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Medicación
anticraving
Lo que hace un buen tratamiento farmacológico no es eliminar el deseo. Es convertir un impulso irresistible en un impulso incómodo.
Hay dos frases sobre este asunto que se dicen mucho y que son las dos falsas. Una es «existe una pastilla que quita las ganas». La otra es «para esto no hay medicación, es cuestión de voluntad».
La realidad está en medio y es bastante más concreta: para algunas sustancias existen fármacos con indicación aprobada y con eficacia demostrada, que reducen el deseo o la probabilidad de volver a consumir. Para otras no existe ninguno. Y en ningún caso el fármaco es el tratamiento: es una de sus piezas.
Esta página explica qué hay, para qué sirve y para qué no. No incluye nombres de pautas ni cantidades: eso se decide en consulta, con la historia clínica delante.
Qué es exactamente el deseo intenso
El término «craving» describe algo muy concreto: un impulso de consumir que aparece de forma brusca, se siente como una necesidad y ocupa el pensamiento por completo mientras dura.
- Es breve. Los picos duran minutos, rara vez más de media hora.
- Es disparado por señales concretas: un lugar, una hora, una persona, un olor, un estado de ánimo.
- No requiere estar mal. Aparece también en días buenos, y eso es lo que más desconcierta.
- Y no desaparece del todo con el tiempo: se vuelve menos frecuente y menos intenso, pero puede reaparecer meses después ante una señal potente.
El objetivo de un fármaco anticraving no es eliminarlo. Es bajar su intensidad lo suficiente como para que las otras herramientas funcionen: los veinte minutos de espera, la llamada, el plan escrito.
Para qué sustancias hay tratamiento y para cuáles no
Esta tabla es probablemente lo más útil de la página, porque evita expectativas equivocadas en las dos direcciones.
| Sustancia | ¿Hay fármacos con indicación? | Qué se persigue |
|---|---|---|
| Alcohol | Sí, varios | Reducir el deseo, disminuir el consumo o disuadir de beber. Es la sustancia con más opciones disponibles. |
| Opioides | Sí | Mantenimiento sustitutivo o bloqueo del efecto. Es el campo con mejor evidencia de todos. |
| Nicotina | Sí, varios | Sustitución de nicotina y opciones no sustitutivas, con eficacia bien demostrada. |
| Cocaína y estimulantes | No hay fármaco específico | Se trata lo que rodea al consumo: sueño, ansiedad, ánimo, impulsividad. |
| Cannabis | No hay fármaco específico | Se trata el insomnio y la ansiedad de las primeras semanas. |
| Juego y otras conductas | Sin indicación específica general | Se trata la patología asociada y se revisan fármacos que puedan estar favoreciendo la conducta. |
Conviene leer bien la parte derecha de las filas sin fármaco específico: «no hay pastilla» no significa «no hay tratamiento». Significa que el tratamiento va por otro sitio, y que va por ese sitio con resultados.
Lo que veo en consulta
La expectativa con la que llega mucha gente es que el fármaco haga desaparecer las ganas, y cuando eso no ocurre, se abandona a las dos semanas dando por hecho que no funciona.
Lo que hace un buen tratamiento farmacológico aquí es otra cosa, más modesta y más decisiva: convierte un impulso irresistible en un impulso incómodo. Y eso, que suena a poco, es exactamente la diferencia entre poder aplicar un plan y no poder.
— C. L. M.
Las tres lógicas distintas
Los fármacos que se usan en esto no hacen todos lo mismo, y entender la diferencia ayuda a saber qué se está tomando y por qué.
- Disuadir. Producen una reacción física desagradable si se consume. No actúan sobre el deseo: actúan sobre la decisión, porque quitan la posibilidad de un consumo impulsivo. Requieren una supervisión estrecha y no son para cualquiera.
- Reducir el deseo. Actúan sobre los sistemas cerebrales implicados en la recompensa y disminuyen la intensidad del impulso y las ganas anticipatorias.
- Bloquear el efecto. Impiden que la sustancia produzca el efecto buscado, con lo que el consumo deja de tener sentido y el aprendizaje se debilita.
Cuál de las tres conviene depende del perfil, del objetivo —abstinencia o reducción—, de la situación médica y de lo que haya ocurrido en intentos anteriores. No es una elección de catálogo.
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Sin nombres ni pautas: eso se decide en consulta
Cuál conviene depende del perfil, del objetivo, de la situación médica y de lo que pasó en intentos anteriores. No es una elección de catálogo.
La otra mitad: tratar lo que sostiene el consumo
En una consulta de psiquiatría, buena parte del tratamiento farmacológico de una adicción no es anticraving. Es tratamiento de lo que hay debajo, y en muchos casos tiene más impacto sobre el resultado.
- El sueño. Dormir mal es el mejor predictor de volver a consumir en casi todas las sustancias. Se trata de forma específica y con un plan que tenga fecha de salida, para no cambiar un problema por otro.
- La ansiedad. Con una precaución importante: en una persona con una adicción, el recurso automático a una benzodiacepina puede ser el inicio de un problema nuevo. Está en fármacos de prescripción.
- El ánimo. Valorado en el momento adecuado, no en la peor semana.
- La impulsividad y el TDAH, cuando están presentes.
- Y el trastorno psiquiátrico de base, si lo hay: patología dual.
En muchos casos, el fármaco que más ha ayudado a alguien a dejar de consumir no era un anticraving. Era el que le devolvió el sueño.
Cuándo se empieza y cuánto dura
- No se empieza en cualquier momento. Algunos fármacos requieren que la retirada aguda esté resuelta antes de introducirlos; otros pueden iniciarse durante el consumo. Esa decisión es clínica y tiene consecuencias.
- No se juzga a los quince días. El efecto se valora en semanas, y el error más frecuente es abandonarlo antes de darle tiempo.
- La duración es de meses, no de días. Suele mantenerse durante el periodo de mayor riesgo de recaída, y se retira de forma planificada.
- Y se revisa. Un tratamiento anticraving que nadie revisa en un año no es un tratamiento: es una inercia.
Las dudas que aparecen siempre
«¿No estoy sustituyendo una sustancia por otra?»
No. Estos fármacos no producen euforia, no se buscan por su efecto y no generan la conducta de consumo. La única excepción conceptual —los tratamientos sustitutivos de opioides— está explicada aparte, y también ahí la respuesta es que no.
«¿Y si bebo estando con la medicación?»
Depende por completo de cuál sea, y es exactamente el tipo de cosa que hay que preguntar al empezar. Con algunos no pasa nada relevante; con otros, la reacción es muy desagradable y ese es justamente su mecanismo.
«¿Tiene efectos secundarios?»
Como cualquier fármaco. Los más habituales son digestivos y suelen ser transitorios. Se explican antes de empezar, porque conocerlos evita abandonos en la primera semana.
«¿Me va a cambiar el carácter?»
No. Es una preocupación muy frecuente y la respuesta es que no producen aplanamiento ni cambian la personalidad.
Lo que un fármaco no puede hacer
Conviene decirlo con la misma claridad con la que se dice lo que sí:
- No sustituye a la parte psicológica. Los mejores resultados se obtienen combinando ambas cosas, no eligiendo una.
- No cambia el entorno. Si el consumo está sostenido por un ambiente, una pareja o un trabajo, eso hay que trabajarlo.
- No decide por ti. Reduce la intensidad del impulso; la decisión sigue siendo tuya.
- Y no evita todas las recaídas. Reduce su probabilidad, que es distinto y es lo que se le puede pedir.
También sirve si el objetivo no es dejarlo del todo
Es un punto poco conocido y clínicamente relevante: en el caso del alcohol, existen opciones planteadas específicamente para reducir el consumo en personas que no están dispuestas a la abstinencia o para las que no está indicada de entrada.
Eso amplía mucho a quién se le puede ofrecer algo, porque la mayoría de las personas con un consumo problemático no llegan pidiendo dejarlo del todo. El planteamiento está en beber menos sin dejarlo del todo.
Qué preguntar cuando te propongan un tratamiento
Un paciente informado sostiene mucho mejor un tratamiento, y en este campo la información suele darse a medias. Estas son las preguntas que conviene hacer, y a las que cualquier profesional debería poder responder sin incomodarse:
- ¿Qué se supone que hace exactamente? ¿Reduce el deseo, bloquea el efecto o produce una reacción si consumo? Son tres cosas distintas y conviene saber cuál es la mía.
- ¿En cuánto tiempo debería notar algo? Sirve para no abandonarlo a los quince días por no notar nada.
- ¿Qué efectos secundarios son esperables y cuáles son motivo de llamar?
- ¿Qué pasa si consumo estando con esto? La respuesta cambia por completo según el fármaco, y no saberla es peligroso con alguno de ellos.
- ¿Cuánto tiempo lo voy a tomar y cuándo lo revisamos?
- ¿Interacciona con lo demás que tomo, incluido lo que compro sin receta?
- ¿Qué hago si se me olvida una toma?
- Y ¿qué pasa si decido dejarlo? Conviene saberlo antes, no descubrirlo por cuenta propia.
Hay una pregunta más que casi nadie hace y que es la que mejor calibra las expectativas: «¿qué esperas que cambie y qué no?». Un tratamiento del que se espera lo que no puede dar se abandona; uno del que se espera lo justo, se sostiene.
Y una recomendación práctica: llevar apuntada la lista completa de lo que se toma, incluidos suplementos y productos comprados sin receta. Es la vía más frecuente de interacciones inesperadas y la que menos se declara.
Cuándo consultar
- Si el deseo intenso es lo que te ha hecho recaer en intentos anteriores.
- Si quieres saber si en tu caso concreto existe una opción farmacológica.
- Si estás tomando algo para esto y no sabes bien qué hace ni cuánto tiempo debe durar.
- Si lo dejaste a las dos semanas porque «no notabas nada».
- Si duermes mal desde que dejaste de consumir.
- Si quieres reducir sin plantearte todavía la abstinencia.
Qué se puede esperar
Una explicación honesta de si en tu caso existe una opción con indicación y evidencia, cuál encaja mejor con tu perfil y tu objetivo, qué efectos esperar y en cuánto tiempo, y una fecha para revisar si está funcionando.
Y una expectativa bien calibrada, que es la parte más importante: el fármaco no va a quitarte las ganas. Va a hacerlas manejables, que es justo lo que hace falta para que todo lo demás funcione.
Dudas que llegan a consulta
Preguntas frecuentes
¿Existe una pastilla que quite las ganas de consumir?
No en el sentido que se suele imaginar. Para algunas sustancias hay fármacos con indicación aprobada que reducen la intensidad del deseo o la probabilidad de recaer, pero ninguno lo elimina. Lo que hacen es volverlo manejable.
¿Para qué sustancias hay tratamiento farmacológico?
Para el alcohol, con varias opciones; para los opioides, que es el campo con mejor evidencia; y para la nicotina, con opciones sustitutivas y no sustitutivas. Para cocaína, estimulantes y cannabis no hay un fármaco específico.
Si no hay fármaco específico, ¿no hay tratamiento?
No es lo mismo. Cuando no hay un fármaco específico, se trata lo que rodea al consumo —sueño, ansiedad, ánimo, impulsividad— y eso tiene resultados demostrados. «No hay pastilla» no significa «no hay nada que hacer».
¿Cómo funcionan estos fármacos?
Hay tres lógicas distintas: disuadir, produciendo una reacción desagradable si se consume; reducir el deseo actuando sobre los sistemas de recompensa; y bloquear el efecto, de modo que el consumo deje de tener sentido.
¿No es sustituir una sustancia por otra?
No. Estos fármacos no producen euforia, no se buscan por su efecto y no generan conducta de consumo. La única excepción aparente son los tratamientos sustitutivos de opioides, y también ahí la respuesta es que no.
¿Cuánto tarda en notarse?
Se valora en semanas, no en días. El error más frecuente es abandonarlo a los quince días porque no se nota nada, cuando aún no ha tenido tiempo de mostrar su efecto.
¿Cuánto tiempo hay que tomarlo?
Meses, habitualmente durante el periodo de mayor riesgo de recaída, y después se retira de forma planificada. Un tratamiento de este tipo que nadie revisa en un año no es un tratamiento: es una inercia.
¿Tiene efectos secundarios?
Como cualquier fármaco. Los más habituales son digestivos y suelen ser transitorios. Conviene que se expliquen antes de empezar, porque conocerlos evita abandonos en la primera semana.
¿Me va a cambiar el carácter?
No. Es una preocupación muy frecuente y la respuesta es que no producen aplanamiento afectivo ni modifican la personalidad.
¿Puedo tomarlo si sigo consumiendo?
Depende del fármaco. Algunos requieren que la retirada aguda esté resuelta antes de introducirlos y otros pueden iniciarse durante el consumo. Es una decisión clínica con consecuencias, no un detalle.
¿Sirve si no quiero dejarlo del todo?
En el caso del alcohol, sí: existen opciones planteadas específicamente para reducir el consumo en personas que no están dispuestas a la abstinencia o para las que no está indicada de entrada.
¿Basta con la medicación?
No. Los mejores resultados se obtienen combinando el tratamiento farmacológico con el trabajo psicológico y con cambios en el entorno. El fármaco reduce la intensidad del impulso; no cambia el contexto ni decide por ti.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga y especialista en Psiquiatría vía MIR en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya. Tiene además un Máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona y formación de posgrado en intervención psicoterapéutica y terapia de conducta. Tiene más de veinticinco años de experiencia clínica. Atiende problemas de adicciones en consulta.
Escribe estas guías para que quien llega asustado encuentre información escrita por un médico y no por un departamento de marketing. Cuando algo no se sabe con certeza, lo dice.
Información de la consulta del Dr. Cristóbal López Martín · Edición del contenido: 28 de agosto de 2026
Fuentes
Referencias utilizadas
- NICE. Alcohol-use disorders: diagnosis, assessment and management of harmful drinking and alcohol dependence.
- Organización Mundial de la Salud. Pharmacological treatment of substance use disorders.
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Fichas técnicas.
- National Institute on Drug Abuse (NIDA). Medications to treat substance use disorders.
- Socidrogalcohol. Guías clínicas.
Esta página informa, no diagnostica. Ninguna guía sustituye una valoración médica individual.
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