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Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Guía para familias · Relaciones y familia

Bullying y ciberbullying en adolescentes: señales, consecuencias y qué hacer

Dr. Cristóbal López Martín · Médico especialista en Psiquiatría · Colegiado 29-8805

Col. 29-880512-18 añosEspañol e inglésOnline en toda España
En esta página · 40 apartados

«No quiere contarme qué ocurre.»

«Desde hace unas semanas pone excusas para no ir al instituto.»

«Ha dejado de quedar con sus amigos.»

«Cada vez que recibe un mensaje cambia completamente la cara.»

«Dice que son bromas, pero desde entonces está fatal.»

El bullying o acoso escolar puede esconderse durante bastante tiempo delante de los adultos.

Y durante la adolescencia existe una dificultad añadida: muchos jóvenes no quieren que sus padres intervengan.

Temen que la situación empeore.

Que todo el instituto se entere.

Que les llamen chivatos.

Que sus padres exageren.

Que les quiten el móvil.

O sencillamente sienten vergüenza por estar siendo rechazados.

Por eso un adolescente puede responder:

«No pasa nada.»

mientras su comportamiento está diciendo exactamente lo contrario.

El bullying no es cualquier discusión entre compañeros. La Organización Mundial de la Salud lo define como una conducta agresiva deliberada y no deseada que implica repetición del daño y un desequilibrio de poder, y que puede adoptar formas físicas, psicológicas, sociales o digitales. (Organización Mundial de la Salud)

Esta diferencia es fundamental.

Dos adolescentes que discuten hoy y mañana se reconcilian tienen un conflicto.

Un adolescente que es humillado, excluido, amenazado o atacado repetidamente por alguien o por un grupo frente al que tiene dificultades para defenderse puede estar sufriendo acoso.

Y el tratamiento del problema empieza por llamarlo correctamente.

En 30 segundos
  • No toda pelea es acoso — pero el acoso real nunca es «cosas de niños».
  • El ciberbullying no termina al llegar a casa: vive en el bolsillo.
  • Señales: no quiere ir a clase, cambia tras mirar el móvil, pierde cosas, duerme mal, se aísla.
  • Actuar = proteger + documentar + coordinar con el centro + tratar la huella emocional.
Esta guía líder forma parte de la guía completa para familias sobre salud mental adolescente; debajo, su bloque.

No toda pelea es bullying

Actualmente utilizamos la palabra *bullying* con tanta facilidad que corremos el riesgo de vaciarla de significado.

Que dos adolescentes se insulten durante una discusión no convierte automáticamente a uno en acosador y al otro en víctima.

Tampoco una pelea aislada.

Ni dejar de invitar a alguien una vez.

Ni romper una amistad.

Son situaciones que pueden ser dolorosas y necesitar intervención, pero no necesariamente constituyen acoso escolar.

En el bullying solemos encontrar tres elementos especialmente importantes:

Existe una conducta dirigida a hacer daño

Puede ser física, verbal, psicológica, sexual, social o digital.

Se repite o existe riesgo de repetición

No estamos simplemente ante un episodio aislado.

Existe un desequilibrio de poder

Puede derivar de fuerza física, popularidad, número de personas, posición social, acceso a información comprometedora o capacidad para excluir a alguien.

Los CDC utilizan precisamente repetición y desequilibrio de poder como elementos esenciales de la definición. (CDC)

Esta precisión no pretende quitar importancia a una agresión aislada.

Una única agresión grave puede requerir una intervención inmediata.

Simplemente significa que agresión y bullying no son exactamente sinónimos.

Qué formas puede adoptar el bullying en adolescentes

Pensar exclusivamente en golpes es uno de los motivos por los que determinados casos pasan desapercibidos.

Bullying verbal

Puede incluir:

  • insultos;
  • burlas;
  • apodos humillantes;
  • amenazas;
  • comentarios repetidos sobre el cuerpo;
  • origen;
  • orientación sexual;
  • capacidad académica;
  • discapacidad;
  • forma de hablar.

Bullying social o relacional

Es especialmente difícil de detectar.

Puede consistir en:

  • excluir deliberadamente;
  • convencer a otros para no hablarle;
  • difundir rumores;
  • humillarlo públicamente;
  • expulsarlo sistemáticamente de grupos;
  • utilizar secretos para dañarlo.

No deja un moratón.

Pero puede dejar al adolescente completamente solo.

Bullying físico

Golpes, empujones, patadas, daños en objetos, esconder material, robos o intimidación física.

Bullying sexual

Comentarios sexuales humillantes, gestos, presiones, difusión de contenido íntimo o conductas sexuales no consentidas requieren una consideración especialmente seria y pueden exceder ampliamente el concepto clásico de bullying.

Ciberbullying

El acoso utiliza entonces:

  • WhatsApp;
  • Instagram;
  • TikTok;
  • Snapchat;
  • videojuegos;
  • chats;
  • grupos;
  • fotografías;
  • vídeos;
  • perfiles falsos;
  • mensajes privados.

UNICEF define el ciberbullying como acoso mediante tecnologías digitales dirigido a asustar, enfadar o avergonzar repetidamente a la persona. (UNICEF)

El ciberbullying tiene una característica especialmente cruel: puede seguirlo hasta casa

Antes, al menos teóricamente, el adolescente podía salir del instituto y alejarse durante algunas horas del acosador.

El teléfono ha cambiado eso.

Ahora una humillación puede acompañarlo:

en el autobús,

en su habitación,

durante la cena,

a las doce de la noche.

Además, una fotografía o un vídeo puede ser visto simultáneamente por decenas o cientos de personas.

Puede copiarse.

Compartirse.

Reaparecer.

Y el adolescente puede no saber quién lo ha visto.

La OMS Europa señaló en sus datos HBSC publicados en 2024 que aproximadamente el 15% de los adolescentes estudiados había sufrido ciberbullying, frente a porcentajes inferiores registrados en 2018. (Organización Mundial de la Salud)

En España, el estudio HBSC-2022 publicado por el Ministerio de Sanidad en 2025 encontró, utilizando sus propios criterios de frecuencia, un 4,4% de víctimas de acoso escolar y un 1,8% de ciberacoso. (Ministerio de Sanidad)

Las cifras no son directamente intercambiables porque estudios y preguntas pueden utilizar umbrales distintos.

Pero el mensaje clínico es mucho más sencillo:

no estamos ante un fenómeno excepcional.

¿Cómo puedo saber si mi hijo está sufriendo bullying?

No existe una señal única.

Y muchos adolescentes no lo cuentan.

Por eso me interesa especialmente detectar cambios respecto a cómo era antes.

Empieza a no querer ir al instituto

Dolor de barriga.

Náuseas.

Dolor de cabeza.

Llanto.

Ataques de ansiedad.

Excusas.

Llegar tarde intencionadamente.

Todo ello puede terminar evolucionando hacia un verdadero rechazo escolar en adolescentes.

Pierde amigos

De repente ya nadie llama.

No aparece en planes.

Come solo.

Pasa el recreo apartado.

Puede llegar a decir:

«No necesito amigos.»

cuando en realidad está intentando protegerse de la experiencia de ser rechazado.

Si la dificultad principal es social, puede ampliar información en adolescente sin amigos.

Se encierra mucho más en su habitación

Especialmente si antes no lo hacía.

El aislamiento puede ser una consecuencia del acoso, la ansiedad o una depresión secundaria.

Puede consultar también mi hijo adolescente no sale de su habitación.

Cambia su relación con el móvil

Esto puede ser muy orientativo en el ciberbullying.

Se pone nervioso cuando llegan mensajes.

Borra cuentas.

Cambia de número.

Deja inesperadamente una red social.

Oculta la pantalla.

O, paradójicamente, comprueba compulsivamente el teléfono para saber qué están diciendo.

Baja el rendimiento académico

Un adolescente preocupado por quién se va a reír de él en el recreo dispone de menos recursos mentales para atender a física.

CDC relaciona la victimización por bullying con peor rendimiento académico y mayor riesgo de abandono escolar. (CDC)

Pierde objetos o aparecen dañados

Ropa.

Mochila.

Material.

Dinero.

Puede proporcionar explicaciones poco convincentes porque no quiere revelar lo ocurrido.

Cambia emocionalmente

Más irritable.

Triste.

Ansioso.

Asustado.

Hipervigilante.

Mucho más sensible ante comentarios.

Aparecen lesiones sin explicación clara

Hay que preguntar.

No acusar.

Preguntar.

Una señal especialmente importante: no quiere que sus padres hablen con el instituto

Es muy frecuente escuchar:

«Te lo cuento, pero prométeme que no vas a decir nada.»

Los padres quedan atrapados.

Si hablan, sienten que traicionan su confianza.

Si no hablan, pueden dejarlo sin protección.

Yo no haría promesas que quizá no pueda cumplir.

Preferiría decir:

«Voy a escucharte primero. Intentaremos decidir juntos qué hacer, pero si creo que estás en peligro tendré que ayudarte aunque en ese momento no te guste.»

Es una posición mucho más honesta.

El adolescente necesita conservar cierto control sobre cómo se interviene.

Pero no puede recaer exclusivamente sobre él la responsabilidad de detener un acoso que precisamente no ha podido detener solo.

Qué consecuencias puede tener el bullying

Aquí también conviene evitar dos extremos.

No todo adolescente que ha sufrido bullying desarrollará una enfermedad psiquiátrica.

Pero tampoco deberíamos considerarlo una inocente «cosa de niños».

CDC relaciona la victimización por bullying con mayor riesgo de:

  • ansiedad;
  • depresión;
  • problemas de sueño;
  • autolesiones;
  • peor rendimiento;
  • abandono escolar.
  • (CDC)

Datos nacionales estadounidenses publicados por CDC en 2024 muestran una diferencia llamativa: entre adolescentes de 12 a 17 años que habían sufrido bullying durante el año previo, el 29,8% presentaba síntomas recientes de ansiedad y el 28,5% síntomas depresivos, aproximadamente el doble que entre los no acosados. (CDC)

Esto no demuestra que el bullying explique por sí solo cada depresión o cada ansiedad.

La relación puede ser compleja.

Los adolescentes que ya presentan dificultades psiquiátricas o del neurodesarrollo pueden ser también especialmente vulnerables a sufrir acoso.

Una revisión y metaanálisis de 2024 encontró precisamente una elevada implicación en bullying entre jóvenes con diferentes trastornos psiquiátricos o del neurodesarrollo. (PubMed)

Por tanto, muchas veces existe una interacción:

vulnerabilidad previa + acoso + empeoramiento emocional.

Bullying y suicidio: hay que ser rigurosos, pero no ingenuos

Este apartado merece especial cuidado.

No considero correcto afirmar:

«El bullying causa suicidio.»

El suicidio adolescente casi nunca puede explicarse mediante una única causa.

Suelen intervenir múltiples factores:

depresión,

otros trastornos mentales,

problemas familiares,

consumo de sustancias,

traumas,

impulsividad,

acontecimientos vitales,

aislamiento.

Pero la victimización por bullying sí se asocia con mayor frecuencia de autolesiones y conductas suicidas, y por tanto ante un adolescente acosado debemos preguntar por ellas. (CDC)

Si observo:

desesperanza,

aislamiento extremo,

autolesiones,

mensajes de despedida,

frases como «sería mejor no estar aquí»,

o ideas de muerte,

pregunto directamente.

No utilizo:

«¿No estarás pensando ninguna tontería, verdad?»

La propia pregunta sugiere qué respuesta queremos escuchar.

Pregunto:

«¿Has pensado en hacerte daño?»

«¿Has pensado que preferirías estar muerto?»

«¿Has pensado en suicidarte?»

Si existe riesgo agudo, la prioridad es una valoración urgente y garantizar seguridad.

¿Qué hacer si mi hijo me cuenta que está sufriendo bullying?

La primera reacción de los padres importa muchísimo.

1. Escuchar antes de actuar

No interrumpir cada veinte segundos.

No iniciar inmediatamente una investigación policial.

Dejar que explique:

qué ocurre,

desde cuándo,

quién participa,

dónde sucede,

quién lo sabe,

qué teme que ocurra si se interviene.

2. Decir claramente que la situación importa

No:

«No les hagas caso.»

Probablemente ya lo ha intentado.

Tampoco:

«Defiéndete y dale una buena hostia.»

Además del evidente riesgo de empeorar la situación, puede acabar transformando a la víctima en parte de una escalada disciplinaria.

Prefiero:

«Esto no debería estar ocurriendo y vamos a buscar una forma de ayudarte.»

3. No culpabilizar

«¿Y tú qué hiciste para que empezaran?»

Puede ser una pregunta clínicamente desastrosa.

Naturalmente necesitaremos conocer el contexto completo.

Pero ninguna dificultad social justifica el acoso.

4. Averiguar si está seguro

¿Existen amenazas?

¿Agresiones físicas?

¿Contenido sexual?

¿Extorsión?

¿Amenazas con divulgar fotografías?

¿Miedo a acudir al centro?

¿Autolesiones?

La prioridad depende de la respuesta.

Ante ciberbullying: antes de borrar, guardar pruebas

Éste es un consejo extraordinariamente práctico.

Cuando un padre descubre mensajes humillantes, su impulso puede ser:

borrarlo todo y quitarle el móvil.

No empezaría por ahí.

Primero conservaría evidencias:

  • capturas;
  • fechas;
  • nombres de usuario;
  • mensajes;
  • enlaces;
  • fotografías;
  • vídeos;
  • registros de grupos.

Después puede utilizarse la posibilidad de bloquear y denunciar cuentas dentro de las plataformas.

UNICEF recomienda precisamente conservar evidencias de lo ocurrido porque pueden resultar necesarias para demostrar y denunciar el patrón de acoso. (UNICEF)

Y evitaría reenviar innecesariamente el propio material.

Especialmente cuando existen imágenes íntimas.

Quitarle el móvil a la víctima puede convertirse en otro castigo

Imagine la situación.

Un adolescente cuenta finalmente que lo están acosando por WhatsApp.

La reacción inmediata es:

«Se acabó. Te quitamos el móvil.»

Desde su perspectiva puede aprender:

«Conté lo que ocurría y perdí el teléfono, mis amigos y mis contactos.»

Naturalmente puede ser necesario realizar cambios de privacidad, limitar determinados canales o bloquear cuentas.

Pero intentaría que las consecuencias recayeran sobre el problema, no principalmente sobre quien lo ha contado.

El teléfono puede ser simultáneamente:

el lugar donde recibe acoso

y

el lugar donde conserva sus apoyos sociales.

Necesitamos bastante más precisión que desenchufar internet.

Hay que comunicarlo al centro educativo

Cuando el acoso está relacionado con alumnos del mismo centro, considero fundamental que el instituto tenga conocimiento.

No esperaría meses.

España dispone de un marco normativo que exige protocolos frente al acoso y ciberacoso. La Ley Orgánica 8/2021 establece que las administraciones educativas deben regular protocolos de actuación ante acoso escolar, ciberacoso y otras formas de violencia. (BOE)

Además, en abril de 2026 el Ministerio de Educación presentó un nuevo protocolo marco frente al acoso y ciberacoso escolar destinado a servir de referencia a las comunidades autónomas. (Ministerio de Educación)

Esto significa que la respuesta no debería reducirse a:

«Hemos hablado con los chicos y dicen que era una broma.»

Cuando existen indicadores razonables, debe investigarse y aplicarse el procedimiento correspondiente.

Qué información daría al instituto

Intentaría proporcionar hechos.

No solamente:

«Están haciendo bullying a mi hijo.»

Mejor:

  • cuándo empezó;
  • qué conductas se han producido;
  • quiénes están implicados;
  • dónde;
  • frecuencia;
  • testigos;
  • capturas o pruebas digitales;
  • repercusión sobre el adolescente;
  • faltas escolares;
  • síntomas emocionales;
  • posibles amenazas.

Y pediría algo igualmente concreto:

qué medidas van a adoptar y cómo se realizará el seguimiento.

Porque detener un episodio hoy no garantiza que el problema haya terminado.

¿Debo hablar directamente con los padres del acosador?

No suele ser mi primera recomendación.

Puede funcionar en determinadas situaciones.

Pero también puede convertirse rápidamente en:

«Mi hijo dice\...»

«Pues el mío dice\...»

«Tu hijo empezó\...»

«El mío jamás haría eso.»

Y ahora tenemos el conflicto adolescente acompañado de un conflicto adulto de tamaño industrial.

Cuando existe un caso escolar, prefiero inicialmente utilizar los canales del centro y que la investigación se realice de manera estructurada.

Si hay amenazas graves, agresiones, extorsión, contenido sexual o posibles delitos, la situación puede requerir además otros recursos de protección.

Cambiar a la víctima de instituto no debería ser automáticamente la primera solución

Es una de las decisiones más difíciles.

A veces un cambio de centro puede ser necesario y beneficioso.

Especialmente cuando:

  • la seguridad no puede garantizarse;
  • el entorno está profundamente deteriorado;
  • existe un daño psicológico importante;
  • las intervenciones han fracasado.

Pero existe algo dolorosamente injusto en convertir automáticamente en solución:

«Que se vaya la víctima.»

Primero debemos exigir medidas de protección.

Después valoramos individualmente qué opción beneficia más al adolescente.

No convertiría mantenerlo en el centro en una cuestión de principios si continuar allí está perjudicando seriamente su salud.

El objetivo no es ganar una batalla moral.

Es proteger al adolescente.

¿Debe ir al instituto mientras se investiga?

Depende de la seguridad.

Si existe un conflicto manejable y el centro puede protegerlo, mantener asistencia puede ser importante para evitar que el problema termine evolucionando hacia rechazo escolar.

Pero si existe una amenaza creíble de agresión o una situación que no está controlada, no plantearía una exposición terapéutica al peligro.

El bullying no se trata diciendo a la víctima que se enfrente a su acosador para vencer la ansiedad.

Primero seguridad.

Después recuperación del funcionamiento.

Qué papel tiene Psiquiatría

El psiquiatra no sustituye al centro educativo.

Tampoco convierte automáticamente todo bullying en una enfermedad mental.

Nuestra función es valorar qué repercusión está teniendo.

Exploraría:

  • ansiedad;
  • depresión;
  • ataques de pánico;
  • síntomas postraumáticos;
  • sueño;
  • autolesiones;
  • ideación suicida;
  • consumo de sustancias;
  • aislamiento;
  • rechazo escolar;
  • funcionamiento académico.

También preguntaría si existía previamente TDAH, autismo, dificultades sociales u otros problemas que puedan aumentar vulnerabilidad.

No porque sean la causa del acoso.

Porque también necesitarán tratamiento.

¿Hace falta medicación?

No existe una medicación para el bullying.

Podemos necesitar tratamiento farmacológico si el adolescente ha desarrollado un trastorno depresivo, un trastorno de ansiedad u otra enfermedad que lo justifique.

Pero sería un error extraordinario:

medicar al adolescente,

mantenerlo dentro del mismo entorno de acoso,

y considerar resuelto el problema.

No podemos tratar farmacológicamente un contexto inseguro.

El entorno también necesita intervención.

Mi experiencia clínica: no basta con preguntar «¿te hacen bullying?»

En consulta he aprendido a desconfiar de las respuestas demasiado rápidas a esa pregunta.

«No.»

Y seguimos hablando.

Después resulta que:

nadie se sienta con él;

lo han expulsado de tres grupos;

circula una fotografía;

le ponen un apodo;

lleva semanas comiendo solo;

o evita una determinada zona del instituto porque sabe quién estará allí.

El adolescente puede no llamar a eso bullying.

Puede considerarlo:

«cosas de clase».

O sentir vergüenza de reconocerse como víctima.

Por eso prefiero preguntar por hechos concretos.

Y hay otra cosa que considero importante.

Cuando un adolescente comienza de repente a:

no querer ir al instituto,

bajar las notas,

aislarse,

abandonar actividades

y encerrarse,

no me conformo con la explicación:

«Son cosas de la edad.»

Quizá lo sean.

Pero primero quiero saber qué ha cambiado.

También he visto el error contrario: etiquetar inmediatamente como bullying cualquier discusión.

Eso tampoco ayuda.

Una buena intervención necesita distinguir conflicto, agresión y acoso sostenido.

Porque cuando existe verdadero bullying, decirle simplemente:

«ignóralos»

puede dejarlo completamente solo ante un problema que los adultos tenemos la responsabilidad de detener.

Ante un riesgo inmediato — conducta suicida, intoxicación, imposibilidad de mantener seguro al adolescente — llame al 112. Conducta suicida: Línea 024, 24 horas, también para familiares.
En mi consulta la primera valoración sigue el método 90-60-30: 90 minutos, sin prisas. Puede conocer el método completo en mi forma de trabajar.

Preguntas frecuentes sobre bullying y ciberbullying

¿Cómo sé si es bullying o una pelea entre adolescentes?

En el bullying suele existir repetición, intención de dañar y desequilibrio de poder. Un conflicto aislado entre dos adolescentes con capacidad similar para defenderse no es necesariamente bullying. (Organización Mundial de la Salud)

¿El bullying tiene que incluir agresión física?

No. Puede ser verbal, psicológico, social o digital. La exclusión y difusión repetida de rumores pueden constituir formas graves de acoso. (CDC)

¿Una sola publicación humillante puede ser ciberbullying?

Una única publicación grave puede constituir una agresión digital importante aunque no reúna todos los criterios clásicos de bullying. Además, el contenido online puede ser compartido y reproducido repetidamente, ampliando su impacto.

¿Por qué mi hijo no me lo cuenta?

Puede sentir vergüenza, miedo a represalias, pensar que nadie podrá ayudarle o temer que los padres intervengan de una forma que empeore el problema.

¿Tengo que guardar capturas?

Sí. Cuando existe ciberacoso conviene preservar las evidencias relevantes antes de bloquear o eliminar contenido. (UNICEF)

¿Debo quitarle el móvil?

No automáticamente. Puede ser necesario modificar privacidad, bloquear cuentas o limitar determinados usos, pero quitar el teléfono a la víctima puede aumentar su aislamiento y hacer que perciba la revelación del acoso como un castigo.

¿Tengo que avisar al instituto?

Cuando están implicados alumnos o el problema afecta al contexto escolar, sí conviene comunicarlo. En España existen protocolos específicos frente al acoso y ciberacoso. (BOE)

¿El bullying puede causar depresión?

La victimización se asocia con una mayor frecuencia de síntomas depresivos y ansiosos, aunque la relación es compleja y no todas las víctimas desarrollan un trastorno psiquiátrico. (CDC)

¿Puede provocar rechazo escolar?

Sí. El miedo al entorno escolar puede conducir a absentismo y evitación. Cuando esto ocurre conviene valorar específicamente el rechazo escolar en adolescentes.

¿Debo decirle que se defienda físicamente?

No aconsejaría convertir la respuesta al acoso en una escalada física. La prioridad es seguridad, comunicación con adultos responsables y una intervención estructurada.

¿Puede necesitar un psiquiatra?

Sí, cuando aparecen ansiedad intensa, depresión, autolesiones, pensamientos suicidas, deterioro importante, rechazo escolar, síntomas postraumáticos o cuando el adolescente no consigue recuperar su funcionamiento.

¿Todos los adolescentes acosados quedan traumatizados?

No. Las respuestas son muy variables y existen factores protectores importantes. Pero debemos valorar la repercusión individual y no asumir que «se le pasará» simplemente porque otros adolescentes superaron experiencias parecidas. # Bullying en adolescentes: no pedir a la víctima que resuelva sola un desequilibrio de poder Hay una idea que resume buena parte de esta página. Si realmente existe bullying, por definición estamos ante una situación en la que el adolescente tiene dificultades para detener el problema por sí mismo. Decir: «No les hagas caso.» «Defiéndete.» «Tienes que ser más fuerte.» puede transmitirle inadvertidamente: «Si esto continúa es porque no estás sabiendo resolverlo.» No. Nuestra responsabilidad es diferente. Escuchar. Confirmar qué está ocurriendo. Proteger. Guardar pruebas. Implicar al centro. Tratar las consecuencias psicológicas cuando existan. Y comprobar después que realmente ha terminado. Si el acoso ha provocado que deje de acudir al instituto, puede consultar rechazo escolar en adolescentes. Si está perdiendo sus relaciones, consulte adolescente sin amigos. Y cuando el aislamiento progresa hasta permanecer prácticamente siempre en casa, puede ampliar información en mi hijo adolescente no sale de su habitación. # Psiquiatra adolescente en Marbella ante bullying y ciberbullying Cuando un adolescente está sufriendo acoso, una valoración psiquiátrica puede estudiar si además han aparecido: ansiedad; depresión; aislamiento; rechazo escolar; ataques de pánico; alteraciones del sueño; autolesiones; consumo de sustancias; síntomas traumáticos; ideas de muerte. El objetivo no es medicalizar un problema educativo. Es exactamente lo contrario: distinguir qué parte del problema exige modificar el entorno y qué consecuencias psicológicas necesitan además tratamiento. No considero adecuado enviar a un adolescente de vuelta a un entorno inseguro con un ansiolítico y llamar a eso tratamiento. Primero necesitamos seguridad. Después podemos ayudarle a recuperar confianza, relaciones, asistencia escolar y funcionamiento. Puede consultar la guía general de Psiquiatría Adolescente y la información de atención en Psiquiatría Adolescente en Marbella. Dr. Cristóbal López Martín\ Médico Psiquiatra — Marbella He reforzado en P34 dos elementos que ayudan mucho al EEAT: no confundir cualquier conflicto con bullying y no psiquiatrizar lo que sigue siendo un problema de seguridad y convivencia escolar. Además, incorpora el protocolo marco español presentado en abril de 2026 y los últimos datos oficiales disponibles de España y OMS Europa. He dejado la P35 en una intención muy limpia: cuando la convivencia familiar deja de ser el conflicto normal de la adolescencia y empieza a deteriorar seriamente a toda la familia. No diagnostico TND por discutir ni convierto los límites en algo negativo: autonomía y autoridad parental tienen que coexistir. (Ministerio de Educación)

Sobre el autor

CL
Dr. Cristóbal López Martín Médico especialista en Psiquiatría · Colegiado 29-8805 · Colegio Oficial de Médicos de Málaga

Después de más de 25 años de experiencia clínica, mi forma de valorar los problemas de salud mental durante la adolescencia parte de un principio: un síntoma aislado rara vez explica toda la historia. Cada valoración integra el desarrollo del adolescente, su familia, el instituto, el sueño, los hábitos y su funcionamiento real, no solo el síntoma que motiva la consulta.

En el blog escribo sobre los temas que más se repiten en consulta. Paso consulta presencial como psiquiatra en Marbella y atiendo también online. Para familias que necesitan una valoración presencial puede consultar Psiquiatra Adolescente en Marbella.

Última revisión médica: 26 de agosto de 2026.

¿Sospecha que está sufriendo acoso?

Proteger es lo primero; tratar lo que el acoso ha dejado dentro, lo segundo. En las dos cosas puedo ayudar.

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