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Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Psiquiatría de la Mujer · Vínculos

Volver a confiar después de una traición: por qué duele así

Han pasado ocho meses. Tú decidiste quedarte, o decidiste irte, o todavía no has decidido nada. Y lo que no entiendes es esto: por qué sigues como el primer día. Por qué te asalta una imagen que no has visto nunca mientras estás en el supermercado. Por qué miras su móvil sabiendo que no vas a encontrar nada. Por qué no duermes. Y por qué, cuando lo cuentas, la gente que te quiere ya empieza a poner esa cara de "pero eso fue hace un año".

No es un disgustoLas imágenes son un síntoma1-2 años, no linealSigue doliendo aunque te quedes
En esta página · 14 apartados

Lo primero · Y es lo que más falta te hace

Esta guía forma parte de la información completa sobre la salud mental de la mujer.

Lo que tienes no es un disgusto. Tiene forma de trauma

Empiezo por aquí porque es lo que cambia la conversación entera.

Todo el mundo —tu familia, tus amigas, y probablemente tú misma— está tratando esto como una pena muy grande. Un disgusto enorme, sí, pero un disgusto. Y por eso todos esperan que funcione como funcionan las penas: que sea intensa al principio y vaya bajando.

Y no baja. Y entonces empiezas a pensar que te pasa algo.

Lo que pasa es que no estás procesando una pena: estás teniendo una respuesta de trauma. Y las respuestas de trauma no van bajando solas. Tienen otra forma, con tres bloques que reconocerás:

Lo que la gente espera

  • Tristeza que va cediendo.
  • Llorar mucho al principio, menos luego.
  • Que con el tiempo se diluya.
  • Que si perdonas, se acabe.

Lo que realmente pasa

  • Intrusión: imágenes, escenas, la cabeza volviendo sola.
  • Evitación: no poder hablarlo, o no poder pasar por un sitio.
  • Hiperactivación: alerta, insomnio, sobresaltos.
  • Y todo eso a oleadas, no en línea recta.

Esos tres bloques —intrusión, evitación e hiperactivación— son la arquitectura del estrés postraumático. Y aquí es donde tengo que ser preciso contigo, porque prefiero decirte la verdad que darte una etiqueta bonita:

El matiz honesto, y me importa dártelo

Vas a encontrar por ahí el término "trastorno de estrés post-infidelidad". Y quiero que sepas dos cosas: que ese diagnóstico no existe en el DSM —no es una enfermedad oficial— y que técnicamente el cuadro no cumple los criterios formales de estrés postraumático, porque esos criterios exigen una amenaza para la vida.

¿Y por qué te lo cuento entonces? Porque el parecido clínico es real y está descrito. Que no tenga un cajón oficial no significa que no exista: significa que nuestros manuales están hechos pensando en otras cosas. Tu sistema nervioso no ha leído el DSM. Él responde a lo que le ha pasado — y lo que le ha pasado es que la persona que era tu refugio resultó ser la amenaza. Eso, para un cerebro, es un cortocircuito bastante serio.

El síntoma que nadie te avisa

Las imágenes: el síntoma del que nadie habla

Si hay una cosa que casi nadie cuenta antes de que le pase, es esta. Y es la que más vergüenza da.

Ves cosas. Escenas concretas, con detalles, en el hotel o en el coche o donde tu cabeza haya decidido colocarlo. Y lo demencial es que no las has visto nunca: las está fabricando tu cerebro. Aparecen sin avisar — fregando, conduciendo, en una reunión. Y algunas veces aparecen en el peor momento posible, cuando estás con él.

La mayoría de las mujeres no cuenta esto. Ni a sus amigas, ni a su terapeuta, ni a mí hasta la tercera consulta. Porque parece una obsesión enfermiza, parece que te estás regodeando, parece que quieres sufrir.

Lo que le digo a quien me lo cuenta

Eso es un síntoma. No es un vicio. Es exactamente lo mismo que le pasa a alguien que ha tenido un accidente y no puede dejar de ver el coche viniendo. La única diferencia es que tú no tienes un recuerdo — tienes un hueco. Y un cerebro humano no tolera un hueco en una historia que le importa: lo rellena. Con lo que tenga a mano. Por eso te salen tantos detalles: no son recuerdos, son reconstrucciones. Y por eso no funciona intentar no pensarlo — intentar no pensar en algo es la manera más segura de pensarlo. Se trata, y se trata bien.

Y de ahí sale la trampa más cruel de todo esto: pides detalles. Quieres saber dónde, cuántas veces, si le decía lo mismo que a ti. Y tu entorno te dice que no lo hagas, que te vas a hacer daño. Pero tú lo necesitas — porque tu cabeza está intentando cerrar el hueco.

Te digo lo que veo en consulta, sin moralinas: los datos básicos suelen hacer falta —cuánto duró, con quién, si hubo riesgo para tu salud— y tienes derecho a ellos. Los detalles sexuales no. Esos no cierran el hueco: le dan material nuevo a las imágenes. Es la diferencia entre saber qué pasó y grabártelo. Y eso, en consulta, se puede ordenar — que es justo el tipo de cosa que no se resuelve en quince minutos.

Por qué esto es tan grande

No es una herida. Son dos

Aquí está el motivo de que esto pese tanto más que otras rupturas, y de que no se arregle con "pues déjalo".

  • La primera herida: lo que hizo. Se acostó con otra. Duele, es enorme, y es la que todo el mundo ve.
  • La segunda herida: que te mintió. Y esta es la que de verdad rompe cosas — y es la que casi nadie mira.

Piensa en lo que significa la segunda. Durante meses, o años, tú vivías en una realidad. Ibais a cenar. Hacíais planes. Le preguntabas qué tal el día. Y todo aquello era falso, y tú no lo notaste.

Lo que de verdad se te ha roto

No es la confianza en él. Es la confianza en ti. En tu criterio, en tu instinto, en tu capacidad de leer la realidad. Porque si estuviste equivocada sobre lo más importante de tu vida durante dos años sin enterarte — ¿sobre qué más estás equivocada ahora mismo? Por eso la hipervigilancia no se apaga: tu sistema ha aprendido que lo que parece seguro puede no serlo, y ha decidido no volver a fiarse de sus propias lecturas. Eso no es desconfianza hacia un hombre. Es un detector de amenazas que se ha quedado encendido porque falló una vez y no se lo perdona.

Y por eso "él ya no lo hace" no basta. Porque el problema no es lo que él haga hoy: es que tú ya no te fías de saberlo.

La fase que te avergüenza

Por qué te has convertido en detective

Le miras el móvil. Compruebas el kilometraje. Buscas a la otra en redes, otra vez, a las once de la noche. Y sabes que no está bien, y sabes que no vas a encontrar nada, y lo haces igual.

Eso también tiene explicación, y no es que te hayas vuelto una controladora:

  • Es hiperactivación, no manía. Tu detector de amenazas está en máximos porque no lo vio venir. Comprobar es lo que hace un sistema de alarma cuando ha fallado: comprobar más.
  • Y funciona… durante diez minutos. Miras, no hay nada, y tienes un alivio inmediato. Ese alivio es lo que engancha. Es exactamente el mismo mecanismo que mantiene una comprobación obsesiva: el alivio a corto plazo refuerza la conducta y alimenta la ansiedad a largo plazo.
  • Por eso cada vez necesitas más. Y por eso comprobar no te está devolviendo la tranquilidad: te la está quitando a plazos.

Esto lo digo con cuidado, porque no quiero que suene a reproche: no es un defecto de carácter, es un síntoma tratable — y se trata más o menos como se tratan las comprobaciones, con método, no con fuerza de voluntad. Si te suena la mecánica, te la explico en ansiedad en mujeres.

Y una cosa que hay que decir, en el otro sentido

Hay una diferencia enorme entre vigilar y tener información. Si tú compruebas a escondidas porque no te fías, eso es un síntoma y te está haciendo daño. Pero si has pedido transparencia y él te la ha dado —y la mantiene sin quejarse—, eso no es control: es reparación, y es una de las pocas cosas que de verdad ayudan. La diferencia no está en el acto: está en si es un secreto tuyo o un acuerdo de los dos.

El deslinde · La pregunta que sí es médica

Cuándo esto ha dejado de ser una herida y ya es otra cosa

Sufrir por esto no es una enfermedad. Es lo que le pasa a cualquier persona sana a la que le hacen esto. Y no tiene tratamiento ni debe tenerlo — tiene reparación, que es otra cosa.

Pero llega un punto en que se instala algo encima, y ese punto sí es mío. Estas son las señales:

  • Han pasado meses y no hay ninguna ventana buena. Un trauma que se está procesando mejora a trompicones: hay semanas malas y ratos normales. Si no hay ni un rato normal, hay algo más.
  • Se ha extendido. Ya no es que sufras por él: es que no disfrutas de nada, y eso incluye cosas que no tienen nada que ver.
  • Te despiertas de madrugada y no vuelves a dormirte. Ojo con esta: te la explico en me despierto a las 3 de la madrugada.
  • Estás peor por la mañana que por la tarde.
  • Ha aparecido la culpa o la inutilidad: "algo habré hecho yo", "no valgo nada", "por eso se fue con otra". Ojo con esta última — es de las más frecuentes y de las más falsas.
  • Te cuesta lo básico: la ducha, el trabajo, contestar un mensaje.
  • Has empezado a beber por las noches. Empieza funcionando: por eso es peligrosa.
  • Las imágenes y la vigilancia te ocupan la mayor parte del día y no te dejan trabajar ni estar con tus hijos.
  • Ha pasado por tu cabeza que sería más fácil no estar. Si es así, esto no espera: pide consulta, o llama al 024.

Y hay que descartar lo de siempre, porque nadie lo mira cuando hay una explicación tan a mano: tiroides, anemia, ferritina, vitamina D — y, si tienes entre 45 y 55, el momento hormonal. He visto muchas mujeres a las que la traición les cayó encima de una perimenopausia, y solo se estaba mirando una de las dos cosas.

Qué se hace · Sin vender humo

Qué se puede hacer con esto

1. Lo primero: no decidir todavía

Es lo que más me preguntan y lo contesto siempre igual: ¿me quedo o me voy? Y mi respuesta es que esa no es mi decisión — y que ahora mismo tampoco es la tuya.

Las primeras semanas son las más agudas: la literatura las describe como un estrés agudo en toda regla. Y ese es el peor comité posible para decidir sobre quince años de vida. No porque no puedas tener razón — puede que la tengas. Es que ahora mismo no estás decidiendo tú: está decidiendo tu amígdala, a las tres de la mañana, con imágenes que se ha inventado ella.

Así que: primero se estabiliza, luego se decide. En ese orden. Nadie se ha arrepentido nunca de esperar tres meses; de lo contrario, mucha gente sí.

2. Tratar el trauma, aunque decidas quedarte

Y este es el punto que más gente se salta. Presta atención:

Los síntomas no se van porque perdones

Esto descoloca a casi todo el mundo: las imágenes, la vigilancia y el insomnio siguen ahí aunque decidas quedarte y aunque él lo esté haciendo todo bien. Y entonces piensas que te has equivocado quedándote, o que en el fondo no le has perdonado. Ninguna de las dos cosas. Lo que pasa es que la decisión y el trauma son dos cosas distintas y van por caminos separados. Perdonar es un acto; el trauma es una huella. Y las huellas no se borran decidiendo — se procesan. Eso es un trabajo, y tiene técnicas concretas.

Lo que funciona aquí son los abordajes centrados en el trauma: la terapia cognitivo-conductual para las intrusiones y las comprobaciones, y el EMDR, que es una técnica diseñada para procesar memorias traumáticas y que en este cuadro se usa con buenos resultados. No son conversaciones de desahogo: son procedimientos con estructura.

3. Y si hay pareja que reparar, terapia de pareja

Con una advertencia que da Gottman, que lleva cuarenta años estudiando esto, y que me parece de las cosas más útiles que se pueden decir aquí: las parejas tardan de media seis años de más en pedir ayuda. Seis años. Si vais a intentarlo, intentadlo con ayuda y pronto — no dentro de dos años, cuando lo único que quede sea el rencor.

4. Y lo médico, cuando toca

Qué significa que sea psiquiatra

No hay ninguna pastilla para esto. No existe un fármaco que te devuelva la confianza, ni que borre lo que pasó, ni que decida por ti. Y una mujer a la que se le da un ansiolítico para que "lo lleve mejor" no está siendo tratada: está siendo sedada mientras el problema sigue intacto.

Pero sí hay tratamiento para lo que esto te ha dejado: para la depresión que se instaló encima, para la ansiedad, para el sueño que perdiste — y devolverte el sueño, en un cuadro así, no es un detalle: un cerebro que duerme procesa, y uno que no duerme se queda dando vueltas. Y sí hay un trabajo que hacer contigo, sobre las imágenes, sobre la vigilancia y sobre por qué tu criterio se quedó en entredicho. Un psicólogo puede hacer lo segundo. Yo puedo hacer las dos cosas — y, sobre todo, puedo decirte si lo que tienes es una herida o ya es una enfermedad. Esa es una pregunta médica y no se contesta de oído.

5. Y lo que puedes hacer tú

  • No pidas detalles sexuales. Los datos básicos sí; los detalles no. No cierran el hueco: alimentan las imágenes.
  • Elige a quién se lo cuentas, y a poca gente. Y sabiendo esto: la gente a la que se lo cuentes no va a poder olvidarlo. Si algún día decides quedarte, tu hermana seguirá odiándole. Es un coste real y conviene saberlo antes.
  • Y no te compares con ella. Es automático, lo hace todo el mundo y no informa de nada. Las infidelidades no van casi nunca de que la otra fuera mejor. Van de él.

El tiempo · Sin mentirte

¿Cuánto dura esto?

Te lo digo con los números que hay, y con la advertencia de que cualquier cifra hay que cogerla con pinzas:

  • Las primeras semanas son las peores. Se describen como un estrés agudo: es lo más parecido a estar en shock.
  • La mayoría nota una mejoría clara entre los tres y los seis meses. No "estar bien": mejoría. Empiezan a aparecer días normales entre los malos.
  • El arco completo, hasta una normalidad nueva, se sitúa habitualmente entre uno y dos años con trabajo terapéutico. Si estáis reconstruyendo la pareja, las fases de responsabilidad y reconstrucción llevan meses cada una.
  • Y lo más importante: no es lineal. Vas a tener recaídas. Un mes bueno y de pronto una canción, una fecha, un sitio — y otra vez el primer día. Eso no significa que hayas vuelto atrás. Significa que esto va a oleadas, como todos los traumas. La gente abandona el tratamiento en esas recaídas, creyendo que no sirve. Sirve.

Y una cosa sobre "un año ya es mucho"

Si te han dicho eso, o te lo has dicho tú: a nadie le parece raro que alguien tarde dos años en recuperarse de un accidente de coche. Aquí el accidente fue que la persona con la que dormías te estaba mintiendo todos los días. Que no se vea desde fuera no lo hace más pequeño. Y hay algo más que conviene saber: la investigación ha encontrado que la infidelidad se asocia a más problemas de salud física a largo plazo, incluso ajustando por edad e ingresos. Esto no te está costando solo el ánimo. Tomártelo en serio no es regodearte: es una cuestión de salud.

Cómo trabajo

Por qué esto no se resuelve en quince minutos

Para contestar a "¿por qué sigo así?" hay que separar cuatro cosas: una herida razonable, una respuesta de trauma que se ha instalado, una depresión que ya está encima, y a veces un cambio hormonal que coincidió. En quince minutos lo que sale es un ansiolítico.

Cómo trabajo

El Método 90-60-30

Trabajo con consultas largas, en tres fases:

Fase 1 · Diagnóstico
90'
Primera consulta: tu historia completa, cómo lo descubriste, los síntomas de intrusión y vigilancia, el sueño, el momento hormonal y la analítica
Fase 2 · Trabajo activo
60'
Seguimiento con tiempo real: procesar el trauma, ordenar las comprobaciones, y tratar lo que se haya instalado encima
Fase 3 · Estabilidad
30'
Revisiones de medicación: respuesta, tolerancia y controles necesarios

Entre consultas puedes utilizar los canales acordados para plantear dudas sobre el seguimiento. La atención y los tiempos de respuesta dependen de la disponibilidad; no se garantiza una respuesta inmediata. Puedes conocer la organización de las visitas en mi método de consulta.

Cuándo pedir consulta

  • Han pasado meses y sigues como el primer día.
  • Tienes imágenes que no puedes parar, de cosas que no has visto.
  • Compruebas, y sabes que no está bien, y no puedes dejar de hacerlo.
  • Decidiste quedarte y estás peor de lo que esperabas — y eso te hace dudar de tu decisión.
  • No duermes, o te despiertas de madrugada.
  • Ha aparecido la idea de que algo habrás hecho tú.
  • No sabes si esto es normal o si te está pasando algo.
Observación clínica

Casi ninguna llega diciendo que le fueron infiel. Llegan por insomnio, o por ansiedad, o porque no rinden en el trabajo. Lo otro aparece a los cuarenta minutos, y aparece con una frase de disculpa por delante: "bueno, y hubo un tema con mi marido, pero eso ya está superado". Y luego resulta que fue hace catorce meses y que anoche estuvo hasta las dos mirando el Instagram de una desconocida. Lo que más me impresiona no es el dolor: es la vergüenza. Vergüenza de seguir así. Vergüenza de haber pedido detalles. Vergüenza de haberse quedado, si se quedó — y de haberse ido, si se fue. Y por debajo de todo, siempre, la misma pregunta, que nunca es sobre él: "¿cómo pude no verlo?". Ahí está la herida de verdad, y no está en el matrimonio. Está en que dejó de fiarse de sí misma. Y esa es la que hay que curar, se quede o se vaya — porque si no, se la lleva puesta a la siguiente vida.

— Dr. Cristóbal López Martín, psiquiatra · Col. 29-8805

¿Han pasado meses y sigues igual?

En mi consulta separamos qué parte de esto es una herida que hay que reparar y qué parte es algo que ya se ha instalado encima — y se trata lo que sea tratable, decidas lo que decidas sobre tu pareja. Primera consulta de 90 minutos, presencial en Marbella y online, en español y en inglés.

Llamar: 672 472 847WhatsApp
Aviso: Este contenido tiene finalidad informativa y clínica. Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín, psiquiatra colegiado (Col. 29-8805). El "estrés post-infidelidad" no es un diagnóstico del DSM-5: es una descripción clínica utilizada en la literatura para un cuadro que se parece al estrés postraumático sin cumplir sus criterios formales. Esta página no sustituye la valoración médica individual. Si el malestar se acompaña de ideas de hacerte daño, pide ayuda: llama al 024 (24 horas) o al 112. Revisado: julio de 2026.

Preguntas frecuentes · Después de una traición

Preguntas frecuentes

¿Es normal seguir tan mal después de meses?

Sí, y el motivo es que no estás procesando una pena: estás teniendo una respuesta que se parece a un trauma. Las penas van bajando solas; los traumas no — tienen otra forma, con tres bloques que reconocerás: intrusión (imágenes, la cabeza volviendo sola), evitación (no poder hablarlo, no poder pasar por un sitio) e hiperactivación (alerta, insomnio, sobresaltos). Y van a oleadas, no en línea recta. Por eso todo el mundo espera que baje y no baja, y por eso acabas pensando que te pasa algo. No estás exagerando ni eres débil: tu sistema nervioso está respondiendo a que la persona que era tu refugio resultó ser la amenaza, y eso es un cortocircuito serio.

¿Existe el «trastorno de estrés post-infidelidad»?

Como descripción, sí; como diagnóstico oficial, no. Vas a encontrar el término por ahí y conviene que sepas dos cosas: que no está en el DSM-5, y que técnicamente el cuadro no cumple los criterios formales de estrés postraumático porque esos criterios exigen una amenaza para la vida. ¿Por qué te lo cuento entonces? Porque el parecido clínico es real y está descrito en la literatura: intrusión, evitación e hiperactivación, los tres bloques. Que no tenga un cajón oficial no significa que no exista: significa que nuestros manuales están hechos pensando en otras cosas. Tu sistema nervioso no ha leído el DSM.

Veo imágenes de cosas que no he visto. ¿Estoy enferma?

No: eso es un síntoma, no un vicio. Es lo mismo que le pasa a alguien que ha tenido un accidente y no puede dejar de ver el coche viniendo, con una diferencia: tú no tienes un recuerdo, tienes un hueco. Y un cerebro humano no tolera un hueco en una historia que le importa, así que lo rellena con lo que tenga a mano. Por eso salen tantos detalles: no son recuerdos, son reconstrucciones. Casi nadie cuenta esto —da vergüenza, parece que te estás regodeando— y por eso quiero decirlo claro: es de los síntomas más frecuentes y se trata bien. Y no funciona intentar no pensarlo: intentar no pensar en algo es la manera más segura de pensarlo.

¿Debo pedirle detalles de lo que pasó?

Los básicos sí; los sexuales no. Y te lo explico sin moralinas. Tu cabeza pide detalles porque está intentando cerrar el hueco: es un impulso lógico, no una perversión. Los datos básicos —cuánto duró, con quién, si hubo riesgo para tu salud— suelen hacer falta y tienes derecho a ellos. Pero los detalles sexuales no cierran nada: le dan material nuevo a las imágenes intrusivas. Es la diferencia entre saber qué pasó y grabártelo. En consulta esto se puede ordenar, decidiendo qué información necesitas de verdad y cuál solo va a alimentar el bucle.

Decidí quedarme y estoy peor. ¿Me he equivocado?

No necesariamente, y esto descoloca a casi todo el mundo: los síntomas siguen aunque decidas quedarte y aunque él lo esté haciendo todo bien. Entonces piensas que te has equivocado, o que en el fondo no le has perdonado. Ninguna de las dos cosas. Lo que pasa es que la decisión y el trauma son cosas distintas y van por caminos separados: perdonar es un acto, el trauma es una huella, y las huellas no se borran decidiendo — se procesan. Eso es un trabajo con técnicas concretas: terapia centrada en el trauma para las intrusiones y las comprobaciones, y EMDR, que está diseñado para procesar memorias traumáticas.

No puedo dejar de mirarle el móvil. ¿Qué me pasa?

Es hiperactivación, no manía. Tu detector de amenazas está en máximos porque no lo vio venir, y comprobar es lo que hace un sistema de alarma que ha fallado. El problema es que funciona… durante diez minutos: miras, no hay nada, y sientes alivio inmediato — y ese alivio es lo que engancha. Es el mismo mecanismo que mantiene cualquier comprobación obsesiva: alivia a corto plazo y alimenta la ansiedad a largo. Por eso cada vez necesitas más y por eso no te está devolviendo la tranquilidad, te la está quitando a plazos. No es un defecto de carácter: es un síntoma tratable, y se trata con método, no con fuerza de voluntad. Y ojo a la diferencia: comprobar a escondidas es un síntoma; pedir transparencia y que él te la dé sin quejarse es reparación, y de las pocas cosas que ayudan.

¿Cuánto tarda en pasarse?

Con los números en la mano y cogidos con pinzas: las primeras semanas son las peores, descritas como un estrés agudo. La mayoría nota una mejoría clara entre los tres y los seis meses — no estar bien, mejoría: empiezan a aparecer días normales entre los malos. Y el arco completo hasta una normalidad nueva se sitúa habitualmente entre uno y dos años con trabajo terapéutico. Lo más importante: no es lineal. Vas a tener recaídas — un mes bueno y de pronto una canción, una fecha, un sitio, y otra vez el primer día. Eso no significa que hayas retrocedido: significa que esto va a oleadas, como todos los traumas. Mucha gente abandona el tratamiento justo en esas recaídas creyendo que no sirve. Sirve.

¿Me quedo o me voy?

Esa no es mi decisión, y ahora mismo tampoco es la tuya. Las primeras semanas se describen como un estrés agudo en toda regla, y ese es el peor comité posible para decidir sobre quince años de vida — no porque no puedas tener razón, sino porque ahora no estás decidiendo tú: está decidiendo tu amígdala, a las tres de la mañana, con imágenes que se ha inventado ella. Primero se estabiliza, luego se decide, en ese orden. Nadie se ha arrepentido de esperar tres meses; de lo contrario, mucha gente sí. Y si vais a intentar reconstruir, hacedlo con ayuda y pronto: Gottman, que lleva cuarenta años estudiando esto, encontró que las parejas tardan de media seis años de más en pedirla.

Sobre el autor

CL

Dr. Cristóbal López Martín

Psiquiatra · Col. 29-8805

Psiquiatra con más de 25 años de experiencia clínica, licenciado en Medicina por la Universidad de Málaga y formado en el Hospital Regional Carlos Haya. Dirige una consulta privada de psiquiatría en Marbella con un modelo de consultas extensas —el Método 90-60-30— y una línea de trabajo dedicada a la salud mental de la mujer en todas sus etapas.

Fuentes y referencias

  1. Ortman D. Literatura sobre el llamado "estrés post-infidelidad": describe que muchos cónyuges traicionados presentan un perfil sintomático semejante al del estrés postraumático, con el descubrimiento de la infidelidad como acontecimiento desencadenante. No es un diagnóstico del DSM-5.
  2. Literatura sobre el trauma de traición: produce ansiedad y depresión, hipervigilancia, embotamiento o desapego, imágenes e ideas intrusivas, alteraciones del sueño y dificultad profunda para confiar. Los síntomas reproducen los del estrés postraumático pero se originan específicamente en ser traicionada por alguien de quien se dependía.
  3. El cuadro comparte síntomas con el trastorno de estrés postraumático —intrusión, hipervigilancia, evitación, embotamiento— pero no cumple los criterios formales del DSM-5, que exigen un acontecimiento con amenaza para la vida.
  4. Gottman JM. Investigación sobre parejas e infidelidad: la traición desencadena una inundación emocional intensa que desborda la capacidad de procesar lo ocurrido, con una reacción semejante a la postraumática. Las parejas tardan de media seis años de más en pedir ayuda.
  5. Literatura sobre el curso temporal: las primeras semanas se describen como un estrés agudo; la mayoría refiere mejoría significativa entre los tres y los seis meses; el arco completo hasta una normalidad nueva se sitúa habitualmente entre uno y dos años con trabajo terapéutico. La recuperación no es lineal y las recaídas son esperables.
  6. Literatura sobre abordajes con evidencia en trauma por infidelidad: terapia cognitivo-conductual para las intrusiones y las conductas de comprobación, EMDR para el procesamiento de la memoria traumática, y terapia de pareja centrada en las emociones cuando se opta por la reconstrucción.
  7. Estudio longitudinal publicado en Journal of Social and Personal Relationships: la infidelidad se asoció a un mayor número de problemas crónicos de salud tras ajustar por edad, ingresos, educación y salud basal.
  8. Literatura sobre refuerzo negativo en las conductas de comprobación: el alivio inmediato refuerza la conducta y mantiene la ansiedad a largo plazo.

Esta página tiene una finalidad informativa y no sustituye la evaluación ni el consejo de un profesional.

Dr. Cristóbal López Martín

Médico psiquiatra · Col. 29-8805

Médico especialista en Psiquiatría vía MIR (Hospital Regional Universitario Carlos Haya) con más de 25 años de práctica clínica. La salud mental de la mujer es una de las áreas centrales de su consulta en Marbella y online.

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