolor neuropático real no siempre es lo indicado, y desde luego no es un objetivo en sí mismo.
Lo que sí conviene revisar es si el tratamiento sigue haciendo lo que se esperaba de él, si el beneficio compensa los efectos y si se ha convertido en la única herramienta cuando el dolor crónico necesita varias. Esa conversación es distinta de una retirada, y muchas veces termina en un ajuste y no en una supresión.
Cuatro ideas equivocadas
«No es una benzodiacepina, así que no engancha»
Es cierto que no pertenece a esa familia y que actúa por otra vía. No es cierto que eso lo haga inocuo: produce dependencia con el uso prolongado y tiene potencial de uso indebido, especialmente combinado con otros depresores.
«Como es para el dolor, se puede tomar de más un día malo»
Es una de las conductas que más problemas genera. Concentrar tomas no mejora el dolor de forma proporcional y sí aumenta la sedación y el riesgo, sobre todo si hay alcohol o un opioide de por medio.
«Si me la quitan, volveré a tener el dolor de antes»
A veces sí y a veces no. Lo que suele aparecer primero es la retirada, que se parece a muchas cosas pero no al dolor original. Distinguirlas es parte del trabajo.
«Llevo tantos años que ya no se puede quitar»
Se retiran tratamientos muy prolongados. Lo que cambia con el tiempo no es la posibilidad, es el ritmo.
Cómo son las primeras consultas
Nadie sale de la primera cita con el tratamiento retirado, y nadie sale tampoco con un sermón.
Se reconstruye la historia con fechas: cuándo empezó, con qué motivo, quién lo puso y qué ha cambiado desde entonces. Se revisa todo lo demás que se toma —incluido lo que casi nadie menciona, como los analgésicos sin receta o los suplementos— y se aclara algo que a menudo nadie ha aclarado nunca: si el objetivo era el dolor, la ansiedad o las dos cosas.
Con eso ya se puede decidir si procede retirar, ajustar o cambiar de enfoque. Y en cualquiera de los tres casos, se pacta cómo se va a saber si está funcionando.
Cuándo consultar
- Has intentado dejarlo y a los dos días apareció una ansiedad que nunca habías tenido.
- La cantidad ha subido por decisión propia.
- Lo combinas con opioides, alcohol o benzodiacepinas.
- Has ganado peso o notas hinchazón y no sabías que podía tener relación.
- No tienes claro si te lo pusieron por el dolor o por los nervios.
- Quien lo toma es una persona mayor y ha empezado a estar inestable o confusa.
La primera consulta ordena precisamente eso: para qué se puso, qué está haciendo hoy y qué queda por tratar debajo.
Qué se puede esperar
Cuando la retirada se hace bien y el problema de fondo está atendido, la mayoría de las personas la completan sin grandes dificultades. Lo que más sorprende suele ser recuperar agilidad mental y notar que la sensación de estar «entre algodones» tenía una causa.
Y cuando la conclusión es que el tratamiento debe mantenerse —que también ocurre— al menos se mantiene sabiendo por qué, con un objetivo claro y con una fecha de revisión. Que es exactamente lo que le faltaba antes.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿La pregabalina crea adicción?
Produce dependencia con el uso prolongado y, en algunas personas, uso indebido: cantidades por encima de lo indicado, tomas concentradas o combinación deliberada con otras sustancias. La mayoría de quienes la toman no están en esa situación, pero conviene conocerla.
Dejé de tomarla y a los dos días tenía una ansiedad horrible. ¿Es que la necesito?
Lo más probable es que fuera abstinencia. Un cuadro de ansiedad no aparece de un día para otro con sudores e insomnio; una retirada sí. La solución no es volver a la misma situación, es bajar mucho más despacio.
¿Se puede dejar de golpe?
No. Es precisamente la forma en que aparecen los cuadros que después se confunden con una recaída, y en tratamientos largos puede ser un problema médico. Se retira de forma progresiva y planificada.
¿Por qué tengo que tomar la gabapentina tres veces al día?
Porque su absorción se satura: pasado cierto punto el organismo no absorbe proporcionalmente más. Repartir las tomas no es una manía del médico, es la única forma de que el fármaco haga su trabajo.
He subido la dosis y no noto más. ¿Es que a mí no me hace efecto?
Con la gabapentina eso es esperable por su forma de absorberse, y no dice nada sobre tu caso. Lo que sí aumenta al subir son los efectos adversos.
Me lo dieron por el dolor, no por ansiedad. ¿Sirve esta guía?
En parte. Si el dolor neuropático está bien controlado, retirar no es un objetivo en sí mismo. Lo que sí conviene revisar es si sigue funcionando, si el beneficio compensa y si es la única herramienta cuando debería haber varias.
¿Es peligroso combinarla con opioides?
Es el punto de seguridad más importante: la combinación con opioides, alcohol o benzodiacepinas aumenta el riesgo de depresión respiratoria. Quien lleve tu tratamiento tiene que saber todo lo que tomas.
He engordado desde que la tomo. ¿Puede ser por eso?
Es un efecto frecuente y casi nunca se relaciona con el fármaco. Es un motivo legítimo para replantear el tratamiento, no una queja menor: la salud física forma parte del tratamiento y no compite con él.
Mi padre toma pregabalina y está más inestable. ¿Tiene relación?
Puede. Se elimina por vía renal, y con la edad o con la función renal disminuida puede acumularse y producir somnolencia, inestabilidad y confusión sin que nadie haya cambiado nada. Merece revisión.
¿Interacciona con otras medicinas?
La pregabalina destaca precisamente por tener muy pocas interacciones, lo que la hace cómoda en personas polimedicadas. El riesgo relevante no es la interacción química, es la suma de efectos sedantes con otros depresores.
¿Cuánto se tarda en retirarla?
Se mide en semanas o meses según el tiempo de tratamiento y la respuesta a los primeros tramos. Lo que marca el ritmo es la tolerancia a cada escalón, no el calendario.
¿Hace falta ingresar?
No. Es un proceso ambulatorio, siempre que no haya un consumo asociado de opioides o alcohol que requiera otra valoración.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Fichas técnicas de pregabalina y gabapentina.
- Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA). Gabapentinoides: uso indebido y respuestas.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Neuropathic pain in adults.
- Socidrogalcohol. Documentación sobre uso indebido de fármacos de prescripción.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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