En esta página · 15 apartados
Todo el problema de las benzodiacepinas en España cabe en una frase: se diseñaron para semanas y se usan durante años. Y casi nunca lo decidió nadie — sencillamente ocurrió.
Qué vas a encontrar aquí
- Qué son exactamente
- Lo que hacen bien, y es mucho
- Las tres fases: cómo se pasa de semanas a años
- Por qué en España se toman tanto
- ¿Crean adicción?
- Cuáles hay, y en qué destaca cada una
- Cuál elijo yo, y por qué
- Sobre las equivalencias entre unas y otras
- La pregunta que sí conviene hacerse
- Preguntas frecuentes
Qué son exactamente
Son fármacos que potencian el sistema de frenado natural del cerebro. Ese sistema existe ya: se encarga de bajar el nivel de activación, de permitir que uno se relaje y se duerma. Lo que hace una benzodiacepina es reforzarlo temporalmente.
De ahí salen sus cuatro usos, que son los mismos con nombres distintos: ansiedad, insomnio, contracturas musculares y epilepsia. Todos consisten en bajar una actividad que está demasiado alta.
Y de ahí sale también su principal característica: funcionan enseguida. No hay que esperar semanas como con un antidepresivo. Eso es una gran ventaja y, como veremos, el origen de todo lo demás.
Lo que hacen bien, y es mucho
Conviene decirlo antes de las advertencias, porque el discurso público sobre estos fármacos se ha vuelto tan negativo que a veces impide usarlos cuando de verdad hacen falta:
- Cortan una crisis de ansiedad cuando nada más lo hace.
- Devuelven el sueño en una mala racha, y dormir es lo que permite que todo lo demás mejore.
- Sostienen las primeras semanas de un antidepresivo, que son las peores — y evitan bastantes abandonos.
- Y funcionan hoy, cuando alguien no puede esperar seis semanas.
Las tres fases: cómo se pasa de semanas a años
Esto es lo que casi nadie explica, y explica casi todo.
El alivio
Las primeras semanas funcionan muy bien y con pocas molestias. La persona duerme, se calma, recupera el pie. Todo correcto — es exactamente para lo que sirven.
La adaptación
Con el uso continuado, el organismo se acomoda a su presencia. Eso significa dos cosas: que el efecto puede notarse menos y que, si un día falta, aparece un malestar que antes no estaba. Ninguna de las dos se avisa cuando se receta.
El mantenimiento por miedo
Y aquí es donde se convierte en años. La persona ha comprobado, alguna noche suelta, que sin la pastilla duerme mal. Y a partir de ahí ya no la toma por el problema original: la toma por lo que pasó la noche que no la tomó.
Cuando alguien lleva ocho años con una benzodiacepina, no estoy viendo a una persona con poca fuerza de voluntad ni a un médico que hizo mal su trabajo. Estoy viendo una prescripción a la que nadie le puso fecha de caducidad. Se recetó bien, funcionó bien, y después nadie volvió a mirarla — porque el paciente estaba bien y no había motivo aparente para tocar nada. El fallo no está en el principio ni en el final: está en que no hubo un punto intermedio.
— Dr. Cristóbal López Martín
Por qué en España se toman tanto
España está desde hace años entre los países del mundo con mayor consumo de estos fármacos. Merece explicarse sin moralinas, porque las razones son bastante concretas y ninguna tiene que ver con el carácter nacional:
- Funcionan y funcionan rápido Ante alguien que lo está pasando mal, es la herramienta que da resultado el mismo día.
- Las consultas son cortas Explicar por qué no hace falta una pastilla lleva más tiempo del que suele haber. Recetarla lleva un minuto.
- La alternativa no siempre está disponible El tratamiento psicológico del insomnio y de la ansiedad funciona, pero no está al alcance de todo el mundo ni en todos los sitios.
- Y no hay un momento natural para retirarlas Nadie vuelve a consulta a decir «estoy bien, ¿me lo quitas?». Se vuelve cuando algo va mal.
Esa última es, para mí, la clave del asunto: el sistema tiene mecanismos para empezar tratamientos y muy pocos para terminarlos.
¿Crean adicción?
Aquí hace falta precisión, porque la palabra que se use cambia decisiones.
Con el uso continuado se produce adaptación física: el organismo se acostumbra, y al interrumpir aparecen síntomas. Eso es real y es el motivo por el que no deben dejarse de golpe.
Pero adaptación no es lo mismo que adicción. En una adicción hay tres cosas que aquí no suelen estar:
| Adaptación física | Adicción |
|---|---|
| El cuerpo se acostumbra a su presencia | Búsqueda compulsiva de la sustancia |
| Al interrumpir, aparecen síntomas | Escalada progresiva de la cantidad |
| Se toma la dosis pautada | Pérdida de control sobre el consumo |
La mayoría de quienes llevan años con una benzodiacepina están en la columna de la izquierda. Y esa distinción importa mucho, porque quien se cree adicto llega a consulta con una vergüenza que no le corresponde — y a veces decide no volver a tomar nada psiquiátrico nunca más.
Dicho lo cual, también existe la columna de la derecha, y cuando existe se trata. Necesitar más de lo prescrito no es un defecto de carácter: es un problema clínico y de los que tienen tratamiento.
Cuáles hay, y en qué destaca cada una
Todas hacen básicamente lo mismo. Lo que las separa son dos cosas distintas que conviene no confundir: cuánto tardan en entrar y cuánto tardan en irse. Y de ahí salen perfiles bastante diferentes.
- Acción intermedia — lorazepam, alprazolam, bromazepam, lormetazepam. Son las más recetadas de España, con diferencia, y tienen duraciones bastante parecidas entre sí.
- Acción prolongada — diazepam, clorazepato, ketazolam, clonazepam y clobazam. Avisan tarde al interrumpirlas y se acumulan con el uso diario, sobre todo en personas mayores.
- Las de acción realmente corta apenas se usan fuera de contextos muy concretos, como algunos procedimientos hospitalarios. Casi nadie las tiene en casa.
Y aquí está el matiz que casi nunca se explica: que un fármaco «se vaya antes» no depende solo de cuánto dura.
Sobre las dosis que aparecen a continuación
He incluido los rangos en los que habitualmente se emplea cada una, porque creo que entender de qué orden de magnitud hablamos ayuda a situarse. Son rangos orientativos, no una pauta: la cantidad adecuada depende de la persona, de para qué se use y de muchas otras cosas. No sirven para ajustar nada por cuenta propia, y las presentaciones comerciales cambian con el tiempo, así que la referencia siempre es lo que figure en tu caja y lo que te haya indicado tu médico.
Lorazepam (Orfidal®)
La más recetada de España, y no por casualidad. Es una benzodiacepina muy equilibrada: alivia bien la ansiedad sin exagerar la sedación, y su duración cubre buena parte del día sin llegar a acumularse.
- En qué destaca El equilibrio. Ni entra tan bruscamente como el alprazolam ni se queda tanto como el diazepam.
- Un rasgo técnico que importa mucho Su metabolismo es especialmente sencillo y no depende tanto del hígado como el de la mayoría. Eso la convierte en una de las mejores opciones en personas mayores, en quien toma muchos medicamentos y en quien tiene problemas hepáticos.
- Presentaciones y rango Comprimidos de 1 mg —el clásico Orfidal— y de 2,5 mg en otras marcas. En ansiedad se emplea habitualmente entre 1 y 5 mg al día, repartidos.
- Su punto débil Precisamente su éxito: es tan cómoda de recetar que muchas pautas de años empezaron siendo de tres semanas.
Tienes su guía completa en me he quedado sin lorazepam.
Clorazepato dipotásico (Tranxilium®)
Es la opción de cobertura estable: acción prolongada, sin los altibajos dentro del mismo día que dan las demás.
- En qué destaca En la ansiedad de fondo, la que está ahí todo el día y no viene en picos. Una o dos tomas cubren la jornada sin subidas ni bajadas marcadas.
- Y en algo poco reconocido Tiende a producir menos embotamiento mental que otras a dosis equivalentes. Para quien tiene que trabajar, estudiar o rendir, eso marca una diferencia real.
- Presentaciones y rango Cápsulas de 5, 10 y 15 mg, comprimidos de 50 mg y presentación inyectable. En ansiedad se mueve habitualmente entre 5 y 30 mg al día.
- ⚠ Su particularidad Es un profármaco: necesita el ácido del estómago para activarse, así que el omeprazol y los antiácidos pueden restarle efecto. Lo explico en la guía del clorazepato.
Alprazolam (Trankimazin®)
Es la más rápida y la más potente de las de uso habitual, y eso define tanto su virtud como su problema.
- En qué destaca En cortar una crisis. Ante un ataque de pánico o una crisis de ansiedad intensa, es de lo que más rápido y con más contundencia actúa.
- Presentaciones y rango Comprimidos de 0,25, 0,5, 1 y 2 mg, y una presentación retard de 0,5, 1, 2 y 3 mg. En ansiedad se usa habitualmente entre 0,5 y 3 mg al día.
- La versión retard tiene sentido Precisamente porque suaviza los altibajos: reparte el efecto a lo largo del día en lugar de concentrarlo en picos.
- Su punto débil El rebote entre tomas. Su descenso se nota tanto que puede generar ansiedad propia del descenso, no del problema de base. Está desarrollado en la guía del alprazolam.
Lormetazepam (Noctamid®)
Es la benzodiacepina hipnótica por excelencia en España: se toma por la noche, ayuda a conciliar y mantiene el sueño sin dejar demasiada resaca por la mañana.
- En qué destaca Su equilibrio para dormir: suficiente para el sueño, sin la duración excesiva que deja atontado al día siguiente.
- Presentaciones y rango Comprimidos de 1 y 2 mg, y —esto es lo importante— una presentación en solución, en gotas. Habitualmente se emplea entre 0,5 y 2 mg por la noche.
- ★ Por qué las gotas cambian las cosas Porque permiten medir con precisión y bajar de forma verdaderamente gradual. Con comprimidos, reducir significa partir por la mitad y después ya no hay más escalones. Con gotas se puede descender poco a poco, gota a gota, hasta cantidades que un comprimido no permite. Eso convierte una retirada difícil en una retirada llevadera.
- Su punto débil El mismo de todos los hipnóticos: la facilidad con la que unas semanas se convierten en años. Está en la guía del lormetazepam.
Bromazepam (Lexatin®)
La de la media pastilla. Es la que más se toma «solo cuando hace falta»: antes de un avión, de una boda, del dentista o de una reunión difícil.
- En qué destaca En la ansiedad situacional, la que tiene fecha y hora. Y en que sus presentaciones bajas permiten un ajuste fino.
- Presentaciones y rango Cápsulas de 1,5, 3 y 6 mg. Habitualmente se emplea entre 1,5 y 6 mg al día.
- Su punto débil Que el uso «para situaciones» crece sin que nadie lo advierta, porque las situaciones se multiplican. Lo desarrollo en la guía del bromazepam.
Diazepam (Valium®)
El clásico de los clásicos, y el más versátil de todos: es el único que se usa en cinco terrenos distintos.
- En qué destaca En su duración muy prolongada y en su efecto relajante muscular, que ninguna otra tiene con la misma claridad.
- Sus cinco usos Ansiedad, contracturas musculares, epilepsia, sueño y deshabituación del alcohol, donde es una herramienta de primer orden.
- Presentaciones y rango Comprimidos de 5 y 10 mg —y otras marcas de 2,5 y 25 mg—, además de presentaciones inyectable y rectal. En ansiedad se emplea habitualmente entre 5 y 20 mg al día.
- Un papel propio Es el vehículo habitual de las retiradas: por su acción prolongada, con frecuencia se pasa a él antes de empezar a bajar. Está en la guía del diazepam.
Ketazolam (Sedotime®)
Menos conocido que los anteriores, pero con un nicho muy claro: la ansiedad sostenida que se quiere cubrir con una sola toma diaria.
- En qué destaca Es de acción prolongada y suele tomarse en una única dosis nocturna, lo que resuelve dos cosas a la vez: ayuda a dormir y deja cobertura ansiolítica para el día siguiente, sin obligar a estar pendiente del reloj.
- Presentaciones y rango Cápsulas de 15, 30 y 45 mg. Habitualmente entre 15 y 45 mg al día.
- Cómo se comporta Se transforma en las mismas sustancias activas que el diazepam, así que hereda su perfil: aviso muy tardío al interrumpirlo y tendencia a acumularse con el uso diario.
- Su punto débil Se receta bastante menos que hace veinte años, así que muchas pautas activas son antiguas y nadie las ha revisado. Y puede costar encontrarlo fuera de España. Lo cuento en la guía del ketazolam.
Clonazepam (Rivotril®)
Vive a caballo entre dos especialidades: es antiepiléptico y es ansiolítico. Y en su versión ansiolítica, a dosis bajas, tiene un terreno propio que merece explicarse aparte.
- En qué destaca En su acción muy prolongada y muy estable, sin altibajos dentro del día. No sube y baja como el alprazolam: se mantiene. Y es de las más cómodas de retirar precisamente por eso.
- ★ Su nicho: la inquietud interior Esa sensación de no poder estar quieto por dentro, de tensión que no cede, de estar en marcha permanentemente aunque no haya nada concreto que angustie. No es exactamente una crisis de ansiedad ni una preocupación: es otra cosa, y a dosis bajas el clonazepam la controla especialmente bien.
- Y lo hace sin embotar mucho A dosis bajas alivia esa activación de fondo dejando la cabeza bastante más despejada de lo que se supone. Es una de las cosas que más sorprende a quien esperaba quedarse atontado.
- Presentaciones y rango Comprimidos de 0,5 y 2 mg, y solución en gotas, que igual que en el lormetazepam permite un ajuste muy fino. Como ansiolítico se emplea habitualmente entre 0,5 y 2 mg al día; en epilepsia, cantidades mayores.
- ⚠ La advertencia propia Si se toma por epilepsia, la interrupción es un asunto serio. Está en la guía del clonazepam.
Clobazam (Noiafren®)
Su rasgo distintivo es que seda menos que las demás para un efecto ansiolítico comparable.
- En qué destaca En quien necesita alivio de la ansiedad pero tiene que seguir funcionando: trabajar, conducir, estudiar.
- Presentaciones y rango Comprimidos de 10 y 20 mg. Habitualmente entre 10 y 30 mg al día.
- También es antiepiléptico Con frecuencia como tratamiento añadido a otro.
- Su punto débil, y es paradójico Que al molestar poco, nadie se plantea revisarlo. Lo explico en la guía del clobazam.
Y algunas más que verás menos
- Bentazepam (Tiadipona®) Comprimidos de 25 mg. Ansiolítico con perfil algo menos sedante, de uso bastante menos extendido.
- Midazolam De acción muy corta y uso prácticamente hospitalario: sedación para procedimientos, urgencias. No es un tratamiento de casa.
- Y las combinaciones Algunas presentaciones combinan una benzodiacepina con otro principio activo. Conviene saber exactamente qué llevan, porque a veces la persona no sabe que está tomando una benzodiacepina.
Cuál elijo yo, y por qué
Hasta aquí la descripción. Ahora la parte que rara vez se lee en ningún sitio: cómo elijo yo. No es una receta ni una jerarquía objetiva — es mi criterio, formado con los años, y otro psiquiatra podría razonarlo distinto con la misma solvencia.
Para la ansiedad del día a día: lorazepam o clorazepato
Cuando lo que busco es aliviar la ansiedad sin embotar, prefiero el lorazepam o el clorazepato. Las dos alivian bien dejando la cabeza más despejada que otras opciones, y eso importa mucho en alguien que tiene que seguir con su vida.
Entre las dos, la elección depende del patrón: el lorazepam si la ansiedad viene en momentos, el clorazepato si es de fondo y conviene una cobertura estable a lo largo del día.
Para una crisis de ansiedad severa: alprazolam
Ahí la rapidez es lo que cuenta, y el alprazolam es el que más deprisa y con más contundencia corta un episodio agudo. Es su terreno y en él no tiene rival.
Con una condición, y no es menor: pensado como herramienta puntual, no como pauta fija diaria — que es exactamente donde este fármaco se complica.
Para la inquietud interior: clonazepam en gotas
Hay un tipo de malestar que no encaja bien en «ansiedad» y que la gente describe siempre con palabras parecidas: no poder estar quieto por dentro. Una activación de fondo que no afloja, que no viene en crisis pero tampoco se va.
Para eso, el clonazepam a dosis bajas, y en gotas, es de lo que mejor me funciona. Y por tres motivos que se suman:
- Porque es estable No tiene los altibajos dentro del día que hacen que la inquietud vuelva a media tarde.
- Porque a dosis bajas no embota Alivia esa activación dejando la cabeza bastante despejada, que es justo lo que necesita alguien que tiene que seguir funcionando.
- Y porque las gotas permiten afinar En un síntoma tan de matiz como este, poder ajustar poco a poco vale mucho más que elegir entre media pastilla y una entera.
Es, además, uno de los más cómodos de retirar cuando llega el momento — que, como digo más abajo, es lo que de verdad decide mi elección.
Para dormir: lormetazepam, y en gotas
Para el sueño prefiero el lormetazepam, y como primera opción lo pauto a 0,5 mg y, siempre que puedo, en su presentación en solución. Empiezo bajo a propósito: suele bastar, y si no basta siempre se puede subir. El motivo de las gotas no es que funcionen mejor que los comprimidos: es que permiten medir y bajar de verdad.
Cuando lo que hace falta es cobertura de todo el día: ketazolam o diazepam
Si la ansiedad es continua y no quiero que la persona esté pendiente del reloj, una benzodiacepina de acción prolongada en una sola toma resuelve mejor el problema que tres tomas de una intermedia. El ketazolam encaja bien ahí; el diazepam, cuando además hay componente muscular o se está preparando una retirada.
Con la contrapartida clara: en personas mayores hay que ir con mucho más cuidado, porque estas son las que se acumulan.
Si tuviera que resumir mi criterio en una frase sería esta: elijo pensando en cómo voy a retirarla. No en cómo va a funcionar la primera semana — eso lo hacen todas bien—, sino en qué va a pasar dentro de seis meses cuando toque bajarla. Por eso me importan tanto las presentaciones en gotas, los escalones de dosis disponibles y la duración de acción. La benzodiacepina más fácil de dejar suele ser la mejor elección, aunque en el primer mes ninguna diferencia se note.
— Dr. Cristóbal López Martín
Sobre las equivalencias entre unas y otras
Existen tablas que relacionan las cantidades de una benzodiacepina con las de otra, y se usan en clínica cuando hay que cambiar de fármaco o preparar una retirada. Deliberadamente no las incluyo aquí, y creo que merece explicarse:
- Porque son aproximadas Varían de una fuente a otra y no se comportan igual en todas las personas.
- Porque el cambio no consiste solo en calcular Se hace por tramos, con supervisión y ajustando según lo que ocurre.
- Y porque una tabla de equivalencias es, en la práctica, el instrumento con el que la gente se cambia de fármaco sola — que es justo lo que peor sale.
Si te has planteado cambiar de una a otra, esa es exactamente la conversación que conviene tener en consulta y no resolver con una calculadora.
La pregunta que sí conviene hacerse
No es «¿son malas?». Ni siquiera es «¿soy adicto?». Es esta:
Si la respuesta a la segunda parte es «nadie, en mucho tiempo», eso no significa que haya que dejarla. Significa que toca una revisión — que a veces termina en mantener, a veces en ajustar y a veces en plantear una retirada ordenada.
Las tres son respuestas legítimas. La que no lo es, y es la más frecuente, es que la pregunta no se haga nunca.
Una advertencia que importa
No dejes una benzodiacepina de golpe por tu cuenta tras un uso prolongado. Además de ansiedad e insomnio marcados, en casos poco frecuentes pueden aparecer confusión, alucinaciones o crisis convulsivas. Si eso ocurre, llama al 112.
Y si aparecen ideas de hacerte daño, llama al 024, línea de atención a la conducta suicida disponible las 24 horas.
Cómo se plantea en consulta
Con una valoración que responda a la pregunta del apartado anterior: qué tomas, desde cuándo, por qué empezó, si ese motivo sigue estando, cuántas veces a la semana la tomas de verdad y qué pasó las veces que intentaste dejarla.
De ahí sale un plan que puede ser mantener, cambiar o retirar. Y la conversación que rara vez se tiene: qué se pone en el lugar del fármaco si lo que hay debajo —una ansiedad, un insomnio— sigue sin tratarse.
Si de la valoración se concluye que mantener el tratamiento es lo adecuado, y siempre que esté clínicamente indicado y conforme a la normativa vigente, puede emitirse la correspondiente receta electrónica privada, válida en cualquier farmacia autorizada. La emisión de una receta electrónica nunca es automática: toda receta médica constituye un acto médico.
Mi objetivo no es únicamente renovar una receta, sino comprobar que el tratamiento sigue siendo el más adecuado. Atiendo de forma presencial y online, y por consulta online sigo a pacientes de toda España.
Preguntas frecuentes
¿Las benzodiacepinas son malas?
No son ni buenas ni malas: funcionan muy bien durante un tiempo corto y bastante mal durante uno largo. Se diseñaron para semanas y con frecuencia se usan durante años, y ahí está todo el problema. Bien usadas unas semanas son una buena herramienta.
¿Crean adicción?
Producen adaptación física, que no es lo mismo. En una adicción hay búsqueda compulsiva, escalada de la cantidad y pérdida de control, y la mayoría de quienes llevan años con una benzodiacepina no están en esa situación. La distinción importa, porque creerse adicto trae una vergüenza que no corresponde.
¿Por qué en España se toman tantas?
Porque funcionan y funcionan rápido, porque las consultas son cortas y explicar por qué no hace falta una pastilla lleva más tiempo que recetarla, porque la alternativa psicológica no siempre está disponible, y sobre todo porque no hay un momento natural para retirarlas: nadie vuelve a consulta a decir que está bien.
Llevo años tomándola, ¿es grave?
No es motivo de alarma, pero sí de revisión. Lo habitual no es que alguien decidiera tomarla durante años, sino que nadie le puso fecha de caducidad a la prescripción: se recetó bien, funcionó, y después nadie volvió a mirarla.
¿Puedo dejarla de golpe?
No tras un uso prolongado. Además de ansiedad e insomnio marcados, en casos poco frecuentes pueden aparecer confusión, alucinaciones o crisis convulsivas. La retirada se planifica y se hace de forma progresiva.
¿Por qué me hace menos efecto que antes?
Con el uso continuado el organismo se acomoda a su presencia, de modo que el efecto puede notarse menos y, si un día falta, aparece un malestar que antes no estaba. Es un fenómeno esperable y no significa que algo vaya mal contigo.
¿Qué diferencia hay entre unas y otras?
Todas hacen básicamente lo mismo; lo que cambia es cuánto tardan en entrar y cuánto tardan en irse, que no es lo mismo. Las de acción intermedia —lorazepam, alprazolam, bromazepam, lormetazepam— son las más recetadas y duran de forma bastante parecida entre sí. Las prolongadas avisan tarde y se acumulan, sobre todo en personas mayores.
¿El alprazolam dura menos que el lorazepam?
Sus duraciones son bastante parecidas, aunque el alprazolam se percibe como mucho más corto. La razón no está en la duración sino en que entra más deprisa y es más potente, de modo que su descenso se nota más y genera esa sensación de altibajo entre tomas.
¿Cuál es la mejor benzodiacepina?
Depende de para qué. El lorazepam y el clorazepato alivian dejando la cabeza más despejada, el alprazolam es el más rápido y contundente ante una crisis, el lormetazepam es mi primera elección para dormir —a dosis baja, de 0,5 mg, y en gotas si es posible—, y el ketazolam o el diazepam cubren todo el día con una sola toma. Mi criterio personal es elegir pensando ya en cómo voy a retirarla más adelante.
¿Por qué en gotas y no en comprimidos?
Porque las gotas permiten medir con precisión y bajar de verdad. Con comprimidos, reducir consiste en partir por la mitad y ahí se acaban los escalones; con solución se puede descender poco a poco hasta cantidades que ningún comprimido permite. Eso convierte una retirada difícil en una llevadera, y por eso conviene tenerlo en cuenta desde el principio.
¿Por qué se prefiere el lorazepam en personas mayores?
Porque su metabolismo es especialmente sencillo y no depende tanto del hígado como el de la mayoría de las demás. Eso lo hace más predecible en personas mayores, en quien toma muchos medicamentos y en quien tiene problemas hepáticos, situaciones en las que otras benzodiacepinas tienden a acumularse.
¿Qué va bien para la inquietud interior?
Ese malestar que se describe como no poder estar quieto por dentro responde especialmente bien al clonazepam a dosis bajas, sobre todo en gotas. Por tres motivos que se suman: es estable y no tiene altibajos dentro del día, a dosis bajas alivia sin embotar demasiado, y las gotas permiten afinar en un síntoma que es muy de matiz.
¿Cuánto equivale una benzodiacepina a otra?
Existen tablas de equivalencias que se usan en clínica, pero no las incluyo aquí a propósito: son aproximadas, varían entre fuentes y entre personas, y el cambio de un fármaco a otro no consiste solo en calcular sino en hacerlo por tramos y con supervisión. Si te planteas cambiar, esa es una conversación de consulta y no un cálculo.
Entonces, ¿qué debo preguntar?
No si son malas ni si eres adicto, sino cuánto tiempo llevas con ella y quién ha sido la última persona que se preguntó si todavía hace falta. Si la respuesta es que nadie en mucho tiempo, toca una revisión, que puede terminar en mantener, ajustar o retirar.
Benzodiacepinas: toda la familia en esta web
Guías por fármaco: Alprazolam · Lorazepam · Diazepam · Bromazepam · Clonazepam · Clorazepato dipotásico · Ketazolam · Clobazam.
Y además: Cómo dejar una benzodiacepina · Se me ha caducado la receta · Receta electrónica privada · Me he quedado sin medicación
¿Quién ha sido la última persona que se hizo esa pregunta?
Escribe indicando cuál tomas, desde cuándo, por qué empezó y cuántas veces a la semana la tomas de verdad. Con eso se puede revisar en serio si sigue haciendo falta, sin dar nada por hecho en ninguna dirección.
Atiendo por consulta online a pacientes de toda España, en español y en inglés, y también de forma presencial. Puedes ver cómo trabajo como psiquiatra en Marbella o escribir directamente a secretaría.
Consulta presencial en Marbella (Málaga) y atención online en toda España.