Fármacos de prescripción
Dejar el
Trankimazin
Entra rápido y se va rápido. Por eso funciona en una crisis, y por eso al cabo de unos meses buena parte de lo que trata es el hueco que él mismo deja.
El alprazolam entra rápido y se va rápido. Esa es su virtud —por eso funciona tan bien en una crisis de angustia— y es también el origen de casi todos los problemas que trae a la gente a esta página.
Porque cuando un fármaco se va deprisa, deja un hueco. Y ese hueco se siente. Al cabo de unos meses, buena parte de lo que la persona está tratando ya no es su ansiedad original: es el hueco que deja el fármaco al irse.
Esta guía pertenece al bloque sobre adicción a fármacos de prescripción y explica por qué este en concreto exige un paso previo antes de empezar a bajar.
Qué es el alprazolam
Es una benzodiacepina de acción corta, conocida en España sobre todo como Trankimazin®. Se receta para la ansiedad y, muy especialmente, para el trastorno de pánico, donde su rapidez es una ventaja real.
El problema no es el fármaco. Es que un tratamiento pensado para episodios concretos se convierte, sin que nadie lo decida, en un tratamiento continuo. Y ahí su rapidez deja de jugar a favor.
El rebote entre tomas
Este es el mecanismo central y el que conviene entender antes que ningún otro.
Cuando el efecto empieza a caer, aparece un repunte de ansiedad. No es que el problema esté empeorando: es la caída del fármaco. Pero la persona lo vive como ansiedad propia, toma otra pastilla, se alivia, y queda confirmado que la necesita.
La conclusión que saca el paciente —«sin ella no puedo»— es rigurosamente cierta a esas alturas. Lo que no es cierto es la explicación: no es que su ansiedad sea peor, es que está tratando el descenso del propio fármaco.
De ahí se deriva algo que sorprende a casi todo el mundo: subir la dosis acorta todavía más el ciclo. Cuanto más alto se sube, más se nota la caída, y más pronto aparece el siguiente repunte.
Señales de que el patrón ya se ha instalado
- Se toma «cuando noto que me sube», es decir, anticipándose.
- El intervalo entre tomas se ha ido acortando solo.
- Se lleva encima siempre, y quedarse sin ella genera más angustia que la propia ansiedad.
- Se ha añadido una toma nocturna que al principio no estaba.
- La ansiedad aparece a horas fijas, más o menos coincidiendo con el final del efecto.
Ninguna de estas cosas convierte a nadie en adicto. Muchas describen simplemente una dependencia física, que es otra cosa: la diferencia está explicada aquí. Lo que sí indican todas es que el tratamiento necesita revisión.
Lo que veo en consulta
«Me la tomo cuando noto que me sube.» Esa frase, dicha con toda naturalidad, describe el punto exacto en que el tratamiento ha dejado de tratar la ansiedad y ha empezado a tratarse a sí mismo.
No lo digo como reproche. Lo digo porque explica por qué esa persona, que se considera un caso grave, muchas veces no lo es: lo que tiene delante es un fármaco funcionando exactamente como funciona.
— C. L. M.
El paso previo: no se baja sobre terreno inestable
Aquí está la diferencia práctica más importante entre retirar alprazolam y retirar otras benzodiacepinas.
Intentar reducir directamente un fármaco que sube y baja varias veces al día es como intentar bajar una escalera en un barco: cada escalón coincide con un vaivén. Por eso, en muchos casos, el primer paso no es bajar sino cambiar a otro de la misma familia con un comportamiento más estable, y solo después empezar a reducir.
Ese paso suele notarse poco y es el que hace posible todo lo demás. La conversión no se hace con una tabla de internet: depende del fármaco, del tiempo de tratamiento y de la respuesta individual. El método completo está en desprescripción gradual.
Si te lo dieron por crisis de pánico
Es el caso más frecuente y merece un matiz. El trastorno de pánico tiene tratamiento propio, y la benzodiacepina no es ese tratamiento: es el apoyo de las primeras semanas mientras el tratamiento de fondo hace efecto.
Cuando ese tratamiento de fondo nunca llegó a ponerse, o se abandonó pronto, el apoyo temporal se queda para siempre. Retirarlo entonces sin abordar antes el pánico es garantizar que vuelva, y que la persona concluya —otra vez— que lo necesita.
El orden correcto
- Tratar el cuadro de fondo y esperar a que esté estable.
- Trabajar lo conductual: evitar la anticipación, dejar de organizar el día alrededor del miedo.
- Estabilizar el terreno farmacológico.
- Y entonces, bajar despacio.
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Si vas mirando el reloj entre tomas
Ese patrón tiene explicación y tiene solución, y casi nunca pasa por subir la dosis. Una valoración sirve para ver qué está tratando de verdad cada pastilla.
Qué se nota al bajar
Con este fármaco lo característico es que el malestar aparece pronto y es más agudo que con los de acción prolongada. La buena noticia es que también se ordena antes.
| Asusta pero es esperable | Requiere consultar |
|---|---|
| Repuntes de ansiedad en las horas siguientes a la bajada. | Ansiedad continua que no cede en toda la semana. |
| Dormir peor unas noches. | No dormir casi nada varios días seguidos. |
| Temblor fino, tensión muscular, sensación de irrealidad puntual. | Confusión, desorientación o alucinaciones. |
| Irritabilidad y ánimo variable. | Ideas de hacerse daño. |
| Más sensibilidad a la luz y al ruido. | Convulsión o cualquier movimiento anormal. |
Como con el resto de la familia, la columna derecha es casi exclusiva de las interrupciones bruscas. En una bajada progresiva y acompañada resulta infrecuente.
Lo que no se hace nunca
De golpe, no
El alprazolam es de los que peor toleran la interrupción brusca, precisamente por su rapidez. En dependencia establecida puede provocar convulsiones y cuadros confusionales graves.
Ante convulsión, confusión, fiebre alta con agitación o pérdida de conciencia: 112. Si aparecen ideas de suicidio, 024.
Y una advertencia añadida que en la Costa del Sol conviene decir en voz alta: circulan comprimidos falsificados vendidos como alprazolam que contienen otras sustancias. Lo que se compra fuera de la farmacia no es alprazolam aunque lo parezca.
Alprazolam y alcohol
Es la mezcla más frecuente y la que más veces acaba en urgencias sin que nadie la haya considerado una mezcla. Los dos actúan sobre el mismo sistema: sumados aumentan la sedación, el riesgo de caída, las lagunas de memoria y el riesgo respiratorio.
Hay además un efecto menos dramático y muy incómodo: el alcohol empeora la ansiedad del día siguiente, que se interpreta como necesidad de más pastilla. El círculo se cierra solo. Está desarrollado en mezclar alcohol y ansiolíticos.
La memoria y la atención
Es el efecto que menos se comenta y el que más veces se atribuye a otra cosa: a la edad, al estrés o a «que ya no soy el de antes».
Las benzodiacepinas interfieren en la formación de recuerdos nuevos. No borran el pasado: dificultan que lo que ocurre mientras hacen efecto quede registrado. En la práctica se traduce en cosas pequeñas y molestas —perder el hilo de una conversación, no recordar si se tomó la pastilla, releer el mismo párrafo tres veces— que rara vez se relacionan con el tratamiento.
Con el alprazolam esto es más marcado por su rapidez, y aumenta mucho si se combina con alcohol. Buena parte de las lagunas que la gente atribuye a haber bebido de más son, en realidad, la combinación.
De todo lo que mejora al retirar una benzodiacepina, lo que más sorprende a los pacientes no es dormir mejor. Es volver a acordarse de las cosas.
El problema de tomarlo «a demanda»
Suena a uso responsable y con este fármaco suele ser lo contrario.
Cuando la pastilla se toma en el momento del malestar, el alivio llega en minutos y el cerebro aprende una asociación muy potente: esto se arregla así. Cada toma refuerza esa asociación, y al cabo de unos meses el problema ya no es solo químico, es aprendido.
Por eso, en una retirada, con frecuencia el primer paso no es reducir la cantidad total sino pasar de tomas a demanda a un horario fijo. Parece un contrasentido —parece que se toma más— y sin embargo es lo que rompe el ciclo: se deja de tratar cada pico y se empieza a tratar el conjunto.
Si quien lo toma es una persona mayor
La sensibilidad a estos fármacos aumenta con la edad, y sus efectos se atribuyen casi siempre a otra cosa.
- Caídas. Es uno de los grupos de fármacos más asociados a caídas y fracturas en personas mayores.
- Fallos de memoria que se interpretan como el inicio de un deterioro cognitivo.
- Apatía y enlentecimiento que se leen como depresión o como «cosas de la edad».
Cuando se retira bien, la familia describe con frecuencia lo mismo: a las pocas semanas se la ve más despierta, más presente y más segura al andar. No ocurre siempre, pero ocurre lo suficiente como para que merezca revisar cualquier tratamiento prolongado en esta franja de edad.
Conducir
Se puede, con dos precauciones. La primera, los días siguientes a cada bajada. La segunda, cualquier interrupción brusca: quedarse sin medicación es, en sí mismo, motivo para no conducir ese día.
La pregunta que de verdad orienta no es «¿te da sueño?», sino «¿te ha pasado quedarte en blanco un momento al volante o llegar a un sitio sin recordar el trayecto?».
Cuándo consultar
Antes de tocar nada. Y con más motivo si te reconoces aquí:
- Llevas meses tomándolo a diario y quieres dejarlo.
- Has tenido que ir acortando los intervalos entre tomas.
- Lo has intentado dejar y volviste atrás en pocos días.
- Lo combinas con alcohol, con opioides o con otros hipnóticos.
- Te lo dieron por crisis de pánico y nunca se puso un tratamiento de fondo.
La primera consulta no empieza bajando nada. Empieza ordenando qué tomas, cada cuánto, por qué se puso y qué pasó las veces anteriores.
Cómo son las primeras consultas
Lo digo porque el desconocimiento sobre esto retrasa muchas primeras citas. Nadie sale de la primera consulta con la medicación retirada, y nadie sale tampoco con una regañina.
La primera
Es larga. Se reconstruye la historia con fechas: cuándo empezó, con qué motivo, qué ha cambiado desde entonces y qué se ha intentado ya. Se revisa todo lo demás que se toma, incluido lo que casi nadie menciona —el ibuprofeno, el protector de estómago, los suplementos— porque algunos interfieren.
La segunda
Se decide el punto de partida: si hay que tratar antes el cuadro de fondo, si conviene estabilizar el terreno farmacológico y en qué momento del año tiene sentido empezar. Aquí se acuerda también qué se hace las noches malas, con una respuesta concreta.
Las siguientes
Más frecuentes al principio y más espaciadas después. Cada una revisa el tramo anterior con un dato, no con un recuerdo, y decide si se sigue, se espera o se ajusta. Una pausa está prevista desde el principio y no se vive como un fracaso.
Qué se puede esperar
Lo primero que suele notarse cuando el terreno se estabiliza no es menos ansiedad: es una ansiedad más plana. Desaparecen los picos a horas fijas, y con ellos la sensación de estar pendiente del reloj.
A partir de ahí, la retirada progresiva suele ser más llevadera de lo que la persona teme, porque ya no está bajando desde una montaña rusa. Y al final del proceso, muchos pacientes describen algo que no esperaban: haber recuperado la confianza en poder salir de casa sin nada en el bolso.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿Por qué me dura cada vez menos el efecto?
Porque es un fármaco de acción corta y porque, con el tiempo, se instala un rebote entre tomas: al caer el efecto aparece un repunte de ansiedad que se confunde con la ansiedad de base. Subir la dosis acorta todavía más ese ciclo.
¿Es peligroso dejar el Trankimazin de golpe?
Sí, en dependencia establecida. Es de los que peor toleran la interrupción brusca, precisamente por su rapidez, y puede provocar convulsiones y cuadros confusionales. Si lo has dejado de golpe y aparece confusión o cualquier movimiento anormal, llama al 112.
¿Por qué me proponen cambiarlo por otro antes de bajar?
Porque no se baja bien sobre un terreno que sube y baja varias veces al día. Se pasa a otro de la misma familia con un comportamiento más estable y desde ahí se reduce. Suele notarse poco y es el paso que hace viable el resto.
Solo lo tomo cuando tengo una crisis. ¿Eso es un problema?
Depende de cuántas veces. La pregunta que uso en consulta no es la sensación, es el número: ¿cuántas veces este mes? Muchas personas descubren ahí que el uso «solo para crisis» se ha convertido en algo casi diario.
Me lo dieron para el pánico. ¿Puedo dejarlo?
Sí, pero en el orden correcto. Primero se trata el trastorno de pánico con lo que sí lo trata, se espera a que esté estable, y después se retira el apoyo. Hacerlo al revés casi garantiza que vuelva.
¿Cuánto se tarda?
Se mide en meses. Depende del tiempo que lleves, de cuántas tomas hagas al día y de cómo toleres los primeros tramos. Un plazo cerrado dado sin conocer tu historia es una cifra inventada.
¿Puedo beber alcohol mientras lo tomo?
Es de las combinaciones que más veces terminan en urgencias sin que nadie la considere una mezcla. Aumenta la sedación, las lagunas de memoria y el riesgo respiratorio, y además empeora la ansiedad del día siguiente.
¿Sirve tomar solo media pastilla?
Reducir la cantidad ayuda, pero lo que determina la adaptación del organismo es sobre todo la continuidad. Partir comprimidos por cuenta propia, sin plan y sin intervalos definidos, suele producir el diente de sierra que hace fracasar la retirada.
¿Voy a volver a tener crisis de angustia?
Puede aparecer un repunte transitorio en los días siguientes a cada bajada, que es rebote y no una recaída. Si el cuadro de fondo está tratado, lo habitual es que ese repunte se ordene solo.
¿Se puede hacer sin ingresar?
Sí, en la gran mayoría de los casos. Lo que hace falta es ajuste fino y seguimiento, no aislamiento.
He comprado alprazolam fuera de la farmacia. ¿Es lo mismo?
No. Circulan comprimidos falsificados que contienen otras sustancias, con un riesgo muy distinto y muy superior. Lo que se compra fuera del circuito no es alprazolam aunque lo parezca.
¿Puedo conducir?
En general sí, con precaución los días siguientes a cada bajada y evitándolo por completo si te has quedado sin medicación de forma brusca.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Ficha técnica de alprazolam.
- Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA). Benzodiazepines: health and social responses.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Safe prescribing and withdrawal management.
- Plan Nacional sobre Drogas · Ministerio de Sanidad. Consumo de hipnosedantes en España.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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