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Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Psiquiatría de la Mujer · Guía clínica

Trauma sexual: por qué te quedaste quieta

Puede que hayan pasado dos años. O veinte. Puede que no se lo hayas contado a nadie, o que se lo contaras una vez a alguien que no supo qué decir. Y hay una pregunta que llevas encima todo este tiempo, que no le has hecho a nadie, y que probablemente es la que más daño te está haciendo de todo esto:

70% se queda inmóvilNo fue una decisiónNo tienes que contarloY sí se trata
En esta página · 12 apartados

La respuesta · Y llevas años esperándola

Esta guía forma parte de la información completa sobre la salud mental de la mujer.

Por qué no hiciste nada

Empiezo por el final: no te quedaste quieta. Te quedó quieta el tronco cerebral.

Tiene nombre técnico —inmovilidad tónica— y lleva descrita desde hace décadas. Es una respuesta de defensa que compartimos con el resto de los animales, y funciona así: cuando el cerebro registra un peligro del que no se puede escapar —y ese matiz es todo—, no elige entre pelear o huir. Elige una tercera cosa, la última que le queda: apagar el motor.

Y lo que produce es esto:

  • Inhibición motora profunda. No puedes moverte. No es que no quieras: no puedes.
  • No puedes hablar ni gritar. La voz no sale.
  • Y sin embargo estás consciente. Te enteras de todo. Esa es la parte más cruel, y es la que después te convence de que podrías haber hecho algo.
  • Y va con cambios que se pueden medir en un laboratorio: taquicardia, reducción del balanceo corporal, variabilidad cardíaca baja. No es una interpretación. Es un estado del cuerpo.

Los números, para que no te queden dudas

Se estudió en 298 mujeres que habían sufrido una agresión sexual: el 70% presentó inmovilidad tónica significativa. El 48%, de forma extrema. Otros trabajos dan cifras entre el 37% y el 70% — y en muestras clínicas suben más. Y hay un hallazgo más que conviene conocer: el trauma sexual se asocia a la inmovilidad tónica más que cualquier otro tipo de trauma.

Léelo otra vez, despacio: quedarse inmóvil no es la excepción. Es la respuesta de la mayoría. La idea de que resistirse es lo "normal" —esa que llevas veinte años usando para juzgarte— no está apoyada por los datos. Está apoyada por las películas. Tú no reaccionaste raro. Reaccionaste como reacciona un sistema nervioso humano que funciona correctamente ante algo insoportable.

Y esto hay que decirlo con todas las letras

La inmovilidad tónica no es consentimiento. No es complicidad, no es permiso, no es "en el fondo querías". Es una reacción neurobiológica involuntaria, no una elección. Tu sistema nervioso puso en marcha una cascada de señales que te dejó sin poder moverte ni hablar aunque querías que aquello parara. Que tu cuerpo no se defendiera no significa que tú no te defendieras: significa que tu cuerpo eligió por ti la única defensa que le quedaba.

Y la parte médica que cambia el pronóstico

Aquí es donde esto deja de ser un consuelo y pasa a ser medicina. Porque la inmovilidad tónica no es inocua: es uno de los factores que más predicen que aquello se convierta en un estrés postraumático.

  • A los seis meses de la agresión, el 51% de las mujeres que vivieron una inmovilidad extrema tenía estrés postraumático. De las que no la vivieron, el 28%. Casi el doble. Y la asociación se mantuvo al ajustar por otros factores de riesgo conocidos.
  • ¿Y por qué? Aquí está la clave de todo, y está estudiado: la relación entre la inmovilidad y los síntomas pasa en buena parte por lo que la mujer concluye sobre sí misma después — las creencias negativas sobre una misma, la culpa y la autoinculpación.

Dicho de otra manera, y con toda la carga que tiene: parte del daño no lo hizo lo que pasó. Lo hizo lo que decidiste sobre ti misma cuando intentabas entenderlo. Y eso —la conclusión, no el hecho— es exactamente lo que sí se puede desmontar. Por eso explicar qué es la inmovilidad tónica no es dar ánimos: es una intervención, y tiene evidencia detrás.

El otro obstáculo

«No fue para tanto» y «no fue una violación»

Este es el segundo motivo por el que no has ido a ningún sitio, y quiero desmontarlo también.

La imagen que todos tenemos del trauma sexual es un callejón y un desconocido. Y la realidad, la que llega a mi consulta, casi nunca se parece a eso. Se parece a esto:

  • Fue alguien que conocías. A veces alguien que querías.
  • Fue tu pareja, y llevabais años juntos.
  • Fue un jefe, un profesor, un amigo de la familia.
  • Habías dicho que sí a otra cosa, o a lo mismo otro día.
  • Habías bebido.
  • No hubo violencia física, ni gritos, ni marcas.
  • Tenías quince años y él treinta, y en su momento te pareció que era una historia.
  • O no sabes ponerle nombre, y por eso no se lo has puesto.

Y por eso mismo pesa más, no menos

Cuando pasa algo que no encaja con la imagen oficial, no puedes ni siquiera reclamar el derecho a estar mal. Te falta la etiqueta. Así que te dices lo que te has dicho mil veces: "no fue para tanto", "exagero", "hay gente que ha pasado cosas de verdad". Y con eso te quedas fuera de todas las puertas: no vas a la policía, no vas al médico, y no se lo cuentas a nadie — porque para contarlo tendrías que llamarlo de alguna manera, y no sabes cómo.

Así que te lo digo claro, como médico: tu sistema nervioso no consulta el código penal. No espera a que alguien califique lo que te pasó para decidir si te deja secuelas. Si tu cuerpo lo registró como una amenaza inescapable, hará lo que hace en esos casos — y lo hará igual si aquello tenía nombre legal que si no. Aquí no hace falta que sea un delito para que sea una herida. Y esta página no está para calificar nada: está para tratar lo que te dejó.

Y hay una variante especialmente silenciosa: cuando fue dentro de una relación, con alguien con quien seguías durmiendo después. Ahí no hay ni un antes ni un después limpio, y no hay a quién huir — porque el sitio donde te recuperas es el mismo sitio donde pasó. Si te suena, léete también secuelas psicológicas del maltrato.

Dónde aparece · A veces veinte años después

Cómo se manifiesta esto años más tarde

Casi ninguna mujer llega a mi consulta diciendo "me pasó esto". Llegan por otra cosa. Y lo otro sale a los cuarenta minutos, o a la tercera sesión, o nunca. Esto es lo que suele traerlas:

  • Ansiedad que no se explica, o crisis de pánico sin motivo aparente.
  • Insomnio, pesadillas, o miedo a dormir.
  • Depresión — y conviene saber que la inmovilidad tónica también predice depresión grave, no solo estrés postraumático.
  • Sobresaltos, alerta constante, no soportar que se te acerquen por detrás.
  • Disociación: sentirte irreal, verte desde fuera, no estar del todo aquí. Y ojo con esta, porque tiene una lógica cruel: es el mismo mecanismo de entonces, que se quedó con el umbral bajo. Te lo explico en disociación.
  • Dolor sin causa que lo explique: dolor pélvico, digestivo, dolor crónico. El cuerpo pasa la factura por su cuenta y por su vía.
  • Problemas con el sexo — y este merece su párrafo.
  • Alcohol o pastillas por las noches. Empieza funcionando: por eso es peligrosa.
  • Y la evitación, que es tan eficaz que ni la ves: llevas años organizando tu vida para no pasar por según qué sitios, no ver a según qué gente y no pensar en según qué cosas. Y funciona. Ese es el problema.

Cuando tu cuerpo reacciona con alguien a quien quieres

Esto lo cuentan poquísimas, y siempre con vergüenza, así que lo digo yo: puede pasar que estés con tu pareja —una persona a la que quieres, con la que quieres estar— y que tu cuerpo se ponga en alerta, o se apague, o se vaya. Y entonces te sientes rota, y él se siente rechazado, y ninguno de los dos entiende nada. No estás rota, y no es por él. Es que el sistema que aprendió a protegerte no distingue el contexto: reconoce una señal —una postura, un peso encima, una oscuridad— y hace lo que hizo entonces, sin preguntarte. Eso no significa que no le quieras, y no significa que estés condenada a esto. Significa que hay una respuesta aprendida que se puede desaprender, y que hay técnicas concretas para hacerlo. Si además hay dolor o falta de deseo, míralo aquí: deseo sexual bajo.

Lo que te está frenando · Y es un malentendido

No tienes que contármelo

Si has llegado hasta aquí y aun así no vas a pedir cita, probablemente sea por esto — y por eso quiero desmontarlo con precisión:

Crees que ir a un psiquiatra significa tener que contarlo. Contarlo entero, con detalles, en voz alta, delante de un desconocido. Volver a estar allí. Y prefieres el insomnio.

Pues no funciona así

  • No tienes que contar nada que no quieras. Ni el primer día ni el décimo. Puedes decir "me pasó algo" y con eso trabajo — porque lo que se trata son los síntomas, y los síntomas están aquí, en el presente, no allí.
  • Tú marcas el ritmo. Siempre. Y esto es literal: es tu historia y es tu velocidad. Nadie te va a "sacar" nada.
  • Hay mucho que hacer sin tocar el relato: dormir, quitar las crisis, tratar una depresión que se ha instalado encima, entender la inmovilidad tónica, desmontar la culpa. Eso es la mitad del trabajo y no requiere que narres nada.
  • Y cuando toque procesar el recuerdo —si toca—, se hace con técnicas que están diseñadas exactamente para que no te destroce, y se hace cuando estás preparada y no antes. Es una decisión tuya, con información, y no un peaje de entrada.

Lo digo de otra manera, por si sirve: a la consulta no vienes a demostrar nada ni a rendir cuentas. No hay que probar que fue grave. No hay que decidir si denunciar — eso es tuyo, y ni yo ni nadie te va a empujar en ninguna dirección. No hay que perdonar a nadie. Vienes a que alguien mire lo que te ha quedado y lo trate.

Qué se hace · Sin vender humo

Qué se puede hacer con esto

Lo primero, y quiero que se lea bien: esto tiene tratamiento y el tratamiento funciona. No es una condena, no es una cicatriz que hay que aprender a llevar, y no da igual que hayan pasado veinte años. El estrés postraumático es de los cuadros que mejor responden de toda la psiquiatría, y las secuelas del trauma sexual también.

1. Lo primero: la psicoeducación. Sí, esto de aquí

Parece poco y no lo es. Entender la inmovilidad tónica reduce la vergüenza, y eso está estudiado como intervención. Y no es una cuestión de sentirse mejor: recuerda por dónde iba la cadena — la inmovilidad hace daño a través de la culpa y la autoinculpación. Si desmontas la culpa, cortas la vía por la que el daño llegaba. Es una intervención sobre el mecanismo, no un abrazo.

2. Los abordajes centrados en el trauma

Son los que tienen la evidencia, y hay varios porque no todo el mundo necesita lo mismo:

  • La terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, que trabaja sobre las conclusiones — las creencias sobre ti misma, sobre el mundo, y la autoinculpación. Justo la vía que hace el daño.
  • El EMDR, diseñado para procesar memorias traumáticas.
  • La exposición prolongada, para la evitación — que es lo que mantiene todo lo demás.

Ninguna de las tres consiste en contar tu historia y ver qué pasa. Son procedimientos con estructura, con orden y con freno.

3. Y lo médico, cuando toca

Qué significa que sea psiquiatra

No hay ninguna pastilla que borre esto. No existe, y quien te diga lo contrario te está mintiendo. Y una mujer a la que se le da un ansiolítico para que "lo lleve mejor" no está siendo tratada: está siendo sedada mientras el problema sigue exactamente igual de intacto. Con un agravante que aquí importa mucho — las benzodiacepinas y el alcohol facilitan la evitación, y la evitación es el motor de este cuadro.

Pero sí hay tratamiento para lo que esto te ha dejado: para la depresión que se instaló encima —y aquí hay que decir que la inmovilidad tónica también predice depresión grave—, para las crisis de pánico, para el sueño que perdiste. Y devolverte el sueño no es un detalle: un cerebro que duerme procesa; uno que no duerme, se queda dando vueltas. Soy médico: descarto lo orgánico —tiroides, anemia, ferritina, vitamina D—, valoro si el dolor que llevas años arrastrando tiene que ver con esto, puedo pautar y ajustar medicación cuando está indicada, y lo combino con el trabajo psicoterapéutico. Un psicólogo puede hacer un trabajo excelente con el trauma. Yo puedo hacer las dos cosas, y decirte qué parte de lo que te pasa es una herida y qué parte ya es una enfermedad.

Si esto acaba de pasar

Si la agresión ha sido reciente, hay cosas que son urgentes y no dependen de que decidas nada: una valoración médica —hay tratamientos que tienen ventana de tiempo, y hay pruebas que se pueden hacer— y, si la quieres, la recogida de muestras, que no te obliga a denunciar: se puede hacer y decidir después. No te duches antes de valorarlo, si crees que puedes querer esa opción. Y tienes el teléfono 016, gratuito y disponible las 24 horas, que atiende todas las formas de violencia contra la mujer, incluida la sexual, y también informa y orienta. Si hay ideas de hacerte daño: 024 o 112.

Cómo trabajo

Por qué esto no se resuelve en quince minutos

Piensa en lo que hace falta: que alguien te cuente algo que llevas veinte años sin contar, y que lo haga en un sitio donde no le vayan a meter prisa ni le vayan a mirar el reloj. Eso no ocurre en un cuarto de hora, y no ocurre con la mano en el teclado. Por eso mi primera consulta dura noventa minutos: no por lujo — porque hay cosas que solo salen en el minuto sesenta.

Cómo trabajo

El Método 90-60-30

Trabajo con consultas largas, en tres fases:

Fase 1 · Diagnóstico
90'
Primera consulta: tu historia, hasta donde tú quieras y solo hasta donde tú quieras. Los síntomas de hoy, el sueño, lo que se ha instalado encima y la analítica
Fase 2 · Trabajo activo
60'
Seguimiento con tiempo real: desmontar la culpa, tratar lo que hay encima y —si y cuando decidas— procesar, con técnica y con freno
Fase 3 · Estabilidad
30'
Revisiones de medicación: respuesta, tolerancia y controles necesarios

Entre consultas puedes utilizar los canales acordados para plantear dudas sobre el seguimiento. La atención y los tiempos de respuesta dependen de la disponibilidad; no se garantiza una respuesta inmediata. Puedes conocer la organización de las visitas en mi método de consulta.

Cuándo pedir consulta

  • Llevas años con la pregunta de por qué no hiciste nada.
  • No se lo has contado a nadie, o lo contaste una vez y salió mal.
  • Te va la vida en no pasar por ciertos sitios ni ver a cierta gente.
  • No duermes, o tienes pesadillas.
  • Tu cuerpo reacciona con tu pareja y no lo entiendes.
  • Tienes dolores que nadie te explica.
  • Has empezado a beber por las noches.
  • Crees que no fue para tanto y aun así llevas quince años pensando en ello. Ese es exactamente el motivo.
Observación clínica

Lo que me sigue impresionando después de veinticinco años no es lo que les pasó. Es el juicio. Porque llegan habiéndose juzgado ya, con la sentencia dictada hace años, y llegan a defenderse ante mí de una acusación que nadie les ha hecho: por qué no gritaron, por qué no se levantaron, por qué volvieron a verle, por qué no lo contaron entonces. He visto a mujeres de sesenta años defenderse de lo que hizo una chica de diecinueve — y defenderse mal, con argumentos flojos, porque llevan cuarenta años acusándose y ya se han creído a la fiscal. Y luego está el momento por el que existe esta página, que ocurre casi siempre igual: se lo explico. Le digo que el setenta por ciento se queda inmóvil, que es un reflejo, que está medido. Y se hace un silencio largo. Y lo que dicen después nunca es "qué alivio". Es una pregunta, y siempre la misma: "¿y por qué nadie me dijo esto antes?". Ahí es donde yo me quedo sin respuesta. Porque no la hay.

— Dr. Cristóbal López Martín, psiquiatra · Col. 29-8805

¿Llevas años con la misma pregunta?

En mi consulta no hay que contar nada que no quieras. Miramos qué te ha quedado, se desmonta la culpa que sostiene lo demás, y se trata lo que sea tratable. Primera consulta de 90 minutos, presencial en Marbella y online, en español y en inglés.

Llamar: 672 472 847WhatsApp
Aviso: Este contenido tiene finalidad informativa y clínica. Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín, psiquiatra colegiado (Col. 29-8805). Esta página no describe hechos ni califica jurídicamente ninguna situación, y no sustituye la valoración médica individual. Si la agresión es reciente, busca valoración médica: hay tratamientos con ventana de tiempo y la recogida de muestras no obliga a denunciar. Teléfono 016: gratuito, 24 horas, atiende todas las formas de violencia contra la mujer, incluida la sexual. Si el malestar se acompaña de ideas de hacerte daño, pide ayuda: llama al 024 (24 horas) o al 112. Revisado: julio de 2026.

Preguntas frecuentes · Trauma sexual

Preguntas frecuentes

¿Por qué no me defendí? ¿Por qué me quedé quieta?

Porque no te quedaste quieta tú: te quedó quieta el tronco cerebral. Tiene nombre —inmovilidad tónica— y es una respuesta de defensa que compartimos con el resto de los animales: cuando el cerebro registra un peligro del que no se puede escapar, no elige entre pelear o huir, elige la última opción que le queda, que es apagar el motor. Produce inhibición motora profunda (no puedes moverte, no es que no quieras), incapacidad de hablar o gritar, y —esto es lo cruel— conciencia intacta: te enteras de todo, y por eso después te convences de que podrías haber hecho algo. Va con cambios medibles en un laboratorio: taquicardia, reducción del balanceo corporal, variabilidad cardíaca baja. No es una interpretación: es un estado del cuerpo.

¿Es normal quedarse inmóvil o me pasó solo a mí?

Es la respuesta de la mayoría. En un estudio con 298 mujeres que habían sufrido una agresión sexual, el 70% presentó inmovilidad tónica significativa y el 48% la presentó de forma extrema. Otros trabajos dan cifras entre el 37% y el 70%, y en muestras clínicas suben más. Hay además un hallazgo que conviene conocer: el trauma sexual se asocia a la inmovilidad tónica más que cualquier otro tipo de trauma. Léelo despacio: quedarse inmóvil no es la excepción, es lo que le pasa a la mayoría. La idea de que resistirse es lo "normal" —esa que llevas años usando para juzgarte— no está apoyada por los datos, está apoyada por las películas. No reaccionaste raro: reaccionaste como reacciona un sistema nervioso humano que funciona bien ante algo insoportable.

Si me quedé quieta, ¿significa que consentí?

No. Y esto hay que decirlo con todas las letras: la inmovilidad tónica no es consentimiento. No es complicidad, no es permiso, no es "en el fondo querías". Es una reacción neurobiológica involuntaria, no una elección: tu sistema nervioso puso en marcha una cascada de señales que te dejó sin poder moverte ni hablar aunque querías que aquello parara. Que tu cuerpo no se defendiera no significa que tú no te defendieras — significa que tu cuerpo eligió por ti la única defensa que le quedaba. Y hay algo más que conviene saber, porque es medicina y no consuelo: la inmovilidad tónica predice estrés postraumático, y lo hace en buena parte a través de la culpa y la autoinculpación que vienen después. Es decir, esa conclusión no solo es falsa: es la que te está haciendo daño.

No fue una violación, así que no fue para tanto. ¿O sí?

Tu sistema nervioso no consulta el código penal. No espera a que alguien califique lo que te pasó para decidir si te deja secuelas: si tu cuerpo lo registró como una amenaza inescapable, hará lo que hace en esos casos, y lo hará igual si aquello tenía nombre legal que si no. Aquí no hace falta que sea un delito para que sea una herida. Y ojo, porque cuando no encaja con la imagen oficial —el callejón y el desconocido— pesa más, no menos: si fue alguien que conocías, o tu pareja, o habías dicho que sí a otra cosa, o habías bebido, o no hubo violencia física, entonces te falta la etiqueta y no puedes ni reclamar el derecho a estar mal. Así te quedas fuera de todas las puertas, porque para contarlo tendrías que llamarlo de alguna manera y no sabes cómo.

Han pasado veinte años. ¿No es tarde?

No, y esto conviene decirlo alto: esto tiene tratamiento, el tratamiento funciona, y no da igual que hayan pasado veinte años — el estrés postraumático es de los cuadros que mejor responden de toda la psiquiatría. Y hay un motivo concreto por el que el tiempo transcurrido no lo estropea: buena parte de lo que te hace daño hoy no es lo que pasó entonces, sino lo que concluiste sobre ti misma después. La culpa, la autoinculpación, las creencias negativas sobre ti. Eso está aquí, en el presente, y es exactamente lo que se puede desmontar. De hecho explicar qué es la inmovilidad tónica reduce la vergüenza y está estudiado como intervención: no es dar ánimos, es actuar sobre el mecanismo por el que el daño llegaba.

¿Voy a tener que contarlo todo?

No. Ni el primer día ni el décimo. Puedes decir "me pasó algo" y con eso se trabaja, porque lo que se trata son los síntomas, y los síntomas están aquí, en el presente, no allí. Tú marcas el ritmo, siempre: es tu historia y es tu velocidad, y nadie te va a "sacar" nada. Hay mucho que hacer sin tocar el relato —dormir, quitar las crisis, tratar una depresión que se ha instalado encima, entender la inmovilidad tónica, desmontar la culpa—, y eso es la mitad del trabajo. Y cuando toque procesar el recuerdo, si toca, se hace con técnicas diseñadas exactamente para que no te destroce, y se hace cuando estás preparada y no antes: es una decisión tuya con información, no un peaje de entrada. A la consulta no vienes a demostrar que fue grave, ni a decidir si denunciar, ni a perdonar a nadie.

Mi cuerpo reacciona mal con mi pareja y le quiero. ¿Qué me pasa?

Lo cuentan poquísimas y siempre con vergüenza, así que conviene decirlo: puede pasar que estés con una persona a la que quieres, con la que quieres estar, y que tu cuerpo se ponga en alerta, o se apague, o se vaya. Entonces te sientes rota y él se siente rechazado, y ninguno entiende nada. No estás rota y no es por él: el sistema que aprendió a protegerte no distingue el contexto — reconoce una señal (una postura, un peso encima, una oscuridad) y hace lo que hizo entonces, sin preguntarte. Eso no significa que no le quieras y no significa que estés condenada a esto: significa que hay una respuesta aprendida que se puede desaprender, y hay técnicas concretas para hacerlo.

¿Qué tratamiento funciona?

Lo primero, la psicoeducación: entender la inmovilidad tónica reduce la vergüenza y está estudiado como intervención — si desmontas la culpa, cortas la vía por la que el daño llegaba. Después, los abordajes centrados en el trauma, que son los que tienen la evidencia: la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, que trabaja sobre las creencias y la autoinculpación; el EMDR, diseñado para procesar memorias traumáticas; y la exposición prolongada para la evitación, que es lo que mantiene todo lo demás. Ninguna consiste en contar tu historia y ver qué pasa: son procedimientos con estructura y con freno. Y en la parte médica: no hay ninguna pastilla que borre esto, pero sí tratamiento para lo que te ha dejado —la depresión que se instaló encima, las crisis, el sueño—. Ojo con las benzodiacepinas y el alcohol: facilitan la evitación, y la evitación es el motor de este cuadro.

Sobre el autor

CL

Dr. Cristóbal López Martín

Psiquiatra · Col. 29-8805

Psiquiatra con más de 25 años de experiencia clínica, licenciado en Medicina por la Universidad de Málaga y formado en el Hospital Regional Carlos Haya. Dirige una consulta privada de psiquiatría en Marbella con un modelo de consultas extensas —el Método 90-60-30— y una línea de trabajo dedicada a la salud mental de la mujer en todas sus etapas.

Fuentes y referencias

  1. Möller A, Söndergaard HP, Helström L. Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica, 2017: estudio en 298 mujeres agredidas sexualmente. Aunque la resistencia activa se considera la reacción "normal" durante una violación, el 70% refirió inmovilidad tónica significativa y el 48% inmovilidad tónica extrema. A los 6 meses, la prevalencia de estrés postraumático fue casi el doble en quienes habían experimentado inmovilidad extrema frente a quienes no (51% vs. 28%), asociación que se mantuvo tras ajustar por el estrés postraumático previo y otros factores de riesgo conocidos. La inmovilidad tónica predijo también depresión grave.
  2. Definición: la inmovilidad tónica es una reacción refleja involuntaria desencadenada por la percepción de un peligro inescapable, caracterizada por inhibición motora profunda reversible y relativa falta de respuesta a los estímulos externos. Se ha corroborado con registros biológicos objetivos: reducción del balanceo corporal, taquicardia y baja variabilidad de la frecuencia cardíaca.
  3. Literatura sobre prevalencia: estimaciones de inmovilidad tónica peritraumática entre el 37% y el 70% en supervivientes de agresión sexual; en muestras clínicas, entre el 43% y el 73%.
  4. Estudio poblacional: el trauma sexual se asocia a la inmovilidad tónica en mayor medida que otros tipos de trauma. En pacientes con estrés postraumático crónico, el 26,6% refirió inmovilidad peritraumática moderada y el 52,2% extrema; la inmovilidad durante la reexperimentación medió la relación con la gravedad de los síntomas.
  5. Literatura sobre mediación: la relación entre la inmovilidad tónica y la sintomatología traumática está parcialmente mediada por las cogniciones postraumáticas negativas, la culpa, la autoinculpación y el afrontamiento desadaptativo, incluso tras controlar la gravedad de la agresión, su recencia y la revictimización. En supervivientes de abuso sexual infantil se han estudiado las creencias negativas sobre una misma, sobre el mundo y la autoinculpación como vías que aumentan el riesgo de estrés postraumático.
  6. Literatura sobre psicoeducación centrada en la inmovilidad tónica: comprender la respuesta de congelación reduce de forma significativa la vergüenza; conocer que congelarse es una respuesta de supervivencia involuntaria que ocurre en la mayoría de los supervivientes puede liberar la autoinculpación que se suma al trauma original. Existen intervenciones psicoeducativas específicamente centradas en la inmovilidad tónica.
  7. Marx BP, Forsyth JP, Gallup GG, Fuse T, Lexington JM. La inmovilidad tónica como defensa antipredatoria evolucionada: implicaciones para las supervivientes de agresión sexual. Clinical Psychology: Science and Practice, 2008.
  8. Literatura sobre abordajes con evidencia en estrés postraumático por trauma sexual: terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, EMDR y exposición prolongada.
  9. Literatura sobre abuso sexual infantil y riesgo de psicopatología adulta: la prevalencia de estrés postraumático es sustancialmente mayor en adultos expuestos que en no expuestos.

Esta página tiene una finalidad informativa y no sustituye la evaluación ni el consejo de un profesional.

Dr. Cristóbal López Martín

Médico psiquiatra · Col. 29-8805

Médico especialista en Psiquiatría vía MIR (Hospital Regional Universitario Carlos Haya) con más de 25 años de práctica clínica. La salud mental de la mujer es una de las áreas centrales de su consulta en Marbella y online.

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