Secretaría · L-V 10h–19h · 672 472 847 · Teléfono y WhatsAppFuera de horario y fin de semana · 638 073 131 · Solo WhatsApp
Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Psiquiatría de la Mujer · Menopausia

Menopausia y peso: la báscula no se mueve y tu cuerpo sí

Es una de las conversaciones más frustrantes que existen. Tú dices que has engordado. Te pesan. Y te dicen, con toda la razón del mundo y mirando el número: "pero si estás igual que hace cinco años". Y te vas de esa consulta pensando que además de todo estás exagerando.

El peso: es la edadEl sitio: es la menopausiaEl IMC deja de servir aquíNo es estética
En esta página · 14 apartados

La perla · Y explica una conversación que has tenido

Esta guía forma parte de la información completa sobre la salud mental de la mujer.

Por qué la báscula te está mintiendo

Empiezo por el dato, porque es el que te va a dar la razón.

El estudio SWAN siguió a más de tres mil mujeres durante casi veinte años, midiendo no el peso sino la composición del cuerpo — es decir, cuánto de ti es grasa y cuánto es músculo. Y encontró esto:

Lo que pasa exactamente al empezar la menopausia

La velocidad a la que ganas grasa se duplica. Al mismo tiempo, empiezas a perder masa muscular. Y como el kilo de grasa que ganas y el kilo de músculo que pierdes pesan lo mismo… la báscula no se mueve.

Los autores lo dicen con una frase que debería estar en todas las consultas: medir solo el peso no muestra lo que está pasando debajo de la piel. La ganancia de grasa y la pérdida de músculo no se ven en el número.

Léelo otra vez, porque es la explicación de lo que llevas dos años intentando contar:

  • "Peso lo mismo y no me vale la ropa" — claro. Pesas lo mismo y tienes otro cuerpo.
  • "Me miro y no me reconozco, pero el número es el de siempre" — porque el número no mide lo que ha cambiado.
  • "Mi médico me pesa y me dice que estoy igual" — y tiene razón en lo que mira. Lo que pasa es que está mirando la única cosa que no ha cambiado.

Y este cambio no dura para siempre: se concentra en la transición y se va estabilizando aproximadamente un par de años después de la última regla. Hay una ventana en la que todo se mueve, y luego se calma.

El deslinde honesto · Contra lo que se dice por ahí

Qué es la edad y qué es la menopausia

Aquí voy a hacer algo que casi ninguna página hace, que es quitarle culpa a la menopausia de la mitad de las cosas.

Esto es la EDAD

  • Ganar peso. Alrededor de medio kilo al año en la mediana edad — y ocurre igual con menopausia o sin ella.
  • El metabolismo basal que baja.
  • Moverse menos que a los treinta.
  • Le pasa también a los hombres. Y a ellos nadie les dice que es la andropausia.

Esto es la MENOPAUSIA

  • Dónde se guarda la grasa. Deja de ir a caderas y muslos y se va al abdomen.
  • Que la grasa se acelere justo en la transición.
  • Que pierdas músculo a la vez.
  • Y por tanto: que cambies de forma sin cambiar de peso.

¿Por qué la grasa se muda de sitio? Porque el estrógeno era el que daba la orden. Mientras lo tuviste, mandaba guardar la reserva en caderas y muslos — la grasa subcutánea, la que se pellizca, la que es relativamente inofensiva. Cuando el estrógeno se va, esa orden desaparece y la grasa se va hacia dentro, al abdomen, envolviendo el hígado, el páncreas y los intestinos. Es la grasa visceral, y esa es otra cosa.

Y aquí, la parte que nadie se espera

Este cambio es más marcado, en términos relativos, en las mujeres delgadas. Los estudios que miden la grasa visceral por franjas encuentran que las que tienen un peso normal son las que experimentan el mayor cambio proporcional, mientras que en las mujeres con más peso el cambio es menos llamativo. Traducido: "tú estás delgada, no te preocupes" es un mal consejo. Una mujer delgada puede tener un cambio importante en su grasa visceral y no verlo en ningún sitio, porque su báscula no se mueve y su ropa casi le vale. El riesgo no se ve por fuera.

Lo médico · Por qué esto no es vanidad

Por qué esto no es una cuestión de estética

Si te has sentido frívola por preocuparte por esto, esta sección es para ti.

La grasa visceral —la de dentro, la del abdomen— no es una reserva pasiva. Es tejido metabólicamente activo: fabrica sustancias inflamatorias, aumenta la resistencia a la insulina y empeora el perfil de colesterol. Y hace todo eso independientemente de lo que marque tu báscula.

Lo que significa, dicho claro: los cambios de esta etapa se asocian a más tensión, más LDL, más resistencia a la insulina y más riesgo cardiovascular. No estás preocupada por tu figura. Estás detectando un cambio real en tu riesgo, aunque nadie te lo haya explicado así.

Y una consecuencia que deberías conocer: el IMC deja de servir

Los investigadores de SWAN lo señalan expresamente: la capacidad del índice de masa corporal para predecir el riesgo de diabetes o de enfermedad cardiovascular disminuye en las mujeres mayores — y estos cambios de composición corporal son probablemente una de las razones. Es decir: la herramienta que usa todo el mundo para decirte que estás bien es precisamente la que deja de funcionar en tu etapa. Si te has ido de una consulta con un "tu IMC está perfecto" y la sensación de que algo no cuadraba — no eras tú. Era la regla de medir.

Mi terreno · Lo que esto le hace a la cabeza

Y ahora, la parte de la que nadie habla

Todo lo anterior lo puede contar un endocrino. Esto no.

Porque a esto se le añade una capa que hace un daño enorme y de la que casi no se escribe: lo que significa mirarse al espejo a los cincuenta y no reconocerse, en una cultura que además te ha dicho que a esta edad ya no deberías darle importancia.

Ahí está la trampa perfecta:

  • Si te importa, eres frívola. "Con la edad que tienes." "Hay cosas más importantes."
  • Si no te importa, te has abandonado.
  • Así que no hay salida buena, y muchas mujeres eligen la tercera: callarse. Y lo llevan solas.

Y hay dos cosas más que hacen esto especialmente duro en esta etapa concreta:

La pérdida de control, que es lo que de verdad asusta

Esta la veo constantemente, y sobre todo en mujeres exigentes, competentes, acostumbradas a que las cosas les salgan. La frase es siempre parecida: "toda la vida, si me pasaba, hacía lo de siempre durante tres semanas y volvía. Ahora hago exactamente lo mismo y no pasa nada." Y eso no es una cuestión de peso: es una cuestión de control. Lo que se ha roto no es el cuerpo — es la sensación de que puedes hacer algo con lo que te pasa. Y esa sensación es uno de los pilares de la salud mental de cualquiera. Cuando se cae, muchas mujeres describen algo muy parecido a la indefensión. Y sí, tiene tratamiento.

Y la que sí es una enfermedad y no se busca nunca

Existe una idea muy extendida y muy falsa: que los trastornos de la conducta alimentaria son cosa de adolescentes. No lo son. Hay mujeres que los desarrollan en la mediana edad —a veces por primera vez, a veces como recaída de algo que tuvieron a los veinte y que llevaba décadas dormido—, y la menopausia, con su tormenta hormonal y su cambio de cuerpo, es uno de los momentos en que eso puede despertar.

El problema es que nadie los busca ahí. A una chica de dieciséis que deja de comer se la detecta. A una mujer de cincuenta y dos que ha empezado a saltarse cenas, a hacer ejercicio de forma compulsiva o a pesarse cuatro veces al día se le dice que se está cuidando. Y a veces la felicitan.

Los círculos · Cómo se retroalimenta esto

Por qué el ánimo y el peso se empujan el uno al otro

Estos círculos son reales, están medidos, y explican por qué esto se te va de las manos aunque no hagas nada distinto:

  • El sueño → el hambre. Si los sofocos te rompen la noche, cambian las hormonas que regulan el apetito: más ganas de comer, y de comer cosas concretas. Además, la fragmentación del sueño reduce el gasto energético en reposo. Es decir: dormir mal te hace comer más y gastar menos. No es falta de voluntad — es fisiología. Te lo cuento en insomnio en la menopausia.
  • El estrés → la grasa del abdomen. Y esta es preciosa y terrible: el estrés crónico —los cuidados, el trabajo, los cambios de esta etapa— eleva el cortisol, y el cortisol promueve directamente la grasa visceral y la resistencia a la insulina. Justo la grasa que ya se te está acumulando por lo hormonal. Si además llevas veinte años siendo la que sostiene la casa en la cabeza, esto va contigo: carga mental.
  • El ánimo bajo → comer distinto → peor ánimo. Circular, y en ambas direcciones.
  • El alcohol. La copa de la noche aporta calorías vacías, te fragmenta el sueño y dispara los sofocos. Es el peor consejero de esta etapa por tres caminos a la vez.
  • Y el antidepresivo que engorda. Este es el más injusto de todos: a una mujer que está mal se le da un fármaco que le hace ganar peso justo cuando el peso ya es una herida, y nadie se lo avisa. No todos lo hacen, y hay alternativas. Es de las cosas que más me tocan revisar. Te lo explico entero en antidepresivos y menopausia.

El deslinde · Cuándo esto ya es otra cosa

Cuándo hay que preocuparse de verdad

Preocuparte por tu cuerpo en esta etapa es razonable. Que ese cuidado se convierta en el eje de tu vida, no. Estas son las señales de que la línea se ha cruzado:

  • Te pesas más de una vez al día, o el número decide cómo va a ser tu día.
  • Has empezado a saltarte comidas, o a compensar lo que comes con ejercicio.
  • El ejercicio ha dejado de ser un placer y se ha vuelto una obligación con castigo: si no lo haces, te sientes culpable.
  • Evitas comer con gente. Cenas fuera que rechazas, comidas familiares que te dan ansiedad.
  • Piensas en comida buena parte del día. No es hambre: es ocupación mental.
  • Hay atracones, aunque sean pequeños, aunque sean por la noche, aunque nadie los vea.
  • Estás usando algo para controlarlo: laxantes, diuréticos, productos, ayunos largos.
  • Y la que las resume: si te quitaran el tema del cuerpo, ¿de qué te quedaría la cabeza libre? Si la respuesta es "de mucho", esto ya está ocupando más sitio del que le corresponde.

Y algo que quiero decir sin rodeos

Si te has reconocido en varias de estas, no eres una mujer superficial ni caprichosa. Y no tienes cincuenta años "para andar con estas cosas". Los trastornos de la conducta alimentaria en la mediana edad existen, se tratan bien, y su mayor problema es que nadie los mira porque no encajan con la idea que todos tenemos de a quién le pasa esto. Que a ti te felicite tu entorno por estar "muy centrada" no significa que estés bien.

Qué funciona · Y qué no

Qué se puede hacer con esto

1. Dejar de mirar la báscula y mirar lo que cambia

Es lo primero y es lo más difícil, porque llevas toda la vida con ese número. Pero acabamos de ver que la báscula es justo la herramienta que no mide lo que te está pasando — y el IMC tampoco. Lo que sí informa es el perímetro de la cintura, la analítica y cómo te encuentras. Cambiar de medida no es hacer trampa: es dejar de usar una regla rota.

2. Músculo. Ese es el eje

Si te quedas con una sola cosa práctica de esta página, que sea esta. El problema central no es la grasa que ganas: es el músculo que pierdes. Es el músculo el que gasta, el que sostiene el metabolismo y el que —a diferencia del peso— sí puedes recuperar a cualquier edad.

Y eso significa fuerza, no solo caminar. Caminar es estupendo para el ánimo y para el corazón, pero no construye músculo. Y no, no te vas a poner musculada: eso requiere un esfuerzo que ni te imaginas. Añade también proteína suficiente, que casi ninguna mujer de esta edad toma.

3. El sueño, que es tratamiento

Recuérdalo: dormir mal te hace comer más y gastar menos. Si los sofocos te rompen la noche, tratarlos es tratar el peso, por una vía que no pasa por la comida.

4. Y lo que NO funciona

  • Otra dieta. Si tienes cincuenta años, ya has hecho quince. Y cada una que fracasa deja algo peor que un kilo: deja la prueba, otra vez, de que no puedes con esto. La dieta restrictiva en esta etapa además ataca justo lo que hay que proteger — el músculo.
  • Machacarte. Tu cuerpo está haciendo lo que hace el cuerpo de todas. Que lo odies no cambia su fisiología: solo añade sufrimiento al proceso.
  • Y esperar a que vuelva el de antes. No va a volver, y eso hay que decirlo con cariño y con claridad. Lo que sí puede volver es tu fuerza, tu energía, tu sueño y tu salud. Ese es el objetivo realista, y no es un premio de consolación: es mejor objetivo que un número.

Qué significa que sea psiquiatra

Soy médico. Eso significa que valoro si hay algo orgánico detrás —una tiroides, una anemia, un déficit—, que puedo pautar y ajustar la medicación cuando está indicada —incluida la de elegir un antidepresivo que no te haga ganar peso, o de cambiar el que te lo está haciendo—, y que combino ese tratamiento con el trabajo psicoterapéutico. En muchos casos no hace falta medicación. Y en lo que sí soy quien tiene que mirarlo: en si esa preocupación por el cuerpo se ha convertido en una enfermedad. Esa decisión se toma en consulta, contigo, con tu historia delante — nunca por internet.

Cómo trabajo

Por qué esto no se resuelve en quince minutos

Para contestar a "¿qué le pasa a mi cuerpo?" hay que separar lo que es la edad, lo que es la menopausia, lo que es un tiroides, lo que es un sueño roto, lo que es un antidepresivo mal elegido y lo que ya es un problema con la comida. En quince minutos lo que sale es "coma menos y muévase más".

Cómo trabajo

El Método 90-60-30

Trabajo con consultas largas, en tres fases:

Fase 1 · Diagnóstico
90'
Primera consulta: tu historia completa, tu historia con el peso y la comida, el sueño, el momento hormonal, la medicación que tomas y la analítica
Fase 2 · Trabajo activo
60'
Seguimiento con tiempo real: tratar lo que hay debajo, revisar el fármaco si engorda y trabajar la relación con el cuerpo
Fase 3 · Estabilidad
30'
Revisiones de medicación: respuesta, tolerancia y controles necesarios

Entre consultas puedes utilizar los canales acordados para plantear dudas sobre el seguimiento. La atención y los tiempos de respuesta dependen de la disponibilidad; no se garantiza una respuesta inmediata. Puedes conocer la organización de las visitas en mi método de consulta.

Cuándo pedir consulta

  • Te han dicho que estás igual porque el número es el mismo, y sabes que no lo estás.
  • Haces lo de siempre y ya no funciona, y eso te ha descolocado más que el peso.
  • Has empezado un antidepresivo y has ganado peso.
  • El tema del cuerpo te ocupa media cabeza.
  • Te saltas comidas, compensas con ejercicio o te pesas varias veces al día.
  • Tuviste un problema con la comida hace treinta años y notas que algo se está despertando.
Observación clínica

Casi ninguna viene por esto. Sale al final, y sale con vergüenza — porque hablar de tu cuerpo a los cincuenta y dos, delante de un médico, con todo lo que hay en el mundo, parece una tontería. La frase suele ser: "y luego está lo del peso, pero eso ya es una tontería mía". No lo es. En esa frase hay tres cosas de golpe: un cambio corporal real y medible, una pérdida de control que descoloca a cualquiera, y el mandato de que además no debería importarte. Lo que más me sorprende es el alivio que produce el dato. Cuando les explico lo de la báscula —que ganan grasa y pierden músculo a la vez, y que por eso el número no se mueve—, muchas se quedan calladas y luego dicen alguna versión de "entonces no me lo estaba inventando". Es la misma frase que oigo con la irritabilidad, con la niebla y con el insomnio. Y eso, después de veinticinco años, es lo que me dice que el problema no es de estas mujeres: es de a quién le hemos estado contando esto y con qué regla lo hemos medido.

— Dr. Cristóbal López Martín, psiquiatra · Col. 29-8805

Si la relación con la comida se ha vuelto un problema en esta etapa: trastornos de la conducta alimentaria en la menopausia.

¿Tu cuerpo ha cambiado y nadie te lo explica?

En mi consulta separamos qué es la edad, qué es la menopausia, qué es un fármaco mal elegido y qué ya es un problema con la comida — y se trata cada cosa con lo suyo. Primera consulta de 90 minutos, presencial en Marbella y online, en español y en inglés.

Llamar: 672 472 847WhatsApp
Aviso: Este contenido tiene finalidad informativa y clínica. Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín, psiquiatra colegiado (Col. 29-8805). Los medicamentos se mencionan por su principio activo y con fines divulgativos: esta página no recomienda ningún tratamiento concreto, no indica dosis y no sustituye la valoración médica individual. No modifiques ni suspendas ninguna medicación por tu cuenta. Cualquier decisión sobre tratamiento hormonal corresponde a tu ginecólogo. Si el malestar se acompaña de ideas de hacerte daño, pide ayuda: llama al 024 (24 horas) o al 112. Revisado: julio de 2026.

Preguntas frecuentes · Menopausia y peso

Preguntas frecuentes

¿Por qué peso lo mismo y no me vale la ropa?

Porque es literalmente lo que está pasando, y está medido. El gran estudio longitudinal sobre mujeres de mediana edad (SWAN) encontró que al empezar la transición menopáusica la velocidad a la que ganas grasa se duplica mientras pierdes masa muscular al mismo tiempo — y como lo uno compensa a lo otro, la báscula no se mueve. Sus autores lo dicen así: medir solo el peso no muestra lo que está pasando debajo de la piel. Además, el estrógeno era el que mandaba dónde se guardaba la grasa; al caer, deja de ir a caderas y muslos y se va al abdomen. Así que tienes otro cuerpo con el mismo número. Si tu médico te pesa y te dice que estás igual, tiene razón en lo que mira: lo que pasa es que está mirando la única cosa que no ha cambiado.

¿Engordar en la menopausia es inevitable?

Conviene separar dos cosas que casi siempre se mezclan. La ganancia de peso de la mediana edad —alrededor de medio kilo al año— se debe sobre todo a la edad, no a la menopausia: ocurre igual con menopausia o sin ella, y les pasa también a los hombres, aunque a ellos nadie se lo atribuya a una hormona. Lo que sí es de la menopausia es dónde se guarda esa grasa: deja de ir a caderas y muslos y se acumula en el abdomen, alrededor de los órganos. Y que pierdas músculo a la vez. Es decir: cambias de forma sin cambiar de peso. Eso sí es hormonal, y se concentra en la transición: se va estabilizando aproximadamente un par de años después de la última regla.

¿La grasa abdominal de la menopausia es peligrosa o solo estética?

No es estética, y esto es importante. La grasa visceral —la que se acumula dentro del abdomen, envolviendo el hígado, el páncreas y los intestinos— no es una reserva pasiva: es tejido metabólicamente activo que fabrica sustancias inflamatorias, aumenta la resistencia a la insulina y empeora el perfil lipídico, y lo hace independientemente de lo que marque tu báscula. Los cambios de esta etapa se asocian a más tensión, más LDL y más riesgo cardiovascular. Así que si te has sentido frívola por preocuparte, no lo eres: estás detectando un cambio real en tu riesgo, aunque nadie te lo haya explicado así.

Mi médico dice que mi IMC está bien. ¿Por qué me encuentro mal?

Porque el IMC deja de servir precisamente en esta etapa, y no es una opinión: los investigadores de SWAN lo señalan expresamente. La capacidad del índice de masa corporal para predecir el riesgo de diabetes o de enfermedad cardiovascular disminuye en las mujeres mayores, y los cambios de composición corporal de la menopausia son probablemente una de las razones. Como el IMC solo relaciona peso y altura, no ve que hayas cambiado grasa por músculo ni dónde está esa grasa. Hay además un dato que sorprende: el cambio en la grasa visceral es proporcionalmente mayor en las mujeres delgadas, así que "tú estás delgada, no te preocupes" es un mal consejo. El riesgo no se ve por fuera.

¿Puede el antidepresivo que tomo estar haciéndome engordar?

Sí, algunos, y es una pregunta legítima que merece respuesta en vez de un encogimiento de hombros. La mirtazapina aumenta el apetito de forma clara, y la paroxetina es, de los ISRS, el que más se asocia a ganancia de peso a largo plazo. La venlafaxina, la desvenlafaxina y el escitalopram tienen un perfil más neutro, y el bupropion va más bien en la otra dirección. Es de las cosas que más me toca revisar, porque dar el fármaco que más engorda a una mujer para la que el peso ya es una herida, sin avisarla, garantiza que lo deje en dos meses. No lo cambies por tu cuenta: se revisa en consulta.

¿Qué es lo que más funciona?

Músculo. Si te quedas con una sola cosa, que sea esa. El problema central no es la grasa que ganas sino el músculo que pierdes: es el músculo el que gasta, el que sostiene el metabolismo y el que sí puedes recuperar a cualquier edad. Eso significa entrenamiento de fuerza, no solo caminar —caminar es estupendo para el ánimo y para el corazón, pero no construye músculo—, y proteína suficiente, que casi ninguna mujer de esta edad toma. También el sueño: dormir mal te hace comer más y gastar menos, así que tratar los sofocos que te rompen la noche es tratar el peso por una vía que no pasa por la comida. Y lo que no funciona: otra dieta. Si tienes cincuenta años ya has hecho quince, y cada una que fracasa deja la prueba de que no puedes con esto — además de atacar justo lo que hay que proteger, el músculo.

¿Se puede tener un trastorno alimentario a los 50?

Sí, y es mucho más frecuente de lo que se cree. Existe la idea de que esto es cosa de adolescentes y es falsa: hay mujeres que desarrollan un trastorno de la conducta alimentaria en la mediana edad, a veces por primera vez y a veces como recaída de algo que tuvieron a los veinte y llevaba décadas dormido. La menopausia, con su cambio de cuerpo y su tormenta hormonal, es uno de los momentos en que puede despertar. El problema es que nadie lo busca ahí: a una chica de dieciséis que deja de comer se la detecta; a una mujer de cincuenta y dos que se salta cenas, hace ejercicio compulsivamente o se pesa cuatro veces al día se le dice que se está cuidando, y a veces la felicitan. Señales: que el número decida cómo va tu día, que compenses lo que comes con ejercicio, que evites comer con gente, que pienses en comida buena parte del día, o que haya atracones aunque nadie los vea.

Sobre el autor

CL

Dr. Cristóbal López Martín

Psiquiatra · Col. 29-8805

Psiquiatra con más de 25 años de experiencia clínica, licenciado en Medicina por la Universidad de Málaga y formado en el Hospital Regional Carlos Haya. Dirige una consulta privada de psiquiatría en Marbella con un modelo de consultas extensas —el Método 90-60-30— y una línea de trabajo dedicada a la salud mental de la mujer en todas sus etapas, con especial atención al periodo de los 40 a los 60 años.

Fuentes y referencias

  1. Greendale GA et al. Study of Women's Health Across the Nation (SWAN): análisis longitudinal de composición corporal por DXA en 3.302 mujeres seguidas durante 18 años. No se detecta cambio en la tasa de ganancia de peso durante la transición porque la ganancia acelerada de masa grasa y la pérdida simultánea de masa magra se compensan entre sí. Medir solo el peso corporal no refleja lo que ocurre bajo la piel.
  2. SWAN: al inicio de la transición menopáusica la tasa de ganancia de grasa se duplica mientras la masa magra declina; ambas trayectorias persisten hasta aproximadamente dos años después de la última regla y después se estabilizan.
  3. Revisiones sobre ganancia de peso en la menopausia: el aumento constante de alrededor de 0,5 kg anuales en la mediana edad se atribuye a la edad y no a la menopausia en sí; el envejecimiento se asocia a descenso de la masa muscular magra, del metabolismo basal y del gasto energético total.
  4. Literatura sobre redistribución de la grasa: al caer el estrógeno, el depósito graso se desplaza desde el patrón ginoide (caderas y muslos) hacia el compartimento visceral abdominal. El cambio proporcional en el área de grasa visceral es más marcado en mujeres de peso normal que en mujeres con sobrepeso u obesidad.
  5. Wajchenberg BL y literatura derivada: la grasa visceral es metabólicamente activa e inflamatoria y aumenta la resistencia a la insulina y el riesgo cardiovascular con independencia del peso total; los cambios de la transición se asocian a elevación de la tensión arterial, del LDL y del riesgo cardiometabólico.
  6. SWAN: la capacidad del índice de masa corporal para predecir el riesgo de diabetes o enfermedad cardiovascular disminuye en mujeres mayores, y los cambios de composición corporal de la menopausia pueden ser una de las razones.
  7. Literatura sobre fragmentación del sueño en la menopausia: reduce el gasto energético en reposo y altera el perfil de adipoquinas, con aumento del hambre y de la ingesta calórica.
  8. Literatura sobre estrés crónico en la mediana edad —demandas de cuidado, responsabilidades profesionales, cambios de identidad—: activa el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, eleva el cortisol y promueve directamente la acumulación de grasa visceral y la resistencia a la insulina.
  9. Literatura sobre trastornos de la conducta alimentaria en la mediana edad: aparición de novo o recaída de cuadros previos, con infradetección atribuible al estereotipo de que afectan exclusivamente a adolescentes.
  10. Literatura sobre perfil de ganancia ponderal de los antidepresivos: mirtazapina y paroxetina asociadas a mayor ganancia; venlafaxina, desvenlafaxina y escitalopram con perfil más neutro; bupropion asociado a la tendencia contraria.

Esta página tiene una finalidad informativa y no sustituye la evaluación ni el consejo de un profesional. Ninguna decisión sobre medicación o tratamiento hormonal debe tomarse a partir de una página web.

Dr. Cristóbal López Martín

Médico psiquiatra · Col. 29-8805

Médico especialista en Psiquiatría vía MIR (Hospital Regional Universitario Carlos Haya) con más de 25 años de práctica clínica. La salud mental de la mujer es una de las áreas centrales de su consulta en Marbella y online.

★ 4,9 en Google · ★ 5,0 en Doctoralia

Primera Consulta: 90 Minutos. Toda tu Historia Sobre la Mesa.

Evaluación completa · Analítica y deslinde hormonal · Revisión de tu medicación · Confidencialidad absoluta · Español e inglés · Presencial en Marbella y online

Llamar: 672 472 847WhatsApp

Marbella · San Pedro · Puerto Banús · Estepona · Sotogrande