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Son las 7:15 de la mañana.
Su hijo sigue en la cama.
Le dice que no va al instituto.
Cinco minutos después comienzan las negociaciones.
Después los gritos.
«Levántate.»
«No voy.»
«Tienes un examen.»
«Me da igual.»
«No puedes seguir así.»
«Déjame en paz.»
A las 7:45 nadie ha desayunado, uno de los padres está llegando tarde al trabajo y el adolescente está encerrado en su habitación.
Y aparece la pregunta que muchas familias me plantean:
«Doctor, ¿qué hago ahora mismo?»
No mañana.
No dentro de una semana.
Esta mañana.
La respuesta depende de por qué el adolescente se está negando a ir, pero hay un principio general muy importante:
no convertir cada mañana en un juicio de dos horas sobre si debe o no debe acudir al instituto.
Cuando existe un problema de rechazo escolar en adolescentes, las discusiones interminables, las amenazas, los interrogatorios y las negociaciones realizadas en pleno pico de ansiedad suelen aportar muy poco.
La American Academy of Pediatrics recomienda escuchar el motivo del rechazo, descartar una enfermedad física cuando corresponda, mantener una expectativa clara de asistencia y coordinarse con el centro educativo. También advierte de que cuanto más se prolonga la ausencia, más difícil puede resultar el regreso. (HealthyChildren.org)
Pero esto necesita bastante más matiz que decir simplemente:
«Oblígalo a ir.»
Vamos a verlo como lo haría en una consulta.
- Esta guía es para hoy a las 7:30, no para la teoría.
- Regla de oro: quedarse en casa alivia hoy y agranda el problema mañana.
- Objetivo mínimo: que vaya aunque sea tarde, aunque sea a una hora — la asistencia parcial también cuenta.
- Si esto se repite, el problema no es de mañanas: lea la guía de rechazo escolar.
Primero: ¿estamos ante ansiedad, enfermedad o una situación de riesgo?
Antes de discutir sobre el instituto, hay que responder una pregunta bastante más importante:
¿Está mi hijo en condiciones de ir hoy?
No toda negativa a ir al instituto es rechazo escolar.
Un adolescente puede tener:
- fiebre o una enfermedad física;
- una crisis de migraña;
- vómitos persistentes;
- un episodio depresivo grave;
- intoxicación por sustancias;
- una crisis psiquiátrica;
- una situación grave de bullying;
- una amenaza concreta dentro del centro;
- autolesiones o pensamientos suicidas;
- o cualquier otro problema que haga necesaria una valoración antes de
- mandarlo tranquilamente a clase.
Por tanto, antes de entrar en una batalla familiar, hay que hacer un pequeño triaje.
Cinco preguntas que me haría esa mañana
1. ¿Tiene signos objetivos de enfermedad?
Fiebre, vómitos repetidos, dificultad respiratoria, dolor intenso, pérdida de conciencia, alteración neurológica u otros síntomas relevantes cambian completamente la situación.
La ansiedad también puede producir dolor abdominal, náuseas, mareo, cefalea y palpitaciones, especialmente en días escolares. La American Academy of Pediatrics describe precisamente este patrón de síntomas somáticos asociados a evitación escolar. (HealthyChildren.org)
Eso no significa que cada dolor abdominal sea ansiedad.
Primero hay que utilizar el sentido clínico.
2. ¿Existe algún peligro concreto en el instituto?
Preguntaría:
«¿Ha ocurrido algo que haga que hoy no te sientas seguro allí?»
No:
«¿Te pasa algo?»
Porque probablemente responderá:
«No.»
Hay que preguntar específicamente por:
- amenazas;
- bullying;
- ciberacoso;
- peleas;
- humillaciones;
- problemas sexuales;
- conflictos graves con compañeros;
- miedo a alguna persona concreta.
El NHS incluye entre los desencadenantes frecuentes de ansiedad escolar el bullying, la soledad, las dificultades académicas y diferentes características del propio entorno escolar. (nhs.uk)
3. ¿Existe riesgo psiquiátrico inmediato?
Si el adolescente expresa intención suicida, ha realizado una autolesión relevante, está psicótico, extremadamente agitado, intoxicado o existe riesgo serio para él o para otras personas, la prioridad no es conseguir que llegue a primera hora de matemáticas.
La prioridad es su seguridad y una valoración urgente.
4. ¿Se trata de algo nuevo o lleva semanas ocurriendo?
Una negativa aislada y un patrón de tres meses no son la misma cosa.
Pregunte:
- ¿Cuántos días ha faltado?
- ¿Cuándo empezó?
- ¿Falta siempre los lunes?
- ¿Empeora cuando tiene exámenes?
- ¿Sucede con determinadas asignaturas?
- ¿Ocurre después del fin de semana?
- ¿Ha empezado después de una enfermedad o unas vacaciones?
CAMHS describe como patrones característicos la dificultad para vestirse, salir de casa o entrar al centro, la ansiedad intensa por las mañanas y el empeoramiento después de fines de semana o vacaciones. (CAMHS)
5. ¿Qué ocurre cuando finalmente le digo que puede quedarse?
Esta pregunta proporciona mucha información.
Si estaba fatal a las 7:30 y a las 8:15, después de saber que no irá, está comiendo tranquilamente mientras mira TikTok, eso no demuestra que estuviera fingiendo.
Puede significar que desapareció el estímulo que desencadenaba la ansiedad.
Y aquí aparece uno de los mecanismos centrales del rechazo escolar:
evitar produce alivio.
Y aquello que produce alivio tiende a repetirse.
Qué hacer durante los primeros 10 minutos
Cuando no existe una emergencia médica o psiquiátrica evidente, recomiendo reducir drásticamente la conversación.
No hace falta resolver toda su adolescencia antes de las ocho de la mañana.
Paso 1. Baje usted primero el volumen
Si el padre llega a un nivel de ansiedad 9 y el hijo está en 9, tendremos una magnífica competición para descubrir quién alcanza antes el 10.
No ayuda.
Hable despacio.
Utilice pocas palabras.
Evite discursos.
No es el momento para explicar:
- cuánto cuesta el colegio;
- cómo será su futuro;
- que usted trabajaba desde los 16 años;
- que su hermano nunca hizo estas cosas;
- o que acabará viviendo debajo de un puente.
Todo eso podrá discutirse, si realmente merece la pena, en otro momento.
Paso 2. Reconozca lo que está sintiendo
Puede decir:
«Veo que esta mañana lo estás pasando realmente mal.»
Observe que no he dicho:
«Tienes razón, no vayas.»
Validar una emoción no significa aceptar automáticamente la conducta que la acompaña.
Este matiz es importantísimo.
Podemos decir:
«Entiendo que tienes mucha ansiedad y vamos a ayudarte.»
Y simultáneamente:
«Nuestro objetivo sigue siendo que puedas ir al instituto.»
El NHS recomienda precisamente reconocer la ansiedad del menor, escuchar lo que está ocurriendo y buscar soluciones con él y con el centro, en vez de simplemente desestimar sus preocupaciones. (nhs.uk)
Paso 3. Mantenga una expectativa clara
Una frase sencilla:
«Hoy vamos a intentar que vayas.»
No:
«¿Quieres ir?»
Porque sabemos la respuesta.
Tampoco:
«Como no vayas te quedas sin móvil un mes.»
El objetivo es transmitir seguridad:
esto es difícil, pero creemos que puedes hacerlo y vamos a ayudarte.
No pregunte veinte veces «¿qué te pasa?»
Es una de las situaciones que veo con frecuencia.
El adolescente no consigue levantarse.
Entonces comienza el interrogatorio:
«¿Te han hecho algo?»
«¿Has suspendido?»
«¿Es por una chica?»
«¿Te han pegado?»
«¿Tienes ansiedad?»
«¿Es el profesor?»
«¿Te duele algo?»
«¿Qué te pasa?»
Y vuelta a empezar.
Cuando una persona está en plena activación ansiosa, su capacidad para realizar un sofisticado análisis psicológico de sí misma puede ser bastante limitada.
En ese momento preguntaría únicamente:
«¿Cuál es la parte más difícil de ir hoy?»
O:
«Si pudiera cambiar una cosa de esta mañana para ayudarte a entrar, ¿cuál sería?»
La investigación detallada la haremos por la tarde.
Divida «ir al instituto» en pasos pequeños
Para un adolescente con ansiedad intensa:
«Tienes que ir al instituto y estar seis horas allí»
puede resultar psicológicamente enorme.
Podemos reducir el problema.
Primero:
«Levántate.»
Después:
«Dúchate.»
Después:
«Vístete.»
Después:
«Desayunamos.»
Después:
«Vamos hasta el coche.»
Después:
«Llegamos hasta el centro.»
No es infantilizar.
Es utilizar objetivos conductuales.
El adolescente no necesita solucionar mentalmente seis horas de instituto mientras todavía está debajo del edredón.
Necesita realizar el siguiente paso.
¿Y si se viste pero no quiere salir de casa?
Seguimos reduciendo la tarea.
Podemos acordar:
«Vamos hasta el coche y allí vemos cómo estás.»
Después:
«Vamos hasta la puerta del instituto.»
Después:
«Entramos y hablamos con el tutor.»
En determinados casos un retorno gradual puede formar parte del tratamiento, especialmente cuando existe una ausencia prolongada o ansiedad intensa.
La AAP incluye entre sus recomendaciones la reincorporación escalonada en los casos graves, y los programas actuales basados en terapia cognitivo-conductual suelen incorporar exposición progresiva, participación familiar y coordinación con el centro. (HealthyChildren.org)
Pero hay un detalle importante:
gradual no significa indefinido.
Un plan progresivo necesita dirección.
Si durante tres meses nuestro único objetivo consiste en llegar con el coche hasta la puerta y regresar a casa, hemos convertido la exposición en una excursión diaria.
¿Qué hago si llega a la puerta del instituto y no quiere entrar?
Esta es una situación extremadamente frecuente.
Y aquí el centro educativo puede resultar decisivo.
No dejaría toda la responsabilidad sobre el adolescente.
Puede ser útil que exista previamente una persona concreta que lo reciba:
- tutor;
- orientador;
- responsable de convivencia;
- enfermería escolar, cuando exista;
- profesor con quien tenga buena relación;
- profesional designado por el centro.
En lugar de:
coche → enorme puerta del instituto → 700 alumnos
hacemos:
coche → adulto conocido → lugar seguro → clase.
Parece un pequeño cambio.
Para un adolescente con ansiedad puede ser enorme.
Las recomendaciones educativas actuales insisten en que los problemas de asistencia relacionados con salud mental requieren cooperación entre familia, alumno, escuela y profesionales, más que limitarse a sancionar la ausencia. (GOV.UK)
¿Hay que obligarlo físicamente a entrar?
En general, no recomiendo convertir el acceso al instituto en un forcejeo físico.
Hay una diferencia muy grande entre:
ser firme
y
arrastrar físicamente a un adolescente de 16 años hasta el coche.
La firmeza puede ser:
«Sé que estás angustiado. Vamos a continuar con el plan.»
La coerción física puede escalar rápidamente la situación, aumentar el conflicto familiar y dificultar que descubramos qué está ocurriendo.
El NHS aconseja no forzar a un menor hacia una situación estresante sin haber intentado comprender qué está generando la ansiedad, porque puede empeorar el problema. (nhs.uk)
Pero tampoco debemos confundir esto con:
«Como está ansioso, dejamos de intentarlo.»
Ese es el otro extremo.
La combinación que suele funcionar mejor: comprensión + firmeza
En mi experiencia, los padres suelen oscilar entre dos posiciones.
Extremo 1: «Vas porque lo digo yo»
Puede acabar en gritos, amenazas y una escalada monumental.
Extremo 2: «Pobrecito, está ansioso; que se quede»
Puede aliviar muchísimo esa mañana pero reforzar progresivamente la evitación.
Hay una tercera posición:
«Creo que tu sufrimiento es real y precisamente por eso vamos a ayudarte a enfrentarte a esto.»
Este es, para mí, uno de los mensajes fundamentales de toda esta página.
No negar la ansiedad.
No obedecer automáticamente a la ansiedad.
¿Y si dice que le duele la barriga?
Hay que escuchar el síntoma.
Pero también analizar el patrón.
Un dolor abdominal que:
- aparece únicamente de lunes a viernes;
- comienza antes de salir;
- desaparece cuando se cancela el instituto;
- reaparece al día siguiente;
es diferente de un cuadro acompañado de fiebre, vómitos persistentes o signos clínicos de enfermedad.
Los síntomas físicos relacionados con ansiedad escolar son frecuentes y pueden incluir cefalea, dolor abdominal, náuseas, diarrea, mareo y cansancio. CAMHS recomienda descartar enfermedad física cuando exista duda. (CAMHS)
Nunca diría:
«No tienes nada.»
Porque el dolor puede ser real.
Diría:
«Sé que te duele. Vamos a comprobar qué ocurre y también vamos a valorar si la ansiedad está produciendo o aumentando ese dolor.»
Son mensajes completamente diferentes.
Si finalmente no consigue ir hoy, ¿qué hacemos?
Aquí se comete otro error frecuente.
A las 9:00 los padres se rinden.
Y entonces comienza:
- PlayStation;
- TikTok;
- Netflix;
- WhatsApp;
- desayuno especial;
- dormir hasta las doce;
- salida con amigos por la tarde.
Sin querer, hemos conseguido que faltar al instituto tenga una recompensa extraordinaria.
No propongo castigar a un adolescente por sufrir ansiedad.
Pero tampoco convertir la ausencia en vacaciones.
La American Academy of Pediatrics recomienda que, cuando un niño permanece en casa por evitación escolar, esté atendido pero que el día no se convierta en una jornada especial de entretenimiento o privilegios. (HealthyChildren.org)
Si hoy se queda en casa
Mantendría:
- hora normal de levantarse;
- ducha y ropa;
- desayuno normal;
- actividad académica cuando sea posible;
- comida en horario habitual;
- actividad física;
- exposición a luz diurna;
- rutina normal de tarde;
- horario de sueño adecuado.
Y limitaría durante el horario escolar:
- videojuegos;
- redes sociales;
- entretenimiento ilimitado;
- visitas de amigos;
- actividades que conviertan quedarse en casa en la opción claramente
- preferible.
No como castigo.
Como forma de no reforzar inadvertidamente la ausencia.
No deje que duerma hasta las dos de la tarde
Este punto parece menor.
No lo es.
Cuando un adolescente empieza a faltar, fácilmente aparece este ciclo:
No va al instituto.
Duerme por la mañana.
Por la noche no tiene sueño.
Se queda con el móvil hasta las tres.
Al día siguiente es prácticamente imposible levantarlo.
Falta otra vez.
Duerme de nuevo.
En pocas semanas tenemos un problema de rechazo escolar más un ritmo sueño-vigilia completamente desorganizado.
Una mañana perdida no debería convertirse en una noche perdida.
Llame al instituto ese mismo día
No espere tres semanas.
Una comunicación simple:
«Estamos teniendo dificultades importantes con la asistencia y queremos organizar un plan para que pueda volver.»
Después necesitamos información.
Pregunte:
- ¿Ha ocurrido algo recientemente?
- ¿Ha cambiado su grupo de amigos?
- ¿Ha bajado el rendimiento?
- ¿Está aislado?
- ¿Ha habido conflictos?
- ¿Falta a determinadas asignaturas?
- ¿Ha pedido ir repetidamente a enfermería?
- ¿Han observado ansiedad?
- ¿Existe sospecha de bullying?
- ¿Puede recibirlo mañana una persona concreta?
Los programas contemporáneos para problemas de asistencia suelen trabajar simultáneamente con el adolescente, los padres y el entorno escolar. Un ensayo aleatorizado publicado en 2024 sobre el programa Back2School encontró mejorías de asistencia en ambos grupos de tratamiento y ventajas del programa CBT modular en varias medidas emocionales y de autoeficacia. (Springer Nature Link)
Una revisión específica de adolescentes de Secundaria también encontró que la mayoría de las intervenciones estudiadas incluían técnicas cognitivo-conductuales, aunque la calidad global de la evidencia todavía es limitada. (OUP Academic)
Es decir:
no existe una receta mágica, pero sí sabemos que tratar simultáneamente al adolescente, a la familia y al contexto escolar tiene bastante más sentido que discutir únicamente sobre asistencia.
Esta tarde hay que hablar; esta mañana no hay que hacer una tesis doctoral
Cuando el episodio haya terminado, sí tendremos una conversación.
Pero cambiaría completamente las preguntas.
No preguntaría:
«¿Por qué haces esto?»
Preguntaría:
«¿En qué momento de la mañana empezaste a pensar que no podías ir?»
«¿Qué era lo que más miedo te daba?»
«¿Hay algún momento del instituto que sea peor que los demás?»
«¿Con quién te sientes seguro allí?»
«¿Hay alguien con quien no quieras encontrarte?»
«¿Qué pensabas que iba a ocurrir si entrabas?»
«¿Qué necesitarías mañana para que entrar fuera un poco más fácil?»
Ahí empieza una auténtica evaluación funcional.
Qué NO recomiendo hacer esa mañana
1. Gritar durante una hora
Generalmente termina con dos personas más ansiosas que al principio.
2. Amenazar con consecuencias catastróficas
«No tendrás futuro.»
«Vas a arruinar tu vida.»
«Nunca conseguirás trabajo.»
La ansiedad anticipatoria no suele mejorar añadiéndole otras quince amenazas.
3. Ridiculizar
«Eres un flojo.»
«A tu edad yo trabajaba.»
«Tu hermana nunca hizo esto.»
Además de poco útil, puede aumentar vergüenza y deteriorar todavía más la comunicación.
4. Interrogar sin parar
Primero regulación y acción.
Después investigación.
5. Negociar cada cinco minutos
«Si vas te compro\...»
«Si entras hoy mañana puedes faltar\...»
Acabaremos creando una economía paralela cuyo producto interior bruto será la asistencia escolar.
6. Preguntarle continuamente cómo se encuentra
Esto puede aumentar la atención sobre las sensaciones físicas.
Una vez descartado un problema médico relevante, conviene orientar la conversación hacia la siguiente acción.
7. Permitir que todo el día gire alrededor del episodio
Si finalmente no va, mantenemos una jornada estructurada.
Mañana habrá un nuevo intento.
¿Cuándo NO insistiría en que entrara inmediatamente?
Esta parte me parece fundamental.
No toda evitación debe combatirse con exposición inmediata.
Si existe una amenaza real
Si descubrimos que un compañero lo está amenazando seriamente, no considero terapéutico decir:
«Tienes ansiedad; enfréntate a ella.»
Eso no es exposición.
Es enviarlo hacia un peligro que debemos resolver.
Si existe una crisis suicida o autolesiva
Primero seguridad y valoración clínica.
Si está intoxicado
El instituto no es el destino inmediato.
Necesitamos valorar al adolescente.
Si existe enfermedad física significativa
La fiebre no se trata con terapia de exposición.
Si existe una crisis psiquiátrica grave
Agitación extrema, psicosis, confusión u otros síntomas graves requieren una valoración adecuada.
Si la situación está escalando hacia violencia física
Interrumpiría la lucha por llegar a primera hora.
La seguridad de la familia está por encima de la asistencia de ese día.
¿Qué hago mañana para que no ocurra exactamente lo mismo?
Aquí empieza el verdadero tratamiento.
Prepare la mañana la noche anterior
- ropa preparada;
- mochila preparada;
- desayuno sencillo;
- hora de dormir razonable;
- móvil fuera de la cama cuando sea posible;
- transporte organizado;
- contacto con el centro ya previsto.
Reducimos decisiones.
La ansiedad adora los veinte minutos de negociación frente al armario.
Acordar quién lo recibirá
«Mañana al llegar estará Marta en la puerta.»
Es infinitamente más concreto que:
«Tienes que volver.»
Elegir un primer objetivo alcanzable
Puede ser:
- entrar al centro;
- asistir a las dos primeras clases;
- permanecer hasta el recreo;
- acudir inicialmente al despacho del orientador.
Esto debe individualizarse.
Revisar el objetivo cada pocos días
El plan tiene que avanzar.
El propósito es recuperar progresivamente una asistencia y funcionamiento normales, no construir una forma permanente de no acudir.
¿Cuándo debemos pedir ayuda profesional?
Yo no esperaría a que hayan transcurrido meses.
Pediría valoración cuando:
- las negativas se repiten;
- empieza a faltar varios días;
- las mañanas se convierten habitualmente en crisis;
- aparecen dolores físicos repetitivos ligados al instituto;
- existe ansiedad intensa;
- está deprimido;
- duerme durante el día y permanece despierto por la noche;
- se aísla;
- aparecen autolesiones;
- existe consumo de sustancias;
- sospechamos TDAH o autismo;
- hay bullying;
- el funcionamiento familiar empieza a deteriorarse;
- o los padres sencillamente ya no saben cómo actuar.
La AAP propone solicitar ayuda profesional cuando la evitación persiste y está interfiriendo con el funcionamiento. (HealthyChildren.org)
Y la evidencia actual apoya especialmente intervenciones cognitivo-conductuales dirigidas a los problemas de asistencia. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que reunió 15 estudios y 932 jóvenes, encontró un efecto favorable de estas intervenciones sobre la asistencia, aunque los autores subrayan que la evidencia todavía presenta heterogeneidad y limitaciones metodológicas. (PubMed)
Es una precisión importante.
Tenemos tratamientos razonables.
No tenemos una fórmula matemática que funcione igual en todos los adolescentes.
Mi experiencia clínica: la batalla de las 7:30 no puede convertirse en el tratamiento
He visto familias completamente agotadas porque llevan semanas repitiendo exactamente la misma escena.
Todos los días:
7:00 — despertarlo.
7:10 — decirle que se levante.
7:20 — discutir.
7:30 — amenazar.
7:40 — llorar.
7:50 — llamar al instituto.
8:00 — rendirse.
Y al día siguiente volvemos a empezar.
Cuando esto ocurre, para mí el problema ya no es:
«¿Cómo consigo que vaya mañana?»
Tenemos que cambiar la pregunta:
«¿Qué está impidiendo que este adolescente pueda asistir y qué mecanismo está manteniendo la situación?»
Puede ser ansiedad.
Puede ser una depresión.
Puede haber TDAH.
Puede existir bullying.
Puede estar fracasando académicamente.
Puede haber ansiedad social.
Puede existir una dificultad de aprendizaje que nadie detectó.
Puede tener un problema importante de sueño.
Puede haber consumo de cannabis.
O pueden coexistir varias cosas.
Por eso considero que el rechazo escolar prolongado no debe convertirse en una negociación doméstica indefinida.
Es un problema clínico, familiar y educativo que necesita un plan.
Y cuanto antes lo hacemos, normalmente menos terreno tenemos que recuperar después.
El protocolo práctico para esta mañana
Si tuviera que reducir toda esta página a diez instrucciones serían estas:
1. Compruebe primero que no existe una enfermedad o situación de
- riesgo importante.
2. No empiece gritando.
3. Pregunte qué parte concreta de ir hoy le resulta imposible.
4. Valide su malestar sin convertir automáticamente la ansiedad en
- permiso para faltar.
5. Mantenga una expectativa tranquila de asistencia.
6. Divida la mañana en pasos pequeños: levantarse, vestirse,
- desayunar, salir, llegar y entrar.
7. Pida ayuda al centro si necesita que alguien lo reciba.
8. No utilice fuerza física ni convierta la entrada en una batalla.
9. Si finalmente se queda en casa, mantenga estructura y no
- transforme el día en vacaciones.
10. Si vuelve a ocurrir, deje de improvisar cada mañana y organice una
- evaluación y un plan.
Preguntas frecuentes cuando un adolescente no quiere ir al instituto
Mi hijo dice que tiene ansiedad y que hoy no puede ir. ¿Lo dejo en casa?
Depende de la intensidad, de la causa y de la situación clínica. Tener ansiedad no implica automáticamente que deba quedarse en casa; la evitación repetida puede mantener el problema. Pero tampoco debemos exigir asistencia sin valorar primero si existe bullying, enfermedad, depresión grave u otra situación relevante.
¿Debo obligarlo a levantarse?
Mantendría una expectativa firme de que se levante y comience la rutina, pero evitaría la coerción física. El objetivo es ayudarlo a realizar progresivamente los pasos necesarios para acudir.
¿Y si tiene un ataque de ansiedad?
Hay que valorar su intensidad, ayudarlo a regularse y estudiar qué lo desencadenó. Un ataque de ansiedad no significa necesariamente que deba abandonar indefinidamente el instituto. En muchos casos posteriormente se diseña una reincorporación estructurada.
¿Puede ir solo dos horas?
En algunos casos sí, como parte de una reincorporación progresiva. Debe existir un plan y un objetivo de recuperación, no simplemente reducir indefinidamente la asistencia. (HealthyChildren.org)
¿Le quito el móvil si no va?
No utilizaría automáticamente la retirada del móvil como castigo por tener ansiedad. Pero tampoco permitiría entretenimiento ilimitado durante el horario escolar. Hay que diferenciar claramente estructura de castigo.
¿Puede jugar a la consola si se queda?
Durante el horario en que debería estar en clase intentaría mantener el día lo más parecido posible a una jornada normal, evitando que quedarse en casa resulte mucho más gratificante que acudir. La AAP hace una recomendación similar para los días de evitación escolar. (HealthyChildren.org)
Se encuentra mal únicamente de lunes a viernes. ¿Está fingiendo?
No necesariamente. Los síntomas físicos de la ansiedad son reales y pueden aparecer específicamente ante situaciones asociadas al instituto. Hay que estudiar el patrón y descartar enfermedad física cuando corresponda. (HealthyChildren.org)
Una vez que llega al instituto está bien. ¿Qué significa?
Es compatible con ansiedad anticipatoria. CAMHS describe que en algunos jóvenes los síntomas son máximos antes de acudir y disminuyen relativamente rápido después de conseguir entrar. (CAMHS)
¿Es mejor cambiarlo de instituto?
No como primera reacción automática. Si existe una amenaza real, bullying grave u otro problema específico del centro, puede ser necesario valorarlo. Si el problema principal es ansiedad no tratada, cambiar de instituto puede simplemente trasladar la evitación a otro lugar.
¿Tengo que informar al instituto?
Sí. Cuando el problema se repite, la coordinación con el centro resulta fundamental para entender qué sucede y construir un plan de reincorporación. (GOV.UK)
¿Cuántos días debo esperar antes de consultar?
No existe un número mágico. Si las ausencias empiezan a repetirse o detectamos deterioro emocional, académico o familiar, prefiero intervenir pronto. Esperar varios meses puede hacer que al problema inicial se añadan aislamiento, retraso académico y desorganización de rutinas.
¿Necesita un psiquiatra?
No todos los adolescentes que faltan un día al instituto necesitan un psiquiatra. Sí considero aconsejable una valoración especializada cuando existen ansiedad o depresión importantes, autolesiones, deterioro notable, sospecha de TDAH o autismo, consumo de sustancias, rechazo escolar persistente o cuando no se entiende qué está provocando el problema.
¿La medicación puede hacer que vuelva al instituto?
No existe una medicación específica «para ir al instituto». Puede utilizarse tratamiento farmacológico cuando se diagnostica una enfermedad psiquiátrica que lo requiere. La recuperación de la asistencia normalmente necesita además trabajo conductual, familiar y coordinación escolar. # Si esto ocurre repetidamente, ya no estamos hablando de una mala mañana Una mañana complicada puede tener cualquier familia. Otra cosa es que todas las mañanas se hayan convertido en una crisis. Cuando un adolescente empieza a perder progresivamente su capacidad para ir al instituto, considero importante comprender qué está ocurriendo antes de que la evitación se consolide. Puede ampliar esta información en nuestra guía sobre rechazo escolar en adolescentes, donde explico las principales causas, cómo se evalúa y qué tratamientos utilizamos. También puede consultar la guía general de psiquiatría adolescente para conocer otros problemas emocionales y conductuales frecuentes durante esta etapa. # Psiquiatra adolescente en Marbella Cuando las negativas a acudir al instituto se repiten, una valoración psiquiátrica permite estudiar conjuntamente: ansiedad; estado de ánimo; TDAH; sueño; posibles trastornos del neurodesarrollo; consumo de sustancias; relaciones sociales; bullying; rendimiento académico; funcionamiento familiar; y las circunstancias específicas que están manteniendo la ausencia. El objetivo no es conseguir simplemente que el adolescente obedezca. Tampoco justificar indefinidamente que se quede en casa. El objetivo es descubrir qué le impide funcionar, tratarlo y conseguir que recupere progresivamente autonomía, educación y vida social. Puede consultar la información de atención en Psiquiatría Adolescente en Marbella. Dr. Cristóbal López Martín\ Médico Psiquiatra — Marbella Esta P25 queda muy bien emparejada con P24: la P24 responde *«¿por qué ocurre?»* y esta responde *«son las 7:30, ¿qué hago ahora?»*. Además, he mantenido las URLs maestras que habíamos fijado previamente para la landing nacional y la landing local, sin inventar enlaces de otras P que todavía no he podido recuperar con seguridad. He mantenido la P26 recuperada: dificultades de concentración en adolescentes, con unas 3.000 palabras, diferenciando muy bien síntoma de inatención ≠ diagnóstico de TDAH. Esa distinción será uno de los puntos fuertes de la página.
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Sobre el autor
¿Esta mañana ha vuelto a pasar?
Si las mañanas imposibles se repiten, hay que valorar qué hay debajo antes de que las ausencias se acumulen.
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