Cannabis y otras sustancias
Chemsex
Casi nadie consulta por la sustancia. Se consulta porque ya no hay relaciones sin consumo, porque las sesiones duran días, o por el desplome de después.
El chemsex es el uso intencionado de determinadas sustancias para mantener relaciones sexuales durante sesiones prolongadas. No es «drogarse y además tener sexo»: las dos cosas están integradas, y esa integración es exactamente lo que hace que el abordaje habitual de adicciones se quede corto.
Quien consulta por esto rara vez lo hace por la sustancia. Consulta porque ya no puede tener relaciones sin consumir, porque ha perdido un trabajo, porque las sesiones han empezado a durar días, o porque después de cada una hay un desplome anímico que se ha vuelto insoportable.
Esta guía pertenece al bloque sobre cannabis y otras sustancias. Se aborda en consulta privada, con confidencialidad y sin juicio.
Qué implica, en concreto
- Sustancias concretas: mefedrona y otras catinonas, metanfetamina y GHB o GBL son las más habituales. A veces se suman otras.
- Sesiones largas, de muchas horas o de varios días, sin apenas dormir ni comer.
- Contacto organizado por aplicaciones, con encuentros que pueden implicar a varias personas y en los que la sustancia forma parte del acuerdo.
- Y una función psicológica clara: desinhibición, desaparición de la vergüenza y de la ansiedad, y una sensación de conexión que la persona no consigue de otra manera.
Ese último punto es la clave del tratamiento y el que más se ignora. Casi nunca es solo una cuestión de placer.
Por qué no basta con tratar el consumo
Hay tres problemas simultáneos, y atender solo uno explica por qué tantos intentos fracasan.
Lo psiquiátrico
Consumo, sueño destruido, ánimo, ansiedad, y con frecuencia cuadros de suspicacia o psicóticos por estimulantes tras las sesiones largas.
Lo infeccioso
Riesgo aumentado de infecciones de transmisión sexual, incluida la hepatitis C, especialmente cuando hay uso inyectado. Requiere cribado y seguimiento propios.
Lo relacional y sexual
Dificultad para tener relaciones sin sustancias, aislamiento, vergüenza, y una vida social que ha quedado reducida a las sesiones.
Y lo que hay debajo
Con mucha frecuencia: ansiedad social, homofobia interiorizada, experiencias de rechazo, duelo, trauma o la vivencia de un diagnóstico.
Tratar solo la sustancia deja intactas las otras tres, y las otras tres son las que devuelven a la sesión siguiente.
Cuándo deja de ser ocasional
- Cuando ya no hay relaciones sin consumo, y la sola idea produce ansiedad.
- Cuando las sesiones se alargan más de lo previsto, de forma sistemática.
- Cuando aparecen faltas al trabajo los lunes, o bajas repetidas.
- Cuando el desplome posterior dura varios días y ya no se recupera del todo entre una sesión y la siguiente.
- Cuando se abandonan amistades, deporte, familia y el fin de semana se organiza entero alrededor de esto.
- Cuando aparece consumo inyectado, que marca un cambio de fase importante.
- Y cuando hay suspicacia o ideas de que le vigilan tras las sesiones.
Cuándo llamar al 112
- Si alguien no responde o respira mal —especialmente con GHB o GBL de por medio—.
- Si hay convulsión, rigidez o temperatura corporal muy alta.
- Si hay dolor en el pecho o palpitaciones intensas.
- Si hay agitación intensa o ideas de persecución con riesgo para él o para otros.
Y si aparecen ideas de suicidio, 024, disponible las veinticuatro horas. El desplome posterior a una sesión larga es un momento de riesgo real y bien documentado.
Lo que veo en consulta
Lo que más frena la petición de ayuda no es la sustancia: es la vergüenza. El miedo a tener que explicar la propia vida sexual a alguien que va a juzgarla.
Lo digo, por tanto, con toda la claridad posible: en consulta esto se trata como se trata cualquier otro problema de salud, sin juicio y con confidencialidad. Y no hace falta contar detalles que no se quieran contar para poder empezar a tratarse.
— C. L. M.
Consulta privada en Marbella
Lo que más frena la ayuda no es la sustancia: es la vergüenza
Se trata como cualquier otro problema de salud, con confidencialidad, y no hace falta contar detalles que no se quieran contar para empezar.
El desplome de después
Es el motivo de consulta más frecuente y el momento de mayor riesgo.
Tras una sesión larga se juntan varias cosas a la vez: el crash del estimulante, varias noches sin dormir, deshidratación, y una carga emocional —culpa, vergüenza, arrepentimiento— que multiplica todo lo demás. El resultado es un cuadro de ánimo muy bajo que dura días.
- Dormir es la primera medida, y suele necesitar ayuda las primeras noches.
- No tomar decisiones importantes durante ese periodo: todo se ve peor de lo que es.
- No juzgar la propia vida desde ahí, que es justo lo que se hace.
- Y no quedarse solo si aparecen ideas de muerte. En ese caso, 024.
El planteamiento completo del bajón posconsumo está en el bajón después de consumir, y el crash específico de la metanfetamina en metanfetamina o cristal.
Cómo se trata
No hay un fármaco que resuelva esto. Lo que hay es un plan con varias piezas que se sostienen entre sí.
- Recuperar el sueño, que es la primera intervención en casi todos los casos y la que más cambia el resto.
- Tratar lo psiquiátrico: ansiedad, ánimo, suspicacia si la hubo, y cualquier trastorno de base.
- Separar sexo y sustancia por pasos, no de golpe. Es la parte más difícil y la que más determina el resultado a largo plazo.
- Trabajar los disparadores concretos: las aplicaciones, ciertos contactos, determinados días.
- Asegurar el seguimiento infeccioso con el especialista correspondiente.
- Y sostener las primeras semanas, que es donde se concentran los abandonos.
El objetivo no es solo dejar de consumir. Es poder volver a tener relaciones sin sustancias, y eso se trabaja aparte y por pasos, porque no aparece solo.
Reducir riesgos mientras tanto
Muchas personas no están en condiciones de parar del todo cuando llegan. Eso no impide reducir el daño, que es un objetivo clínico legítimo.
- No mezclar GHB con alcohol, que es la combinación que más urgencias produce.
- Fijar de antemano una hora de fin de la sesión y algo que obligue a cumplirla.
- No consumir en solitario y que alguien sepa dónde se está.
- Cuidar el sueño y la hidratación entre sesiones.
- Nunca compartir material inyectable, y mantener el cribado de infecciones al día.
- Y espaciar: el intervalo entre sesiones es la variable que más determina el deterioro.
Cuando aparece el consumo inyectado
Es un punto de inflexión y conviene nombrarlo sin rodeos. El uso inyectado en este contexto multiplica el riesgo infeccioso —hepatitis C sobre todo—, acelera mucho el deterioro y se asocia a las situaciones clínicas más graves.
Si se ha llegado ahí, el tratamiento deja de ser algo que pueda esperar a un momento mejor. Y el cribado de infecciones no es opcional.
Si el que consume es tu pareja o un amigo
La situación es difícil por una razón añadida: el secreto. Con frecuencia el entorno cercano desconoce la parte sexual, y quien consume teme perder la relación si la cuenta.
Lo que ayuda es lo mismo que en cualquier otra adicción, con un matiz importante: aquí la vergüenza es más determinante que la negación. Presionar para que confiese detalles funciona todavía peor que de costumbre. Funciona mejor decir que se ha notado un cambio, que hay preocupación, y que existe la posibilidad de consultar sin tener que dar explicaciones a nadie más. El planteamiento general está en el bloque para la familia.
Esta página y la consulta de hombre
Aquí se explica el fenómeno y su tratamiento a nivel general. El abordaje presencial y las secuelas a medio plazo se tratan además en la consulta de psiquiatría del hombre, que es donde suele continuar el seguimiento cuando se prefiere ese marco.
Las aplicaciones, que son el disparador principal
En el trabajo concreto con estos pacientes hay un elemento que aparece siempre y que casi nunca se aborda de forma explícita: las aplicaciones de contacto son, en la mayoría de los casos, el disparador más potente de todo el cuadro.
El mecanismo es reconocible. No hace falta ninguna decisión previa de consumir: basta con abrir la aplicación en un momento de aburrimiento, de ansiedad o de insomnio. A partir de ahí la secuencia se encadena sola —conversación, propuesta, desplazamiento— y en menos de una hora hay una sesión en marcha que nadie había planeado esa tarde.
- El riesgo no es la aplicación: es el momento. Casi siempre hay una franja horaria concreta y un estado emocional concreto. Identificarlos es la mitad del trabajo.
- Las medidas útiles añaden fricción: desinstalar en lugar de cerrar sesión, quitarla del móvil aunque se mantenga en otro dispositivo, o acordar periodos sin ella con un final definido.
- Y hay que sustituir la función, porque para muchas personas esa aplicación no es solo contacto sexual: es la principal vía de relación social. Retirarla sin nada a cambio deja un aislamiento que empuja de vuelta.
Conviene también revisar los contactos guardados. Hay un número reducido de personas —a veces una sola— que aparecen en la mayoría de las sesiones, y decidir qué se hace con esos contactos concretos suele tener más efecto que cualquier propósito general.
Nada de esto es una cuestión moral sobre cómo se conoce a la gente. Es una intervención técnica sobre el punto exacto donde arranca la secuencia, que es donde las intervenciones funcionan.
Cuándo consultar
- Si ya no puedes tener relaciones sin consumir.
- Si las sesiones se alargan más de lo que decides.
- Si el desplome posterior dura días o ya no se recupera del todo.
- Si ha empezado a afectar al trabajo o a tu economía.
- Si aparece suspicacia, ideas de que te vigilan o alucinaciones tras las sesiones.
- Si has empezado a inyectarte. En ese caso, sin esperar.
Qué se puede esperar
Una valoración sin juicio de las cuatro cosas que están ocurriendo a la vez, un plan que empieza casi siempre por el sueño, tratamiento de lo psiquiátrico que aparezca, coordinación con el seguimiento infeccioso y un trabajo específico —por pasos— para separar el sexo de la sustancia.
Y confidencialidad, que en este caso no es una fórmula: es una condición sin la cual la mayoría de las personas no llegan a consultar.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente el chemsex?
El uso intencionado de determinadas sustancias —sobre todo mefedrona y otras catinonas, metanfetamina y GHB o GBL— para mantener relaciones sexuales durante sesiones prolongadas. Las dos cosas están integradas, no son dos actividades que coincidan.
¿Cuándo deja de ser ocasional?
Cuando ya no hay relaciones sin consumo, cuando las sesiones se alargan más de lo decidido de forma sistemática, cuando el desplome posterior dura días, cuando afecta al trabajo o cuando aparece consumo inyectado.
¿Por qué no basta con dejar la sustancia?
Porque hay cuatro problemas a la vez: el consumo, el riesgo infeccioso, la dificultad para tener relaciones sin sustancias y lo que hay debajo —ansiedad social, rechazo, trauma—. Tratar solo el primero deja intactos los que devuelven a la sesión siguiente.
¿Por qué el bajón de después es tan fuerte?
Porque se suman el crash del estimulante, varias noches sin dormir, deshidratación y una carga de culpa y vergüenza que multiplica todo lo demás. Es también el momento de mayor riesgo suicida y conviene no atravesarlo solo.
¿Cuál es la mezcla más peligrosa?
El GHB o GBL con alcohol. Ambos son depresores del sistema nervioso y su combinación es la que más urgencias produce en este contexto, por riesgo de pérdida de conciencia y parada respiratoria.
¿Puedo reducir riesgos sin dejarlo todavía?
Sí, y es un objetivo clínico legítimo: no mezclar GHB con alcohol, fijar de antemano una hora de fin, no consumir en solitario, cuidar sueño e hidratación, no compartir material inyectable y espaciar las sesiones.
¿Qué pasa si aparece consumo inyectado?
Es un punto de inflexión. Multiplica el riesgo infeccioso, especialmente de hepatitis C, acelera mucho el deterioro y se asocia a las situaciones más graves. Ahí el tratamiento y el cribado no pueden esperar.
¿Se puede volver a tener relaciones sin sustancias?
Sí, pero se trabaja aparte y por pasos: no aparece solo al dejar de consumir. Es la parte más difícil del tratamiento y la que más determina el resultado a largo plazo.
¿Y si tengo suspicacia o ideas raras después de las sesiones?
Es frecuente tras sesiones largas sin dormir con estimulantes, y suele ceder al parar y descansar. Si persiste fuera del consumo o se repite, hay que valorarlo sin esperar.
¿Esto se cuenta en algún sitio?
La consulta privada es confidencial y no se comparte información sin tu consentimiento. Esa es una de las razones por las que muchas personas eligen este marco para tratarse.
¿Tengo que contarlo todo?
No. Se puede empezar el tratamiento sin dar detalles que no se quieran dar. Lo que hace falta para trabajar es saber qué sustancias, con qué frecuencia y qué está ocurriendo con el sueño y el ánimo.
Mi pareja consume. ¿Qué puedo hacer?
Aquí la vergüenza pesa más que la negación, así que presionar para que confiese detalles funciona peor que de costumbre. Funciona mejor decir que se ha notado un cambio, que hay preocupación, y que existe la posibilidad de consultar sin dar explicaciones a nadie.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- Ministerio de Sanidad. Documento técnico sobre chemsex · Plan Nacional sobre Drogas.
- Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA). Sexualised drug use.
- Organización Mundial de la Salud. Infecciones de transmisión sexual.
- Grupo de Estudio de Sida (GeSIDA) · documentos de consenso.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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