Tratamiento privado
La evaluación
antes de ingresar
La familia llega al límite, busca, llama, y en cuarenta y ocho horas hay alguien ingresado. Y nadie ha hecho todavía un diagnóstico.
Hay una secuencia que se repite y que casi siempre sale mal: la familia llega al límite, busca en internet, encuentra un centro, llama, y en cuarenta y ocho horas hay alguien ingresado. Nadie ha hecho todavía un diagnóstico.
La decisión de dónde y cómo tratar a alguien es una decisión clínica, y una decisión clínica requiere una valoración previa. No es un trámite ni una forma de retrasar nada: es lo que evita que se contrate el recurso equivocado, que se pase por alto lo que de verdad está pasando, o que se asuma un riesgo médico que nadie ha medido.
Esta página explica qué debe incluir esa valoración y por qué cada parte importa.
Qué debe incluir una valoración en condiciones
No es una entrevista de admisión. Es una evaluación médica con seis partes:
1 · Historia de consumo
Qué, desde cuándo, con qué frecuencia, por qué vía, en qué contextos, qué intentos previos ha habido y qué pasó en cada uno.
2 · Riesgo de la retirada
La parte estrictamente médica: si esta retirada concreta puede ser peligrosa. Determina el entorno en el que debe hacerse.
3 · Diagnóstico psiquiátrico
Qué hay además del consumo: depresión, ansiedad, trastorno bipolar, TDAH, trauma, psicosis. Es la parte que más cambia el pronóstico y la que más se omite.
4 · Estado físico
Hígado, corazón, tensión, sueño, estado nutricional. Lo básico, que en consumos prolongados no es un detalle.
5 · Contexto
Con quién vive, qué apoyo hay, cómo está la casa, situación laboral y económica. Determina qué es viable, no solo qué es ideal.
6 · Riesgo inmediato
Ideas de suicidio, violencia, menores en el domicilio, capacidad de autocuidado. Puede cambiar todo lo demás.
Con esas seis piezas se puede decidir. Sin ellas se está eligiendo un recurso por su publicidad, por su ubicación o por lo que dijo un conocido.
★ Lo que más se pasa por alto
Si tuviera que señalar la omisión más frecuente y más costosa, sería siempre la misma: el diagnóstico psiquiátrico asociado.
Una proporción muy alta de las personas con un trastorno por consumo tiene además otro trastorno mental. Y cuando ese trastorno no se identifica ni se trata, ocurren tres cosas previsibles:
- El tratamiento de la adicción no funciona, porque el consumo estaba sosteniendo algo que sigue ahí.
- La recaída se interpreta como falta de voluntad, cuando es la consecuencia lógica.
- Y la persona acumula intentos fallidos que van erosionando la esperanza de que esto tenga solución.
Es la razón por la que un programa que trata el consumo sin capacidad de diagnóstico y tratamiento psiquiátrico está dejando fuera una parte grande del problema. El abordaje conjunto está en patología dual, y las dos combinaciones que más veces se diagnostican tarde tienen página propia: adicción y depresión y trastorno bipolar y cocaína.
Un mes de tratamiento perfecto para una adicción, en una persona con una depresión no diagnosticada, tiene un final previsible. Y ese final se atribuye siempre a la persona, nunca al diagnóstico que faltaba.
Lo que veo en consulta
Me han llegado varias familias con la misma historia: dos o tres estancias en recursos distintos, una cantidad de dinero considerable gastada, y la conclusión de que su hijo «no quiere recuperarse».
Y en una valoración de dos consultas ha aparecido, en más de un caso, un cuadro psiquiátrico que nadie había diagnosticado en años. No era que no quisiera: era que faltaba la mitad del diagnóstico. Por eso insisto tanto en el orden: primero se sabe qué hay, después se decide qué se hace.
— C. L. M.
La parte que no admite improvisación
El segundo punto de la lista es el único que puede tener consecuencias graves si se salta.
Hay tres retiradas que pueden ser peligrosas —alcohol, benzodiacepinas y GHB— y una valoración debe determinar si esta lo es y en qué entorno debe hacerse. Los datos que se necesitan son concretos: cuánto se consume, cada cuánto, desde cuándo, si ha habido convulsiones o confusión en intentos previos, y qué más se está tomando.
Ahí es donde minimizar el consumo —algo comprensible y muy frecuente— deja de ser un asunto de sinceridad y pasa a ser un asunto de seguridad. Está en cuándo la abstinencia es una urgencia.
Consulta privada en Marbella
Primero se sabe qué hay, después se decide qué se hace
He visto familias con dos o tres estancias a sus espaldas y un cuadro psiquiátrico sin diagnosticar. No era que no quisiera: faltaba la mitad del diagnóstico.
Qué sale de la valoración
Una valoración no termina con una impresión general. Termina con cinco respuestas concretas:
- Un diagnóstico, incluido lo psiquiátrico asociado si lo hay.
- El nivel de riesgo de la retirada y dónde debe hacerse.
- El nivel de intervención que corresponde, entre los que existen —de ambulatorio estándar a ingreso—. Está en ambulatorio o ingreso.
- Un objetivo realista: abstinencia desde el principio, o reducción con registro y fecha de revisión.
- Y un plan de continuidad, que es la pieza que más veces falta.
Con eso en la mano, la familia puede decidir. Sin eso, está eligiendo a ciegas y pagando por ello.
Por qué antes y no después
- Porque determina si hace falta ingresar, y en la mayoría de los casos la respuesta es que no.
- Porque hay un riesgo médico que medir antes de que alguien deje de consumir de golpe en cualquier sitio.
- Porque el diagnóstico psiquiátrico condiciona todo lo demás, incluido qué tipo de recurso tiene sentido.
- Porque evita gastar en el recurso equivocado, que es un daño económico real y frecuente.
- Y porque un ingreso que fracasa deja una huella: la persona concluye que no tiene arreglo, y esa conclusión es difícil de deshacer.
Si no quiere venir a la valoración
Es la objeción práctica más habitual y tiene respuestas.
- Una valoración es más fácil de aceptar que un ingreso. Es una cita, no una decisión sobre su vida, y se puede plantear exactamente así.
- Sirve la fórmula de «ven por mí», que desplaza el motivo y funciona mejor que cualquier argumento.
- Y la familia puede consultar sola. Con la información del entorno se puede orientar bastante, ayudar a plantear la conversación y preparar el terreno.
El desarrollo completo está en cuando no reconoce que tiene un problema.
Qué conviene llevar
- La lista completa de lo que toma, incluidos medicamentos con y sin receta.
- Informes previos: ingresos, urgencias, tratamientos anteriores.
- Analíticas recientes, si las hay.
- Una cronología aproximada: cuándo empezó, cuándo se agravó, qué se ha intentado.
- Y, si es posible, a alguien del entorno. No para hablar por el paciente, sino porque aporta información que uno no ve de sí mismo.
La honestidad sobre las cantidades es, en esta consulta concreta, un asunto de seguridad médica más que de sinceridad personal. Minimizar aquí puede llevar a decidir mal la retirada.
Si ya hay un centro recomendado
Una valoración independiente sigue teniendo sentido, y no como desconfianza hacia nadie: como comprobación de que el nivel de intervención propuesto encaja con el diagnóstico y de que hay un plan para el día después del alta.
Es especialmente razonable cuando la recomendación implica un desembolso importante, cuando el recurso propuesto no ha hecho una valoración psiquiátrica previa, o cuando ha habido intentos anteriores fallidos. Está en segunda opinión.
Qué mirar en un recurso antes de decidir
Hay recursos excelentes y los hay que no lo son, y desde fuera cuesta distinguirlos porque todos se presentan parecido. Estas son las cosas concretas que conviene comprobar, formuladas como preguntas que se pueden hacer por teléfono antes de nada:
- ¿Quién dirige clínicamente el programa y con qué titulación sanitaria?
- ¿Hay psiquiatra y con qué frecuencia ve a cada paciente? No «se cuenta con», sino cada cuánto.
- ¿Cómo se diagnostica y se trata la patología psiquiátrica asociada? Es la pregunta que más diferencias revela.
- ¿Qué ocurre ante una complicación médica y con qué hospital hay derivación organizada?
- ¿Qué plan de continuidad hay al alta y quién lo lleva?
- ¿Se puede hablar con el psiquiatra de referencia durante la estancia?
Y hay señales que invitan a mirar con más calma antes de firmar nada:
- Que se prometan resultados o porcentajes de éxito. En este campo nadie puede garantizarlos.
- Que se presione para ingresar de inmediato, ese mismo día.
- Que se pida un pago completo por adelantado sin una valoración clínica previa.
- Que no quede claro quién es el responsable médico.
- Que se desaconseje consultar a otro profesional.
- O que el programa no contemple diagnóstico psiquiátrico en ningún momento.
Nada de esto significa desconfiar por sistema. Significa aplicar el mismo criterio que se aplicaría ante cualquier otra decisión médica importante: saber quién responde, con qué formación, y qué pasa cuando algo se complica.
Cuándo consultar
- Antes de contratar cualquier recurso residencial.
- Si te han recomendado un ingreso y quieres saber si está indicado.
- Si ha habido ingresos previos sin resultado.
- Si sospechas que hay un problema psiquiátrico además del consumo.
- Si bebe a diario y queréis que lo deje — la retirada hay que valorarla antes.
- Si hay ideas de suicidio o un cuadro psicótico: en ese caso no hay que valorar nada, 024 o 112.
Qué se puede esperar
Una evaluación médica completa —consumo, riesgo de retirada, diagnóstico psiquiátrico, estado físico, contexto y riesgo inmediato—, un informe con conclusiones y una recomendación concreta de nivel de intervención, con sus motivos.
Y una respuesta honesta si la conclusión es que no hace falta ingresar, que es lo que ocurre en la mayoría de los casos. Saber eso antes de gastar es, para muchas familias, el resultado más útil de toda la consulta.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿Por qué hace falta una valoración antes de ingresar?
Porque dónde y cómo tratar a alguien es una decisión clínica. Determina si hay riesgo médico en la retirada, si existe un trastorno psiquiátrico que condicione todo lo demás, qué nivel de intervención corresponde y qué objetivo es realista.
¿Qué debe incluir?
Seis partes: historia de consumo, riesgo de la retirada, diagnóstico psiquiátrico, estado físico, contexto familiar y laboral, y riesgo inmediato. No es una entrevista de admisión: es una evaluación médica.
¿Qué es lo que más se pasa por alto?
El diagnóstico psiquiátrico asociado. Una proporción muy alta de las personas con un trastorno por consumo tiene además otro trastorno mental, y cuando no se identifica, el tratamiento de la adicción no funciona y la recaída se atribuye a falta de voluntad.
¿Qué sale de la valoración?
Cinco respuestas concretas: un diagnóstico, el nivel de riesgo de la retirada y dónde debe hacerse, el nivel de intervención que corresponde, un objetivo realista y un plan de continuidad.
¿Y si el centro ya hace su propia valoración?
Conviene preguntar quién la hace y con qué titulación, y sobre todo si incluye diagnóstico y tratamiento psiquiátrico. Es la parte que más diferencias revela entre unos recursos y otros.
Ha estado ingresado dos veces y no ha servido. ¿Qué falta?
Casi siempre una de dos cosas: un diagnóstico psiquiátrico que nadie hizo, o un plan de continuidad para después del alta. Un ingreso resuelve los primeros días; el tratamiento son los meses siguientes.
¿Puedo consultar yo si él no quiere venir?
Sí. Con la información del entorno se puede orientar bastante, ayudar a plantear la conversación y preparar el terreno. Y una valoración es mucho más fácil de aceptar que un ingreso: es una cita, no una decisión sobre su vida.
¿Qué documentación conviene llevar?
La lista completa de lo que toma con y sin receta, informes previos de ingresos o urgencias, analíticas recientes, una cronología aproximada y, si es posible, a alguien del entorno que aporte lo que el paciente no ve de sí mismo.
¿Importa mucho ser exacto con las cantidades?
Aquí es una cuestión de seguridad médica, no de sinceridad personal. Minimizar el consumo puede llevar a decidir mal el entorno de la retirada, y eso sí tiene consecuencias.
¿La valoración retrasa el tratamiento?
No. Se resuelve en una o dos consultas y evita justo lo contrario: semanas o meses perdidos en un recurso que no correspondía, con un gasto que en muchos casos era evitable.
¿Y si la conclusión es que no hace falta ingresar?
Es lo que ocurre en la mayoría de los casos, y suele ser el resultado más útil de la consulta. El tratamiento adecuado es entonces ambulatorio, compatible con el trabajo y bastante menos disruptivo de lo que la familia temía.
¿Tiene sentido una valoración si ya me han recomendado un centro?
Sí, no como desconfianza sino como comprobación de que el nivel propuesto encaja con el diagnóstico y de que hay plan para después del alta. Es especialmente razonable si el desembolso es importante o si ha habido intentos previos fallidos.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- NICE. Drug misuse and alcohol-use disorders: assessment and management.
- Organización Mundial de la Salud. Management of substance use disorders.
- National Institute on Drug Abuse (NIDA). Principles of drug addiction treatment.
- Socidrogalcohol. Guías clínicas y patología dual.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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Segunda opinión
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