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Dr. Cristóbal López MartínMarbella · Psiquiatría privada

Lo primero que reviso en consulta

Medicamentos que empeoran la memoria: la lista que hay que revisar antes de pensar en demencia

Una parte de lo que parece demencia en personas mayores está en la bolsa de las medicinas. Y eso, a diferencia de la demencia, se arregla.

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Cuando una familia me trae a su padre porque «está peor de la cabeza», antes de pedir ninguna prueba de imagen pido otra cosa: la lista completa de lo que toma. Con dosis, desde cuándo, y quién se lo puso. Incluidas las pastillas para dormir, las del mareo, las de la alergia, las del herbolario y las que toma «de vez en cuando». Porque en más ocasiones de las que la gente imagina, la respuesta está ahí. Esta guía es esa lista, explicada para que usted pueda llevarla a su médico y preguntar con criterio.
Guía clínica para toda España Cómo un fármaco borra la memoria · La idea de la carga · La lista por grupos · Los mitos que asustan sin motivo · Cómo se nota · Qué preguntar al médico · Por qué nunca se dejan por su cuenta

Esta página forma parte de la guía completa de psiquiatría del mayor para pacientes y familias, donde están las guías vecinas: las benzodiacepinas en personas mayores, cómo retirar medicación, los psicofármacos y las caídas, y la diferencia entre depresión y demencia.

Por qué esto es lo primero que reviso

Hay una razón clínica y una razón humana, y las dos pesan lo mismo.

La clínica es que el deterioro cognitivo producido por fármacos es, en buena parte, reversible. De todas las causas por las que una persona mayor puede estar «peor de la cabeza», esta es una de las pocas que, al corregirse, devuelve lo perdido. No siempre todo, no siempre rápido, pero sí lo suficiente como para que una familia que venía pensando en demencia se vaya con otra conversación.

La humana es que es una causa que nadie busca. La persona mayor toma ocho o diez cosas, recetadas por cuatro médicos distintos a lo largo de años, cada una con su motivo en su momento, y nadie ha mirado nunca el conjunto. La familia no sabe qué es cada cosa. El propio paciente tampoco. Y cuando empiezan los olvidos, todo el mundo piensa en la edad o en el Alzheimer, y nadie piensa en la pastilla de dormir que lleva doce años en la mesilla.

Por eso la regla que aplico, y que le propongo, es esta: antes de aceptar que un mayor tiene un deterioro de memoria, hay que haber revisado toda su medicación con alguien que sepa qué buscar. No después de la resonancia: antes. Es más barato, más rápido, y en una proporción de casos que sorprende, es la respuesta.

Cómo un fármaco borra la memoria

No todos lo hacen por el mismo camino, y conocer los caminos ayuda a entender la lista de después.

El camino anticolinérgico

La acetilcolina es uno de los mensajeros del cerebro más implicados en la atención y en la memoria. Es, de hecho, el sistema que más se daña en la enfermedad de Alzheimer, y el que intentan apoyar los fármacos que se usan en esa enfermedad. Pues bien: muchos medicamentos de uso corriente bloquean la acetilcolina, a veces porque ese es su mecanismo de acción —los de la vejiga hiperactiva, algunos del Parkinson—, y muchas veces como efecto secundario que nadie buscó: antihistamínicos antiguos, antidepresivos antiguos, algunos antipsicóticos, fármacos para el mareo o para los espasmos digestivos.

En un cerebro joven ese bloqueo apenas se nota. En uno mayor, que ya tiene menos reserva de acetilcolina, el efecto es lentitud, olvidos, confusión, y en los casos más intensos un cuadro que imita una demencia. Los estudios de seguimiento a largo plazo han encontrado además que el uso mantenido de fármacos anticolinérgicos potentes se asocia a un mayor riesgo de desarrollar demencia años después, y que el riesgo sube con la dosis y con los años de uso. No es solo que nublen la memoria hoy: es que, mantenidos, podrían dejar huella.

El camino sedante

Los fármacos que sedan —las benzodiacepinas, los hipnóticos, los opioides, algunos antiepilépticos, los relajantes musculares— no borran la memoria por bloquear un mensajero concreto, sino por bajar el nivel de alerta. Lo que no se atiende no se graba. Una persona mayor que va por la vida con una sedación de fondo, aunque sea leve y aunque lleve años acostumbrada, registra menos, recuerda menos, y reacciona más despacio. Y como la sedación es crónica, nadie la ve: se confunde con el carácter, con la edad o con la demencia.

Los otros caminos

Hay fármacos que afectan a la memoria de forma indirecta: los que bajan demasiado el azúcar y producen episodios de hipoglucemia; los que bajan demasiado la tensión y dejan el cerebro mal regado; los que alteran el sodio; los que, a dosis altas o mantenidas, alteran el ánimo o el sueño; los que, en un riñón o un hígado que ya no filtra igual, se acumulan hasta niveles que en un adulto joven no se alcanzarían. En estos casos el fármaco no es «malo para la memoria»: es la dosis, el contexto o la interacción lo que la daña.

La idea que lo cambia todo: la carga se suma

Esta es la parte que más sorprende a las familias y a muchos médicos. El efecto de los fármacos sobre la memoria no depende de cada uno por separado, sino de la suma. Un antihistamínico para el picor tiene un efecto anticolinérgico pequeño. Una pastilla para la vejiga, mediano. Un antidepresivo antiguo para dormir, grande. Ninguno por separado explicaría un deterioro. Los tres juntos, en una persona de ochenta años, sí.

A esa suma se le llama carga anticolinérgica, y existen escalas que la miden dando puntos a cada fármaco y sumándolos. Lo relevante no es la escala concreta, sino la idea: se cuenta todo, incluidos los fármacos que nadie consideraría «de la cabeza». Japón, que tiene la población más envejecida del mundo, ha publicado una escala propia y la usa en farmacia comunitaria, con el cuaderno de medicación que cada mayor lleva encima, precisamente para detectar estas sumas antes de que den problemas. En Estados Unidos, la lista de referencia de fármacos potencialmente inadecuados en mayores incluye desde hace décadas a los anticolinérgicos y los sedantes por el mismo motivo.

La consecuencia práctica: no basta con que cada médico revise lo suyo. El urólogo sabe que la pastilla de la vejiga es anticolinérgica, el traumatólogo sabe que el relajante muscular seda, el de cabecera sabe lo de la pastilla de dormir. Pero nadie está sumando. Alguien tiene que poner toda la lista encima de la mesa y hacer la cuenta, y ese alguien, con frecuencia, acaba siendo el psiquiatra o el geriatra que ve al paciente por la memoria.

La lista por grupos

Esta es la tabla que uso en consulta. Los nombres son principios activos, no marcas, porque es lo que pone en la caja en letra pequeña y lo que figura en la receta. No es exhaustiva —casi cualquier fármaco puede afectar a la cognición en alguien concreto— pero recoge los grupos que con más frecuencia encuentro detrás de un deterioro que no era tal. La columna de la derecha es la pregunta que conviene hacer, no la decisión que hay que tomar: eso es del médico.

GrupoPara qué se toman y ejemplos frecuentesCómo afectanQué preguntar
Benzodiacepinas y pastillas para dormirAnsiedad, insomnio, «los nervios». Lorazepam, diazepam, alprazolam, clorazepato, lormetazepam, y los hipnóticos tipo zolpidem o zopiclona.Sedación de fondo, lentitud, olvidos, confusión, caídas. Es el grupo que más veces encuentro detrás de una falsa demencia, sobre todo cuando lleva años.¿Sigue haciendo falta? ¿Hay un plan para reducirla despacio? Nunca de golpe.
Antihistamínicos antiguosAlergia, picor, resfriados, mareo, y muchas «pastillas para dormir» de venta libre llevan uno. Difenhidramina, dexclorfeniramina, hidroxizina, doxilamina, dimenhidrinato.Anticolinérgicos potentes y sedantes. Fáciles de pasar por alto porque no parecen «medicación seria».¿Se puede sustituir por un antihistamínico moderno que no pase al cerebro? ¿Hace falta de verdad lo del mareo o lo de dormir?
Fármacos para la vejiga hiperactivaUrgencia urinaria, escapes. Oxibutinina, tolterodina, solifenacina, fesoterodina y similares.Anticolinérgicos por diseño. La oxibutinina es de los que más pasan al cerebro. Muy frecuentes en mujeres mayores, y casi nunca relacionados con los olvidos.¿Hay alternativa de otra familia o medidas no farmacológicas? ¿Compensa el beneficio?
Antidepresivos antiguosDepresión, pero también dolor, migraña, insomnio. Amitriptilina, imipramina, clomipramina, nortriptilina. Y entre los modernos, la paroxetina tiene más efecto anticolinérgico que los demás.Anticolinérgicos marcados y sedantes. La amitriptilina a dosis bajas «para dormir» o «para el dolor» es un clásico en mayores.¿Hay un antidepresivo o un analgésico con el mismo efecto y sin este coste?
Antipsicóticos, sobre todo los clásicosAgitación, insomnio, náuseas en su día. Clorpromazina, levomepromazina, haloperidol, y los modernos mantenidos sin revisar.Sedación, lentitud, y en los clásicos carga anticolinérgica. Mantenidos años «por si acaso» en personas con demencia, empeoran lo que iban a tratar.¿Para qué se puso, sigue haciendo falta, y cuándo se va a intentar retirar?
Antiparkinsonianos anticolinérgicosTemblor. Biperideno, trihexifenidilo.Anticolinérgicos muy potentes. Hoy se evitan en mayores precisamente por esto.¿Hay otra forma de manejar el temblor?
Antiespasmódicos digestivosDolor de tripa, cólicos, colon irritable. Butilescopolamina y similares.Anticolinérgicos. Se toman «cuando duele» y acaban tomándose a diario.¿Cuánto se está tomando en realidad? ¿Hay otra opción?
OpioidesDolor. Tramadol, codeína, morfina, oxicodona, fentanilo, tapentadol.Sedación, confusión, estreñimiento, caídas. El tramadol además interacciona con muchos antidepresivos.¿Es la dosis mínima? ¿Hay analgesia alternativa o combinada que permita bajarlo?
Antiepilépticos y fármacos para el dolor neuropáticoEpilepsia, dolor de nervios, a veces ansiedad. Fenobarbital, primidona, topiramato, y también pregabalina y gabapentina.Los antiguos afectan mucho a la cognición; topiramato produce dificultad para encontrar palabras; pregabalina y gabapentina sedan y se acumulan si el riñón no filtra bien.¿Está la dosis ajustada a la función renal? ¿Hay opción con menos efecto cognitivo?
Relajantes muscularesContracturas, lumbago. Ciclobenzaprina, tizanidina, y combinaciones con analgésicos.Sedación y, en algunos, efecto anticolinérgico. Se recetan «para unos días» y duran meses.¿Sigue haciendo falta? ¿Sirve la fisioterapia en su lugar?
CorticoidesInflamación, pulmón, reumatología. Prednisona, dexametasona, sobre todo a dosis altas o mantenidas.Alteran el sueño y el ánimo, y a dosis altas pueden producir confusión.¿Es la dosis mínima eficaz? ¿Hay plan de reducción?
Fármacos cardiológicos que se acumulan o bajan demasiadoDigoxina para el corazón; algunos betabloqueantes; antiarrítmicos; antihipertensivos a dosis que dejan la tensión demasiado baja en alguien mayor.La digoxina a niveles altos produce confusión; la tensión demasiado baja deja el cerebro mal regado y produce mareo y lentitud, sobre todo al levantarse.¿Está el nivel controlado? ¿Está la tensión demasiado baja para su edad?
Fármacos para el estómago antiguosAcidez. Los antihistamínicos H2 como famotidina o cimetidina.Efecto anticolinérgico leve; la cimetidina interacciona con muchos otros.¿Sigue haciendo falta? ¿Hay una alternativa mejor?
Fármacos que bajan el azúcarDiabetes. Sobre todo las sulfonilureas de acción larga y la insulina mal ajustada.Los episodios de hipoglucemia —a veces sin síntomas claros— producen confusión y, repetidos, daño.¿Hay hipoglucemias? ¿Es el objetivo de azúcar razonable para su edad?
Anestesia y postoperatorioCualquier cirugía, sobre todo larga o con ingreso.Semanas o meses de rendimiento bajo son frecuentes en mayores, y a veces un delirium del que no se vuelve del todo.Antes de operar: ¿se puede preparar para prevenir el delirium? Después: tiempo antes de sacar conclusiones.
El alcoholNo es un fármaco, pero actúa como uno.Seda, interacciona con casi todo lo anterior, altera el sueño y, mantenido, daña la memoria. Cantidades que a los cuarenta no daban problema, a los setenta sí.¿Cuánto, en realidad? Preguntado sin juicio.

Si tuviera que señalar los tres que más veces aparecen detrás de una «demencia» que no lo era, serían estos: la pastilla de dormir de toda la vida, el antidepresivo antiguo a dosis baja para el dolor o el sueño, y la pastilla de la vejiga. Ninguno parece peligroso. Los tres juntos, en una persona de ochenta años que además oye mal y duerme poco, producen un cuadro que asusta. Y los tres se pueden revisar.

Los mitos: fármacos que asustan sin motivo

Conviene decirlo con la misma claridad con la que se dice lo anterior, porque hay familias que retiran —o dejan que su padre retire— fármacos que le protegen, por algo que leyeron. Estos son los que más veces me preguntan y que no deben preocupar por la memoria:

FármacoLo que se diceLo que dice la evidencia
Estatinas (para el colesterol)«Producen pérdida de memoria.»Los estudios de calidad no lo confirman; si acaso, al proteger los vasos, protegen el cerebro. En personas concretas puede haber una confusión leve y reversible, rara, que se valora si aparece. Dejarlas por miedo a la memoria es cambiar un riesgo imaginario por uno real.
Omeprazol y similares (protectores de estómago)«Causan demencia.»Hubo una asociación estadística en un estudio que no se ha confirmado en los posteriores. No causan demencia. Lo que sí conviene es revisar si su uso mantenido durante años sigue teniendo indicación, por otros motivos.
Fármacos para la tensión«Bajan el riego del cerebro.»Controlar la tensión en la mediana edad es de las cosas que más protegen contra la demencia. Solo hay problema cuando la tensión queda demasiado baja para una persona muy mayor, que se marea y se confunde al levantarse: eso se ajusta, no se abandona.
Metformina (para la diabetes)«Afecta a la memoria.»No directamente. Lo que hace, con los años, es bajar la vitamina B12, y la falta de B12 sí afecta a la memoria. Se comprueba con una analítica y se repone. El fármaco se mantiene.
Antidepresivos modernos«Atontan.»La mayoría no tienen efecto anticolinérgico apreciable y, al tratar la depresión, mejoran la memoria. La excepción parcial es la paroxetina. El problema no es el antidepresivo: es dejar una depresión sin tratar.
Los fármacos de la demencia«Ya no le hacen nada.»Su beneficio es modesto, pero retirarlos por su cuenta produce a veces un escalón de empeoramiento. Si se valora retirarlos, se hace con el médico y como una prueba reversible.

La regla para no equivocarse en las dos direcciones es sencilla: la lista de los que empeoran la memoria sirve para preguntar, no para decidir; y la lista de los mitos sirve para no dejar lo que protege por un miedo mal informado. Las dos decisiones se toman en consulta, con la lista completa delante.

Las tres trampas que hacen que nadie lo vea

  1. Lo que no se considera medicación. La pastilla para dormir «de herbolario» que en realidad es un antihistamínico. La del mareo para el viaje. El jarabe del resfriado. Lo que toma «solo cuando lo necesita» y resulta que es a diario. Nada de eso suele estar en la lista que se le da al médico, y es donde más carga anticolinérgica se esconde.
  2. «Desde hace años.» Un fármaco que se lleva tomando diez años se ha vuelto invisible. Nadie lo revisa, nadie pregunta para qué era, y la persona no lo relaciona con nada porque «siempre lo ha tomado». Pero el cuerpo de los setenta y cinco no es el de los sesenta y cinco: el riñón filtra menos, el hígado metaboliza más despacio, el cerebro tolera peor. La misma pastilla que no molestaba, ahora molesta.
  3. Cuatro médicos y ninguna suma. Cada especialista receta lo suyo con motivo. El problema no está en ninguna receta: está en que nadie tiene delante las cuatro a la vez. Y en que el paciente, con frecuencia, tampoco se lo cuenta a todos.

Cómo se nota que la memoria la está empeorando un fármaco

No hay una señal única, pero hay un patrón que, cuando aparece, me hace mirar la medicación antes que nada:

  • Coincide en el tiempo con un fármaco nuevo, un aumento de dosis, o una bajada de la función renal. A veces semanas después, no al día siguiente.
  • Fluctúa: mejor por la mañana y peor después de la toma; mejor unos días y peor otros, según lo que haya tomado.
  • Va con somnolencia, lentitud, habla arrastrada o caídas, más que con olvidos «puros».
  • Va con signos anticolinérgicos en el cuerpo: boca seca, estreñimiento, dificultad para orinar, visión borrosa, piel seca. Cuando un mayor con olvidos tiene además tres de esas cosas, la sospecha es fuerte.
  • Hay confusión al final del día, o un episodio de desorientación franca que viene y va.
  • La persona «no está»: más apagada, más ausente, con menos iniciativa, sin que haya tristeza detrás.

Ninguna de estas cosas confirma nada. Pero cualquiera de ellas justifica poner toda la medicación encima de la mesa.

Qué preguntar al médico, fármaco por fármaco

Lo que más ayuda a una familia no es una lista de lo que hay que quitar, sino saber qué preguntar. Con estas cinco preguntas, aplicadas a cada fármaco de la bolsa, una consulta de revisión rinde el triple:

La preguntaPor qué importaQué suele salir
1 · ¿Para qué se puso esto, y quién lo puso?Sorprende cuántos fármacos no tienen ya un motivo que nadie recuerde.Una parte resulta tener un motivo que ya no existe.
2 · ¿Sigue haciendo falta hoy?El cuerpo cambia; la receta no.Algunos se pueden retirar, con plan.
3 · ¿Hay una alternativa que haga lo mismo sin afectar a la cabeza?Para casi todos los grupos de la lista existe una opción menos anticolinérgica o menos sedante.Se cambia el fármaco y se mantiene el beneficio.
4 · ¿Está la dosis ajustada a su edad y a su riñón?Muchos se acumulan con la edad. La dosis correcta a los sesenta es excesiva a los ochenta.Se baja la dosis y desaparece el efecto.
5 · Si se retira, ¿cómo se hace y qué hay que vigilar?Porque casi nada de esta lista se deja de golpe.Un calendario de reducción y unas señales que avisar.

Y una sexta, que es para el conjunto: ¿alguien ha sumado todo esto? Si la respuesta es que no, pida una revisión completa de la medicación. Es un acto médico con nombre propio —deprescripción— y merece una consulta dedicada, no cinco minutos al final de otra.

Por qué nunca se dejan por su cuenta

Esto es lo más importante de la página después de la lista, y va en negrita porque lo he visto salir mal: ninguno de los fármacos de esta lista se deja de golpe ni por decisión propia. Ni aunque esté seguro de que le está empeorando la memoria.

  • Las benzodiacepinas y las pastillas de dormir, dejadas de golpe tras años, producen un síndrome de abstinencia que puede incluir ansiedad intensa, insomnio de rebote, confusión y, en casos, convulsiones. Se retiran despacio, a lo largo de semanas o meses, con un plan.
  • Los antidepresivos dejados bruscamente producen un síndrome de discontinuación desagradable y pueden traer de vuelta la depresión, que es peor para la memoria que el fármaco.
  • Los betabloqueantes y otros cardiológicos tienen efecto rebote sobre el corazón y la tensión.
  • Los corticoides mantenidos no se pueden suspender sin pauta, porque el cuerpo ha dejado de fabricar el suyo.
  • Los antiepilépticos, evidentemente, no se tocan sin el neurólogo.
  • Los opioides dejados de golpe producen abstinencia y dolor de rebote.

La forma correcta de hacerlo tiene tres palabras: uno, despacio, vigilado. Se retira o se cambia un fármaco cada vez, no todos a la vez, para saber cuál era el que importaba; se hace despacio, con un calendario; y se vigila, con una cita fijada para ver qué ha pasado. Esa es la diferencia entre deprescribir y abandonar el tratamiento, y la segunda hace daño.

Observación clínica

El caso que más se repite no es el de un fármaco peligroso: es el de varios inocentes. Una mujer de setenta y ocho que toma desde hace años algo para la vejiga, una pastilla para dormir, un antidepresivo antiguo a dosis baja que le pusieron para el dolor de espalda, y un antihistamínico para el picor de la piel. Cuatro médicos, cuatro motivos razonables. La familia viene porque «se le va la cabeza» y está convencida de que es el principio de una demencia. Al sumar, la carga anticolinérgica es alta. Se cambia lo de la vejiga por otra familia, se sustituye el antihistamínico por uno moderno, se retira despacio el antidepresivo antiguo cambiando el abordaje del dolor, y la pastilla de dormir se baja a lo largo de tres meses. La exploración de memoria a los seis meses es claramente mejor que la primera. No era demencia. Era la bolsa. No siempre ocurre así, pero ocurre lo bastante como para que haya que mirarlo siempre.

Cuánto tarda en mejorar la memoria al corregir la medicación

Depende del fármaco y de cuánto tiempo llevara, y conviene saberlo para no rendirse antes de tiempo ni esperar milagros.

  • Los anticolinérgicos suelen mostrar mejoría en días o pocas semanas tras retirarlos o sustituirlos, sobre todo en la atención y la claridad.
  • Las benzodiacepinas y los hipnóticos tardan más: la retirada en sí lleva semanas o meses, y la memoria suele ir mejorando a medida que baja la dosis, con un rendimiento que sigue mejorando meses después de terminar.
  • Los opioides y los sedantes en general, también semanas tras ajustar.
  • Las causas indirectas —tensión baja, hipoglucemias, B12, sodio— mejoran al corregir la causa, a veces de forma llamativa.

Lo que recomiendo siempre es volver a explorar la memoria a los tres o seis meses de haber hecho los cambios, con la misma exploración, para ver cuánto ha mejorado y qué queda. Si queda algo, será un deterioro más pequeño y más limpio, sin el ruido de los fármacos encima, y eso también vale: un diagnóstico sin ruido es mejor que un diagnóstico con él.

Cuándo no hay que esperar a la cita

La revisión de medicación es una consulta tranquila y programada. Pero hay situaciones relacionadas con los fármacos que no esperan:

Consultar el mismo día

Confusión que ha aparecido en horas o días tras empezar un fármaco nuevo, subir una dosis o sumar uno más. Eso es un delirium por medicación y se valora hoy: Urgencias o 112.

Somnolencia intensa, habla arrastrada o dificultad para despertar, sobre todo si se han combinado sedantes, opioides o alcohol.

No puede orinar, o tiene la tripa muy hinchada y dolorida: puede ser una retención aguda por anticolinérgicos, que es urgente.

Una caída con golpe en la cabeza, más si toma anticoagulantes.

Sudor frío, temblor, confusión o desmayo en una persona diabética: puede ser una hipoglucemia.

Si ha dejado de golpe una pastilla de dormir o un tranquilizante que llevaba años y aparecen agitación intensa, confusión o una convulsión.

Si ha tomado más de lo que debía, por error o por duplicado.

Preguntas frecuentes

¿Qué medicamentos empeoran la memoria en las personas mayores?

Los que con más frecuencia encuentro son las benzodiacepinas y las pastillas para dormir, los antihistamínicos antiguos —incluidos muchos de venta libre para dormir, el mareo o el resfriado—, los fármacos para la vejiga hiperactiva, los antidepresivos antiguos aunque sea a dosis baja para el dolor o el sueño, los antipsicóticos mantenidos sin revisar, los opioides, algunos antiepilépticos y fármacos para el dolor de nervios, los relajantes musculares, los corticoides a dosis altas, y los que se acumulan o bajan demasiado la tensión o el azúcar. Y el alcohol, que actúa como uno más.

¿Por qué si cada fármaco es inocente el conjunto hace daño?

Porque el efecto sobre la memoria se suma. A esa suma se le llama carga anticolinérgica, y se cuenta con escalas que dan puntos a cada fármaco, incluidos los que nadie consideraría «de la cabeza». Un antihistamínico para el picor, una pastilla para la vejiga y un antidepresivo antiguo para dormir, por separado, no explican un deterioro; juntos, en una persona de ochenta años, sí. Por eso no basta con que cada médico revise lo suyo: alguien tiene que poner toda la lista encima de la mesa y hacer la cuenta.

¿Las estatinas o el omeprazol producen pérdida de memoria?

No. Los estudios de calidad no confirman que las estatinas empeoren la memoria y, al proteger los vasos, probablemente protegen el cerebro; en personas concretas puede haber una confusión leve y reversible, rara, que se valora si aparece. Con el omeprazol hubo una asociación estadística en un estudio que no se ha confirmado después: no causa demencia, aunque conviene revisar si su uso mantenido sigue teniendo indicación por otros motivos. Dejar un fármaco protector por un miedo mal informado cambia un riesgo imaginario por uno real.

¿Cómo sé si la memoria de mi padre la está empeorando un medicamento?

Sospéchelo si el empeoramiento coincide con un fármaco nuevo, una subida de dosis o un problema de riñón; si fluctúa según la toma o el día; si va con somnolencia, lentitud o caídas más que con olvidos puros; si hay signos anticolinérgicos en el cuerpo —boca seca, estreñimiento, dificultad para orinar, visión borrosa—; si hay confusión al final del día; o si la persona está más apagada y ausente sin tristeza detrás. Ninguna confirma nada, pero cualquiera justifica revisar toda la medicación.

¿Puedo dejar de darle la pastilla para dormir si creo que le afecta?

No por su cuenta ni de golpe. Las benzodiacepinas y las pastillas para dormir, dejadas bruscamente tras años, producen abstinencia con ansiedad intensa, insomnio de rebote, confusión y, en casos, convulsiones. Se retiran despacio, a lo largo de semanas o meses, con un plan y con vigilancia. Lo mismo vale para antidepresivos, betabloqueantes, corticoides, antiepilépticos y opioides. La forma correcta es uno cada vez, despacio y vigilado; la otra no es deprescribir, es abandonar el tratamiento, y hace daño.

¿Qué le pregunto al médico?

Cinco preguntas por cada fármaco: para qué se puso y quién lo puso; si sigue haciendo falta hoy; si hay una alternativa que haga lo mismo sin afectar a la cabeza; si la dosis está ajustada a su edad y a su riñón; y, si se retira, cómo se hace y qué hay que vigilar. Y una sexta para el conjunto: si alguien ha sumado todo esto. Si no, pida una revisión completa de la medicación en una consulta dedicada, no en cinco minutos al final de otra.

¿Cuánto tarda en mejorar la memoria al quitar el fármaco?

Los anticolinérgicos suelen mostrar mejoría en días o pocas semanas tras retirarlos o sustituirlos. Las benzodiacepinas tardan más, porque la retirada en sí lleva semanas o meses, y la memoria va mejorando a medida que baja la dosis y sigue mejorando después. Las causas indirectas —tensión baja, hipoglucemias, B12— mejoran al corregirlas. Conviene volver a explorar la memoria a los tres o seis meses de los cambios, con la misma exploración: si queda algo, será un deterioro más pequeño y más limpio, sin el ruido de los fármacos encima.

¿Qué tengo que llevar a la consulta para revisar la medicación?

Todo lo que toma, mejor las cajas que la lista, con la dosis real y desde cuándo: lo recetado, lo de venta libre, lo de herbolario, lo del mareo, lo del resfriado, lo que toma «solo cuando lo necesita» y el alcohol en cantidades reales. Y, si puede, quién le puso cada cosa y para qué. Es lo que permite sumar la carga, encontrar lo que sobra y proponer alternativas. Una bolsa completa vale más que una resonancia para esta pregunta.

Más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende a personas mayores y trabaja con sus familias según las necesidades de cada situación. En consulta separo lo que es envejecer de lo que es enfermedad tratable, reviso la medicación completa y trabajo con la familia, porque en esta etapa el tratamiento nunca depende de una sola persona.

Escribo con regularidad sobre salud mental y envejecimiento, y publico guías dirigidas a familias y cuidadores.

Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín (Col. 29-8805). Edición del contenido: 26 de agosto de 2026. Esta guía tiene fines divulgativos y no sustituye la valoración clínica individualizada. Cualquier cambio en la medicación se decide siempre con su médico.

Dr. Cristóbal López Martín

Médico psiquiatra · Col. 29-8805 · Colegio Oficial de Médicos de Málaga

Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín (Col. 29-8805). Edición del contenido: 26 de agosto de 2026. Fines divulgativos; no sustituye la valoración clínica individualizada.

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