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Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Guía para familias · Ansiedad y cuerpo

Somatización en adolescentes: cuando la ansiedad se expresa a través del cuerpo

Dr. Cristóbal López Martín · Médico especialista en Psiquiatría · Colegiado 29-8805

Col. 29-880512-18 añosEspañol e inglésOnline en toda España
En esta página · 24 apartados

«Le duele la barriga cada mañana, pero los médicos no encuentran nada».

«Se marea antes de ir al instituto».

«Dice que le falta el aire».

«Lleva meses con dolores de cabeza».

«Le hemos hecho pruebas y todo sale bien, pero él sigue encontrándose mal».

Son situaciones muy frecuentes y también muy fáciles de manejar mal.

El primer error consiste en concluir demasiado pronto:

«Es ansiedad».

El segundo consiste en hacer exactamente lo contrario: repetir consultas, analíticas y pruebas durante meses o años buscando una enfermedad cada vez más improbable, mientras el adolescente deja de ir a clase, abandona actividades y aprende a vivir pendiente de cada sensación corporal.

Entre ambos extremos existe una forma mucho más rigurosa de trabajar.

Los síntomas físicos relacionados con ansiedad, estrés o procesos funcionales son reales. No son inventados, fingidos ni «imaginarios». AACAP describe precisamente la somatización como la expresión de malestar emocional mediante síntomas corporales y advierte que estos pueden producir un deterioro importante en niños y adolescentes. (AACAP)

Pero reconocer esa posibilidad no autoriza a atribuir cualquier síntoma a la salud mental.

Primero hay que escuchar.

Después valorar.

Y solo entonces integrar cuerpo y mente dentro de una misma explicación.

En 30 segundos
  • El dolor es real: la ansiedad produce síntomas físicos verdaderos, no inventados.
  • Patrón típico: domingo por la tarde empeora, lunes antes del instituto duele, si no va mejora.
  • Primero se descartan causas médicas cuando corresponde — sin peregrinar de prueba en prueba.
  • Tratar la ansiedad de fondo es lo que quita el dolor.

Qué significa somatizar

En lenguaje cotidiano utilizamos «somatización» cuando el estrés, la ansiedad u otros procesos psicológicos se expresan de manera importante a través del cuerpo.

El adolescente no necesariamente piensa:

«Estoy ansioso».

Puede decir:

«Me duele la barriga».

«Me encuentro mareado».

«Tengo náuseas».

«Me duele la cabeza».

«No puedo respirar bien».

«Estoy agotado».

«Siento algo raro en el pecho».

Esto es especialmente importante durante la infancia y la adolescencia porque no todos los jóvenes reconocen, diferencian o verbalizan con facilidad sus estados emocionales.

Pero hay que introducir una precisión clínica.

Tener síntomas somáticos no significa automáticamente padecer un trastorno de síntomas somáticos.

Un adolescente puede presentar molestias físicas asociadas a ansiedad sin cumplir criterios de ningún trastorno específico.

Además, una enfermedad médica y el sufrimiento psicológico pueden coexistir.

La medicina moderna no obliga a elegir siempre entre:

«es físico»

o

«es psicológico».

Con frecuencia intervienen ambos.

Los síntomas físicos son reales

Ésta es probablemente la primera explicación que necesita una familia.

Si el adolescente siente dolor, náuseas, mareo o palpitaciones, decir:

«No tienes nada»

puede ser clínicamente incorrecto aunque las pruebas realizadas hayan resultado normales.

Tiene un síntoma.

Lo que todavía necesitamos comprender es qué mecanismo lo produce y qué lo mantiene.

La ansiedad puede acompañarse de palpitaciones, respiración rápida, sudoración, tensión muscular, molestias digestivas, cefalea, cansancio y alteraciones del sueño. En niños y adolescentes, NHS señala específicamente la presencia frecuente de dolor abdominal y cefaleas entre las manifestaciones de ansiedad. (nhs.uk)

El aparato digestivo es un buen ejemplo de la relación cuerpo-cerebro. La American Academy of Pediatrics explica los llamados trastornos de interacción intestino-cerebro, en los que pueden existir dolor abdominal y alteraciones digestivas persistentes sin que eso signifique que el dolor sea imaginado. (HealthyChildren.org)

Síntomas frecuentes en adolescentes

La forma de presentación varía mucho.

Dolor abdominal y molestias digestivas

Puede haber:

  • dolor de barriga;
  • náuseas;
  • sensación de vacío;
  • diarrea;
  • estreñimiento;
  • hinchazón;
  • urgencia para ir al baño;
  • pérdida de apetito.

Un patrón que llama especialmente la atención es el dolor que aumenta antes del instituto, exámenes, actividades sociales o situaciones temidas.

Eso orienta.

Pero no diagnostica.

El dolor abdominal funcional y la ansiedad pueden influirse en ambas direcciones. Un niño o adolescente puede desarrollar ansiedad porque lleva meses con dolor, y la ansiedad puede a su vez amplificar la sensibilidad y el impacto del dolor. (Hospitales Universitarios Sussex)

Cefaleas

Las cefaleas son frecuentes y tienen múltiples causas.

Estrés, tensión muscular, falta de sueño y ansiedad pueden influir, pero una cefalea nueva, intensa, progresiva o acompañada de otros síntomas requiere la valoración médica correspondiente.

No debe utilizarse «es nervioso» como diagnóstico neurológico.

Mareo e inestabilidad

Algunos adolescentes describen:

«Como si flotara».

«Como si el suelo se moviera».

«Me voy a caer».

«Me noto raro».

Ansiedad e hiperventilación pueden contribuir al mareo, pero también existen numerosas causas médicas.

La evolución y la exploración son esenciales.

Palpitaciones y opresión torácica

La activación ansiosa puede acelerar el corazón y producir opresión.

También ocurre en los ataques de pánico en adolescentes.

Pero una primera presentación intensa, un desmayo real, síntomas durante ejercicio u otros elementos clínicos preocupantes deben estudiarse médicamente antes de decidir que todo procede de ansiedad.

Fatiga

«Estoy agotado» es uno de los síntomas más inespecíficos de la medicina.

Puede aparecer por:

  • falta de sueño;
  • horarios irregulares;
  • depresión;
  • ansiedad;
  • anemia;
  • infecciones;
  • enfermedades endocrinas;
  • alimentación insuficiente;
  • efectos de medicamentos;
  • consumo de sustancias;
  • otros procesos médicos.

Por eso la fatiga persistente merece una historia clínica, no una interpretación rápida.

El dato más importante es el patrón

En consulta, una lista de síntomas ayuda.

Pero me interesa todavía más cuándo aparecen, cuándo desaparecen y qué consecuencias están produciendo.

Pregunto:

¿Comenzaron de forma brusca o progresiva?

¿Aparecen todos los días?

¿Son peores de lunes a viernes?

¿Desaparecen durante vacaciones?

¿Aumentan antes del instituto?

¿Ocurren también cuando está relajado?

¿Lo despiertan?

¿Hay fiebre, pérdida de peso u otros cambios?

¿Qué actividad ha dejado de realizar?

¿Qué ocurrió en su vida cuando comenzaron?

¿Hay exámenes, acoso, conflictos, una ruptura, presión académica o problemas familiares?

Ese mapa temporal puede aportar tanta información como el nombre del síntoma.

El caso clásico: «Por la mañana está enfermo y por la tarde está bien»

Esto desconcierta mucho a los padres.

El adolescente se levanta con dolor de barriga, náuseas o mareo.

No puede ir al instituto.

Horas después parece recuperado y puede incluso querer utilizar el móvil, jugar o hablar con amigos.

Los padres piensan:

«Entonces estaba fingiendo».

No necesariamente.

Si el desencadenante era la entrada al instituto, al desaparecer la situación amenazante puede disminuir rápidamente la activación.

El alivio después de quedarse en casa no demuestra que el dolor fuera falso.

Pero plantea una segunda cuestión:

¿qué está ocurriendo en el instituto?

Puede haber ansiedad.

También acoso.

Ansiedad social.

Miedo a un examen.

Dificultades académicas.

Conflictos.

Problemas de aprendizaje.

TDAH.

O una combinación.

La función del síntoma debe investigarse sin acusar al adolescente de inventarlo.

Somatización no significa fingimiento

Éste es otro error frecuente.

La somatización no es lo mismo que simular.

El adolescente no necesita decidir conscientemente:

«Voy a tener dolor de barriga para no ir a clase».

El sistema nervioso puede producir síntomas sin una intención consciente.

AACAP enfatiza que las manifestaciones somáticas del malestar emocional son síntomas físicos auténticos y pueden afectar de manera importante a la vida familiar, escolar y social. (AACAP)

Acusar de fingir cada vez que una prueba sale normal puede deteriorar rápidamente la confianza.

Al mismo tiempo, que un síntoma sea real no significa que toda actividad deba suspenderse cada vez que aparece.

Ése es otro punto fundamental.

El círculo síntoma--miedo--evitación

Imaginemos que un adolescente tiene dolor abdominal antes de clase.

Se queda en casa.

El dolor disminuye.

Al día siguiente nota la primera molestia y piensa:

«Otra vez».

Se queda de nuevo.

Cada vez presta más atención al abdomen.

Cualquier sensación normal comienza a interpretarse como señal de que no podrá ir.

La secuencia se convierte en:

sensación → preocupación → mayor activación → más síntomas → evitación → alivio.

El alivio refuerza la conducta.

La siguiente vez es más difícil entrar en clase.

P8 explica de forma más general este mecanismo dentro de la ansiedad en adolescentes.

En P13 el elemento específico es que la puerta de entrada al círculo es corporal.

Mi criterio clínico: dos errores exactamente opuestos

Éste es uno de los temas en los que intento ser especialmente prudente.

Después de muchos años de práctica he visto dos errores.

El primero es decir demasiado pronto:

«Esto es ansiedad».

Un adolescente puede tener ansiedad y además una enfermedad médica.

Puede incluso existir una historia conocida de ansiedad y que el síntoma actual tenga otra causa.

Tener antecedentes psiquiátricos no protege de enfermar físicamente.

Por eso un síntoma nuevo, diferente, persistente o clínicamente preocupante debe valorarse como corresponde.

El segundo error aparece después.

Se ha realizado una historia adecuada.

Exploración.

Pruebas razonables según el caso.

No aparecen datos que justifiquen seguir buscando indefinidamente una enfermedad cada vez más remota.

Sin embargo, el adolescente y la familia permanecen atrapados en el siguiente especialista, la siguiente analítica y la siguiente prueba.

Mientras tanto:

no va a clase;

deja deporte;

no duerme;

observa permanentemente su cuerpo;

busca síntomas en internet;

y cada sensación confirma que todavía falta descubrir «algo».

Ahí también podemos hacer daño.

Una buena medicina tiene que saber cuándo estudiar y también cuándo dejar de investigar una hipótesis que ya no explica razonablemente el cuadro.

No existe una lista universal de «pruebas para descartar somatización»

La evaluación depende del síntoma.

No necesita las mismas pruebas un adolescente con cefalea que otro con diarrea, palpitaciones o mareo.

La historia clínica y la exploración determinan si hacen falta:

analíticas;

electrocardiograma;

valoración digestiva;

neurológica;

cardiológica;

endocrinológica;

u otros estudios.

Realizar pruebas indiscriminadamente no aporta necesariamente más seguridad.

También puede comunicar al adolescente:

«Seguimos buscando porque probablemente tengas una enfermedad grave que todavía nadie ha encontrado».

Por eso debe existir un profesional que integre la información y evite una sucesión descoordinada de estudios.

Cuándo hay que volver a valorar médicamente

Un diagnóstico previo de ansiedad no debe utilizarse para ignorar cambios nuevos.

Conviene solicitar valoración médica cuando el síntoma:

  • aparece por primera vez y es importante;
  • cambia claramente de características;
  • progresa;
  • produce pérdida de conciencia;
  • se acompaña de dificultad respiratoria relevante;
  • aparece junto con fiebre persistente;
  • se acompaña de pérdida de peso no explicada;
  • produce vómitos repetidos o deshidratación;
  • incluye sangrado;
  • aparece con nuevos síntomas neurológicos;
  • o genera cualquier otra preocupación clínica razonable.

La lista no pretende permitir diagnósticos domésticos.

Precisamente significa lo contrario:

si algo no encaja con el patrón conocido, hay que reevaluarlo.

Somatización, ansiedad y depresión

No todos los adolescentes con síntomas físicos presentan ansiedad.

La depresión también puede acompañarse de molestias corporales.

GuíaSalud recuerda que en niños y jóvenes pueden aparecer quejas físicas difusas, cefalea o dolor abdominal dentro de cuadros depresivos. (Guía Salud)

Por eso pregunto también por:

ánimo;

irritabilidad;

interés;

sueño;

energía;

aislamiento;

culpa;

desesperanza;

autolesiones;

ideas de muerte.

Una familia puede llegar convencida de que busca la causa de un dolor abdominal y descubrir durante la entrevista que el adolescente lleva meses deprimido.

También hay que preguntar por acoso y experiencias adversas

Cuando un síntoma aparece ligado al instituto, no debemos asumir automáticamente que se trata de «ansiedad escolar».

Dolor abdominal, cefalea, problemas de sueño y malestar general también pueden aparecer en adolescentes expuestos a acoso, estrés grave, violencia u otras experiencias adversas. Documentos sanitarios españoles incluyen precisamente síntomas físicos como cefalea y dolor abdominal entre señales que pueden acompañar estas situaciones. (Ministerio de Sanidad)

La pregunta correcta no es solo:

«¿Qué te duele?».

También:

«¿Qué está pasando en tu vida cuando esto aparece?»

El problema de vigilar constantemente el cuerpo

Después de meses de síntomas, algunos adolescentes se convierten en auténticos observadores de sí mismos.

Comprueban:

pulso;

respiración;

color de la piel;

temperatura;

digestión;

sensaciones en la cabeza;

cansancio;

mareo.

Cuanto más observamos una sensación, más información obtenemos de ella.

Y una parte de esa información normal empieza a parecernos anormal.

Si además cada sensación provoca búsquedas en internet, conversaciones familiares y consultas médicas urgentes, el cuerpo termina ocupando una parte enorme de la vida.

El tratamiento no consiste en decir:

«Deja de pensar».

Consiste en reducir gradualmente la vigilancia y recuperar funcionamiento.

Cómo pueden ayudar los padres

Creer el síntoma sin confirmar una catástrofe

Puede decir:

«Sé que el dolor es real».

Sin decir:

«Entonces seguro que tienes algo grave».

Ambas frases no son equivalentes.

Evitar interrogatorios permanentes

«¿Te duele?».

«¿Cuánto?».

«¿Ahora?».

«¿Y si haces esto?».

«¿Te mareas?».

Preguntar constantemente aumenta la atención corporal.

No convertir el descanso en tratamiento indefinido

Una enfermedad aguda puede requerir reposo.

Pero en síntomas funcionales persistentes, abandonar indefinidamente instituto, deporte y vida social puede aumentar discapacidad.

El objetivo terapéutico suele incluir recuperar progresivamente el funcionamiento, no esperar inmóvil a que desaparezca toda sensación. GOSH y otros servicios pediátricos especializados resaltan precisamente la recuperación funcional como parte del manejo de síntomas funcionales. (GOSH Hospital site)

Evitar mensajes contradictorios

No funciona bien que un progenitor diga:

«No tienes nada»

y el otro:

«Algo gravísimo tienen que estar pasando por alto».

La familia necesita una explicación compartida.

Cómo se evalúa

Una valoración completa incluye tres preguntas paralelas.

1. ¿Qué síntoma físico existe?

Características.

Evolución.

Exploraciones realizadas.

Signos de alarma.

Tratamientos.

2. ¿Qué factores pueden explicarlo o amplificarlo?

Ansiedad.

Depresión.

Estrés.

Sueño.

Trauma.

Acoso.

TDAH.

Problemas escolares.

Sustancias.

3. ¿Cómo está cambiando su vida?

Asistencia al instituto.

Deporte.

Amistades.

Autonomía.

Sueño.

Alimentación.

Relaciones familiares.

Uso de servicios médicos.

Ésta última pregunta es esencial.

Dos adolescentes pueden tener un dolor parecido.

Uno continúa funcionando.

El otro lleva tres meses prácticamente retirado de su vida.

No necesitan exactamente la misma intervención.

La primera consulta con el psiquiatra de un adolescente permite integrar la información médica, emocional, familiar y escolar.

Tratamiento

El tratamiento depende del mecanismo predominante.

Una explicación que el adolescente pueda creer

No sirve:

«No tienes nada».

Una formulación más útil puede ser:

«El dolor es real. Las pruebas que necesitábamos hacer no muestran una enfermedad peligrosa. El sistema nervioso puede amplificar estas señales, y ahora vamos a trabajar para reducir esa amplificación y recuperar tu vida».

Comprender el mecanismo ya forma parte del tratamiento.

Terapia cognitivo-conductual

Puede trabajar:

  • miedo a las sensaciones;
  • interpretaciones catastróficas;
  • vigilancia corporal;
  • evitación;
  • necesidad continua de tranquilización;
  • recuperación de actividades;
  • ansiedad asociada.

En dolor abdominal funcional pediátrico, la TCC adaptada a ansiedad ha mostrado beneficios y continúa siendo un área activa de investigación. (PubMed Central (PMC))

Recuperación funcional

A veces la mejoría se mide inicialmente no por:

«¿Ha desaparecido el dolor?»

sino por:

«¿Ha vuelto a clase?».

«¿Sale con sus amigos?».

«¿Hace deporte?».

«¿Duerme mejor?».

Éste es un cambio clínico importante.

Esperar a estar completamente asintomático para volver a vivir puede mantener el problema.

Familia e instituto

Cuando existen faltas frecuentes, la coordinación resulta importante.

Las adaptaciones pueden ser necesarias temporalmente, pero deberían facilitar el regreso, no consolidar una vida organizada alrededor del síntoma.

¿Hace falta medicación?

No existe una medicación para «dejar de somatizar».

Si existe ansiedad, depresión u otro trastorno claramente diagnosticado, puede tratarse cuando corresponda.

La medicación también puede formar parte del manejo de determinadas enfermedades físicas o cuadros de dolor, pero eso depende del diagnóstico específico.

P13 no debe convertirse en una página farmacológica.

La información general se desarrolla en medicación psiquiátrica en adolescentes.

Cuándo conviene pedir ayuda en salud mental

Consideraría una valoración cuando:

  • las exploraciones médicas razonables no explican la magnitud del
  • deterioro;
  • los síntomas aparecen repetidamente con estrés o situaciones
  • determinadas;
  • existe miedo intenso a estar enfermo;
  • se buscan constantemente nuevas pruebas;
  • falta mucho al instituto;
  • ha abandonado deporte o vida social;
  • la familia gira alrededor de los síntomas;
  • aparecen ansiedad o ataques de pánico;
  • hay depresión;
  • existe acoso, trauma u otro problema emocional;
  • el adolescente continúa deteriorándose aunque los resultados médicos
  • sean tranquilizadores.

La valoración de salud mental no significa dejar de vigilar la salud física.

Significa ampliar la explicación.

Mi opinión clínica: el objetivo es recuperar seguridad sin abandonar la medicina

En estos casos intento evitar una falsa elección.

No quiero decir al adolescente:

«Todo está en tu cabeza».

Pero tampoco:

«Hasta que encontremos una anomalía en una prueba no podemos hacer nada».

Hay un espacio intermedio mucho más útil.

Podemos reconocer que el síntoma existe.

Revisar que el estudio médico haya sido proporcionado.

Explicar cómo el sistema nervioso, la ansiedad, el estrés y la atención corporal pueden amplificarlo.

Y empezar a recuperar la vida mientras seguimos atentos a cualquier cambio clínico que realmente justifique volver a estudiar.

Después de muchos años de consulta, una de las preguntas que más me orienta es:

«Además de cuánto le duele, ¿cuánto de su vida ha desaparecido alrededor del dolor?»

Cuando el síntoma se ha convertido en el centro de la familia, el instituto y las decisiones diarias, recuperar funcionamiento pasa a ser una parte esencial del tratamiento.

Somatización y síntomas físicos en adolescentes en Marbella

En una valoración intento integrar lo que a veces llega fragmentado entre diferentes consultas:

síntomas físicos;

pruebas realizadas;

ansiedad;

estado de ánimo;

sueño;

instituto;

familia;

sustancias;

acontecimientos vitales;

y grado de deterioro.

El objetivo no es etiquetar rápidamente un síntoma como psicológico.

Es construir una explicación suficientemente sólida para saber qué debemos seguir estudiando y qué debemos empezar a tratar.

Puede ampliar el enfoque general en psiquiatría para adolescentes o solicitar una valoración con un psiquiatra de adolescentes en Marbella.

En mi consulta la primera valoración sigue el método 90-60-30: 90 minutos, sin prisas. Puede conocer el método completo en mi forma de trabajar.

Preguntas frecuentes sobre somatización en adolescentes

¿La ansiedad puede producir dolor de barriga de verdad?

Sí. Ansiedad y estrés pueden modificar la actividad gastrointestinal y aumentar la sensibilidad a determinadas sensaciones. El dolor no es imaginado. (HealthyChildren.org)

¿Cómo sé si el síntoma es psicológico o físico?

No siempre existe una división limpia. Primero hay que realizar la valoración médica que corresponda al síntoma y después integrar evolución, contexto, ansiedad, funcionamiento y resultados.

¿Unas pruebas normales significan que no tiene nada?

Significan que las enfermedades que esas pruebas buscaban no se han demostrado. No significan que el adolescente no tenga síntomas.

¿Debo seguir pidiendo pruebas hasta descubrir la causa?

No necesariamente. La necesidad de nuevas pruebas debe depender de la evolución y de indicaciones clínicas concretas, no únicamente de la persistencia del miedo.

¿Puede tener una enfermedad física y ansiedad al mismo tiempo?

Sí. Ambas pueden coexistir. Por eso no debe descartarse un síntoma nuevo únicamente porque el adolescente tenga antecedentes de ansiedad.

¿Por qué empeora justo antes del instituto?

Puede existir una relación con anticipación, ansiedad, acoso, dificultades escolares u otro desencadenante. El patrón temporal es una pista, no un diagnóstico.

¿Está fingiendo si mejora cuando le permitimos quedarse en casa?

No necesariamente. Al desaparecer la situación que activaba ansiedad, el síntoma puede disminuir. Sin embargo, quedarse en casa repetidamente puede reforzar la evitación.

¿Conviene preguntarle constantemente cómo se encuentra?

No. Interesarse es necesario, pero una monitorización continua puede aumentar su atención hacia el cuerpo.

¿La psicoterapia puede mejorar síntomas físicos?

Sí, especialmente cuando ansiedad, interpretaciones catastróficas, hipervigilancia y evitación participan en el problema. La TCC ha mostrado utilidad en distintos síntomas funcionales pediátricos. (PubMed Central (PMC))

¿Cuándo debo volver al médico de forma urgente?

Ante un síntoma nuevo o claramente diferente, pérdida de conciencia, dificultad respiratoria importante, deterioro rápido, síntomas neurológicos, sangrado, deshidratación u otros signos clínicos preocupantes debe solicitar valoración médica.

Sobre el autor

CL
Dr. Cristóbal López Martín Médico especialista en Psiquiatría · Colegiado 29-8805 · Colegio Oficial de Médicos de Málaga

Después de más de 25 años de experiencia clínica, mi forma de valorar los problemas de salud mental durante la adolescencia parte de un principio: un síntoma aislado rara vez explica toda la historia. Cada valoración integra el desarrollo del adolescente, su familia, el instituto, el sueño, los hábitos y su funcionamiento real, no solo el síntoma que motiva la consulta.

En el blog escribo sobre los temas que más se repiten en consulta. Paso consulta presencial como psiquiatra en Marbella y atiendo también online. Para familias que necesitan una valoración presencial puede consultar Psiquiatra Adolescente en Marbella.

Última revisión médica: 26 de agosto de 2026.

¿Muchas pruebas normales y el dolor sigue?

Cuando el cuerpo habla el idioma de la ansiedad, tratar la causa alivia el síntoma. Valoración integral en Marbella y online.

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Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. Ante una emergencia, llame al 112. Conducta suicida: Línea 024.