Fundamentos
Cómo saber si
tengo una adicción
La pregunta no es «¿consumo demasiado?». Es qué ha dejado de estar bajo control y qué se sigue haciendo pese al daño.
Quien busca esto casi siempre lleva meses haciéndose la misma pregunta mal. La pregunta que se hace es «¿bebo demasiado?», o «¿consumo más que los demás?», y ninguna de las dos tiene una respuesta útil.
La cantidad no es el criterio. Hay personas que consumen mucho y no tienen un trastorno, y personas que consumen bastante menos y sí lo tienen. Lo que define el problema es otra cosa: qué ha dejado de estar bajo control y qué se sigue haciendo pese al daño.
Esta página explica los criterios que se usan de verdad en una consulta, en lenguaje normal. No es un test: no hay resultado automático ni diagnóstico por internet, y hacerlo así sería irresponsable.
Los criterios, en lenguaje normal
Las clasificaciones actuales agrupan once señales. No hace falta cumplirlas todas —de hecho, casi nadie las cumple todas— y su número orienta la gravedad. Van agrupadas por lo que describen.
Pérdida de control
- Se consume más cantidad, o durante más tiempo, del que se había previsto.
- Ha habido deseo o intentos de reducir sin conseguirlo.
- Se dedica mucho tiempo a conseguirlo, consumirlo o recuperarse.
- Hay deseo intenso —esos minutos en que uno está seguro de que va a consumir—.
Deterioro social
- Se incumplen obligaciones en el trabajo, en los estudios o en casa.
- Se mantiene el consumo pese a los problemas que causa con otras personas.
- Se abandonan actividades que antes importaban.
Consumo de riesgo
- Se consume en situaciones físicamente peligrosas —conducir, por ejemplo—.
- Se continúa sabiendo que está causando o empeorando un problema físico o psicológico.
Criterios farmacológicos
- Tolerancia: hace falta más para el mismo efecto.
- Abstinencia: aparece malestar al dejarlo, o se consume para evitarlo.
De forma orientativa: dos o tres señales apuntan a un trastorno leve, cuatro o cinco a uno moderado, seis o más a uno grave. Pero esto no se decide contando: se decide valorando qué señales son y qué está pasando alrededor.
★ La distinción que más importa: dependencia no es adicción
Es el punto que más confusión genera y el que más sufrimiento innecesario provoca, sobre todo en personas que toman medicación prescrita.
| Dependencia física | Adicción | |
|---|---|---|
| Qué es | El cuerpo se ha adaptado a la sustancia | Se ha perdido el control sobre el consumo |
| Al retirarla | Aparece malestar físico | Aparece malestar y además deseo, búsqueda y pérdida de control |
| ¿Hay conducta de búsqueda? | No | Sí |
| ¿Se toma como se acordó? | Sí | No |
| Ejemplo | Un tratamiento correcto tomado durante años | Adelantar tomas, pedir a varios médicos, tomar para otra cosa |
Dicho en una frase: tener dependencia física de un medicamento prescrito, tomado como se acordó, no es una adicción. Es una consecuencia esperable del tratamiento. Confundir las dos cosas hace que personas que no tienen ningún trastorno se sientan adictas, y que abandonen tratamientos que necesitan.
Está desarrollado en hábito, dependencia y adicción y, para el caso de las benzodiacepinas, en el bloque de fármacos de prescripción.
Lo que veo en consulta
Cuando alguien duda de si tiene un problema, hay una pregunta que informa más que las once juntas: «¿qué pasa cuando decides no consumir?».
No cuánto consumes, no con qué frecuencia. Qué pasa —en la cabeza, en el cuerpo, en el día— cuando decides que hoy no. Quien puede decidirlo y no le cuesta está en un sitio. Quien lo decide y pasa la tarde negociando consigo mismo está en otro. Y quien directamente ya no lo decide, en un tercero.
— C. L. M.
Las señales que aparecen antes que los criterios
Los criterios formales se cumplen tarde. Estas señales se ven mucho antes y son las que suelen traer a alguien a consulta:
- Se calcula. Cuánto queda, cuándo se repone, si habrá en el sitio al que se va.
- Se miente sobre la cantidad, aunque sea por omisión.
- Se consume a solas cuando antes solo era en compañía.
- El consumo se ha adelantado en el día.
- Se organizan planes en función de si va a poder consumirse.
- Aparece irritación cuando alguien lo menciona.
- Se han puesto reglas propias —«solo los viernes», «nunca antes de las ocho»— y se han roto.
- Y ha aparecido culpa por la mañana.
Ese penúltimo punto es especialmente informativo. Poner reglas es ya una señal: quien no tiene ningún problema con algo no necesita reglas para ello.
Consulta privada en Marbella
La pregunta que más informa: ¿qué pasa cuando decides no consumir?
No cuánto ni con qué frecuencia. Qué ocurre en tu cabeza y en tu día el día que decides que hoy no.
Por qué aquí no hay un test con resultado
Existen cuestionarios validados y se usan en consulta, pero son herramientas de cribado: orientan, no diagnostican. Ponerlos en una página web con un resultado automático tiene dos problemas serios.
- Un resultado tranquilizador falso hace que alguien que debería consultar no consulte. Es el daño más frecuente.
- Y un resultado alarmante deja a una persona sola con una etiqueta y sin nadie que la contextualice.
Lo que sí es útil es lo contrario: leer los criterios, reconocerse o no en ellos, y llevar esa reflexión a alguien que pueda valorarla con la historia completa delante.
Y si no es una sustancia
Los mismos criterios se aplican, con matices, a las conductas: juego, videojuegos, compras, uso compulsivo del móvil.
La diferencia es que no hay tolerancia ni abstinencia física en el mismo sentido, así que el peso recae en la pérdida de control, la prioridad sobre el resto de la vida y la persistencia pese al daño. El bloque completo está en adicciones sin sustancia.
Conviene evitar el otro extremo: llamar adicción a todo lo que se hace mucho vacía la palabra y quita seriedad a lo que sí lo es.
Las frases que casi siempre acompañan a un problema
No son diagnósticas, pero se repiten con una fidelidad que llama la atención:
- «Puedo dejarlo cuando quiera.» Casi siempre dicho por alguien que no lo ha intentado recientemente.
- «No me afecta al trabajo.» Suele ser lo último que se pierde y lo primero que se usa como prueba.
- «Conozco gente que consume mucho más.» Cierto, e irrelevante.
- «Solo los fines de semana.» La frecuencia sola no informa: importa cuánto dura la sesión y qué cuesta pararla.
- «Si tuviera un problema, se me notaría.» El deterioro visible es tardío; por eso existen las adicciones funcionales.
La defensa más frecuente no es negar que se consume. Es explicar por qué en el propio caso no cuenta. Y esa explicación suele estar muy bien construida, porque se ha ensayado muchas veces.
Qué pasa si resulta que sí
Conviene decirlo porque es el miedo real que frena la consulta.
- No implica ingresar en ningún sitio. La inmensa mayoría de los casos se tratan de forma ambulatoria, sin que nadie deje de trabajar ni de vivir en su casa.
- No implica que haya que dejarlo todo hoy. En determinados perfiles se plantea primero un objetivo de reducción, con registro y con fecha de revisión.
- No se comunica a nadie. La consulta privada es confidencial: está explicado en confidencialidad.
- Y no es una etiqueta para siempre. Es un diagnóstico con tratamiento, con evolución y con posibilidad de remisión mantenida.
Cuándo no hay que valorar nada, sino actuar
Situaciones que no admiten espera
- Temblor intenso, sudoración, confusión o alucinaciones al dejar de beber: puede ser un cuadro grave. 112.
- Convulsión.
- Dolor en el pecho o dificultad para respirar tras consumir.
- Ideas de que le vigilan o de que hablan de usted.
- Ideas de suicidio: 024, las veinticuatro horas.
- Violencia en casa: 016, que no deja rastro en la factura.
Las retiradas que pueden ser peligrosas son pocas y conviene conocerlas: están en cuándo la abstinencia es una urgencia.
La edad a la que empezó, que informa más de lo que parece
Es un dato que casi nadie aporta espontáneamente y que en una valoración cambia bastante las conclusiones.
El consumo iniciado en la adolescencia, con el cerebro todavía en desarrollo, se asocia de forma consistente a un riesgo mayor de desarrollar un trastorno por consumo, a una progresión más rápida y a más problemas cognitivos a largo plazo. No es una cuestión moral sobre la juventud: es un dato biológico sobre una etapa en la que los sistemas de control de impulsos aún se están construyendo.
- Empezar muy pronto adelanta todo el recorrido. El tiempo entre el primer consumo y el consumo problemático se acorta.
- Y deja menos referencias. Quien empezó a los quince no tiene un recuerdo de cómo era su vida adulta sin esa sustancia, porque nunca la ha tenido. Eso complica imaginar el objetivo.
- En cambio, un inicio tardío —alguien que empieza a beber más a los cincuenta, o que desarrolla un problema con una medicación a los sesenta— suele responder mejor y suele tener detrás un desencadenante identificable: una pérdida, una jubilación, un dolor crónico.
Por eso, en la consulta, la pregunta no es solo qué consumes ahora: es cuándo empezó a ser esto y qué había alrededor en ese momento. La respuesta orienta el diagnóstico y también el tratamiento, porque si hubo un desencadenante concreto, ese desencadenante suele seguir ahí.
Y tiene una consecuencia práctica para quien lee esto pensando en un hijo: retrasar la edad de inicio no es una aspiración moral de los padres. Es una de las pocas intervenciones preventivas con respaldo claro.
Cuándo consultar
- Si has reconocido cuatro o más de las señales anteriores.
- Si has intentado reducir y no lo has conseguido.
- Si has puesto reglas propias y las has roto.
- Si alguien de tu entorno te lo ha dicho más de una vez.
- Si consumes para no sentir ansiedad, tristeza o insomnio.
- Si tienes dudas y llevas meses dándoles vueltas. Esa duda sostenida es, por sí sola, un motivo razonable.
Qué se puede esperar
Una valoración con la historia completa, no un cuestionario: qué se consume, desde cuándo, en qué contextos, qué se ha intentado y qué hay debajo. Y una respuesta clara sobre si esto cumple criterios, con qué gravedad y qué opciones hay.
En una parte de los casos la respuesta es que no hay un trastorno, y eso también es un resultado útil: permite dejar de dar vueltas y, si hace falta, tratar lo que sí estaba pasando debajo.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿Cuánto hay que consumir para tener una adicción?
No hay una cantidad. Hay personas que consumen mucho sin tener un trastorno y personas que consumen bastante menos y sí lo tienen. Lo que define el problema es la pérdida de control y la persistencia pese al daño.
¿Cuáles son los criterios que se usan?
Once señales agrupadas en cuatro bloques: pérdida de control, deterioro social, consumo en situaciones de riesgo y criterios farmacológicos —tolerancia y abstinencia—. Dos o tres apuntan a un trastorno leve; seis o más, a uno grave.
Tomo una medicación desde hace años. ¿Soy adicto?
No, si la tomas como se acordó y no hay conducta de búsqueda. Tener dependencia física de un tratamiento prescrito es una consecuencia esperable, no una adicción. Son dos cosas distintas y confundirlas hace mucho daño.
¿Cuál es entonces la diferencia?
En la dependencia física el cuerpo se ha adaptado a la sustancia y aparece malestar al retirarla. En la adicción, además, hay deseo intenso, búsqueda y pérdida de control sobre cuándo y cuánto se consume.
¿Por qué esta página no tiene un test?
Porque un resultado automático tranquilizador hace que quien debería consultar no consulte, y uno alarmante deja a una persona sola con una etiqueta. Los cuestionarios orientan, pero no diagnostican.
¿Qué señales aparecen antes que los criterios?
Calcular cuánto queda, mentir sobre la cantidad, consumir a solas cuando antes era en compañía, adelantar la hora, organizar planes en función del consumo y ponerse reglas propias que luego se rompen.
¿Ponerse reglas es mala señal?
Es una señal en sí misma. Quien no tiene ningún problema con algo no necesita reglas para ello, y romperlas de forma repetida es uno de los datos más informativos que existen.
¿Puede haber adicción sin sustancia?
Sí. Los mismos criterios se aplican con matices al juego, los videojuegos, las compras o el uso compulsivo del móvil, con más peso en la pérdida de control y la prioridad sobre el resto de la vida.
Si tengo una adicción, ¿me van a ingresar?
La inmensa mayoría de los casos se tratan de forma ambulatoria, sin dejar de trabajar ni de vivir en casa. El ingreso se reserva para situaciones concretas y con criterios definidos.
¿Tengo que dejarlo todo de golpe?
No necesariamente. En determinados perfiles se plantea primero un objetivo de reducción, con registro y fecha de revisión. En otros la abstinencia es la indicación desde el principio.
¿Se lo dirán a alguien?
La consulta privada es confidencial y no se comparte información sin tu consentimiento, salvo las excepciones legales que existen en cualquier acto médico y que están explicadas en la página de confidencialidad.
Llevo meses dudando. ¿Es motivo suficiente para consultar?
Sí. Una duda sostenida durante meses es, por sí sola, un motivo razonable. En una parte de los casos la respuesta es que no hay trastorno, y eso también sirve: permite dejar de dar vueltas y tratar lo que sí estaba pasando debajo.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- Organización Mundial de la Salud. CIE-11 · Trastornos por consumo de sustancias.
- American Psychiatric Association. DSM-5-TR · criterios de trastorno por consumo.
- Plan Nacional sobre Drogas · Ministerio de Sanidad.
- NICE. Drug misuse and alcohol-use disorders: assessment.
- Socidrogalcohol. Guías clínicas.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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