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Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Guía para familias · Instituto

Fracaso escolar en adolescentes: cuando las malas notas son el síntoma, no el problema

Dr. Cristóbal López Martín · Médico especialista en Psiquiatría · Colegiado 29-8805

Col. 29-880512-18 añosEspañol e inglésOnline en toda España
En esta página · 39 apartados

«Siempre había aprobado y este año ha suspendido cinco.»

«Se sienta delante de los libros, pero no hace nada.»

«Dice que le da igual estudiar.»

«Tiene capacidad de sobra, pero está tirando el curso.»

«No sabemos si es vago, está deprimido o tiene TDAH.»

Son frases que escuchamos con frecuencia cuando una familia consulta por un adolescente cuyo rendimiento académico ha empezado a deteriorarse.

Y hay algo que conviene decir desde el principio:

suspender no es un diagnóstico psiquiátrico.

Tampoco sacar malas notas demuestra falta de inteligencia, vaguería o desinterés.

El rendimiento escolar es el resultado final de una ecuación enormemente compleja en la que intervienen capacidad cognitiva, atención, motivación, funciones ejecutivas, sueño, salud física, estado emocional, entorno familiar, profesores, compañeros, dificultades específicas de aprendizaje, consumo de sustancias y muchas otras variables.

La Asociación Española de Pediatría incluye entre las causas del retraso y fracaso escolar los déficits de atención, dificultades de aprendizaje, falta de motivación, problemas psicológicos y circunstancias sociales o familiares. (AEPED)

Por eso, cuando un adolescente empieza a suspender, la pregunta clínicamente interesante no es solamente:

«¿Cómo conseguimos que estudie más?»

La primera pregunta debería ser:

«¿Por qué ha dejado de rendir como antes?»

En 30 segundos
  • Cinco suspensos no diagnostican nada — pero un cambio brusco de notas siempre significa algo.
  • La nota es el final de la historia: hay que leer los capítulos anteriores.
  • Causas frecuentes: depresión, ansiedad, TDAH, sueño, acoso, consumo, dificultades de aprendizaje.
  • Castigar la nota sin entender la causa suele empeorar las dos cosas.

Fracaso escolar no significa simplemente suspender un examen

Conviene distinguir conceptos.

Un adolescente puede suspender varias asignaturas durante un trimestre y recuperarlas posteriormente.

Puede tener dificultades puntuales en matemáticas.

Puede atravesar una mala época.

Puede haberse organizado fatal.

Nada de esto significa necesariamente que exista un trastorno psiquiátrico.

Utilizamos de forma coloquial la expresión fracaso escolar para referirnos a un rendimiento persistentemente inferior al esperado, repetición, acumulación de suspensos, dificultad para completar la educación obligatoria o deterioro académico importante.

Además, no debemos confundirlo con el abandono educativo temprano, que es un indicador poblacional diferente.

En España, el abandono educativo temprano descendió al 12,8% en 2025, el dato anual más bajo registrado hasta entonces. (Ministerio de Educación)

Es una buena noticia.

Pero detrás de las estadísticas nacionales hay adolescentes concretos cuya trayectoria escolar empieza a deteriorarse mucho antes de llegar al abandono.

Y ahí es donde merece la pena intervenir.

Las notas pueden comportarse como un signo clínico

No diagnostican nada.

Pero proporcionan información.

En consulta me interesa especialmente la trayectoria.

No es igual un adolescente que siempre tuvo dificultades académicas que otro que pasó de sobresalientes a suspensos en seis meses.

Si siempre ha tenido problemas

Pensaría, entre otras posibilidades, en:

  • TDAH;
  • dificultades específicas del aprendizaje;
  • problemas del lenguaje;
  • funcionamiento intelectual;
  • trastornos del neurodesarrollo;
  • dificultades importantes de organización;
  • un problema escolar crónico;
  • o una combinación de varios factores.

Si el deterioro es reciente

Entonces quiero saber:

¿qué ha cambiado?

Porque un descenso brusco del rendimiento puede acompañar a:

  • depresión;
  • ansiedad;
  • bullying;
  • problemas familiares;
  • privación de sueño;
  • consumo de cannabis u otras sustancias;
  • una ruptura sentimental;
  • estrés;
  • enfermedad física;
  • rechazo escolar;
  • o cualquier acontecimiento importante ocurrido durante los últimos
  • meses.

Una caída reciente del rendimiento académico no debería atribuirse automáticamente a falta de esfuerzo.

Hay que reconstruir la historia.

«Es inteligente, pero no trabaja»

Probablemente es una de las frases más repetidas en reuniones escolares.

A veces es correcta.

Hay adolescentes perfectamente capaces que estudian poco.

La medicina no necesita transformar toda dificultad humana en una enfermedad.

Pero esa frase tampoco explica gran cosa.

¿Por qué no trabaja?

Puede no saber organizarse.

Puede tener TDAH.

Puede estar deprimido.

Puede sentirse incapaz de alcanzar las expectativas.

Puede haber perdido completamente la motivación después de años de malos resultados.

Puede evitar estudiar porque cada sesión confirma la idea de que «no sirve».

Puede dormir cinco horas.

Puede consumir cannabis todas las noches.

Puede pasar siete horas al día conectado.

Puede estar viviendo un problema familiar del que nadie en el instituto tiene conocimiento.

O puede, efectivamente, haber adquirido unos malos hábitos de estudio.

La conducta final es la misma. La causa puede ser completamente diferente.

TDAH y fracaso escolar: una asociación importante, pero no automática

El TDAH puede interferir de manera importante con el rendimiento académico.

No solamente por la capacidad de mantener la atención.

También por problemas en:

  • planificación;
  • organización;
  • memoria de trabajo;
  • gestión del tiempo;
  • inicio de tareas;
  • inhibición de impulsos;
  • seguimiento de instrucciones;
  • cumplimiento de plazos.

El CDC señala que los alumnos con TDAH encuentran más obstáculos para alcanzar el éxito escolar y que la colaboración entre padres, profesores y escuela forma parte de un adecuado apoyo educativo. (CDC)

Un adolescente puede saber perfectamente el tema del examen y, sin embargo:

olvidar que había examen;

perder los apuntes;

no entregar tres trabajos;

empezar a estudiar a las once de la noche;

o descubrir el domingo que tenía un proyecto para el lunes.

Eso también es funcionamiento académico.

Pero hay una precaución fundamental:

fracaso escolar no equivale a TDAH.

Si el problema fundamental es que el adolescente no consigue concentrarse, debemos estudiar específicamente esa dificultad.

Si desde pequeño existen síntomas persistentes compatibles con TDAH, entonces merece una valoración diagnóstica.

Pero diagnosticar TDAH porque un adolescente suspende es hacer el razonamiento al revés.

Depresión: cuando «no estudia» significa que apenas puede funcionar

La depresión adolescente no siempre se presenta como tristeza evidente.

Puede aparecer irritabilidad.

Apatía.

Cansancio.

Pérdida de interés.

Aislamiento.

Sueño excesivo o insomnio.

Dificultades para pensar y concentrarse.

Sensación de inutilidad.

Y deterioro académico.

La American Academy of Pediatrics señala que la depresión puede afectar directamente a la asistencia, el rendimiento escolar y las relaciones del adolescente con compañeros y profesores. (AAP)

El NHS también incluye los problemas escolares entre las posibles manifestaciones de depresión durante la infancia y adolescencia. (nhs.uk)

Esto explica situaciones que los padres describen así:

«Antes hacía todo solo.»

«Ahora hay que perseguirlo.»

«Le da igual suspender.»

La frase «me da igual» merece ser examinada.

Porque puede significar realmente que le da igual.

Pero también puede significar:

«He dejado de creer que pueda conseguirlo y prefiero fingir que no me importa.»

Son cosas muy distintas.

Ansiedad: estudiar mucho y rendir poco

La ansiedad puede perjudicar el rendimiento de diferentes maneras.

Un adolescente puede dedicar muchísimas horas a estudiar y obtener resultados muy inferiores a lo esperado.

Puede quedarse bloqueado en un examen.

Leer repetidamente el mismo contenido.

Comprobar cada ejercicio veinte veces.

No avanzar porque intenta hacerlo todo perfectamente.

Evitar exposiciones orales.

Faltar los días de examen.

O llegar al extremo del rechazo escolar.

Los trastornos de ansiedad durante la adolescencia se asocian con dificultades importantes tanto sociales como académicas. (PubMed)

Además, la relación entre escuela y salud mental es compleja.

Una revisión sistemática de 52 estudios encontró una asociación entre presión académica y distintos problemas de salud mental durante la adolescencia. (PubMed)

La OMS Europa informó también de un aumento de la presión escolar percibida, especialmente entre chicas: en los datos HBSC, el 62% de las chicas de 15 años informó una elevada presión escolar frente al 43% de los chicos. (Organización Mundial de la Salud)

Esto no significa que exigir académicamente sea malo.

Significa que debemos diferenciar exigencia razonable de un nivel de presión que está contribuyendo al deterioro del adolescente.

Dormir cinco horas también puede parecer fracaso escolar

Antes de interpretar unas malas notas hay una pregunta extraordinariamente sencilla:

¿cuántas horas duerme realmente?

No:

«¿A qué hora se mete en la cama?»

Realmente.

Porque entrar en la habitación a las 23:00 y dejar TikTok a las 2:17 son acontecimientos diferentes.

El CDC señala que dormir insuficientemente durante la adolescencia se asocia con problemas de atención y conducta y puede contribuir a un peor rendimiento académico. (CDC)

En esta etapa además existe una tendencia biológica a retrasar el horario de sueño.

Si añadimos:

  • móvil;
  • videojuegos;
  • estudio nocturno;
  • cafeína;
  • horarios irregulares;
  • y levantarse a las siete;

podemos obtener un adolescente crónicamente privado de sueño.

Y un cerebro agotado aprende peor.

Antes de diagnosticar vaguería, TDAH o desmotivación, merece la pena saber a qué hora se apaga realmente la luz.

Cannabis y caída del rendimiento académico

En un adolescente cuyo rendimiento cae de forma inexplicable, preguntaría por consumo de cannabis.

Especialmente cuando aparecen también:

  • apatía;
  • absentismo;
  • cambio de amigos;
  • problemas familiares;
  • alteración del sueño;
  • pérdida de actividades;
  • disminución de objetivos académicos.

No porque estos síntomas demuestren consumo.

No lo hacen.

Pero justifican preguntar.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics en 2024 encontró que el consumo de cannabis durante la adolescencia y primera juventud se asociaba con peores resultados académicos, incluido menor rendimiento, mayor absentismo y mayor probabilidad de abandono escolar. (PubMed)

La asociación fue mayor con consumos más frecuentes y cuando el inicio había sido más temprano. (PubMed)

Conviene también ser rigurosos con lo que esto significa.

Una asociación estadística no permite decir que todo suspenso de un consumidor esté causado exclusivamente por cannabis.

Pero tampoco considero sensato ignorarlo.

Dificultades de aprendizaje: el adolescente que parece no esforzarse

Un adolescente puede llevar años trabajando mucho más que los demás para obtener resultados mediocres.

Si existe una dificultad específica para:

  • leer;
  • comprender textos;
  • escribir;
  • ortografía;
  • matemáticas;
  • procesar información;
  • organizar ideas;

la adolescencia puede ser el momento en que las estrategias compensatorias dejan de ser suficientes.

Esto puede producir un fenómeno secundario muy comprensible.

Primero:

esfuerzo.

Después:

frustración.

Después:

desmotivación.

Y finalmente:

evitación.

Desde fuera vemos únicamente la última fase:

«No quiere estudiar.»

Pero quizá llevamos años sin preguntarnos por qué estudiar representa para él un esfuerzo desproporcionado.

La AEP recuerda que los problemas de aprendizaje y déficit de atención son causas que deben considerarse ante retraso o fracaso escolar. (AEPED)

Bullying: a veces el problema académico no está en los libros

Si un adolescente está preocupado por quién lo espera en el recreo, es razonable imaginar que los verbos irregulares ocupen una posición relativamente baja entre las prioridades de su cerebro.

El bullying puede provocar:

  • ansiedad;
  • tristeza;
  • aislamiento;
  • dificultades de concentración;
  • absentismo;
  • rechazo escolar;
  • empeoramiento académico.

Por eso ante un descenso brusco de notas preguntaría específicamente:

«¿Ha pasado algo con tus compañeros?»

Y también:

«¿Hay alguien con quien tengas miedo de encontrarte?»

No basta siempre con preguntar:

«¿Te hacen bullying?»

Muchos adolescentes contestarán que no.

El ciberacoso añade además una característica particularmente incómoda: ya no termina necesariamente cuando el alumno vuelve a casa. UNICEF España señala que el ciberbullying puede tener repercusiones emocionales, sociales y académicas importantes. (UNICEF España)

El móvil puede influir, pero no explica todo

En muchas familias, el móvil termina convertido en acusado número uno de cualquier problema adolescente.

A veces con razón.

Otras veces porque es un culpable extraordinariamente visible.

Si un estudiante intenta estudiar mientras alterna cada pocos minutos entre:

WhatsApp,

Instagram,

TikTok,

YouTube

y apuntes,

la calidad del estudio probablemente no será maravillosa.

Además, el uso nocturno puede interferir con el sueño.

La OMS Europa informó que el uso problemático de redes sociales entre adolescentes de los países estudiados aumentó del 7% en 2018 al 11% en 2022, mientras que un 12% presentaba riesgo de juego digital problemático. (Organización Mundial de la Salud)

Pero cuidado con una simplificación:

un teléfono no explica por sí solo una depresión, un TDAH, una dislexia o una ansiedad social.

Hay que investigar para qué lo utiliza, cuánto, cuándo y qué está desplazando.

A veces el móvil causa parte del problema.

Otras veces es el refugio de un adolescente que ya estaba mal.

Problemas familiares y acontecimientos vitales

Separaciones conflictivas.

Enfermedad de un padre.

Problemas económicos graves.

Violencia.

Cambios de domicilio.

Fallecimiento de alguien cercano.

Conflictos familiares persistentes.

Todos pueden afectar al rendimiento.

Los trastornos adaptativos durante la infancia y adolescencia pueden manifestarse con ansiedad, síntomas depresivos, desmotivación, insomnio y alteraciones conductuales. (AEPED)

No podemos pedirle al cerebro adolescente que deje cuidadosamente todos sus problemas familiares en la puerta del instituto y los recoja a las tres.

Lo que ocurre fuera del aula entra en ella.

¿Y si simplemente no estudia?

También existe.

Y conviene decirlo.

No todos los suspensos tienen una explicación psiquiátrica.

Puede haber:

  • ausencia de hábitos;
  • exceso de ocio;
  • escasa supervisión;
  • mala planificación;
  • expectativas poco realistas;
  • falta de consecuencias;
  • motivación académica baja.

Medicalizar todos los problemas educativos tampoco beneficia al adolescente.

Una valoración clínica rigurosa sirve también para decir:

«No encuentro un trastorno psiquiátrico que explique esto.»

Entonces la solución puede ser principalmente educativa, familiar y conductual.

La psiquiatría no debería utilizarse para diagnosticar como enfermedad cualquier dificultad propia de crecer.

Un círculo peligroso: suspender también puede hacer que el adolescente empeore emocionalmente

Suele pensarse en una única dirección:

problema psicológico → malas notas.

Pero la relación puede complicarse.

Un adolescente empieza a suspender.

Su autoestima baja.

Discute más con los padres.

Pierde actividades.

Se compara con los compañeros.

Piensa que es incapaz.

Evita estudiar.

Suspende todavía más.

Ya tenemos un círculo.

Un estudio longitudinal publicado en 2024 encontró una asociación entre rendimiento académico y salud mental posterior, aunque sus resultados no apoyaron una relación bidireccional simple para todas las variables estudiadas. (PubMed Central (PMC))

La conclusión prudente es importante:

rendimiento escolar y salud mental están relacionados, pero esa relación no es sencilla ni permite diagnosticar una cosa mirando solamente la otra.

Cómo evalúo a un adolescente que empieza a suspender

No empezaría preguntando cuántas horas estudia.

Empezaría reconstruyendo la historia.

1. ¿Cuándo comenzó?

¿Siempre hubo dificultades?

¿Empezaron en Secundaria?

¿Este trimestre?

¿Después de un acontecimiento concreto?

La cronología puede orientar enormemente el diagnóstico.

2. ¿Qué ha cambiado en las notas?

No es igual suspender matemáticas desde siempre que pasar de un 8 general a cinco suspensos.

Quiero ver:

  • evolución;
  • asignaturas afectadas;
  • comentarios de profesores;
  • absentismo;
  • tareas sin entregar;
  • exámenes;
  • diferencias entre evaluación continua y pruebas.

3. ¿Cómo estudia realmente?

¿Cuánto tarda en empezar?

¿Se organiza?

¿Puede mantener la atención?

¿Comprende?

¿Recuerda?

¿Sabe priorizar?

¿Termina?

¿Entrega?

Una sesión de tres horas sentado delante del libro no equivale necesariamente a tres horas de estudio.

4. ¿Cómo está emocionalmente?

Preguntaría por:

  • ansiedad;
  • tristeza;
  • irritabilidad;
  • apatía;
  • autoestima;
  • pérdida de interés;
  • preocupaciones;
  • ataques de pánico;
  • pensamientos obsesivos.

5. ¿Cómo duerme?

Siempre.

6. ¿Qué ocurre socialmente?

Amigos.

Pareja.

Bullying.

Aislamiento.

Conflictos.

7. ¿Consume sustancias?

Especialmente cannabis, alcohol y estimulantes.

Parte de la entrevista debe hacerse a solas con el adolescente cuando sea apropiado.

8. ¿Puede haber TDAH o un problema de aprendizaje?

Aquí interesa especialmente la historia desde la infancia.

9. ¿Cómo funciona fuera de los estudios?

Esto es esencial.

¿También ha abandonado el deporte?

¿No sale con amigos?

¿No se ducha?

¿Está encerrado todo el día?

Un deterioro global apunta en una dirección diferente de un problema exclusivamente académico.

Qué pueden hacer los padres

No empiecen por llamarlo vago

Puede ser muy tentador.

Rara vez mejora algo.

«Eres un vago» no describe una conducta.

Describe a la persona.

Es mucho más útil decir:

«Llevas tres semanas sin entregar los trabajos.»

Eso sí puede modificarse.

No conviertan cada comida en una reunión académica

Cuando todo contacto con los padres empieza con:

«¿Has estudiado?»

y termina con:

«¿Cuándo vas a estudiar?»,

la relación familiar se reduce peligrosamente a un boletín de notas.

Los adolescentes necesitan límites.

Pero también necesitan seguir teniendo padres fuera del territorio escolar.

Pregunten qué está pasando

Una pregunta que utilizo mucho:

«Si tuvieras que explicarme por qué este curso está yendo peor que el anterior, ¿qué tres cosas pondrías primero?»

Después dejaría hablar.

Pongan estructura antes que discursos

Horario.

Sueño.

Lugar de estudio.

Móvil fuera.

Objetivos concretos.

Descansos.

Planificación semanal.

Muchas familias pronuncian extraordinarios discursos motivacionales mientras el adolescente sigue sin saber qué examen tiene el jueves.

La organización suele ser más efectiva que la oratoria.

Cuándo hablar con el instituto

Pronto.

No cuando queden tres semanas para terminar el curso.

El centro puede aportar información que en casa no tenemos:

  • cambios de comportamiento;
  • absentismo;
  • aislamiento;
  • conflictos;
  • tareas sin entregar;
  • dificultad atencional;
  • somnolencia;
  • caída progresiva;
  • relación con compañeros;
  • rendimiento muy desigual.

En algunos casos será necesaria coordinación entre familia, instituto y profesionales sanitarios.

En TDAH, por ejemplo, el CDC destaca expresamente el papel conjunto de familia, profesores y responsables escolares. (CDC)

El objetivo no es pedir que el instituto «apruebe» al adolescente.

Es entender qué está ocurriendo y qué apoyos razonables necesita.

¿Cuándo consultar con Psiquiatría?

No considero que cinco suspensos obliguen automáticamente a ir al psiquiatra.

Pero sí recomendaría una valoración cuando la caída académica aparece junto a:

  • cambio importante de personalidad;
  • ansiedad;
  • depresión;
  • irritabilidad persistente;
  • aislamiento;
  • pérdida de interés;
  • problemas graves de sueño;
  • absentismo;
  • rechazo escolar;
  • sospecha de TDAH;
  • consumo de sustancias;
  • autolesiones;
  • pensamientos de muerte;
  • deterioro importante del funcionamiento familiar.

También cuando el rendimiento cae de manera llamativa y nadie consigue explicar por qué.

En la Región Europea de la OMS se estima que aproximadamente uno de cada cinco adolescentes vivía con una condición de salud mental en 2021, lo que refuerza la importancia de reconocer precozmente los cambios relevantes de funcionamiento. (Organización Mundial de la Salud)

¿Cómo se trata el fracaso escolar?

No se trata el «fracaso escolar».

Se trata su causa.

Si existe depresión, tratamos la depresión.

Si existe ansiedad, tratamos la ansiedad.

Si existe TDAH, hacemos un tratamiento específico.

Si existe dislexia, necesitamos intervención educativa adecuada.

Si duerme cinco horas, hay que reorganizar el sueño.

Si consume cannabis, debemos abordar el consumo.

Si hay bullying, necesitamos intervenir sobre el entorno.

Si simplemente carece de hábitos y estructura, entonces el trabajo puede ser fundamentalmente conductual y educativo.

Muchas veces el tratamiento será combinado.

Psiquiatra.

Psicólogo.

Familia.

Instituto.

Orientación.

Y, sobre todo, el propio adolescente.

Porque no queremos fabricar un estudiante que únicamente funcione cuando cuatro adultos están encima.

Queremos recuperar progresivamente autonomía.

Mi experiencia clínica: una caída de notas merece una pregunta antes que un castigo

Cuando un padre me dice:

«Antes sacaba ochos y nueves y este año está suspendiendo todo»

mi primera reacción no es pensar que ese adolescente ha decidido repentinamente convertirse en vago.

Quiero saber qué ocurrió entre aquellos ochos y estos suspensos.

A veces encontramos una depresión.

O una ansiedad importante.

O cannabis.

O un TDAH que hasta entonces había podido compensar.

O una ruptura sentimental que para un adulto parece «una tontería» y para él es el centro de su mundo.

O acoso.

O simplemente un adolescente que se acostó durante meses a las tres de la madrugada y está intentando realizar Bachillerato con un cerebro permanentemente agotado.

Y otras veces no encontramos una enfermedad.

Encontramos malos hábitos, falta de organización y demasiadas horas de ocio.

También hay que poder decirlo.

Pero prefiero llegar a esa conclusión después de evaluar, no antes.

He visto demasiadas veces utilizar palabras como:

«vago»,

«pasota»,

«desmotivado»

o

«no quiere hacer nada»

como si fueran diagnósticos.

No lo son.

Son descripciones incompletas.

Para mí, cuando un adolescente que previamente funcionaba bien deja de hacerlo, hay una pregunta fundamental:

¿qué ha cambiado?

Esa pregunta suele ser bastante más útil que veinte sermones sobre las notas.

En mi consulta la primera valoración sigue el método 90-60-30: 90 minutos, sin prisas. Puede conocer el método completo en mi forma de trabajar.

Preguntas frecuentes sobre fracaso escolar en adolescentes

¿Por qué mi hijo ha empezado a suspender de repente?

Una caída brusca puede relacionarse con ansiedad, depresión, problemas de sueño, bullying, consumo de sustancias, dificultades sociales o familiares y otros cambios. Cuando antes existía buen funcionamiento, merece la pena investigar qué ha ocurrido.

¿Las malas notas significan que tiene TDAH?

No. El TDAH puede perjudicar el rendimiento académico, pero suspender no permite diagnosticarlo. Es necesario estudiar la presencia de síntomas desde la infancia, su repercusión y funcionamiento en diferentes contextos. (CDC)

Mi hijo es inteligente pero no estudia. ¿Puede tener TDAH?

Sí, es posible, pero también existen muchas otras explicaciones. Una capacidad intelectual alta puede compensar durante años determinadas dificultades ejecutivas. El diagnóstico requiere una valoración completa.

¿La depresión puede bajar las notas?

Sí. La depresión puede afectar motivación, energía, concentración, asistencia y funcionamiento escolar. (AAP)

¿La ansiedad puede provocar fracaso escolar?

Puede contribuir al bajo rendimiento, especialmente cuando produce bloqueo en exámenes, problemas de concentración, perfeccionismo, absentismo o rechazo escolar. Los trastornos de ansiedad se relacionan con dificultades académicas en adolescentes. (PubMed)

¿Dormir poco puede provocar suspensos?

No podemos atribuir automáticamente un suspenso al sueño, pero la privación de sueño se asocia con problemas de atención y peor funcionamiento académico. (CDC)

¿El cannabis puede influir en las notas?

Sí. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2024 encontró asociación entre consumo de cannabis en adolescentes y jóvenes y peores resultados educativos, incluida mayor probabilidad de absentismo y abandono. (PubMed)

¿Debo castigarlo si suspende?

Las consecuencias pueden formar parte de la educación familiar, pero antes de establecer un sistema exclusivamente punitivo conviene conocer la causa. Un castigo no trata una depresión, un TDAH, una dislexia ni una situación de acoso.

¿Le quito el móvil?

Establecer límites razonables al móvil durante el estudio y la noche puede ser útil, especialmente para proteger el sueño. Pero quitar el teléfono no sustituye una evaluación cuando existe un deterioro académico importante.

¿Necesita clases particulares?

Pueden ser útiles cuando existe una dificultad académica concreta, pero si el problema principal es depresión, ansiedad, TDAH, privación de sueño o consumo de sustancias, añadir más horas de clases puede no solucionar la causa.

¿Hay que hacer una evaluación neuropsicológica?

No siempre. Puede estar indicada cuando existen dudas sobre dificultades específicas de aprendizaje, funcionamiento cognitivo, atención o determinadas funciones ejecutivas. La indicación depende de cada caso.

¿Cuándo el fracaso escolar debería preocuparme especialmente?

Cuando existe una caída rápida respecto al nivel previo, absentismo creciente, aislamiento, depresión, ansiedad intensa, consumo de drogas, rechazo escolar, autolesiones o deterioro global del funcionamiento.

¿Puede recuperar el curso?

Muchas veces sí. Depende de la causa, del momento en que se intervenga, del grado de retraso acumulado y de los recursos disponibles. Lo importante es no dedicar meses únicamente a discutir sobre las notas mientras permanece sin identificar el problema que las está produciendo. # Las notas importan, pero el adolescente importa más No propongo despreocuparse del rendimiento académico. La educación importa muchísimo. También importa enseñar esfuerzo, responsabilidad, disciplina y capacidad de tolerar frustraciones. Pero precisamente porque las notas importan, debemos interpretarlas correctamente. Un boletín escolar puede estar indicando: «necesita estudiar más». Pero también: «algo está ocurriendo». La diferencia la encontramos preguntando, observando la evolución y evaluando al adolescente completo. Si el problema principal es que no consigue concentrarse, conviene estudiar específicamente atención, sueño, ansiedad, depresión y posible TDAH. Si está empezando a faltar o directamente rechaza acudir al instituto, la evitación escolar necesita un abordaje específico. Y si la familia se encuentra a las siete de la mañana ante una negativa absoluta, explico un protocolo práctico en qué hacer cuando un adolescente no quiere ir al instituto. # Psiquiatra adolescente en Marbella Cuando un adolescente empieza a suspender, una evaluación psiquiátrica no tiene como finalidad buscar necesariamente una enfermedad. Tiene como objetivo entender por qué su funcionamiento ha cambiado. En una valoración podemos estudiar conjuntamente: atención y funciones ejecutivas; ansiedad; depresión; sueño; TDAH; consumo de sustancias; relaciones sociales; bullying; motivación; funcionamiento familiar; historia académica; y posibles dificultades del neurodesarrollo. Después podemos decidir qué necesita realmente. A veces tratamiento psiquiátrico. A veces psicoterapia. A veces una evaluación psicopedagógica. A veces cambios concretos en sueño y hábitos. A veces coordinación con el instituto. Y muchas veces una combinación de varias medidas. El objetivo final no es únicamente aprobar el siguiente examen. Es ayudar al adolescente a recuperar capacidad de aprender, responsabilidad, autonomía y confianza en sus propias posibilidades. Puede consultar la guía general de Psiquiatría Adolescente y la información sobre atención en Psiquiatría Adolescente en Marbella. Dr. Cristóbal López Martín\ Médico Psiquiatra — Marbella Esta P27 tiene además una ventaja estratégica: permite enlazar de forma natural hacia P24 rechazo escolar, P25 negativa inmediata y P26 concentración, mientras deja libre la intención mucho más diagnóstica de "TDAH en adolescentes"para la siguiente página correspondiente del silo. Sí. P28 = TDAH en adolescentes: síntomas, diagnóstico y tratamiento. Mantengo el máximo de 3.000--3.300 palabrasy el estándar completo del silo.

Sobre el autor

CL
Dr. Cristóbal López Martín Médico especialista en Psiquiatría · Colegiado 29-8805 · Colegio Oficial de Médicos de Málaga

Después de más de 25 años de experiencia clínica, mi forma de valorar los problemas de salud mental durante la adolescencia parte de un principio: un síntoma aislado rara vez explica toda la historia. Cada valoración integra el desarrollo del adolescente, su familia, el instituto, el sueño, los hábitos y su funcionamiento real, no solo el síntoma que motiva la consulta.

En el blog escribo sobre los temas que más se repiten en consulta. Paso consulta presencial como psiquiatra en Marbella y atiendo también online. Para familias que necesitan una valoración presencial puede consultar Psiquiatra Adolescente en Marbella.

Última revisión médica: 26 de agosto de 2026.

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Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. Ante una emergencia, llame al 112. Conducta suicida: Línea 024.