Cannabis y otras sustancias

MDMA
y éxtasis

Nadie viene diciendo que no puede parar. Vienen diciendo que el martes es insoportable y que eso ya está afectando al trabajo.

El bajón del martesHipertermiaEl aguaInteracciones

Con el MDMA, la consulta casi nunca es por dependencia. Es por otra cosa: el martes.

La gente no viene diciendo «no puedo parar». Viene diciendo que después de un fin de semana pasa dos o tres días hundido, irritable, con ansiedad y con la sensación de que le falta algo, y que eso ha empezado a interferir en su vida laboral y en su pareja.

Es una sustancia con un perfil de riesgo distinto al de los estimulantes clásicos: la dependencia clásica es infrecuente, y en cambio el riesgo agudo es real y el bajón posterior es muy incapacitante. Esta guía pertenece al bloque sobre cannabis y otras sustancias.

Qué hace, en una frase

El MDMA provoca una liberación masiva de serotonina —y en menor medida de dopamina y noradrenalina— en un tiempo corto. De ahí vienen tanto los efectos buscados —cercanía, empatía, sensación de bienestar intenso— como todo lo demás.

Y de ahí viene también la clave del bajón: esa liberación masiva vacía temporalmente los depósitos. En los días siguientes, el sistema funciona con menos de lo habitual mientras se repone. No es un castigo moral por haberlo pasado bien; es un fenómeno fisiológico previsible.

Con el MDMA no se pide prestado el buen humor del sábado: se adelanta el del martes. Y el martes hay que pagarlo.

El bajón de mitad de semana

Es el motivo real de consulta y merece describirse con detalle, porque casi nadie lo relaciona con lo que hizo tres días antes.

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MomentoQué aparece
DomingoAgotamiento, dolor muscular y de mandíbula, sueño desordenado, poco apetito.
Lunes y martesEl punto más bajo. Tristeza, ansiedad, irritabilidad, dificultad para concentrarse, sensación de vacío o de culpa sin motivo claro.
Miércoles y juevesMejora progresiva. Vuelve el apetito y el sueño.
Con consumo frecuenteEl bajón deja de resolverse del todo entre un fin de semana y el siguiente, y se instala un estado de ánimo bajo continuo.

Esa última fila es el punto de inflexión clínico. Mientras el bajón se resuelve, estamos ante un efecto agudo. Cuando deja de resolverse, estamos ante otra cosa, y es cuando conviene consultar.

Cuándo llamar al 112 en el momento del consumo

  • Temperatura corporal muy alta, piel muy caliente y seca, rigidez o convulsión.
  • Confusión, desorientación o pérdida de conciencia.
  • Dolor en el pecho o dificultad para respirar.
  • Vómitos repetidos, dolor de cabeza intenso o dificultad para hablar.
  • Agitación intensa que no cede al sacar a la persona del ruido y el calor.

Al llamar, di qué se ha tomado. No hay consecuencias legales para quien avisa ni para quien ha consumido, y el dato cambia por completo el manejo. Si aparecen ideas de suicidio, 024.

Los dos riesgos agudos que hay que conocer

Son poco frecuentes en términos absolutos, pero son los que causan las complicaciones graves, y los dos se relacionan con el mismo contexto: calor, esfuerzo físico prolongado y muchas horas.

  • Hipertermia. La combinación de la sustancia con horas de baile en un espacio caluroso puede elevar la temperatura corporal a niveles peligrosos. Es la complicación más grave y la que exige actuar deprisa: sacar del calor, parar, refrescar y llamar al 112.
  • Alteración del sodio por exceso de agua. Menos conocida y muy contraintuitiva. El MDMA favorece la retención de agua; si además se bebe agua en gran cantidad para «prevenir», el sodio en sangre puede caer peligrosamente. Los avisos son dolor de cabeza intenso, vómitos, confusión y, en casos graves, convulsiones. Afecta especialmente a mujeres jóvenes.

De ahí una recomendación que suena rara y que es correcta: beber agua a un ritmo moderado, no forzarla. Ni deshidratarse ni sobrehidratarse.

Lo que veo en consulta

El paciente típico no es el de una unidad de adicciones. Es alguien de treinta y muchos, con trabajo cualificado, que consume dos o tres veces al año y que llega diciendo que «desde hace un tiempo el lunes es insoportable».

Y cuando reconstruimos el calendario, casi siempre aparece lo mismo: lo que ha cambiado no es la sustancia, es la frecuencia. De dos veces al año a una vez al mes. El cuerpo tolera mal esa diferencia y el ánimo la nota antes que nadie.

— C. L. M.

Consulta privada en Marbella

El punto de inflexión es cuando el bajón deja de resolverse

Mientras se recupera de un fin de semana al siguiente, es un efecto agudo. Cuando ya no se recupera, hay otra cosa que valorar.

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¿Engancha?

La respuesta honesta es «de otra manera».

  • La dependencia física clásica es rara. No hay un síndrome de abstinencia comparable al del alcohol o al de las benzodiacepinas.
  • La tolerancia sí es muy marcada. El efecto buscado se pierde rápidamente con el consumo repetido, y eso lleva a subir cantidades persiguiendo una experiencia que ya no vuelve.
  • Y existe un patrón compulsivo en una minoría, casi siempre asociado a un contexto muy concreto —un ambiente, una escena, una pareja— más que a la sustancia en sí.

Es decir: el problema típico del MDMA no es que no se pueda parar, sino el daño acumulado por el patrón. Ánimo bajo persistente, ansiedad, problemas de memoria y de sueño, y una vida cada vez más organizada alrededor de unos fines de semana concretos.

Lo que se compra no siempre es MDMA

Es un problema creciente y no menor. Las pastillas y los cristales que circulan varían mucho en composición y en concentración, y con frecuencia contienen otras sustancias: catinonas sintéticas, anfetaminas o mezclas.

Eso tiene dos consecuencias: nadie sabe realmente qué está tomando, y las reacciones inesperadas —incluidos los cuadros de agitación o de suspicacia— tienen muchas veces que ver con lo que acompaña y no con el MDMA. Sobre este mercado hay más en drogas de diseño y, para el caso concreto de las mezclas de color, en tusi o cocaína rosa.

Las mezclas que más preocupan

  • Con alcohol. Aumenta el riesgo de deshidratación y de hipertermia, y empeora mucho el bajón de los días siguientes.
  • Con otros estimulantes. Suma la carga cardiovascular y alarga la sesión, que es justo lo que más riesgo tiene.
  • Con GHB o GBL. Combinación frecuente en contextos de fiesta y especialmente peligrosa por el riesgo respiratorio: está en GHB y GBL.
  • Con determinados antidepresivos. Este punto importa mucho y se conoce poco: combinar MDMA con fármacos que actúan sobre la serotonina puede desencadenar un cuadro grave por exceso serotoninérgico. Si tomas medicación psiquiátrica, esta interacción hay que hablarla.

Reducir riesgos si el consumo va a ocurrir

Esto no es una recomendación de consumo. Es información para que, si va a ocurrir de todos modos, no termine en urgencias.

  • Descansos del calor y del esfuerzo, con salidas periódicas del ambiente caluroso.
  • Agua a ritmo moderado, sin forzarla.
  • No redosificar. Repetir persiguiendo el efecto inicial multiplica el riesgo y no devuelve la experiencia buscada.
  • No mezclar, sobre todo con alcohol y con otros estimulantes.
  • No consumir en solitario y que alguien del grupo sepa qué se ha tomado.
  • Y espaciar mucho. El intervalo entre consumos es la variable que más determina el daño acumulado.

Cuando el ánimo ya no se recupera

Es el momento en que esto deja de ser un asunto de fin de semana.

Con consumo frecuente y sostenido aparece un cuadro de ánimo bajo, ansiedad y anhedonia que ya no se resuelve de un fin de semana al siguiente. La duda entonces es la misma que con otros estimulantes: ¿es efecto del consumo o hay una depresión debajo?

El criterio es el mismo y es sencillo: se valora tras varias semanas sin consumo. Si el ánimo se recupera, era el consumo. Si no, hay algo que tratar. El planteamiento completo está en el bajón después de consumir.

La excepción, como siempre: ante ideas de suicidio no se espera a ninguna semana.

Una aclaración sobre el MDMA en investigación

Conviene decirlo porque genera confusión. Se está investigando el uso de MDMA en contextos terapéuticos muy controlados para determinados cuadros, con resultados que se siguen discutiendo y sin aprobación general.

Eso no guarda ninguna relación con el consumo recreativo: cambia la sustancia —controlada y de composición conocida—, el entorno, el acompañamiento profesional y la frecuencia. Utilizar esa línea de investigación como argumento para consumir en una fiesta es como justificar beber a diario porque existe la anestesia general.

Cuándo consultar

  • Si el bajón de mitad de semana ha empezado a afectarte al trabajo o a tu pareja.
  • Si el ánimo ya no se recupera entre un fin de semana y el siguiente.
  • Si has pasado de consumir un par de veces al año a hacerlo cada mes.
  • Si notas problemas de memoria o de concentración que persisten entre semana.
  • Si tomas medicación psiquiátrica y consumes MDMA.
  • Si has tenido un episodio de ansiedad intensa, confusión o sensación de irrealidad tras consumir.

Qué se puede esperar

Una valoración de la frecuencia real y de qué parte del malestar corresponde al consumo, revisión de interacciones si hay medicación de por medio, y un plan que casi siempre pasa por espaciar antes que por prohibir.

Y una comprobación que suele ser reveladora: pasar dos o tres meses sin consumo y ver cómo están el ánimo, la memoria y el sueño. En bastantes casos, esa comprobación es todo el tratamiento.

Dudas que llegan a consulta

Preguntas frecuentes

¿Por qué me hundo el martes después de consumir?

Porque el MDMA provoca una liberación masiva de serotonina que vacía temporalmente los depósitos. En los días siguientes el sistema funciona con menos de lo habitual mientras se repone, y el punto más bajo suele caer en lunes o martes.

¿Cuánto dura el bajón?

Habitualmente entre dos y cuatro días, con mejoría progresiva a partir del miércoles. Con consumo frecuente deja de resolverse del todo entre un fin de semana y el siguiente, y ahí es cuando conviene consultar.

¿El MDMA engancha?

De otra manera. La dependencia física clásica es rara y no hay un síndrome de abstinencia comparable al del alcohol. Lo que sí hay es tolerancia muy marcada y, en una minoría, un patrón compulsivo ligado a un contexto concreto.

¿Cuál es el riesgo más grave?

La hipertermia: la combinación de la sustancia con horas de esfuerzo físico en un ambiente caluroso puede elevar peligrosamente la temperatura corporal. Ante rigidez, confusión o piel muy caliente, 112 sin dudarlo.

¿Hay que beber mucha agua?

No, y esto es contraintuitivo. El MDMA favorece la retención de agua, y beber en exceso puede hacer caer peligrosamente el sodio en sangre, sobre todo en mujeres jóvenes. Lo correcto es un ritmo moderado: ni deshidratarse ni sobrehidratarse.

¿Qué avisa de esa bajada de sodio?

Dolor de cabeza intenso, vómitos, confusión y, en casos graves, convulsiones. Es una urgencia médica y hay que llamar al 112.

¿Lo que se compra es realmente MDMA?

No siempre. Las pastillas y cristales que circulan varían mucho en composición y concentración, y con frecuencia contienen otras sustancias. Buena parte de las reacciones inesperadas tienen que ver con lo que acompaña.

Tomo antidepresivos. ¿Puedo consumir MDMA?

Es una interacción que conviene conocer: combinar MDMA con fármacos que actúan sobre la serotonina puede desencadenar un cuadro grave por exceso serotoninérgico. Si tomas medicación psiquiátrica, hay que hablarlo en consulta.

¿Repetir la toma alarga el efecto?

No devuelve la experiencia inicial y sí multiplica el riesgo. La tolerancia aguda es muy rápida, así que redosificar suma carga cardiovascular y empeora el bajón sin aportar el efecto buscado.

¿Puede dejar secuelas en la memoria?

El consumo frecuente y sostenido se asocia a problemas de memoria, concentración, sueño y estado de ánimo que persisten entre semana. La variable que más determina ese daño es el intervalo entre consumos.

¿Cómo sé si tengo una depresión o es el consumo?

Valorándolo tras varias semanas sin consumir. Si el ánimo se recupera, era el consumo; si no, hay algo que tratar. La excepción son las ideas de suicidio: ahí no se espera.

¿No se está usando el MDMA como tratamiento?

Se investiga su uso en contextos terapéuticos muy controlados para determinados cuadros, con resultados aún en discusión y sin aprobación general. No guarda relación con el consumo recreativo: cambia la sustancia, el entorno, el acompañamiento y la frecuencia.

Dr. Cristóbal López Martín Médico psiquiatra · Col. 29-8805 · Colegio Oficial de Médicos de Málaga

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.

Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.

Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026

Fuentes

Referencias utilizadas

  • Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA). MDMA: health and social responses.
  • National Institute on Drug Abuse (NIDA). MDMA (Ecstasy/Molly) research report.
  • Plan Nacional sobre Drogas · Sistema Español de Alerta Temprana.
  • Organización Mundial de la Salud. Urgencias por sustancias psicoactivas.

Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.

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